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jueves, 15 de septiembre de 2022

Perdiendo neuronas

 https://www.elmundo.es/yodona/2015/08/09/55c39b6446163f98248b458b.html

Perdiendo neuronas

(Trescientas dieciséis palabras)

Esta columna tiene 2.000 caracteres, unas 350 palabras repartidas en tres párrafos. Usted tardará unos dos minutos en leerla. Eso, si no se distrae. ¿Cuántas veces levantará la vista antes de llegar al final? -si llega hasta el final, claro-. Nuestra capacidad de concentración está cayendo en picado. Hace 10 años era de 12 minutos, y ahora de menos de cinco, sobre todo en las generaciones jóvenes. ¿No han notado que cada vez les cuesta más leer un libro? Incluso ahora, en verano, en la playa, la piscina o el sofá, con tiempo para hacerlo y sin teóricas distracciones. ¿Quiénes de ustedes siguen pasando una tarde entera sin levantar la vista de una novela? ¡Ah, qué tiempos!

Internet está cambiando la manera en la que leemos, pensamos y recordamos. Cambia cómo nos comportamos, pero también está cambiando a nuestro cerebro. Cada vez necesitamos más estímulos y gratificación instantáneos. Todo tiene que ir a una velocidad de 300 megas -un solo segundo de retraso en la carga de una página implica que uno de cada 10 lectores abandonará la web-. ¡Y todo para enterarnos de que nuestro amigo Luis se está tomando un arroz con una pinta estupenda en un chiringuito de playa!

Nos hemos acostumbrado a bombardeos constantes de microcápsulas de información. Siempre pendientes, pero siempre superficiales, con lo que no solo perdemos capacidad de concentración sino también de comprensión de textos más largos y complejos. Dividir nuestra capacidad de atención disminuye la de comprensión y análisis, pero también la capacidad de nuestro cerebro de almacenar nuevos conceptos y recuerdos. Razonar, construir un pensamiento lógico y almacenarlo implica construir nuevos puentes entre neuronas. Pero para eso hace falta algo que estamos perdiendo: concentración. Este 'fast food' de la conectividad perpetua nos está haciendo más 'distraíbles' y superficiales, pero también menos pacientes. No solo en la red. También en la vida real.


martes, 28 de junio de 2022

La vulgaridad como norma de conducta

 

La vulgaridad como norma de conducta

Rosa Elvira Caamaño Fernández

 

25 de julio de 2019

 

Hace años que no dejan de sorprenderme, en países que visito habitualmente: Italia, Francia o Inglaterra, frases cuando se dirigen a mí como “Usted es imposible que sea española porque tiene clase”, “usted es una señora a pesar de ser española”, y cuando defiendo nuestro país y nuestra cultura “Usted sabe bien lo que tienen allí” o “entre los árabes aún hay de todo, entre los españoles no”, en el sentido de que no tenemos nada bueno. Los cual atribuía a cierto resentimiento por nuestro pasado imperial. Sin embargo, últimamente, he adquirido la costumbre de ver un rato la televisión después de la siesta; a esta hora, sobre las cinco de la tarde, la programación suele consistir en producciones nacionales, series policíacas norteamericanas, algún documental ya emitido y telenovelas turcas.

De entre todo, al cambiar de canal, salen a la vista unos guapos muchachotes turcos, que además son buenos actores de amplios registros, elegantes, con clase, buenos modales, al igual que las actrices, todos bien vestidos, peinados y maquillados a la moda. Las acciones se desarrollan en ambientes bonitos, agradables, tranquilos, con buena música de fondo, la ciudad de Estambul preciosa, rodeada de bosques, amplias zonas verdes, entre el Bósforo y el armonioso vuelo de las gaviotas.

De las series americanas, aunque los actores desempeñan bien su papel, son guapos, con buenas maneras, se desenvuelven en sofisticados decorados y amplias panorámicas, con muy buena fotografía, destaca la exagerada exaltación de la violencia, en donde las víctimas preferidas, de los más sanguinarios sádicos asesinos, somos las mujeres, a las que se nos elimina de las formas más horribles y, constituyen, además, unas lecciones muy didácticas, bien descritas y gratuitas para todo tipo de maníacos, cuya imaginación no iba más allá de la brutalidad elemental.

Pero es en las producciones nacionales en las que, efectivamente, los españoles salimos muy mal parados. Aparte de la calidad ínfima de los guiones, da la impresión de que eligen a los actores más feos, mal hablados, con malos modales, ello sin mencionar sus cualidades interpretativas que se reducen a gestos exagerados, gritos, expresiones soeces y tacos. Tampoco las españolas quedamos bien vistas, porque a lo anteriormente escrito, se une el abalanzarse a cualquier cosa que se asemeje a un hombre, aunque sea del Neanderthal. Incluso llegan a pelearse por atribuirse romances e hijos con individuos, cuyo único mérito es una dudosa fama, y pondrían los pelos de punta a cualquier mujer, digamos, normal. Lo mismo ocurre con la homosexualidad masculina reducida a caricatura. Todo ello salpimentado con chascarrillos de taberna, en ambientes barriobajeros y marginales.

Podría decirse, que los programas nacionales, exageran como nota dominante la vulgaridad, convirtiendo a los personajes en fantoches. El fin de la existencia es vivir la vida, reducida a la satisfacción inmediata de sensaciones corporales y materiales. Porque otro de los mensajes es el de la obtención de riquezas, no por medio del trabajo sino de la picaresca.

Esto podría considerarse el resultado de una democracia mal entendida, que rasa por abajo, imponiendo desde todos los ámbitos la grosería y el mal gusto, o sea la decadencia de las costumbres. El impulso de las élites cultivadas, que es lo que mueve un país, desapareció. Ya no se lee a los grandes autores, la lectura, que forma el pensamiento, ha sido sustituida por la televisión como medio educativo de masas.

Ello unido al catastrofismo y la violencia del resto de la programación, no sólo pone ante el espectador español muy malos ejemplos, sino que al poder verse en cualquier país degrada la imagen de España y el concepto que de nosotros se tiene.

La influencia de los medios en la calle, también es fácil de ver en la forma de expresarse que tiene la gente, incluso los niños pequeños repiten frases mal sonantes.

Ante estas breves consideraciones ¿No sería conveniente apostar por una televisión más educativa y acorde con la realidad, que es la de una sociedad seria y trabajadora que lucha por salir adelante, y mostrar a los españoles con nuestra famosa gallardía y nobleza velazqueñas?

Y para concluir un elegante mensaje que acabo de recibir, digno del más puro Amor Cortés, del que bien podrían tomar nota los guionistas de TVE : “Saró io come un antico crociato presto a partire per il Sepolcro Santo, soltanto per baciarti la mano”.

'Perrhijos'

 https://www.diariosur.es/xlsemanal/firmas/juan-manuel-de-prada/perrhijos.html

'Perrhijos'

 

Juan Manuel de Prada, 4 de junio de 2022

Leo en estos días un reportaje donde se proclama la consolidación de un nuevo «modelo de familia multiespecie», donde los niños son sustituidos por mascotas, muy especialmente por perros. En España, el número de perros (9,3 millones) supera holgadamente el de niños menores de quince años (apenas 6,7 millones); y en algunos lugares, como Madrid, los perros triplican a los niños. Inevitablemente, este ‘modelo de familia multiespecie’ está favoreciendo fenómenos jurídicos y sociales que hasta hace poco nos parecerían más bien ocurrencias propias de un esperpento: las parejas que se divorcian firman convenios de ‘custodia compartida’ sobre sus perros; los testamentos los incluyen en lugar predominante; y se organizan grotescos velatorios para despedirlos.

Evelyn Waugh escribió una sátira feroz titulada Los seres queridos, cuyo protagonista se emplea en una empresa dedicada a brindar servicios funerarios de primera calidad para mascotas: enterramientos de canarios, embalsamamiento de perritos, cremación de gatitos cuyas cenizas son después arrojadas al aire desde una avioneta, etcétera. Y, en los aniversarios de la muerte de sus mascotas, los clientes reciben en casa una ridícula tarjeta, muy jubilosamente decorada, en la que pueden leer que su mascota está feliz en el cielo, meneando la cola. Menos partidario de la sátira que del exabrupto, Léon Bloy compara las tumbas de un cementerio de pobres, «incultas, abandonadas por completo, áridas como la ceniza», con las tumbas de un cementerio de perros que los ricos han erigido en una isla del Sena, para enterrar allí a sus mascotas domésticas, con tumbas de mármol, monumentos suntuosos y epitafios ridículos. Y Bloy se pregunta entonces «si la tontería, decididamente, no es más odiosa que la misma maldad»; y también si es «el resultado de una idolatría demoníaca o de una imbecilidad trascendental».

Tal vez sea el resultado de una combinación de ambas. Puesto a catalogar las diversas expresiones del amor humano, C. S. Lewis se detenía a analizar la naturaleza del afecto que a veces profesamos a los animales, mediante el cual subsanamos «la atrofia del instinto que nuestra inteligencia impone, nuestra excesiva autoconciencia, las innumerables complicaciones de nuestra situación, la incapacidad de vivir en el presente». Pero, con frecuencia, ese afecto encubre otras intenciones: «Si usted necesita que le necesiten –prosigue Lewis–, y en su familia, muy justamente, declinan necesitarle a usted, un animal es obviamente el sucedáneo. Puede usted tenerle toda su vida necesitado de usted. Puede mantenerle en la infancia permanentemente, reducirlo a una perpetua invalidez, separarlo de todo lo que un auténtico animal desea y, en compensación, crearle la necesidad de pequeños caprichos que sólo usted puede ofrecerle». De este modo, la mascota se convierte en el sumidero de nuestro egoísmo, en ese simulacro de hijo que no se queja, que no lanza reproches, que no nos amonesta, que no nos suelta de vez en cuando una terrible verdad. Lewis no llega a designar la forma de depravación que anida al fondo de este afecto egoísta a los animales, aunque se atreve a proponer que «quienes encuentran en ellos un consuelo frente a las exigencias de las relaciones humanas deberían examinar sus verdaderas razones».

Mucho menos contemporizador que C. S. Lewis, Joseph Roth, en La cripta de los capuchinos, se atreve a lanzar una reflexión incómoda: «Siempre me ha parecido que los hombres que aman a los animales emplean en ellos una parte del amor que debieran dar a los seres humanos; y me di cuenta de lo justa que era esta apreciación cuando comprobé casualmente que los alemanes del Tercer Reich amaban a los perros lobos, a los pastores alemanes. ¡Pobres ovejas!, me dije». Una apreciación que hoy se vuelve mucho más nítida y enojosa que en la época del Tercer Reich. Pues nuestra generación, que encumbra a sus mascotas a la categoría de hijos (unos hijos que no pueden interpelarnos, que no pueden sacarnos los colores, que no pueden acusarnos, que no pueden escupirnos en la cara), asume que la vida humana ha dejado de ser inviolable, asume que no todos los seres humanos son dignos de protección, ni en todas las etapas de su vida. Como nos recuerda Chesterton, tras el ideal de tratar a los animales como si fuesen seres humanos, se esconde el secreto anhelo de tratar a los seres humanos como si fuesen animales.

Es el resultado de una imbecilidad trascendental, pero también de una idolatría demoníaca. Y es el emblema de una época sin futuro, condenada al basurero de la Historia; que, por supuesto, tendrá el atildado aspecto de aquel cementerio de mascotas que sublevaba a Bloy. Pues la abyección gusta de expresarse mediante la cursilería.

Inevitable eutanasia

https://www.abc.es/xlsemanal/firmas/juan-manuel-de-prada/inevitable-eutanasia-juan-manuel-prada.html


Inevitable eutanasia

 

Juan Manuel de Prada, 9 de septiembre de 2019

 

Cierta derecha quiere hacer creer a sus adeptos que el llamado ‘marxismo cultural’ está imponiendo una agenda contraria a la familia y la vida, con el evidente propósito de evitar que reparen en la auténtica filiación de esta agenda. Pues el llamado ‘marxismo cultural’ no es, en realidad, más que liberalismo consecuente; y si los progresistas se muestran más voluntariosos y pugnaces en llevar a cabo esta agenda que los melindrosos y timoratos conservadores es porque las dinámicas propias de la revolución así lo exigen. Los progresistas son la vanguardia que avanza abriendo brecha; los conservadores la retaguardia que consolida los avances.

Reparemos, por ejemplo, en la eutanasia que está a punto de imponerse por ley. Nuestros antepasados soportaban con mayor o menor resignación el sufrimiento causado por la enfermedad porque creían que, además de completar los sufrimientos del Dios que se hizo hombre por su salvación, ese sufrimiento era una fruslería, comparado con la bienaventuranza que les había sido prometida tras la muerte. Y, para ayudarles a sobrellevar el sufrimiento, nuestros antepasados contaban con una comunidad que cuidaba de ellos y les brindaba consuelo. Pero el liberalismo impuso la premisa de que somos más plenamente humanos cuanto más nos liberamos de toda tradición y comunidad; o, en todo caso, cuando elegimos la ‘tradición’ y la ‘comunidad’ que nos apetecen, desde una posición de completa autonomía. Inevitablemente, en este nuevo contexto el sufrimiento es algo por completo absurdo que, además, se erige en una amenaza flagrante a nuestra autonomía personal. El hombre autónomo (¡autodeterminado!) que nace con el liberalismo se rebela contra el sufrimiento que regía en el viejo mundo gobernado por Dios; pero para ello debe reemplazar él mismo a Dios, tomando el control del destino humano. La confianza en la voluntad de Dios propia de nuestros antepasados se transforma en confianza en el conocimiento humano y en los avances científicos y tecnológicos que tal conocimiento procura.

Así, la medicina deja de desempeñar el papel que durante siglos o milenios se le encomendó, que fue la ‘cura’ (en el sentido de ‘cuidado’) de las personas enfermas; y se le asigna la misión de ‘cura’ (en el sentido de ‘eliminación’) de la enfermedad. El hombre moderno ya no necesita una comunidad que lo cuide cuando esté enfermo (y, cuando la necesita, descubre que no la tiene); y exige avances científicos y tecnológicos que le confirmen que la enfermedad puede ser eliminada, para poder tener el control de su destino. La enfermedad, para el hombre moderno, se convierte en un sinsentido que debe ser erradicado por nuestra racionalidad plasmada en los avances médicos. Pero, ¡ay!, resulta que todos nuestros avances médicos se muestran impotentes ante muchas enfermedades, que todos nuestros remedios se muestran ineficaces ante el sufrimiento. ¡Pero no podemos permitir que la ciencia se declare impotente! ¡Tenemos que hacerla potente al precio que sea! Nuestros antepasados sabían que llegaba un momento en que los médicos ya nada podían hacer por nosotros; y entonces había que esperar la muerte o el milagro. Nosotros exigimos a los médicos que actúen, para demostrar que la ciencia no es impotente ante nuestro sufrimiento. Puesto que lo hemos confiado todo al poder ilimitado de los avances científicos y tecnológicos alcanzados por el conocimiento humano, debemos someter nuestra vida a estos avances. Y si la medicina no puede procurarnos una cura, al menos debe procurarnos la muerte. Si la ciencia y la tecnología no pueden eliminar nuestro sufrimiento, ¡exigimos que nos eliminen con él! Antaño, cuando existía comunidad, la compasión exigía a quienes contemplaban el sufrimiento compartirlo; en el mundo instaurado por el liberalismo, la compasión exige eliminar el sufrimiento, aunque sea matando al sufriente, para demostrar que ejercemos un control absoluto sobre nuestro destino, para demostrar que podemos elegir libremente el momento y las circunstancias de nuestra muerte. Y así, además, a la vez que eliminamos el sufrimiento eliminando a los sujetos que lo padecen, logramos olvidar que nuestra pretensión de eliminar la enfermedad era quimérica.

La eutanasia es la respuesta lógica e inevitable del hombre moderno, cuando descubre que su pretensión de controlar su destino es un fracaso, cuando comprueba que la ciencia no lo ha liberado del sufrimiento y, en cambio, lo ha dejado más tirado que un perro, sin autoridad y sin tradición, sin Dios y sin comunidad. La eutanasia, en fin, es la estación final del hombre endiosado por el liberalismo. 

De pago

 

De pago

POR CARLOS MARZAL

4 de noviembre de 2009, ELMUNDO

No hay nada nuevo bajo el sol, pero siempre hay algo en este amplio patio de vecindad del universo que nos llena de asombro. Al parecer, varios institutos conflictivos del extrarradio parisino van a poner en marcha una medida para reducir el fracaso escolar. Van a pagar a los alumnos que crean problemas, si dejan de hacerlo. Si acuden a clase. Si no despanzurran el mobiliario. Si no amenazan a los profesores. Si no acosan a sus compañeros de pupitre. Quieren instituir unas recompensas en metálico para los grupos que alcancen determinados objetivos. En algunos casos, el dinero se empleará para viajes más o menos escolares. En otros irá a parar a los bolsillos de ciertos alumnos. Los defensores de la idea argumentan lo siguiente: el mundo ha cambiado, y debemos cambiar con el mundo. Dicen que nadie se escandaliza si ese mismo dinero recibe el nombre de beca. Lo cierto es que uno no sabe muy bien qué pensar.

El mundo, es cierto, ha cambiado. Para empezar, habría que poner en entredicho el refrán de que no hay nada nuevo bajo el sol, y después casi todo lo demás. El mundo ya no es lo que era. Lo que solía. Por lo que respecta a la enseñanza, tenemos demasiados jóvenes, demasiados alumnos, y muy poco empleo. Hay demasiadas tentaciones para los jóvenes sin empleo y muy poco futuro. De ahí que a los pobres les dé por incendiar coches en las revueltas pseudoestudiantiles. Que les dé por dejar de ir a clase. Qué les dé por 'repartir leña' entre los colegas y los adultos. Uno no termina de ver la relación de causa-efecto en todas estas cosas. Pero en eso el mundo también ha cambiado: la lógica de los fenómenos, si alguna vez existió, es un artilugio inservible. Como el velocípedo. Como el telégrafo. Como la máquina de escribir. ¿Quién los usa?

Ya digo que no sé qué pensar. Pagamos por tantas cosas que una más no va a importar demasiado. Al fin y al cabo, pagamos por nuestra tranquilidad, que no tiene precio. Pagamos para que nos dejen seguir adelante. Pagamos para que no nos agredan, para que no agredan a quienes quieren seguir adelante. Quizá el agresor se arrepienta, o quizá decida que le sale más rentable seguir siendo un agresor en vías de arrepentimiento. No lo sé. Las cosas han cambiado. Cuando no éramos tantos y había trabajo para quienes no querían estudiar; cuando la enseñanza no era un limbo en el que mantener a los chicos para que no delincan en las calles, las becas y las recompensas eran para premiar el esfuerzo, para fomentar la excelencia. Pero todo eso ha cambiado, y tendremos que acostumbrarnos. O, por lo menos, tendremos que hacer como que nos acostumbramos y que también cambiamos.

Al fin y al cabo, pagamos por todo. La conquista de la enseñanza pública no es bastante, tendremos que pagar por el simple hecho de que la disfruten sus beneficiarios, hagan lo que hagan con la enseñanza pública. Me imagino que los problemas que se pueden resolver con dinero no son tan alarmantes. No son tales problemas. Al fin y al cabo, pagamos por todo.

lunes, 27 de junio de 2022

Debate sobre los arrecogíos

 https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2020/08/19/abriran-aparcaninos-septiembre-46511039.html

¿Abrirán los ‘aparcaniños’ en septiembre?

 

Olga Seco, 19 de agosto de 2020

 

Por lo visto, ha sido necesario, ver con determinación la forma de la muerte, para asimilar que la vida deja en la memoria muchas cosas y no las arrastra a un olvido permanente. No, de nada sirve agrupar nuestras acciones en palabras duraderas. Sí, las mismas que afirman la contradicción de muchos vocablos. A veces es necesario romper la continuidad y empezar de cero...

Las escuelas (opinión subjetiva) son la rara metodología obsoleta que necesita un ajuste. Hay muchas personas preocupadas por lo que sucederá en septiembre; descubro en muchas preocupaciones el egoísmo definitivo de aquellos que piensan que en las escuelas les cuidan los hijos. ¿Cómo van a concebir la educación más allá de lo tradicional? Junto a la fatalidad está el espejo que refleja la suerte de las personas que piensan...

¿Para qué coño queremos internet? Es necesario ver que lo de antes se está muriendo, no podemos seguir afirmando, lo que día a día nos niega la pandemia. Es hora de aceptar que de ahora en adelante (todo o casi todo) será virtual: incluida la enseñanza. Desgraciadamente los colegios han sido aparcaniños.

Las necesidades de los padres han ido por delante de las necesidades de los niños. En definitiva (opinión subjetiva) las escuelas han sido el rincón de estudio en el que dejábamos a nuestros hijos a primera hora de la mañana y escapábamos hasta por la tarde. ¿Y ahora qué?

Muchos de los que parecen (sonrío) la recia sensatez, no saben ni en qué curso están sus hijos, pero por lo visto es menester rechazar todo aquello que no tenga apariencia de guardería. Ser padres es intimar con la entraña del afecto y concederle de vez en cuando alguna aclaración. Los niños (lo estoy deseando) dejarán de concebir las escuelas cómo algo aburrido y desde los hogares comenzará el punto de partida de la nueva educación. Más arte, más poesía, más música, más pensamiento, más creatividad.

Hay cosas que la propia vida rechaza por innecesarias, junto a la superficie vacía de muchos pupitres quedará un sistema educativo basado en el aprendizaje de memoria, sí, el mismo que ha castrado el talento de muchos genios. Niños que han sido tratados de «raros» e incluso medicados, por aburrirse en los colegios. Junto a la roca de la pandemia está chocando nuestra vida. A veces (opinión subjetiva) junto a lo abrupto comienza a brotar la efusión.


https://www.elperiodicoextremadura.com/opinion/2020/08/24/terraplanistas-educativos-43852318.html

Los terraplanistas educativos

 

Pilar Garcés, 24 de agosto de 2020

 

Por lo visto hay algunas familias que se plantean no llevar a los niños al colegio el mes que viene, por miedo al contagio. Puede ser, aunque yo no conozco ninguna. Todo lo contrario. Estoy rodeada de gente deseosa de que, con plenas garantías sanitarias, sus hijos retomen su educación, su vida social y una rutina exenta de miedo después de meses de aburrimiento y tribulaciones. A esas familias que barajan no empezar el curso, si es que existen, se les está dando cumplido altavoz.

Espero que esas familias no se agrupen y astutamente monten una asociación que defienda la enseñanza en casa, para conseguir una repercusión social similar a la lograda por los magufos antimascarillas, los del complot para implantarnos un chip a través de las vacunas y los que sostienen que el virus es un invento de la CIA. Porque a los alternativos de cualquier tema les empiezas dando un titular, luego les recibes en audiencia para estudiar sus propuestas y acabas pagando con dinero público un concierto para la plataforma informática que necesitan. Y digo yo que una opción como la de escolarizar a los niños online ni se tomará en consideración si no se produce un confinamiento de toda la población. No estamos en ese escenario, sino trabajando activamente para que septiembre llegue con su tradicional vuelta al cole que no será voluntaria, sino obligatoria como marca la ley. Porque hace muy poco tiempo, a los padres que propiciaban el absentismo no se les daba precisamente un premio.

Como no creo en las casualidades, me causa desasosiego el encendido debate sobre las ventajas e inconvenientes de quedarse a los niños en casa, mientras nuestras autoridades guardan silencio o lanzan mensajes titubeantes y contradictorios sobre cómo va a ser exactamente la apertura de los colegios. Faltan veinte días y no hemos recibido ni un folio al respecto. Con semejante falta de comunicación, y en medio del rebrote, no es extraño que haya quien se preocupe y piense que los hijos estarán más seguros encerrados en un domicilio que alguien (un abuelo, una madre que se pide una excedencia, un canguro si hay posibles) se encargará de custodiar.

Los niños, por lo demás, muy bien. Van al parque, a la playa, de excursión, leen, dibujan y juegan en la calle con los vecinos. Se han acostumbrado a lavarse las manos diez veces al día, dan menos besos que antes, huyen de las multitudes y no ponen ningún problema a la mascarilla. Han acudido a una escuela de verano instalada en uno de esos colegios públicos cuyo futuro se discute. La dirigen con los protocolos de precaución que marca el BOIB personas que consideran que el juego y el ocio infantil son bienes que se deben proteger, recursos insustituibles porque ayudan a la equidad social y al desarrollo personal. No han pasado el verano encerrados en casa delante de una pantalla, así que no sé por qué debería ser ese su lugar en septiembre. 


viernes, 10 de junio de 2022

domingo, 19 de diciembre de 2021

Un asesino de once años

Un asesino de 11 años

Gonzalo Aguirregomezcorta 27/01/2011

 

La edad de consentimiento sexual en EEUU es de 16 o 18 años, dependiendo del estado. No se es suficientemente mayor para poder beber alcohol hasta los 21, en cambio se supera la mayoría de edad en casi todo el territorio a los 18. Pero, ¿puede un niño que comete un asesinato con 11 años ser juzgado como un adulto? La respuesta es sí.

La presunta precocidad criminal de Jordan Brown podría costarle una vida entera entre rejas. Está acusado de matar en 2009 a Kenzie Marie Houk tras dispararle en la nuca mientras dormía. Era la novia de su padre y le quedaban semanas para dar a luz al hijo que ambos esperaban.

Según la acusación, esperó a que su progenitor se fuera a trabajar para cometer el crimen. Acto seguido, se subió al autobús del colegio como si nada hubiera pasado y dejó a su hermana de 4 años sola con el cadáver. No olvidemos, según la acusación.

En la actualidad, Brown se encuentra a las puertas de su adolescencia. Tiene 13 años y aguarda bajo custodia una decisión que se escapa a su razón y que puede condicionarle de por vida. Si es juzgado como un adulto, se enfrentaría a cadena perpetua. Se convertiría así en la persona más joven de EEUU en ser condenada de por vida sin la posibilidad de disfrutar de la libertad condicional (2.500 personas sufren esta pena por crímenes cometidos antes de los 18 años) Si se respeta su minoría de edad, podría quedar libre cuando cumpliera los 21.

Brown proclama su inocencia a psicólogos, fiscales y jueces, pero ellos lo llaman de otra manera: "Negativa a asumir la responsabilidad". Ahí reside la delgada línea que le separa de un juzgado juvenil a otro para mayores. La acusación considera condición sine qua non que admita su culpa para poder rehabilitarse. Sin rehabilitación no hay perdón; y sin perdón, Brown se enfrentaría al peor de sus destinos. "Este chico nunca va a admitir lo que hizo", llegó a comentar un psiquiatra de la acusación.

El juez Dominick Motto consideró hace un año que la falta de remordimiento de Jordan constituyó un factor en su contra para ser tratado como un niño ante la Justicia. Esta semana, un panel compuesto por tres jueces del Tribunal Superior deberá decidir si la opinión del juez Motto es admisible. El proceso podría alargarse durante semanas o incluso meses.

Por enésima vez, el sistema judicial estadounidense vuelve a quedar en entredicho. Amnistía Internacional ha advertido a las autoridades de Pensilvania que, si finalmente se enjuicia a Brown como adulto, supondría una violación del derecho internacional.

"No es coherente con las obligaciones internacionales de EEUU en materia de derechos humanos", afirmó Susan Lee, directora de la organización en América. Junto a Somalia, EEUU es el único país del mundo que no ha ratificado la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño, que prohíbe que casos como el de Brown lleguen a buen puerto.

Brown iba a ver los partidos de hockey sobre hielo con su padre, cuando picaba el hambre no dudaban en saciarla en algún restaurante de comida rápida y si el crío se portaba bien, el premio era pegar unos tiros contra algunas latas en las inmediaciones de la granja de Pittsburgh en la que vivían.

Estaba familiarizado con aquel modelo de escopeta de calibre 20, tanto que presuntamente supo encontrarla y hacerla funcionar para desencadenar el fatal desenlace. El peso de la ley caerá sobre Brown, un chico que con 11 años ya sabía jugar a juegos de mayores.

La ignorancia de hoy en día

 https://www.project-syndicate.org/commentary/ignorance-today/spanish

sábado, 18 de diciembre de 2021

Democracia

 

Estas son las ventajas geográficas que favorecen a Estados Unidos. Consideremos ahora nuestras ventajas políticas, que empiezan por el hecho de que nuestro Gobierno lleva siendo ininterrumpidamente una democracia durante los 230 años de existencia del país. Por el contrario, China ha tenido ininterrumpidamente gobiernos dictatoriales no democráticos durante sus 2.240 años de existencia.

¿Cuáles son las ventajas reales de la democracia o al menos sus ventajas potenciales? (Insisto en lo de “potenciales” porque, como veremos, nuestro gobierno es supuestamente democrático, pero está desaprovechando alguna de estas ventajas alejándose de la democracia real). Hoy en día, es cada vez más fácil sentirse desilusionado con el sistema democrático y hay estadounidenses que a veces envidian la dictadura china por su capacidad para tomar decisiones e implementar buenas políticas de forma ágil. No hay duda de que la toma de decisiones y la implementación de medidas requiere más tiempo en un sistema democrático que en uno dictatorial, porque la esencia de la democracia está precisamente en la consulta, la búsqueda de equilibrios y la toma de decisiones con amplios consensos (de ahí que sus procesos lleven tiempo). Por ejemplo, en China, la adopción de la gasolina sin plomo se produjo tan solo en un año, mientras que en Estados Unidos conllevó toda una década de debates y recursos judiciales. Envidiamos a China porque nos supera en la construcción de redes de transporte ferroviario de alta velocidad, sistemas de metro urbano y transmisión de energía a larga distancia. Por otro lado, los escépticos de la democracia también pueden señalar ejemplos de líderes terriblemente dañinos que llegaron al poder por medio de elecciones democráticas.

Todas estas desventajas de la democracia son reales. Sin embargo, las dictaduras acusan una desventaja mucho peor, a menudo fatal. Nadie, en los 5.400 años de historia de los gobiernos centralizados en cualquier continente, ha encontrado una forma de asegurar que esas políticas que las dictaduras permiten poner en práctica con una velocidad envidiable sean en su mayoría buenas políticas. Sólo hay que pensar en la serie de políticas terriblemente autodestructivas que China llegó a implementar con gran rapidez y cuyas consecuencias no tienen paralelismos en ninguna de las grandes democracias del primer mundo.

Entre esas políticas autodestructivas chinas se encuentran las que terminaron provocando una hambruna a gran escala entre 1958 y 1962 que produjo decenas de millones de muertos, la paralización del sistema educativo, el envío de los profesores a los campos para que trabajaran junto a los campesinos y, por último, los mayores niveles de contaminación del aire del mundo. Si en Estados Unidos la contaminación del aire llegara a alcanzar la mitad del nivel al que a menudo se llega hoy en muchas grandes ciudades chinas, los votantes indignarían echarían al gobierno en las siguientes elecciones. Pensemos también en las políticas aún más autodestructivas que los gobiernos dictatoriales de Alemania y Japón mantuvieron en la década de 1930 aun sin contar con un amplio consenso y que acabaron metiendo a estos países en una guerra que ocasionó la muerte a millones de sus ciudadanos (y eso sin mencionar a los más de 20 millones de víctimas que eran ciudadanos de otros países). Por eso Winston Churchill dijo en broma, respondiéndole a alguien que expresaba las habituales protestas por las desventajas de la democracia, que la democracia es sin duda la peor forma de gobierno, exceptuando todas las demás formas de gobierno alternativas que se han ensayado en un momento u otro de la historia.

Las ventajas que tiene el sistema democrático de gobierno son numerosas. En una democracia, los ciudadanos pueden someter a debate prácticamente cualquier idea, incluso si en un principio esta es anatema para el Gobierno en el poder. El debate y la protesta pueden terminar revelando que dicha idea era la mejor política, mientras que en una dictadura nunca se sometería a debate y sus virtudes no se aceptarían jamás. El principal ejemplo de ello que nos ofrece la historia reciente de Estados Unidos, por la tenacidad con la que nuestro gobierno se empeñó en mantener una política que se reveló errónea, y por el vigor que adquirieron las protestas contra ella, fue la decisión final que adoptó el gobierno de poner fin a la guerra de Vietnam. Por el contrario, los alemanes de 1941 no tuvieron oportunidad de debatir la locura que suponía la decisión de Hitler de invadir la Unión Soviética y declarar después la guerra a Estados Unidos estando ya en guerra contra el Reino Unido.

Otra de las ventajas fundamentales de la democracia es que los ciudadanos saben que sus ideas están siendo escuchadas y debatidas. Incluso si estas ideas no se adoptan de forma inmediata, saben que tendrán otras oportunidades de hacerlas prevalecer en elecciones futuras. En ausencia de democracia, hay más probabilidades de que los ciudadanos desarrollen una sensación de frustración y concluyan acertadamente que su única opción es recurrir a la violencia o incluso tratar de derrocar al gobierno. Saber que existen espacios pacíficos para la libre expresión reduce el riesgo de que estalle la violencia civil. Un amigo mío, cínico pero políticamente sagaz, me dijo una vez: “Lo que cuenta en una democracia es la apariencia de democracia”. Con ello, mi amigo quería decir que la apariencia de la existencia de la democracia puede ser suficiente para disuadir a los ciudadanos del recurso a la violencia, aun cuando (como es el caso en Estados Unidos actualmente) en realidad la democracia está siendo pervertida de forma menos visible.

Otra ventaja fundamental de la democracia es que la negociación, la búsqueda de acuerdos y la capacidad de ceder son clave para su funcionamiento. La necesidad de llegar a acuerdos minimiza la posibilidad de que quienes ostentan el poder mantengan comportamientos tiránicos, mientras que en ausencia de esa necesidad podrían ignorar los puntos de vista contrarios a los suyos. Y viceversa, esa búsqueda de acuerdos también supone que una minoría frustrada consienta en no paralizar al gobierno.

Otra ventaja fundamental es que, en las democracias modernas en las que existe el sufragio universal, todos los ciudadanos pueden votar. Por tanto, el gobierno en el poder tiene incentivos para invertir en todos los ciudadanos, que así obtienen oportunidades para desarrollar su productividad, en lugar de que dichas oportunidades se le brinden únicamente a una pequeña élite dictatorial.

Además de estas ventajas generales de la democracia, Estados Unidos cuenta también con otras que derivan de la forma específica que adquiere su democracia, a saber, el gobierno federal. En un sistema federal hay funciones importantes del gobierno que están reservadas a las unidades democráticas regionales y que no son prerrogativa de un gobierno nacional centralizado. La versión estadounidense del sistema federal tiene cincuenta estados, lo que, en la práctica, a menudo significa que existen cincuenta formas simultáneas de probar soluciones distintas para el mismo problema común y, de esta forma, puede comprobarse qué solución funciona mejor. Por ejemplo, algunos estados estadounidenses permiten (Oregón) y otros prohíben (Alabama) el suicidio asistido, y unos imponen impuestos estatales altos (California) y otros bajos (Montana). Otro ejemplo: durante mi infancia en Massachusetts, en el noreste de Estados Unidos, el primer californiano que conocí me contó que California era el único estado que había adoptado una ley que permitía que los coches giraran, después de hacer una parada completa en un cruce, a la derecha estando el semáforo en rojo. En Estados Unidos, las normas de circulación son prerrogativa de cada uno de los estados, no del gobierno nacional. A mis conciudadanos de Massachusetts de principios de los años sesenta, y a los ciudadanos de los demás estados de Estados Unidos, les parecía una idea tremendamente peligrosa que sólo se les podía ocurrir a aquellos tarados californianos. Pero cuando California hizo aquel experimento y resultó ser seguro, otros estados aprendieron de California y todos terminaron adoptando la misma legislación.

Se podría aducir que el hecho de que está permitido o prohibido girar a la derecha en un semáforo en rojo después de haber detenido el coche por completo tampoco es algo tan importante como para convencernos de las ventajas de nuestro sistema federal. Un experimento reciente de mayor envergadura tuvo lugar en el estado de Kansas, cuando el gobernador Brownback sostuvo que era más importante para el bienestar de sus ciudadanos reducir los impuestos estatales que contar con un sistema bien financiado de educación pública. Así, a partir de 2012, impulsó una reducción de los ingresos fiscales estatales que obligó a realizar drásticos recortes en la educación pública. Los demás estados observaron el resultado del experimento con interés. Para 2017, los resultados de Kansas habían convencido incluso a los propios legisladores del partido político de Brownback de que los recortes en la educación pública no son una buena idea, de modo que votaron a favor de volver a aumentar los impuestos estatales. La cuestión es que la existencia de nuestro sistema federal permitió que esta idea la probara por su cuenta un solo estado y que los cuarenta y nueve estados restantes aprendieran de la experiencia.

Estas son algunas de las grandes ventajas que ofrece la democracia y de las que Estados Unidos disfruta y China no. Es la ausencia de estas ventajas lo que constituye, en mi opinión, la desventaja crucial que, por sí sola, impedirá que China llegue alguna vez a alcanzar el nivel de renta media per cápita de Estados Unidos…, siempre y cuando Estados Unidos siga siendo un país democrático y China siga siendo un país no democrático. Esto me recuerda que debo hacer hincapié en la siguiente idea: un país que se dice democrático pierde todas estas ventajas cuando su sistema democrático sufre graves infracciones; a continuación hablaremos más sobre esto. También reconozco que la democracia no es necesariamente la mejor opción para todos los países; es difícil que prevalezca en países que no cuentan con los requisitos previos de tener un electorado alfabetizado y una identidad nacional ampliamente aceptada.

Mencionaré brevemente otras dos ventajas políticos que Estados Unidos tiene a su favor, más allá de su gobierno democrático. Durante toda nuestra historia, en Estados Unidos las Fuerzas Armadas han estado bajo control civil. No ha sido así en el caso de China ni de la mayoría de los países de América Latina y tampoco lo fue (con consecuencias desastrosas) en el caso de Japón durante el período comprendido entre los años 1930 y 1945. La corrupción en Estados Unidos es relativamente baja en comparación con los niveles mundiales, aunque a ese respecto está por detrás de Dinamarca, Singapur y otra veintena de países. La corrupción es algo malo tanto para un país como para una empresa, porque las decisiones se ven condicionadas por el beneficio propio de los políticos o de los empresarios corruptos, independientemente de que se trate de decisiones perjudiciales para el país o para la empresa en su conjunto. La corrupción también perjudica a las empresas porque significa que no pueden contar con el cumplimiento de los contratos. Esa es otra grandísima desventaja de China, que tiene unos niveles manifiestamente altos de corrupción. Mientras tanto, en Estados Unidos existe un alto nivel de corrupción encubierta, porque tanto Wall Street como otras entidades e individuos ricos influyen en la política y en las acciones del gobierno por medio de los lobbies y de las contribuciones económicas a la financiación de campañas electorales. Aunque en Estados Unidos estas contribuciones son legales, las consecuencias que produce son similares a las de la corrupción ilegal. Es decir, los legisladores o los funcionarios terminan adoptando políticas o acciones que son perjudiciales para el bien público, pero beneficiosas para el donante y, en ocasiones, también para los propios legisladores o los funcionarios.

lunes, 26 de octubre de 2020

Selectividad. Velocidad de escritura a mano.

https://opolengua.com/2015/02/12/como-escribir-3000-palabras-en-un-examen-de-oposicion/

https://www.estudiandotributario.es/opositores-hacienda/3163-numero-de-palabras-por-hora

https://www.maacformacion.es/noticias/consejos-respecto-a-la-preparacion-de-tu-oposicion-parte-6-hoy-hablaremos-de-tu-tema-escrito/

https://www.google.com/search?q=cuantas+palabras+se+pueden+escribir+en+una+hora&rlz=1C1CHZL_esES740ES740&oq=cuantas+palabaras+se+pueden+&aqs=chrome.1.69i57j0i13l7.5878j0j4&sourceid=chrome&ie=UTF-8

Digital Notes vs Paper Notes: Benefits of Taking Notes by Hand

Bledsoe Jr., Dave (2011). "Handwriting Speed in an Adult Population". Advance for Occupational Therapy Practitioners

Lectura comprensiva: una mirada multidimensional. Flores Gómez, Catherine

Un estudiante debería aprender 400 palabras nuevas de cada profesor en cada curso escolar. Para poder entender adecuadamente un texto un estudiante debería conocer del 90 al 95% de las palabras que lo componen.

Handwriting

For an adult population (age range 18–64) the average speed of copying is 68 letters per minute (approximately 13 wpm), with the range from a minimum of 26 to a maximum of 113 letters per minute (approximately 5 to 20 wpm).[6]

A study of police interview records showed that the highest speed fell in the range 120–155 characters per minute, the highest possible limit being 190 characters per minute.[7] 

According to various studies the speed of handwriting of 3–7 graders varies from 25 to 94 letters per minute.[8]

Using stenography (shorthand) methods, this rate increases greatly. Handwriting speeds up to 350 words per minute have been achieved in shorthand competitions.[9]

 

Velocidad máxima de 2.160 palabras a la hora (190 caracteres por minuto).

 

https://www.aplicaciones.info/utiles/tecnicas.htm

https://www.aplicaciones.info/utiles/tecuesti.htm

http://www.reglasdeortografia.com/

https://educateiesa.wordpress.com/herraminetas-educativas-para-docentes/



https://www.profesoradesecundaria.com/cuantas-palabras-por-minuto-puedes-escribir/



Vale, en ese momento debo reconocer que me parecían incluso demasiadas esa media de 3.000 palabras para los opositores estándar. ¿Eran humanas esas criaturas? Aquí empecé a encontrar teorías de todo tipo: desde quienes sostienen que los que escriben menos es porque pierden mucho tiempo en pensar (el cual no era mi caso, ya que yo había copiado sin descanso un texto, no había tenido que traer a mi memoria nada); los que tienen una letra demasiado grande e invierten más segundos en su caligrafía; los que se recrean en cuidar el formato y la legibilidad de la letra y van a paso de tortuga; los que literalmente no se saben el tema y escriben poco, pero algo, por tal de rellenar y llegar al cinco raspado. Sin aspiraciones de amanuense, si trato de hacer una letra inteligible, cuidar la rectitud de las líneas, no comerme los márgenes de la página y redactar de forma organizada, a la máxima velocidad es imposible que pueda ir. Con lo cual si mi velocímetro era incapaz de marcar más 2.600 palabras en 2 horas ¡qué examen más escueto me iba a quedar!


Otras cuestiones que influyen en tu velocidad al escribir a mano

No quería caer en depresión por mi mal resultado, pero la verdad es que no me veía haciendo prácticas para fortalecer esa musculatura manual que parecía habérseme atrofiado tras tantos años de escribir casi exclusivamente a ordenador y con el teclado del móvil. Me puse manos a la obra y a los pocos días busqué otros 10 minutos de concentración, sin niños, a lo que uní un cambio de bolígrafo, pasando de uno mega grueso a otro fino, como los BIC clásicos de toda la vida. Además, tuve especial cuidado porque, al escribir sobre una libreta gruesa en lugar de en un folio a ras de mesa, llegaba un punto en el que el apoyo del antebrazo quedaba en suspensión y eso me hacía sufrir toda la extremidad. O sea, nunca he creído ser demasiado mayor para opositar pero, tras el dolor acumulado en un ratito tan breve tratando de averiguar cuántas palabras por minuto podía escribir a mano, estuve a punto de caer en el derrotismo. Sin embargo ¡triunfé! Bueno, o al menos mejoré muchísimo mi primer resultado. En 10 minutos logré escribir 300 palabras, lo cual hizo que, de repente, la longitud de mis temas fuera factible (porque prefiero estudiar siempre un poco más para no quedarme sin escribir un poco menos en caso de sufrir algún olvido) y la largura de ese utópico examen de 2 horas de duración más que digna, en comparación con la media de 3.000 palabras que se suele dar por válida.

Y hasta aquí, el resumen de lo fácil que es cambiar el ánimo de un opositor con obstáculos de 10 minutos. ¿Tuviste en cuenta tu velocidad personal a la hora de escribir a mano? ¿Adaptaste tus temas a tu marca personal para invertir el tiempo justo en la preparación de cada unidad?

https://opolengua.com/2015/02/12/como-escribir-3000-palabras-en-un-examen-de-oposicion/

https://forocoches.com/foro/showthread.php?t=8756463

https://www.maacformacion.es/noticias/consejos-respecto-a-la-preparacion-de-tu-oposicion-parte-6-hoy-hablaremos-de-tu-tema-escrito/

¡Te lo recordamos ¡NO ESTUDIES MÁS DE LO QUE PUEDAS ESCRIBIR! Y te estarás preguntando ¿cuánto puedo escribir en unas 2 horas o 2 horas 30 minutos? Pues aquí tienes nuestro consejo: unas 7-8 caras en formato Times New Roman 12 interlineado sencillo puede ser una buena orientación inicial o temas de unas 3000 palabras (si eres más de matemáticas)(¡ANÓTATE ESTE CONSEJO!!!!!!)


https://oposicioneslocal.es/metodologia/


martes, 18 de agosto de 2020

Textos tutoría

Jóvenes secuestrados

Inma Lucas 01/07/2021

Dos jóvenes que estaban aislados, cumpliendo cuarentena por coronavirus en Mallorca, se escapan del hotel. Da igual que haya más de 1.500 contagios en la isla por las megafiestas que se han corrido muchos adolescentes. Dan igual las 70.000 muertes que ha ocasionado la pandemia, el agotamiento de la sanidad pública, la pérdida de familiares, todo parece dar igual cuando se es joven porque uno piensa que no le va a tocar. Pero lo realmente grave no es la inconsciencia juvenil, que hasta se entiende tras el año y medio que llevan sin poder socializar como necesitan. De hecho, como necesita cualquier persona, díganselo si no a los abuelos que viven solos y se van apagando de pena al ver una vida acabada mientras los suyos están en la lucha cotidiana de salir adelante en circunstancias muy duras, de mantener distancias, de esperar a estar vacunados para poder reencontrarse.

Por suerte la vacunación marcha bien, pero estos jóvenes que se van de viaje de fin de curso sin guardar las prevenciones obligadas, e incluso sin vacunar, nos ponen en riesgo a todos. Y a estas alturas de la película uno no está para muchas tonterías, cuando escuchas declaraciones que hablan de que sus hijos están secuestrados piensas en lo poco que tocan de pies en el suelo. A los padres de estos niños que han podido recibir educación, cabría pasearlos por algunos barrios para que vieran que sus hijos han disfrutado de un lujo que otros no tienen, que a su edad ya están trabajando para ayudar a su familia o que sólo les alcanza para una comida al día.

A lo largo de estos meses he pensado insistentemente en la ausencia de responsabilidad colectiva. Es un problema de educación, como la empatía de la que ahora tanto se habla en política, que más que hacer política parece que nos estén dando un curso acelerado de autoayuda o coaching. Preocupa, y mucho, el escaso grado de responsabilidad colectiva que se respira entre los contagiados por covid tras irse de vacaciones de fin de curso, irse de fiesta sin mascarilla,  saltándose a la torera todos los protocolos, y preocupa aún más que algunos de los progenitores lo único que sean capaces de argüir es que sus hijos están secuestrados. Sus hijos son su responsabilidad, sus hijos se han ido de fiesta poniendo en riesgo su salud y la de los demás y tienen el santo valor de decir que sus hijos están ¿secuestrados? Faltaría más. Estos padres se lo deben hacer mirar y mucho porque lo que transmiten es una falta de responsabilidad absoluta ante los actos que sus queridos hijos han protagonizado. 

 

Cierto que el juzgado de lo Contencioso número 3 de Palma ha tumbado la medida del confinamiento forzoso dictada por el Gobierno balear sobre 181 de esos jóvenes que estaban retenidos en el hotel pese a haber dado negativo o no haberse sometido al test pertinente. El juzgado mantiene confinados solo a los jóvenes que ha dado positivo. Una muestra más del difícil equilibrio entre el respeto a la libertad y la prevención sanitaria que ya hemos vivido a lo largo de estos duros meses de pandemia.

 

El reflejo de la sociedad

En cualquier caso, y al margen de este debate fundamental, no cabe ignorar, ni orillar un asunto evidente. Los hijos, en este caso esta muchachada que aterrizó en Mallorca para festejar el fin de los exámenes, realmente no son el problema. Son, y así hay que decirlo, el espejo de sus padres, de la sociedad, de la escuela, de todo tipo de influencias, en especial la que han vivido en sus casas. No siempre el adulto está capacitado para asumir el nivel de responsabilidad que le corresponde asumir. Ansían los valores del esfuerzo y del respeto en esta sociedad aunque piensan que pueden tenerlo todo porque son merecedores de ello. Precisamente esos que quieren tenerlo todo y que lo tienen son los primeros que se saltan las normas, luego nos llevamos las manos a la cabeza y decimos, pero cómo ha podido pasar esto y lo otro. Porque hemos educado en la inconsciencia, sin ser conscientes de ello porque todos queremos lo mejor para los nuestros, pero también ahí, en la sobreprotección nos equivocamos, porque por diferentes motivos –unos más justificados que otros- no siempre hemos estado presentes en el desarrollo de su vida, no les hemos acompañado en su camino de vida, han tenido la indiferencia por respuesta y la concesión de todos los caprichos pensando que ello suplía otras carencias. Error.

 

Educar es probablemente un trabajo complicado. El considerarlo banal o rutinario deriva y conforma a una sociedad. Podemos extrapolar la inconsciencia de estos jóvenes de Mallorca a la de buena parte de la clase política de nuestros días, apoteosis de la irresponsabilidad. Puede sonar excesivo pero a muchos de esos estudiantes les invitaba a fregar suelos unos cuantos días por las UCI de muchos hospitales o por las plantas en las que adolescentes oncológicos luchan por sobrevivir. La empatía también se trabaja. Cuídense.

¿Los pianistas nacen o se hacen?, por Robert Skidelsky

| 31 de enero, 2013

 

LONDRES – El editor del periódico The Guardian, Alan Rusbridger, ha escrito un libro acerca de cómo él decidió tocar el piano 20 minutos al día. Dieciocho meses más tarde, tocó la terriblemente difícil Balada No. 1 en sol menor de Chopin frente a una audiencia de amigos que lo admiraron. ¿Podría cualquier persona haber hecho esto?, ¿o, se requiere de un talento especial?

 

El debate sobre si “se nace o se hace” ha existido desde ya hace mucho tiempo. Se encuentra sin resolver porque la pregunta científica siempre se ha enredado con temas políticos. En términos generales, aquellos que enfatizaban las capacidades innatas fueron políticos conservadores; aquellos que hacían hincapié en las capacidades desarrolladas mediante la crianza fueron políticos radicales.

 

El filósofo del siglo XIX John Stuart Mill pertenecía a la escuela de “cualquiera puede hacerlo”. Estaba convencido de que sus logros no se debían de ninguna manera a una herencia superior: cualquier persona con “salud e inteligencia normales”, quien hubiese sido sometido al sistema educativo de su padre – que incluyó aprender griego a la edad de tres años – podría haberse convertido en John Stuart Mill.

 

Mill fue parte del ataque liberal al privilegio aristocrático durante su siglo: los logros eran el resultado de la oportunidad, no del nacimiento. La práctica de las facultades (la educación) desencadena un potencial que de otra manera permanecería dormido.

 

Charles Darwin aparentemente anuló esta visión optimista de los posibles efectos beneficiosos de la crianza. Las especies evolucionan, dijo Darwin, a través de la “selección natural” – la selección al azar, a través de la competencia, de las características biológicas favorables para la supervivencia en un mundo de recursos escasos. Herbert Spencer utilizó la frase “la supervivencia del más apto” para explicar cómo las sociedades evolucionan.

 

Los darwinistas sociales interpretaron la selección natural en el sentido de que cualquier esfuerzo humanitario para mejorar la condición de los pobres impediría el progreso de la raza humana al cargarla con demasiados zánganos. La sociedad gastaría sus escasos recursos en perdedores en vez de ganadores. Se ajustaba a la ideología de un tipo de capitalismo que se adscribía a la lucha sangrienta con “con uñas y dientes”.

 

De hecho, el darwinismo social proporcionó una justificación seudocientífica para la creencia estadounidense en el laissez-faire (con el hombre de negocios exitoso como la personificación de la supervivencia del más apto); para la eugenesia (el intento deliberado de criar individuos superiores, según el modelo de la cría de caballos, y evitar la “sobre-crianza” de los no aptos), y para las teorías raciales sumamente eugenésicas del nazismo.

 

En reacción a las tendencias asesinas del darwinismo social, la perspectiva de Mill llegó a ser dominante después de la Segunda Guerra Mundial tomando la forma de la democracia social. La acción del Estado para mejorar la alimentación, la educación, la salud y la vivienda permitirían que los pobres desarrollen todo su potencial. La competencia, como principio social, fue degradada a favor de la cooperación.

 

No se niegan las diferencias en las capacidades innatas (al menos por los perspicaces). Sin embargo, se consideró de manera acertada que existía una enorme cantidad de trabajo por hacer en cuanto a elevar los niveles promedio de rendimiento antes de comenzar a preocuparse acerca de que las políticas estuviesen promoviendo la supervivencia de los no aptos.

 

Posteriormente, el estado de ánimo comenzó a cambiar nuevamente. Se atacó a la socialdemocracia por penalizar a los exitosos y recompensar a los no exitosos. En el año 1976, el biólogo Richard Dawkins identificó la unidad de selección darwiniana como el “gen egoísta”. La historia evolutiva en aquel momento se redefinía como una batalla de genes para asegurar su supervivencia a través del tiempo por medio de mutaciones, mismas que crean individuos (fenotipos) que se encuentran mejor adaptados para transmitir sus genes. En el curso de la evolución, los fenotipos inferiores desaparecen.

 

Aunque no hubiese sido posible tener esta visión de la evolución antes del descubrimiento del ADN, no es casualidad que saltó a la fama en la era de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Sin duda, el gen egoísta debe ser “altruista” en la medida en que su supervivencia depende de la supervivencia del grupo de parentesco. Pero no tiene que ser tan altruista. Y, a pesar de que Dawkins más tarde lamentó haber denominado a su gen con la palabra “egoísta” (él dice que “inmortal” hubiese sido una mejor denominación), su elección de adjetivo fue sin duda la que mejor se adaptó para maximizar las ventas de su libro en ese momento en particular.

 

Desde aquel entonces, nos hemos alejado de la apología del egoísmo, pero no hemos recuperado un lenguaje moral independiente. La nueva ortodoxia, adecuada para un mundo en el que la avaricia desenfrenada ha demostrado ser económicamente desastrosa, indica que la especie humana está genéticamente programada para ser moral, porque sólo actuando moralmente (cuidando de la supervivencia de los demás) puede asegurar su propia supervivencia a largo plazo.

 

La metáfora del cableado domina el lenguaje moral contemporáneo. Según el gran rabino del Reino Unido, Jonathan Sacks, las creencias religiosas son útiles para nuestra supervivencia, al inducirnos a actuar en maneras socialmente cooperativas: “Tenemos las neuronas espejo que nos llevan a sentir dolor cuando vemos el sufrimiento de los demás”, escribió recientemente (recently wrote). El respeto por los demás se “ubica en la corteza pre-frontal”. Y la religión “reconfigura nuestro tejido neuronal”. En pocas palabras: “lejos de refutar la religión, los neo-darwinistas nos han ayudado a entender por qué es importante”. Así que no tenemos que temer que la religión decline.

 

Los ateos pueden no estar de acuerdo. No obstante, esta es una afirmación extraordinaria cuando la hace un líder religioso porque pone a un lado la disyuntiva sobre la verdad o falsedad, o el valor ético de las creencias religiosas. O mejor dicho: todo ese cableado en la corteza pre-frontal debe ser ético, porque es bueno para la supervivencia. Pero, en ese caso, ¿qué valor ético hay en la supervivencia? ¿Tiene la continua supervivencia de la raza humana algún valor en sí misma, independientemente de lo que nosotros podamos llegar a lograr o crear?

 

Tenemos que rescatar la moralidad de las pretensiones de la ciencia. Tenemos que afirmar lo que los filósofos y profesores de religión en todo momento han afirmado: que hay algo que se llama la buena vida, que es distinto a la supervivencia, y a nuestra comprensión de dicha buena vida tiene que enseñarse en la misma forma que el padre de Mill le enseñó los elementos del libro Los Analíticos Posteriores de Aristóteles. Nuestra naturaleza nos puede predisponer a aprender, pero lo que aprendemos depende de la forma en la que nos crían.


La educación liberal POR FERNANDO SAVATER

 

Si me piden dar motivos de especial afecto por Michael Oakeshott, sin duda uno de los más destacados filósofos ingleses del pasado siglo, aportaré dos. Para empezar, debutó con un librito escrito en colaboración con un amigo y titulado A guide to the classics. ¿Un vademécum para leer a Platón, Maquiavelo o Hobbes? El subtítulo aclara que las clásicas a las que se refiere no son obras filosóficas sino carreras de caballos: Cómo acertar el ganador del derby. Cuentan los afortunados hípicos que la leyeron que es una breve maravilla de agudeza. Segundo mérito: cuando cumplió setenta años se le incluyó en la lista de los que iban a recibir el título de sir de manos de la reina, pero fue borrado apresuradamente cuando se le detuvo en una playa por hacer el amor con una mujer que, para mayor pecado, era la suya. Nunca llegó a par, pero para mí permanece sin par entre tantos profesores insignes.

Como Isaiah Berlin (el único pensador político comparable en la Inglaterra de su época), Oakeshott no escribió propiamente libros: sólo ensayos más o menos largos publicados en revistas especializadas y reunidos luego en volumen por su exegeta Timothy Fuller. Así son los titulados El racionalismo en la política y La política de la fe y la política del escepticismo, ambos editados por Fondo de Cultura Económica. Y también su libro póstumo La voz del aprendizaje liberal (editorial Katz) que recopila sus escritos sobre el sentido y los contrasentidos de la educación. Reflexiones a contracorriente de lo que hoy profesa tanto la pedagogía progresista como la más conservadora que merecen ser recordadas.

Para él, educar consiste ante todo en iniciar a las personas en las aventuras de la autocomprensión, haciéndolas capaces de participar en la inacabable conversación cultural hecha de símbolos, creencias, indagaciones y sentimientos en la que históricamente crecemos y vivimos. No se compone de la escueta declaración "de que un ser humano es una inteligencia autoconsciente y reflexiva y que no vive únicamente del pan, sino de las indagaciones, las acciones y los enunciados concretos en los que los seres humanos expresaron su comprensión de la condición humana". Lo que debe transmitir la enseñanza no es una simple y atareada preparación para el presente sino distanciarnos de él en beneficio del desarrollo de nuestra condición esencial. Componente básico de la idea de "escuela" es "el alejamiento del mundo inmediato y local del estudiante, de las preocupaciones de momento de ese mundo y de la dirección que éste le da a la atención del estudiante, ya que tal es el significado correcto de la palabra schole (y no 'tiempo libre' ni 'ocio')".

 

Por tanto, el compromiso educativo es a la vez una disciplina y una liberación; la una es posible en virtud de la otra. "La recompensa es una emancipación del mero 'hecho de vivir', de las contingencias inmediatas de lugar y tiempo de nacimiento, de la tiranía del momento y del servilismo de una mera condición actual; es el reconocimiento de una identidad humana y de un carácter capaz, en cierta medida, de la aventura moral e intelectual que constituye una vida específicamente humana". El pensamiento de Oakeshott es liberal sin el relente de pragmatismo botijero que el término merece entre nosotros. Aún podríamos citar aquí su crítica a la idea de la ciencia como modelo de toda comprensión válida o a la sustitución automática de "humano" por "social" como apellido del aprendizaje. Prefiero esta reflexión: "Lo único indispensable para la escuela es que haya maestros; el actual énfasis en todo tipo de aparatos (no sólo en el aparato de la 'enseñanza') destruye casi por completo la escuela". Escrito en 1972...

 

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 13 de abril de 2010.


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