miércoles, 28 de febrero de 2018
martes, 27 de febrero de 2018
domingo, 25 de febrero de 2018
sábado, 24 de febrero de 2018
Preguntas de un obrero que lee de Bertolt Brecht; Castilla de Manuel Machado
¿Quién construyó Tebas, la
de las siete puertas?
En los libros se mencionan
los nombres de los reyes.
¿Acaso los reyes acarrearon
las piedras?
Y Babilonia, tantas veces
destruida,
¿Quién la construyó otras
tantas?
¿En que casas de Lima, la
resplandeciente de oro, vivían los albañiles?
¿A dónde fueron sus
constructores la noche que terminaron la Muralla China?
Roma la magna está llena de
arcos de triunfo.
¿Quién los construyó?
¿A quiénes vencieron los
Césares?
Bizancio, tan loada,
¿Acaso sólo tenía palacios
para sus habitantes?
Hasta en la legendaria
Atlántida, la noche que fue devorada
por el mar,
los que se ahogaban clamaban
llamando a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó
la India.
¿Él solo?
César venció a los galos;
¿no lo acompañaba siquiera
un cocinero?
Felipe de España lloró
cuando se hundió su flota,
¿Nadie más lloraría?
Federico Segundo venció en
la Guerra de los Siete Años,
¿Quién más venció?
Cada página una victoria
¿Quién guisó el banquete del
triunfo?
Cada década un gran
personaje.
¿Quién pagaba los gastos?
A tantas historias, tantas
preguntas.
Catilla de Manuel Machado
1. ¿Cómo
está el día que describe el poema?
a) Un
día de sol espléndido.
b) Un tibio
día de invierno.
c) Un día
nublado.
2. ¿Qué
objetivo lleva el Cid en este viaje?
a) Va a
emprender la conquista del reino de Zaragoza.
b) Va hacia
el destierro completamente solo.
c) Va al
destierro acompañado de sus más fieles seguidores.
3. ¿A
dónde ha llegado el Cid?
a) A un
protegido castillo.
b) A una
posada silenciosa y cerrada.
c) A una
posada llena de gente ruidosa.
4. ¿Cómo
es la voz que responde a las llamadas del Cid?
a) Una voz
ronca.
b) Una voz
dulce.
c) Una voz
chillona y desagradable.
5. ¿A
quién corresponde esa voz?
a) Al dueño
del mesón.
b) A una
corpulenta muchacha.
c) A una
débil niña.
6. ¿Qué
dice la niña al Cid?
a) Que entren
en el mesón sin ninguna reserva.
b) Le ruega
que pase de largo porque temen la ira del rey.
c) Que pueden
entrar a condición de que los defiendan del rey.
7. ¿Por
qué crees que el rey sembrará de sal los campos?
a) Porque
será una forma de castigar la traición.
b) Porque
para tener sal hay que sembrarla en los campos.
c) Porque
los campos en los que se echa sal dan mejores cosechas.
8. ¿Quién
da la voz de “¡En marcha!”?
a) El mesonero.
b) El Cid.
c) Uno de
los guerreros del Cid.
9. ¿Qué
camino toman el Cid y sus vasallos?
a) Vuelven
por donde han venido.
b) Prosiguen
el camino que llevaban anteriormente.
c) Toman
un nuevo destino.
miércoles, 21 de febrero de 2018
Pharsalus 48 BC Caesar and Pompey - Clash of the Titans
domingo, 18 de febrero de 2018
Ferrol, ciudad sin futuro
Ferrol,
lugar sin futuro: hasta el Zara se va
José
Precedo
17
de febrero de 2018
Se
recogieron 3.500 firmas por Internet, los otros comerciantes del centro
salieron a movilizarse y el alcalde de la ciudad mandó una carta al mismísimo
Amancio Ortega para tratar de impedirlo, pero el Zara se ha ido de Ferrol.
Pasadas
las 20 horas de este sábado una empleada activó con su llave la persiana
eléctrica para que la tienda deje atrás treinta años de historia. De la marca
estrella del imperio Inditex no quedará ni rastro. Y eso es mucho decir en este
tiempo de capitalismo salvaje en el que son las inversiones de las
multinacionales las que miden el pulso de las ciudades. La explicación del
gigante textil es que ese comercio había dejado de ser rentable: quien quiera
comprar en Zara deberá irse al centro comercial Odeón, en Narón, el pueblo de
al lado. La decena de trabajadoras de Ferrol serán recolocadas en otros
centros.
El
portazo de Zara ha encendido la última alarma en un municipio que agoniza. Las
viejas metáforas aburren de tan manoseadas: el Detroit gallego, el lugar sin
niños, el pueblo donde perder es lo normal de aquel verso de Los Limones...
De
los 81.255 habitantes censados en 1981 quedan 67.500 y no han pasado ni tres
décadas. Últimamente mueren más del doble de personas de las que nacen y a
determinadas horas entre semana el callejero parece territorio zombie. Con una
media de edad de 48 años, solo un 14% de la población por debajo de la veintena
y casi el doble de jubilados (26%) no es solo que no tengan futuro las tiendas
de moda juvenil: es la propia ciudad la que está amenazada.
Porque
antes que el Zara -por el que lloran ahora las pymes del centro, que lo veían
como un foco de atracción de clientes, los políticos y el vecindario
organizado- se había ido muchísimo más: 15.000 empleos de Astano y Bazán
desaparecieron con las reconversiones de los astilleros públicos en los 80. Y
el movimiento de las juras de bandera de la Academia Militar que se acabó con
el fin de la mili obligatoria en los 90. Desde entonces han sido demasiados
lunes al sol para una comarca entera que fue agonizando entre promesas
gubernamentales y planes anticrisis que no acabaron de funcionar.
Javier
Galán, presidente del comité de empresa de Navantia y toda una vida en los
astilleros donde empezó hace 40 años, vivió la era buena de las grúas gigantes
a pleno rendimiento y las gradas llenas de buques en construcción. Habla de una
ciudad que no tiene nada que ver con esta. Y maldice la idea de haber puesto
todos los huevos en la cesta del sector público: "Vivimos épocas donde
parte de la flota de la Marina de Guerra estaba en Ferrol, un cuartel de
instrucción donde se hacía la mili. Había otras industrias importantes, como la
Peninsular Maderera, que montaba puertas en cadena antes de los 70, la fábrica
de lápices, la Peninsular del bacalao. Poco a poco todo se fue al tacho y casi
todo se centró en la administración pública. Hoy solo queda la empresa pública
Navantia, las oficinas de la Xunta y el Ayuntamiento. Se creó un polígono
industrial donde no hay empresas y se pusieron comercios. Merma la población,
la gente más joven se va, a veces la ciudad parece muerta".
Su
pujante pasado industrial ligado a algunas empresas vinculadas a la economía
del régimen y del dictador Francisco Franco, que dio nombre durante décadas a
la ciudad, nunca se recuperó. Los diferentes programas anunciados por las
administraciones públicas -el Gobierno de Alberto Núñez Feijóo llegó a aprobar
un Plan Ferrol para atraer inversiones en distintos sectores, no ha evitado que
sea la ciudad con peor saldo vegetativo de la comunidad que lidera la pérdida
de población en España (Galicia, con 12.683 muertes más que nacimientos en
2016).
Con
semejante panorama ni siquiera extraña el último partido local que se acaba de
registrar, Jubilados por Ferrol, que aspira a lograr uno o dos concejales y
erigirse en llave de Gobierno en 2019. Luis María Taboada, pensionista de 74
años, que se pasó 40 tras el mostrador de una tienda de deportes, es su
portavoz y sueña con que su experiencia y la de otros como él que vivieron los
años buenos, sirva para que la ciudad deje de languidecer: "Los jubilados,
podemos aportar conocimientos, experiencia y queremos implicar también a los jóvenes
porque es necesaria también su visión. Habría que intentar diversificar la
industria, el turismo no está desarrollado, con el patrimonio artístico, las
playas, la gastronomía. Hemos pedido muchas cosas, no se nos ha tenido en
cuenta y nos hemos convencido de que hay que estar dentro".
Cansado
de ver los Plenos por Internet, el próximo objetivo de Taboada es tener asiento
en el salón de sesiones. No lo tiene difícil el partido de los jubilados en una
ciudad que ha hecho del desencanto su sistema político. Ningún alcalde ha
revalidado el poder desde 1987. Cada legislatura hay uno nuevo. El último,
Jorge Suárez, salió de una candidatura ciudadana llamada Ferrol En Común, e
intenta gobernar con 7 de los 25 concejales y un pacto roto con el PSOE, que
también se ha fracturado.
María
Fernández Lemos se ha quedado dentro del Gobierno tras romper con el partido
socialista, con el que concurrió en las listas como independiente. Admite que
la situación económica en la comarca es muy mala desde hace décadas pero cree
que la decisión de Inditex de cerrar el Zara responde más a un cambio de
estrategia interna: "Les interesan más los centros comerciales en las
ciudades pequeñas. A nosotros nos duele porque pedimos una reunión y ni
siquiera nos recibieron. Amancio Ortega en sus inicios trabajó mucho por aquí y
la verdad es que creo que Ferrol se merecía una segunda oportunidad". La
concejal, arquitecta de profesión, sostiene que el comercio local debería
también hacer un esfuerzo por modernizarse, aceptar la peatonalización que
plantea el Ayuntamiento y flexibilizar sus horarios y admite que es un problema
que decenas de bajos comerciales del centro, la mayoría vacíos, estén en manos
de dos o tres familias que prefieren mantenerlos cerrados a bajar los precios.
Pasear
por el centro es hacerlo entre escaparates con carteles de se vende o se
alquila. Incluso en los alrededores de la calle Real, una esplendorosa zona de
comercio repleta de vida décadas atrás, cuelgan los anuncios. En Idealista.es
puede encontrarse de todo: oficinas, bares, gimnasios... Hasta el viejo cine
Avenida de la calle Dolores construido en 1945 se vende ahora por un millón de
euros, con sus 900 metros cuadrados, sus dos plantas y su entrada directamente
de la calle.
Manolo
Aller, leyenda local del equipo de baloncesto que maravillaba en la vieja
cancha de A Malata junto a Nate Davis y llegó a ser internacional en 20
ocasiones, también echa de menos aquellos años de bullicio en el pabellón y en
las calles que fueron los ochenta. "No eran solo que en los astilleros
trabajasen 17.000 personas, es que cada mes y medio venían 5.000 personas a las
juras de bandera. Lo que ha sufrido esta ciudad y lo que le queda por sufrir es
brutal. Tengo dos hijos, el mayor de 21 años y no veo perspectiva. Yo llegué
con 15 para jugar al baloncesto desde Ponferrada y ya me quedé. Me siento
ferrolano, es un lugar idílico, por su emplazamiento, sus playas, su
patrimonio. Han fallado muchas cosas, tal vez se vivió muy a expensas del
trabajo público. Todos nos acomodamos, pensabas que nunca iban a desaparecer
los astilleros y luego mira... Es como si siempre estuviésemos esperando a que
viniese alguien de fuera a solucionarlo y mientras va desaparenciendo todo, los
astilleros, el deporte, las pocas empresas que había... Y es un drama porque la
ciudad tiene unas posibilidades enormes. Nos falta créernoslo, duele ver cómo
se deshabita".
El
derrotismo parece haberse adueñado de un pueblo que ni siquiera se ha atrevido
a echar abajo el muro del arsenal militar que le obliga a vivir de espaldas a
la ría. Al menos a los astilleros ha empezado a llegar alguna buena noticia:
los pedidos de dos grandes buques para Australia, además de las cinco fragatas
F100 encargadas estos años por la Armada garantizan trabajo para una década
más. El plan industrial todavía está por discutir con los sindicatos pero
Galán, el presidente del comité de empresa, está esperanzado: "Parece que
hubiésemos pasado los años peores".
Desde
el balcón del Ayuntamiento que mira al Zara que se ha ido, María Fernández
tampoco se resigna: "Los ferrolanos hemos sido siempre gente luchadora.
Hemos vivido demasiado pendientes de las administraciones pero también se
empieza a ver gente que quiere emprender y nuevas generaciones con una nueva
mentalidad". El cabeza de cartel de los jubilados también tiene sus recetas:
"necesitamos diversificar, apostar por el turismo, tenemos un rico
patrimonio, y una buena gastronomía". Los deseos los comparte Aller, la
estrella del baloncesto: "Es un lugar idílico para vivir y ahora además
está bien comunicado".
Pero
la estadísticas oficial evidencia que la situación es crítica. Ferrol necesita
algo más que buenas palabras o planes industriales pintados sobre un papel para
sobrevivir.
miércoles, 14 de febrero de 2018
Intrusas
Las intrusas. 100 años del sufragio de las mujeres
Arantxa Elizondo
10 de febrero de 2018 20:15h
En 2018 se cumplirán 100 años desde que en muchos
países europeos se reconoció el derecho de voto de las mujeres; son los casos,
entre otros, de Alemania, Austria, Estonia, Hungría, Irlanda, Letonia, Rusia y
el Reino Unido. En muchos de estos lugares se están preparando numerosos
eventos conmemorativos de diversa índole, desde congresos y jornadas académicas
hasta celebraciones militantes y actos institucionales.
El Reino Unido constituye uno de los más claros
ejemplos de cómo la cuestión del voto de las mujeres se convirtió en un tema
candente en la agenda política que generó un importante debate social y un
vigoroso movimiento de protesta a finales del Siglo XIX. Allí se disponen a
celebrar la aprobación de la Representation of the People Act de 1918, ley que
amplió el electorado de 7,7 millones a 21,4 millones de personas y que permitió
que muchas mujeres británicas (no todas, solo las mayores de 30 años, las que tenían propiedades o
títulos universitarios) pudieran votar. Que nadie piense que el proceso fue
sencillo. El Estado liberal representativo se construyó partiendo de la
exclusión de gran parte de la sociedad, no lo olvidemos: la de muchos hombres y
la de todas las mujeres. Durante más de un siglo en muchos países europeos el
derecho de voto fue ampliándose progresivamente mediante la eliminación
paulatina de las restricciones del sufragio censitario para los hombres. En el
caso del Reino Unido, ya en 1866 el filósofo liberal John Stuart Mill presentó
por primera vez en el Parlamento una petición a favor del voto para las
mujeres, demanda que fue rechazada.
A partir de entonces lo habitual fue que en cada
reforma electoral hubiera voces que solicitaban la extensión de ese derecho
para las mujeres, pero siempre ganaron los argumentos que señalaban que no
estaban capacitadas para ejercer ese derecho, que el orden natural de las cosas
señalaba que la política no era asunto para mujeres, es decir, que eran unas
intrusas en los espacios políticos. Similares negativas se vivieron en
numerosos países con sistemas políticos liberales. Desde finales del siglo XIX,
el movimiento por el sufragio de las mujeres fue creciendo en dimensión y
fuerza en los Estados Unidos y en Europa, de manera particular en el Reino
Unido. Asociaciones moderadas y radicales concentraban el grueso de la lucha de
miles de sufragistas que no sólo realizaron una aportación clave en el
reconocimiento del derecho de voto sino que, y esto no se ha subrayado lo
suficiente, con su propia actividad contribuyeron de manera significativa a la
transgresión del rol que tradicionalmente estaba asignado a las mujeres.
Paradójicamente, uno de los principales factores que
dio el impulso definitivo a las reformas electorales de 1918 fue la Primera
Guerra Mundial pues se hizo insostenible la incongruencia de que millones de
soldados que volvían después de haber estado defendiendo a su país no tuvieran
derecho de voto. Asimismo, era difícilmente justificable que las mujeres
siguieran siendo privadas de ese derecho cuando su papel había sido
imprescindible durante la guerra tanto participando en labores asistenciales en
la retaguardia como trabajando en los puestos de trabajo que habían dejado los
hombres al marchar al frente.
Precisamente, el texto de la ley británica reconocía
explícitamente que tanto los excombatientes como las mujeres merecían el voto
por ese motivo. Así que la clave no fue tanto el reconocimiento de un derecho
básico sino un premio por la aportación a su país durante el conflicto bélico.
El derecho de voto de las mujeres abrió el paso también al reconocimiento del
derecho a presentarse a las elecciones y, con ello, a entrar a los parlamentos
y los gobiernos.
¿Significó esto el fin de la exclusión política de las
mujeres? Es cierto que a partir de entonces fueron accediendo a las instituciones
ejecutivas y legislativas en la mayoría de los Estados, lugares en los que
antaño estaba vedada su presencia y en los que al principio fueron consideradas
intrusas. No obstante, su incorporación no fue rápida ni progresiva puesto que
75 años más tarde el diagnóstico general mostraba que la presencia de mujeres
seguía siendo una rareza en muchísimos países: en 1995 su proporción en los
parlamentos del mundo era 11,3%. Las cuotas, porcentajes obligatorios para
asegurar la presencia equilibrada de mujeres, fueron el siguiente avance y
gracias a este mecanismo se ha logrado aumentar su presencia pero, incluso así,
en 2017 el porcentaje de mujeres en los parlamentos de todo el mundo es el
23,5% y el porcentaje en el caso de los
Estados miembros de la Unión Europea asciende a 29,8%.
Los datos del último siglo se empeñan en mostrar que
las mujeres no acceden a la política en la misma medida que los hombres. ¿Cómo
se explica que las mujeres sigan siendo minoría en los espacios donde se toman
las decisiones públicas? ¿Por qué sigue ocurriendo esto a pesar de las medidas
legales que impulsan su presencia? Los estudios que abordan esta cuestión
reconocen que los motivos son numerosos y diversos: el peso de las
responsabilidades domésticas y familiares, la falta de apoyo del electorado o
de los partidos políticos, la falta de apoyo del entorno, la falta de confianza
en una misma, la falta de experiencia en funciones de representación o la falta
de recursos financieros. Hay un factor que engloba prácticamente a todos los
demás y consiste en el conjunto de actitudes culturales predominantes relativas
al papel de las mujeres en la sociedad, actitudes que aún hoy las excluyen
considerándolas extranjeras y ajenas a la política. La exclusión se ejerce por
muchas personas que probablemente no sean ni conscientes de su nefasta
influencia. Pueden contribuir a la exclusión personas que ocupan cargos
políticos, líderes sociales, tertulianos y tertulianas, periodistas, ciudadanos
y ciudadanas. La expresión de estas actitudes puede adoptar una forma leve o
manifiesta, puede ser delicadamente paternal o directamente violenta, puede
aparecer en comentarios denigrantes o en ridiculizaciones caricaturescas, puede
reflejarse en fotografías desconsideradas o humillantes, pero, en todo caso,
hace que muchas mujeres se sientan incómodas, fuera de lugar y forasteras en
los espacios políticos.
Hace 100 años las mujeres de gran parte de Europa
obtuvieron el derecho de votar como primer paso hacia la participación en las
decisiones políticas; hace 20 años ese derecho se completó con el
establecimiento de las cuotas para asegurar su presencia en las instituciones.
¿Cuál ha de ser el siguiente paso? Agotadas las medidas legales para su entrada
en política, no queda más remedio que mirar hacia los mecanismos de exclusión y
trabajar para neutralizarlos. Personalmente estoy convencida de que es
fundamental aumentar el respeto social hacia las mujeres, por eso, cada vez que
alguien hace un comentario despectivo hacia una alcaldesa en televisión, un periódico
publica una fotografía que menoscaba la imagen de una ministra, un tertuliano
de radio se mofa del aspecto de una parlamentaria o un columnista escribe con
sorna sobre la ropa de la líder de un partido tenemos que hacerle saber que
está contribuyendo a que la exclusión se perpetúe y a que la mitad de la
sociedad se siga sintiendo intrusa en las esferas donde se toman las decisiones
que afectan a nuestra convivencia colectiva.
*Arantxa Elizondo. Profesora de Ciencia Política en la
Universidad del País Vasco
El voto a los dieciséis años
http://howadultareyou.com/
http://drrobertepstein.com/index.php/tests
http://www.bibliotecaup.es/index.php?tipo=capitulo-el-talento-de-los-adolescentes&cap=1
El voto a los 16 años, una
decisión responsable
JOSÉ ANTONIO MARINA
Filósofo, pedagogo y
presidente de la Fundación Universidad de Padres
08/02/2018
José Antonio Marina
Filósofo, pedagogo y
presidente de la Fundación Universidad de Padres
Se vuelve a hablar del voto
a los 16 años. El tema, como el Guadiana, aparece y desaparece. La última vez
fue en el 2014, porque se admitió en el referéndum escocés sobre la
independencia. En 2005, el alcalde de Sevilla me pidió un dictamen sobre la
conveniencia de admitir el derecho a voto en las municipales a los 16 años. Es
un asunto que despierta inquietud, y se suele resolver por vía emocional.
Oscila entre el ¡qué disparate! y el ¿y
por qué no? Lo que resulta más raro es encontrar un estudio minucioso y
reflexivo sobre el tema. Se piensa que detrás de las diferentes posturas hay
inconfesables intereses electorales. Y es posible que sea así.
Los principales argumentos
en contra son los siguientes:
1.- A los 16 años se es
demasiado joven para ser emocionalmente objetivo, y por lo tanto se es
psicológicamente vulnerable.
2.- Los jóvenes son
incapaces de tomar decisiones políticas responsables, porque carecen del
conocimiento político necesario.?
3.- Los jóvenes son muy
vulnerables a las influencias.
4.- El voto de un joven
puede comprarse fácilmente.
5.- Los adolescentes tienden
a tener una perspectiva temporal corta, interesándose más por las consecuencias
a corto término que por las consecuencias a largo plazo, lo que políticamente
es peligroso.
6.- Los adolescentes tienen
menos conciencia del riesgo que los adultos, y parecen calcular los beneficios
y los riesgos de forma distinta.
7.- La investigación
existente sugiere que los adolescentes son más impulsivos que los adultos, y
están sometidos a cambios bruscos de humor.
8.- Los jóvenes no están
interesados en tomar decisiones políticas. Si pocos jóvenes de 18 años votan,
con más razón dejarán de votar los de menor edad.
9.- El voto joven podría
proponer iniciativas peligrosas.
10.- Mantener el voto a los
18 años no supone ningún perjuicio a los menores de esa edad ni a la sociedad,
por lo que no es sensato cambiarlo.
11.- Algunos autores temen
que reducir la edad de los votantes colabore a la tendencia a reducir la edad
penal y a disminuir la autoridad de los padres.
Argumentos a favor
1.- A partir de los 16 años,
los jóvenes tienen algunas responsabilidades y algunos derechos de adultos. El
derecho a votar debería ser uno de ellos.
2.- Los jóvenes pueden
trabajar, pagan impuestos, mantener relaciones sexuales consentidas, casarse
con la autorización debida, luego deberían también poder votar. Serviría, pues,
para armonizar la legislación sobre la adolescencia.
3.- Al hacerlos sentir que
pueden decidir sobre cosas que afectan a su vida, los jóvenes sentirían más
interés por la política.
4.- Al tener que contar con
su voto, los políticos cuidarían más los intereses de los jóvenes.
5.- Los 16 años son mejor
edad para introducir el voto que los 18, porque a esa edad los jóvenes están
todavía enraizados en su comunidad y más concernidos por el voto que dos años
después.
6.- Los jóvenes tienen una
perspectiva propia y única sobre aspectos sociales, que conviene tener en
cuenta.
7.- Reducir la edad del voto
a los 16 es una gran oportunidad para que los nuevos votantes puedan recibir
una formación política, ya que todavía están dentro del sistema educativo.
No he cambiado mi opinión
desde el dictamen de 2005. Sigo pensando que preguntarse si a los 16 años se
está en condiciones de votar es un planteamiento equivocado. La pregunta
verdaderamente importante es ¿puesto que los adolescentes pueden legalmente
tomar decisiones muy importantes, cómo debemos orientar la educación para que
puedan tomarlas responsablemente? En El talento de los adolescentes, defendí
que estábamos infantilizando la adolescencia,
y en la Fundación Universidad de Padres acabamos de abrir la
convocatoria para un curso sobre este tema.
El objetivo principal de la educación no es que los alumnos aprendan
matemáticas o inglés, sino que sean capaces de tomar buenas decisiones, que
sean responsables de su aprendizaje, de sus comportamientos, de sus proyectos.
Es irritante que la ciudadanía se alarme ante la posibilidad deque los
adolescentes puedan votar, pero no de que tomen otras decisiones sin duda más
decisivas para su vida. Además, ¿podemos estar seguros de que todas las
personas adultas son más responsables que los adolescentes? El profesor Robert
Epstein ha elaborado un Test de madurez para personas adultas, que puede
también aplicarse a adolescentes.Muchos de ellos lo superan brillantemente.
En educación nos interesan
mucho las profecías que se cumplen por el hecho de enunciarlas. Si decimos que
los adolescentes son irresponsables, sin
duda acabarán siéndolo. Creo que el voto a los dieciséis años no debe admitirse
precipitadamente, debe ser el final de un proyecto educativo: hacerles capaces
de votar responsablemente. Introducir el voto de repente, sin que vaya
acompañado de una previa formación, me parece una insensatez. En cambio, bien
orientado podría ser un gran recurso pedagógico. Vuelvo a decir que los adultos
no saben cómo educar a los adolescentes, y que, en general, lo estamos haciendo
mal. La adolescencia es una edad inventada para ampliar el período educativo
antes de que los jóvenes entrasen en el mundo laboral. Y, sin embargo, una vez
abierto ese espacio de aprendizaje, no sabemos cómo llenarlo.
En el dictamen de Sevilla
añadí una condición cautelar: los adolescentes, de 16 a 18 años, deberían
inscribirse en un registro de votantes un mes antes de la celebración de
elecciones. Con eso demostrarían la seriedad de su compromiso. ¿Cuántos adultos
lo harían?






























