miércoles, 9 de septiembre de 2026

Trump y las petroleras te roban

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Trump y las petroleras te roban

Manuel Lago, economista y diputado de Sumar. 7 de septiembre de 2026

 

El origen del rebrote inflacionista que está sufriendo la economía española —con el IPC interanual en el 4,3%— tiene su causa en los precios energéticos, tanto los combustibles como la electricidad. Y también responsables directos: la guerra ilegal de Trump en Irán y la avaricia de toda la cadena de la industria petrolera y del oligopolio eléctrico.

La gasolina y el diésel suben porque el barril de petróleo está por encima de los 90 dólares frente a los 65 dólares antes del inicio de los bombardeos. Pero, sobre todo, porque las petroleras se aprovechan de la guerra para ganar más, incrementando de forma inaceptable su margen de refino, es decir, lo que cobran por cada barril procesado en sus refinerías. En el caso de Repsol, se pasó de un precio de 5,9 dólares por barril en 2025 a 12,4 dólares en 2026: un 100% más de margen por cada barril refinado. Moeve tiene cifras similares.

Por eso, las compañías petroleras están multiplicando sus ganancias. En los seis primeros meses de 2026, Repsol multiplicó sus beneficios por cuatro, pasando de 603 millones de euros en 2025 a 2.201 millones de euros en el primer semestre de 2026. Y lo mismo Moeve: pasó de un beneficio neto de 182 millones en 2025 a 641 millones en 2026, casi cuatro veces más.

Sube el precio del barril por la guerra y la especulación, suben los márgenes del refino y los beneficios de las compañías petroleras y aumentan los precios en las estaciones de servicio, con efectos muy negativos porque a través del transporte y los costes de producción de las empresas se puede trasladar a un incremento general de precios. Especialmente en los alimentos, un bien básico que tienen un peso mucho mayor en el presupuesto de los hogares con menores ingresos. El encarecimiento comienza en la producción, por el aumento del precio de los fertilizantes, y se traslada después a las grandes cadenas de distribución. Es una dinámica inflacionista que debemos cortar.

Por eso, el Gobierno, además de reactivar las medidas de apoyo a familias y empresas, con la bonificación en los precios de los combustibles a través de la fiscalidad, el IVA y el impuesto de hidrocarburos, debe actuar estableciendo límites en los márgenes de refino y de distribución para doblegar la curva inflacionista y evitar la inflación de beneficios del oligopolio energético. Tenemos que controlar estos beneficios abusivos del oligopolio petrolero activando el mecanismo de información sobre márgenes en toda la cadena de hidrocarburos, que ya está en vigor y que depende de la Comisión Nacional de Mercados y Competencia (CNMC).

Las rebajas fiscales aplicadas por el Gobierno han tenido un impacto en la recaudación próximo a los 1.000 millones de euros hasta julio de 2026. Al mismo tiempo, los beneficios de las grandes petroleras españolas se han incrementado en más de 2.000 millones de euros en el primer semestre de 2026 comparado con el mismo periodo de 2025. Pérdida de ingresos públicos y ganancias extraordinarias de las multinacionales.

Por eso hay que recuperar el impuesto sobre los beneficios extraordinarios de las grandes compañías energéticas, que en los dos años en los que estuvo en vigor permitió recaudar 3.000 millones de euros. Un gravamen que cinco países, incluida Alemania, ya han propuesto a la Comisión Europea.

También están disparados los precios de la electricidad, con efectos negativos para los 20 millones de hogares que hay en nuestro país y también para las empresas, especialmente las industriales. En este caso, la causa es el incremento del precio del gas, también como consecuencia de la guerra de Trump contra Irán. El coste del megavatio hora del gas está por encima de los 65 €, casi el doble que antes de la agresión a Irán.

La consecuencia es que en el mercado mayorista de la electricidad el precio del megavatio hora se dispara por encima de los 200 € en las franjas horarias en las que tienen más presencia las centrales de ciclo combinado, las que queman gas para producir electricidad. De hecho, a lo largo del día se pasa de precios de cero euros en las horas con sol a precios por encima de los 200 € cuando el gas es la tecnología dominante.

El precio de la electricidad es determinante en la capacidad de las familias de tener su hogar con la temperatura adecuada. Ahora que vamos hacia el invierno y los países están acumulando reservas de gas, es probable que el precio siga subiendo. Por eso es necesario recuperar una medida que tuvo un extraordinario éxito en la anterior crisis energética, la provocada por la invasión de Ucrania: la excepción ibérica, esto es, el establecimiento de un tope al precio del gas utilizado en la generación de electricidad, en el entorno de los 30 euros.

Una última lección de la enésima crisis energética: España debe redoblar los esfuerzos para la transición energética, acelerando la electrificación —con las energías renovables— de toda la economía para hacernos más independientes del precio de los hidrocarburos. Es una cuestión de eficiencia económica, pero también de soberanía nacional.


martes, 8 de septiembre de 2026

Poema de Gilgamesh (fragmento)

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https://archive.org/search?tab=all&query=Asiria

https://vamos-a-leer-tbos.over-blog.com/2023/12/la-gran-aventura-de-la-historia.vol.1-de-3.html

Poema de Gilgamesh (fragmento)

María Pilar González-Conde



El poema de Gilgamesh corresponde a un mito sumerio elaborado en torno a la figura de un personaje, Gilgamesh de Uruk, convertido en leyenda, pero cuya historicidad es objeto de debate. Su nombre aparece en la lista real sumeria, como rey de la ciudad de Uruk (ca. 2700), en un episodio de rivalidad entre Uruk y Kish, en el marco de los conflictos entre ciudades que caracterizan al período protodinástico.

El texto sumerio original se conoce por una serie de tablillas halladas en Nippur y otras ciudades de la Baja Mesopotamia. Con el tiempo, el ciclo épico en torno al personaje se complicó, añadiendo otros episodios que no estaban en el original. También entre los Asirios se copió y se completó el poema hasta época de Assurbanipal. El resultado fue una historia en la que el personaje vive diferentes episodios, algunos de ellos muy tardíos: Gilgamesh y Agga de Kish, Gilgamesh y el País de la Vida, La muerte de Humbaba (guardián del Bosque de los Cedros), Enkidu y los infiernos. El episodio del encuentro de Gilgamesh con el héroe del diluvio es un añadido posterior de un mito diferente en origen.





Columna VI del texto babilónico


«Las lágrimas corren por la cara de Gilgamesh
(al tiempo que dice):
-"(Voy a recorrer) un camino
por el que nunca he andado.
(Voy a emprender un viaje)
desconocido para mí.
[...] Debiera estar contento,
con el corazón gozoso [...].
(Si triunfo te haré sentar en) un trono."
Ellos le trajeron su armadura,
[...] poderosas espadas,
el arco y el carcaj,
y se lo pusieron en sus manos.
Él cogió las azuelas,
[...] su temblor,
(el arco) de Anshan;
puso la espada en su cinturón.
Podían comenzar el viaje.
La plebe se apiñaba cerca de Gilgamesh:
(-"¿Cuánto tiempo estarás ausente de Uruk?)
¡Que puedas regresar pronto a la ciudad!"
Los ancianos le rindieron homenaje
y le dan consejos sobre el viaje:
-"No confíes, Gilgamesh, únicamente en tu fuerza;
marcha con ojo alerta ¡Ten cuidado!
Que Enkidu vaya delante de ti,
pues conoce la ruta, ha recorrido el camino
hasta el desfiladero del bosque de Huwawa.
El que va delante puede proteger a su compañero.
Prepara su viaje y sálvate así con su ayuda.
¡Que Shamash te dé la victoria,
que tus ojos puedan ver
lo que tu boca ha anunciado!
Que ante ti el sendero sea llano,
que el camino se abra para que puedas pasar
y que la montaña se abra, también, a tu paso.
¡Que el dios Lugalbanda
durante la noche diga la palabra que te alegre!
¡Que no se aleje de ti, para que tu deseo se cumpla!
¡Que él restablezca tu fama como la de un joven héroe!
Después que haya muerto Huwawa, acción en la que te vas a esforzar,
¡lávate tus pies!
En tus horas de reposo nocturno, cava un pozo
para que puedas tener agua pura en tu odre.
Ofrece en honor de Shamash libaciones de agua fresca.
¡Que el dios Lugalbanda pueda guardarte tus intenciones!"
Enkidu abrió la boca y dijo a Gilgamesh:
-"Ya que has resuelto batirte, ponte en camino.
Que tu corazón no se asuste; ten confianza en mí.
Confía y sígueme, pues conozco la morada
y también los lugares que frecuenta Huwawa".
[...]
Cuando los ancianos oyeron estas palabras
dejaron partir afuera al héroe, a su camino:
-"Ve, Gilgamesh, ojalá [...]
¡Ojalá los dioses caminen a tu lado!"».


(Versión de Federico Lara Peinado, El poema de Gilgamesh, Madrid, Editora Nacional, 1980, pp. 148-149.)

El mito sumerio del diluvio

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https://inutilesmisterios.blogspot.com/2012/10/textos-de-los-sumerios.html

El mito sumerio del diluvio

María Pilar González-Conde



El mito del diluvio universal, difundido con posterioridad a través del Antiguo Testamento (Génesis, 6-8), es en realidad un antiguo mito sumerio, conocido en su versión más antigua por una tablilla hallada en Nippur. En ella, los dioses castigan a los «cabezas negras» enviando una catástrofe natural, de la que se salva un hombre, Ziusudra, constructor de una embarcación en la que se refugiarán las diferentes especies animales. El tema está también presente en la literatura asiria, en donde el héroe es Atrahasis. El proceso de reelaboración posterior que sufren algunos mitos sumerios hace que la historia del diluvio se incorpore al poema de Gilgamesh, provocando que éste se entreviste con el superviviente de la catástrofe.

Los restos de un desastre natural han sido buscados en la baja Mesopotamia, para probar la historicidad del episodio, aunque sin resultados aparentes. Lo cierto es que el diluvio sirvió de referente temporal entre las comunidades sumerias, cuya más antigua historia dinástica se hace entroncar con él. Así por ejemplo, «... después del diluvio, la realeza bajó del cielo por segunda vez a la ciudad de Kish...». El mito transmite la existencia de la ciudad y de la monarquía como procesos anteriores al período en el que los sumerios sitúan el diluvio.






«Yo quiero [...] la destrucción de mi raza humana,
para Nintu quiero atajar la destrucción de mis criaturas.
Haré retornar a las gentes a sus establecimientos.
Construirán ciudades en todos los lugares
y haré que su sombra sea apacible.
Colocarán de nuevo los ladrillos de nuestros templos en los santos lugares,
(y) los lugares de nuestras decisiones los restablecerán en los lugares consagrados.
Yo prepararé convenientemente allí el agua santa que apaga el fuego,
completaré las divinas reglas y los sublimes decretos,
la tierra estará regada y estableceré allí la paz.
Después que An, Enlil, Enki y Ninhursag
hubieron creado el (pueblo) de los cabezas negras,
la vegetación se desarrolló, lujuriante, sobre la tierra,
los animales, de todos los tamaños, los cuadrúpedos, fueron colocados como adecuado ornamento de las llanuras
[...]
yo quiero tener en cuenta (sus afanosos esfuerzos).
(Después que) el constructor del país hubo fijado los fundamentos,
(cuando el cetro) de la realeza hubo descendido del cielo,
después que la sublime tiara (y) el trono de la realeza hubieron descendido del cielo,
él completó (las divinas reglas y los sublimes destinos).
Fundó (las cinco) ciudades en (lugares puros);
pronunció sus nombres y las designó como centros de culto.
La primera de estas ciudades, Eridú, la dio al jefe Nudimmud,
la segunda, Baltibira, la dio al nugig,
la tercera, Larak, la dio a Pabilsag,
la cuarta, Sippar, la dio al héroe Utu,
la quinta, Shuruppak, la dio a Sud.
Él proclamó los nombres de aquellas ciudades y las designó como centros de culto;
no detuvo el (anual) diluvio, (sino que) excavó la tierra y trajo el agua,
y estableció la limpieza de los pequeños canales y las zanjas de irrigación.
[...]
el diluvio [...]
[...]
así fue convencido[...].
Entonces Nintu lloró (por sus criaturas) como un[...];
la divina Inanna entonó un lamento por su pueblo;
Enki tomó consejo de sí mismo.
An, Enlil, Enki (y) Ninhursag,
los dioses del universo prestaron juramento por los nombres de An y Enlil.
Entonces el rey Ziusudra, el pashishu de[...]
construyó[...].
Humildemente, obediente, con reverencia él[...];
ocupado cada día, constantemente él[...].
Aquello no era un sueño; saliendo y hablando[...],
invocando al cielo (y) al mundo subterráneo, él[...].
En el ki-ur, los dioses, un muro[...].
Ziusudra oyó a su lado,
estando de pie en el lado izquierdo del muro[...]:
"Junto al muro, yo te diré una palabra, (escucha) mi palabra,
presta oído a mis instrucciones:
Un diluvio va a inundar todas las moradas, todos los centros de culto,
para destruir la simiente de la Humanidad[...].
(Tal) es la decisión, el decreto de la Asamblea (de los dioses).
(Tal) es la palabra de An, Enlil (y Ninhursag).
[...]la destrucción de la realeza.
Ahora[...]."
[...]
[...]
Todas las tempestades y los vientos se desencadenaron;
(en un mismo instante) el diluvio invadió los centros de culto.
Después que el diluvio hubo barrido la tierra durante siete días y siete noches,
y la enorme barca hubo sido bamboleada sobre las vastas aguas por las tempestades
Utu salió, iluminando el cielo y la tierra.
Ziusudra abrió entonces una ventana de su enorme barca,
y Utu hizo penetrar sus rayos dentro de la gigantesca barca.
El rey Ziusudra
se prosternó (entonces) ante Utu;
el rey le inmoló gran número de bueyes y carneros.
"Invocaréis por el cielo y por la tierra[...]"
An (y) Enlil invocaron por el cielo y por la tierra[...],
e hicieron aparecer los animales que surgieron de la tierra.
El rey Ziusudra
se prosternó ante An (y) Enlil.
An (y) Enlil cuidaron de Ziusudra,
le dieron vida como (la de) un dios,
hicieron descender para él un eterno soplo como (el de) un dios.
Entonces al rey Ziusudra,
que salvó de la destrucción la simiente de la humanidad en aquel tiempo,
allende los mares, en el Oriente, en Dilmun, (le) hicieron vivir.


(Versión de Federico Lara Peinado (ed.), Mitos sumerios y acadios, Madrid, Editora Nacional, 1984, pp. 60-62, (Clásicos para una biblioteca contemporánea 41).

Constitutio Antoniniana

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La Constitutio Antoniniana

Pilar Rivero

Julián Pelegrín



Dadas sus consecuencias en lo referente a la integración en el Estado romano, tradicionalmente el derecho de ciudadanía había sido otorgado como un honor. Este carácter inicialmente excepcional se convirtió en un proceso de promoción jurídica generalizada bajo la dinastía Flavia. En el año 212 el denominado Edicto de Caracalla o Constitutio Antoniniana extendió la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio con la excepción de algunas gentes sobre cuya identificación los especialistas en la cuestión todavía discrepan. Asimismo continúan siendo motivo de debate las razones que motivaron tal decisión, aunque entre ellas parece destacar la posibilidad de ampliar de este modo el número de los obligados a pagar los impuestos derivados de la manumisión y los derechos de sucesión. Por todo ello, al hecho mismo de la generalización de la ciudadanía romana cabe atribuirle en ese momento más un valor simbólico que unas ventajas reales.





«El emperador César Marco Aurelio Severo Antonino Augusto declara: [...] puedo manifestar mi agradecimiento a los dioses inmortales que me protegen [...] considero, pues, que puedo [...] servir a su grandeza [...] haciendo participar conmigo en el culto de los dioses a todos los que pertenecen a mi pueblo. Por ello concedo a todos los peregrinos (?) que están sobre la tierra la ciudadanía romana [salvaguardando los derechos de las ciudades] con la excepción de los dediticios. Pues es legítimo que el mayor número no sólo esté sometido a todas las cargas, sino que también esté asociado a mi victoria. Este edicto será [...] la soberanía del pueblo romano».


(Edicto de Caracalla, Papiro Giesen 40, col. 1, traducción de Jaime Alvar, en Luis García Moreno et al., Historia del mundo clásico a través de sus textos, 2. Roma, Madrid, Alianza Editorial, 1999, p. 242.)               


Campañas de Salmanasar III

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Campañas de Salmanasar III

Pilar Rivero

Julián Pelegrín



Durante el reinado Salmanasar III (858-824 a. C.) y mediante campañas anuales los ejércitos asirios llegaron a controlar el valle del Éufrates hasta Babilonia, pero en los territorios occidentales no pudieron vencer a una coalición internacional formada por Damasco, Hamath e Israel, y apoyada por Egipto. La batalla de Qarqar (853 a. C.) supuso un freno a la expansión asiria ya que, a pesar de lo afirmado por la propaganda oficial -según recoge el texto seleccionado-, en los años posteriores los asirios continuaron en sus intentos por controlar esta región.





«En el año de (el epónimo) Daian-Ashur, en el mes Aiaru, el día 14, partí de Nínive. Crucé el Tigris y me aproximé a las ciudades de Giammu, junto al río Balih. Quedaron despavoridos a causa del terror que emana mi posición de señor supremo, así como a causa del esplendor de mis violentas armas, y maté a su señor Giammu con sus propias armas. Entré en las ciudades de Sahlala y Til-sa-Turahi y llevé mis dioses/imágenes a sus palacios. Abrí (su) tesoro, inspeccioné lo que había ocultado; transporté como botín sus posesiones, trasladándo(las) a mi ciudad Ashur. De Sahlala me fui y me acerqué a Kar-Salmanasar. Crucé el Éufrates otra vez durante su crecida en almadías (que flotaban por medio) de pellejos de cabra. (hinchados). En Ina-Ashur-utir-asbat, que las gentes de Hattina llaman Pitru, al otro lado del Éufrates, en el río Sagur, recibí tributo de los reyes del otro lado del Éufrates, esto es, de Sanagara de Karkemish, Kundaspi de Commagene, de Arame, hombre de Gusi, de Lalli de Melitene, de Haiani, hijo de Gabari, de Kalparuda de Hattina (y) de Kalparuda de Gurgum (que consistió en): plata, oro, estaño cobre (o bronce), recipientes de cobre.

Partí de las riberas del Éufrates y me acerqué a Alepo. Ellos (esto es, los habitantes de Alepo) temieron luchar y cogieron mis pies (en sumisión). Recibí plata y oro por tributo suyo y ofrecí sacrificios ante el Adad de Alepo. Partí de Alepo y me aproximé a las dos ciudades de Irhuleni de Hamat. Conquisté las ciudades Adennu, Barga (y) Argana, su residencia real. Transporté de ellas su botín (y) sus posesiones personales.

Incendié sus palacios. Partí de Argana y me aproximé a Karkara. Destruí, derribé e incendié Karkara, su residencia real. Trajo para ayudarle 1.200 carros de guerra, 1.200 jinetes, 20.000 infantes de Adad-idri de Damasco, 700 carros, 700 jinetes, 10.000 infantes de Acab, el Israelita, 500 soldados de Que, 1.000 soldados de Musri, 10 carros, 10.000 soldados de Irqanata, 200 soldados de Matinu-balu de Arwad, 200 soldados de Usanata, 30 carros, 1 [...]000 soldados de Basa, hijo de Ruhubi, de Ammón- (en conjunto) éstos fueron doce reyes. Se levantaron contra mí [en una] batalla decisiva. Luché con ellos con (el apoyo de) las poderosas fuerzas de Ashur, que Ashur, mi señor, me ha dado, y con las fuertes armas que Nergal, mi guía, me ha donado (y) les infligí una derrota entre las ciudades de Karkara y Gilzau. Maté 14.000 soldados suyos con la espada, al caer sobre ellos como Adad cuando envía un aguacero. Esparcí sus cadáveres (por doquier), llenando la llanura con sus diseminados soldados (fugitivos). Durante la batalla hice correr su sangre por el hur-pa-lu del distrito. El llano resultó demasiado pequeño para que (todas) sus almas descendieran (al mundo inferior), el vasto campo se agotó (cuando hubo que) enterrarlos. Con sus cadáveres llegué a uno y otro lado del Orontes antes de que hubiera un puente. Incluso durante la batalla les arrebaté sus carros, sus caballos habituados al yugo».


(Traducción de F. Marco, Narciso Santos, Textos para la Historia del Próximo Oriente Antiguo, Oviedo, 1980, vol. II, pp. 56-57, a partir de la versión inglesa publicada por James B. Pritchard (ed.), Ancient Near East Text Relating to the Old Testament, Princeton, 1955 (2.ª edición), pp. 277-281.)        

Caída de Nínive

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Caída de Nínive

Pilar Rivero

Julián Pelegrín



Tras el sobresaliente reinado de Assurbanipal (ca. 669-627 a. C.), el Imperio Asirio se derrumbó con una rapidez sorprendente. Reinados extremadamente breves, usurpaciones, guerras civiles, secesiones como la de Babilonia e incursiones de pueblos invasores como los cimerios y, sobre todo, los medos, caracterizan los quince años que siguen a la muerte del último gran rey de Asiria. El saqueo de Assur por el medo Ciaxares en 614 a. C. provocó una enorme conmoción en la población, pero el golpe definitivo cayó sobre la capital Nínive en 612 después de tres meses de asedio por parte de la alianza entre los medos y Nabopolassar de Babilonia. Conocemos los hechos a través de una crónica del babilonio Nabopolasar correspondiente al decimocuarto año de su reinado.





«[Año catorce]: El rey de Akkad con[gregó] su ejército y [Ciaxar]es, el rey de las hordas manda (umman-manda) marchó contra el rey de Akkad, [en] (...) se encontraron. El rey de Akkad (...) y [Ciaxar]es (...) él cruzó en barca y avanzaron (río arriba) por el terraplén del Tigris y (...) [plantaron su campamento] contra Nínive (...) Desde el mes de Simanu hasta el mes de Abu, tres ba[tallas se riñeron; después], llevaron a cabo un gran ataque contra la ciudad. En el mes de Abu, [el (...) día, la ciudad fue capturada y una gran derrota] infligió [a la] totalidad de la [población]. En aquel día, Sinsharishkun, rey de Asi[ria] huyó al (...) muchos prisioneros de la ciudad, sin cuento, deportaron. La ciudad [convirtieron] en montes de ruinas y cúmu[los (de restos). El rey] y el ejército de Asiria escapó, (sin embargo), ante el rey (de Akkad) y [el ejército] del rey de Akkad. (...) En el mes de Ululu, el día 20, Cixares y su ejército regresaron a su país. Después, el rey de A[kkad] (...) marchó hasta Nisibe. Botín y ga-lu-tu de (...) y (de) el país de Rusapu llevaron al rey de Addad, a Nínive [En el mes] (...) Asuruballit (...) sentóse en Harrán en el trono para ser rey de Asiria. Hasta el mes (...) [el rey de Akkad permaneció] en Nínive (...) Desde el día 20 del mes [de Tasritu] el rey [de Akkad] (...) en el mismo mes de Tasritu en la ciudad (...)».


(Traducción de F. Marco, Narciso Santos, Textos para la Historia del Próximo Oriente Antiguo, Oviedo, 1980, vol. II, p. 62, a partir de la versión inglesa publicada por James B. Pritchard (ed.), Ancient Near East Text Relating to the Old Testament, Princeton, 1969 (3.ª edición), pp. 304-305.               

Asedio de de Jerusalén por Senaquerib

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Asedio de Jerusalén por Senaquerib

Pilar Rivero

Julián Pelegrín



Instigados por Egipto, los territorios más occidentales del Imperio Asirio se rebelaron contra Senaquerib (705-681 a. C.). En esta sublevación participó Ezequías de Judá en contra de los consejos del profeta Isaías. A lo largo de varias campañas, los asirios pacificaron Fenicia y el país de los filisteos -destrucción de Ascalón-, derrotaron al ejército egipcio y, ya en 701, sometieron toda Judá a excepción de su capital, Jerusalén. Ezequías pidió la paz y los asirios levantaron el sitio. Sin embargo, la victoria de Senaquerib queda evidenciada por la destrucción de cuarenta y seis ciudades y la deportación de 200.150 personas, tal como indica el Prisma de Senaquerib (II 37 III 49) -de donde procede el texto seleccionado-, que cuenta en las fuentes bíblicas con el paralelo de 2 Reyes, 18.





«En mi tercera campaña marché contra Hatti. Luli, rey de Sidón, a quien el aterrador hechizo de mi señorío había dominado, huyó a lo lejos, allende los mares, y pereció. El sobrecogedor esplendor del Arma de Ashur, mi señor, abrumó sus fuertes ciudades (tales como) Sidón Grande, Sidón Pequeña, Bit-Zitt, Zaribtu, Mahalliba, Usu, Akzib (y) Akko, (todas) sus ciudades fortificadas, amuralladas (y bien) provistas de alimentos y agua para sus guarniciones, y se inclinaron en señal de sumisión a mis pies. Puse a Etbáal en el trono para que fuese rey sobre ellos y le impuse tributo (debido) a mí (como) superior suyo, (para que se pagase) anualmente sin interrupción.

En cuanto a todos los reyes de Amurru- Menashem de Samsimuruna, Tubalu de Sidón, Abdiliti de Arwad, Urumilki de Biblos, Mitinti de Asdod, Buduili de Bet-Ammón, Kammusunadbi de Moab (y) Aiarammu de Edom, trajeron suntuosos presentes (igisu) y, cuadruplicados, sus pesados presentes iamartu a mí y besaron mis pies (...)

En cuanto a Ezequías el Judío, no se sometió a mi yugo. Puse sitio a 46 ciudades fuertes, baluartes e innumerables aldehuelas de sus inmediaciones, y (las) conquisté mediante terraplenes bien construidos y arietes acercados, el ataque de infantes, y minas, brechas y trabajo de zapa. Saqué (de ellas) 200.150 personas, jóvenes y ancianos, varones y hembras, caballos, mulas, asnos, camellos, ganado mayor y menor sin cuento, y (los) consideré botín. A él mismo hice prisionero en Jerusalén, su residencia real, como a un pájaro en una jaula. La cerqué con terraplenes a fin de molestar a los que abandonaban la puerta de su ciudad. Las ciudades que había pasado a saco desgajé de su país y las entregué a Mitinti, rey de Asdod, a Padi, rey de Eqrón, y a Sillibel, rey de Gaza. Así reduje su país, pero aumenté aún el tributo y los presentes katru (debidos) a mí (como su) superior, que le impuse (después) además del tributo anterior para que se pagase anualmente. El propio Ezequías, al que el temible esplendor de mi señorío había abrumado, y cuyas tropas irregulares y escogidas, que entró en Jerusalén, su residencia real, para fortalecer(la), le habían desertado, me envió más tarde a Nínive, mi ciudad señorial, además de 30 talentos de oro, 800 talentos de plata, piedras preciosas, antimonio, grandes bloques de piedra roja, lechos (taraceados) con marfil, sillas nimedu (taraceadas) con marfil, cueros de elefante, madera de ébano, madera de boj (y) toda clase de valiosos tesoros, sus hijas, concubinas, músicos y músicas. Para entregar el tributo y rendir obediencia como un esclavo envió su mensajero (personal)».


(Traducción de F. Marco, Narciso Santos, Textos para la Historia del Próximo Oriente Antiguo, Oviedo, 1980, vol. II, pp. 60-61, a partir de la versión inglesa publicada por James B. Pritchard (ed.), Ancient Near East Text Relating to the Old Testament, Princeton, 1955 (2.ª edición), pp. 287-288.)

Sátira de los oficios

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Sátira de los oficios

M.ª Pilar González-Conde



Se conserva en varios papiros del Imperio Nuevo, aunque se considera procedente del Primer Período Intermedio o del Imperio Medio. Un hombre llamado Kheti acompaña a su hijo Pepi a la Residencia para que entre como discípulo en la escuela de escribas. Por el camino le explica los inconvenientes de las diferentes profesiones, para establecer la diferencia con la situación social y profesional de los escribas. Escrito en clave satírica, proporciona sin embargo una visión de las condiciones de vida de cada uno de estos trabajadores, así como del creciente ascenso social de los funcionarios de la administración central, formados en la escuela de escribas.





«Comienzo de la instrucción que hizo un hombre de Silé llamado Dua-Hety para su hijo llamado Pepy, mientras marchaba al sur hacia la Residencia para situarlo en la escuela de los funcionarios y los más destacados de la Residencia.

Le dijo: "He visto a los que han sido apaleados. ¡Aplícate a los libros! He visto a los que fueron llamados al trabajo. Mira, nada hay mejor que los libros; son como un barco en el agua. Lee al final del Libro de Kemyt y encontrarás allí el proverbio que dice: 'Con relación al escriba en un puesto cualquiera de la Residencia, no sufrirá allí'. Ya que satisface las necesidades de otro, ¿cómo no va a terminar satisfecho? No he visto función comparable a ésta, de la que decirse puedan estas máximas. Voy a hacer que ames los escritos más que a tu madre; voy a presentar sus bondades ante ti. Es más grande que cualquier otra función; no existe en la tierra su igual. Cuando (aún no) es (más que) un niño, ya comienza a florecer. Se le saluda; es enviado para realizar misiones. Cuando (aún) no ha alcanzado (la edad) ya lleva faldellín (?). Nunca vi a un escultor como mensajero, ni que un orfebre fuera enviado.

He visto al herrero en su trabajo, a la boca de su horno. Sus dedos son como garras de cocodrilo, y apesta más que las huevas de pescado. El carpintero que esgrime la azuela está más fatigado que un campesino; su campo es la madera; su arado es la azuela; su trabajo no tiene fin. Hace más de lo que sus brazos pueden hacer. Aún durante la noche tiene la luz encendida. El joyero golpea con el cincel, sobre todo tipo de duras piedras. Cuando ha terminado de rellenar un Ojo, sus brazos están exhaustos, y se encuentra fatigado. Está sentado hasta la puesta de sol, con sus rodillas y espalda encorvadas.

El barbero está afeitando hasta el final de la tarde. Tiene que conducirse a sí mismo a la ciudad; tiene que llevarse a sí mismo a su esquina. Tiene que ir de calle en calle, buscando alguien a quien afeitar. Tiene que esforzar sus brazos para llenar su vientre, como la abeja, que come de acuerdo con lo que ha trabajado. El cortador de cañas ha de viajar al Delta para coger flechas. Después de haber hecho más de lo que sus brazos pueden hacer, los mosquitos lo han destrozado, las moscas lo han matado y ha quedado completamente rendido. El alfarero ya está bajo tierra, aunque aún entre los vivos. Escarba en el lodo más que los cerdos, para cocer sus cacharros. Sus vestidos están tiesos de barro, su cinturón está hecho jirones. El aire que entra en su nariz sale derecho del horno. Fabrica con sus pies un peso con el que él mismo es triturado. Cava el patio de todas las casas y vaga por los lugares públicos.

Te hablaré también del albañil. Sus lomos son un castigo. Aunque está en el exterior, al viento, construye sin (la protección de) un toldo. Su taparrabos es una cuerda entrelazada y un cordel en su trasero. Sus brazos están agotados por el esfuerzo, habiendo mezclado todo tipo de suciedad. Come pan con sus dedos, aunque se lava al mismo tiempo (?). También hay miseria para el carpintero... la habitación mide diez codos por seis. Pasa un mes después de que las vigas hayan sido puestas... Todo el trabajo está hecho, y el alimento que lleva a su casa no [es suficiente] para sus hijos.

El jardinero soporta un yugo; sus hombros están combados (como) por la vejez. Hay en su cuello una gran hinchazón, que está supurando. Por la mañana riega las plantas; pasa la tarde atendiendo a los vegetales, mientras que al mediodía se afana en el huerto. Él mismo trabaja hasta que muere, más que cualquier otra profesión. El campesino se lamenta más que una gallina pintada; su grito es más fuerte que (el de) los cuervos. Sus dedos están hinchados, y apestan tremendamente. Está débil, habiendo sido adscrito al Delta, hecho jirones. Está bien, si se está bien en medio de leones... Cuando alcanza por la noche su casa, la marcha lo ha agotado.

[...]

Mira, no hay una profesión que esté libre de director, excepto el escriba. Él es el jefe. Si conoces la escritura, te irá mejor que en las profesiones que te he presentado. Míralos en su miseria. Nadie dirá: "Un campesino y un hombre". Ten cuidado. Mira lo que he hecho viajando hacia la Residencia. Lo hice por amor a ti. Un (solo) día en la escuela te será beneficioso. Es (algo) para la eternidad; su trabajo es (como) piedra...

[...]

Mira, te he colocado en el camino del dios. La Rennenet del escriba está en sus hombros ya el día de su nacimiento. Llegará a la Sala del Consejo (como) uno ante quien los dioses se inclinan. Mira, no hay escriba que carezca de comida y de bienes de palacio (v.p.s.). Meshkenet es asignada al escriba; ella lo promociona en el consejo. Ruega a dios por tu padre y tu madre, que te han colocado en el camino de la vida. Atiende a estos (consejos) que he puesto ante ti, tus hijos y sus hijos..."».


(Versión de José Miguel Serrano Delgado, Textos para la historia antigua de Egipto, Madrid, Cátedra, 1993, pp. 221-224.)