martes, 9 de junio de 2026

Datos económicos en junio de 2026

https://enfermeriadesevilla.org/grado-de-enfermeria/matricula/



En España el 1 % de la población posee un cuarto de la riqueza de todo el país. 

En 2015, el salario medio anual bruto fue de 23.106€, pero el más frecuente fue de solo 16.498€. 

En 2025, el salario medio anual fue de 32.446€ y el más frecuente 16.520€. 

Los ricos ganan mucho más, la media sube, pero lo normal es que la gente cobre 21€ anuales brutos más que hace una década con un incremento del coste de la vida de en torno al 27 %. E

En definitiva, milmillonarios más milmillonarios y poderosos más poderosos apoyados en muchas ocasiones por gente mundana que ni piensa ni imagina las consecuencias. Y mientras, diarios como El País se dignan a publicar piezas tituladas La paradoja vasca: el territorio más rico acumula casi la mitad de huelgas de España. Qué decir.

El patrimonio oculto en paraísos fiscales supera al de la mitad más pobre de la humanidad

 https://ctxt.es/es/20260601/Politica/53691/superricos-patrimonio-oculto-paraisos-fiscales-fraude-evasion-alberto-mesas.htm

Precios de la universidad privada

https://es.search.yahoo.com/search?fr=mcafee&type=E210ES91082G0&p=cuanto+cuesta+matriculrse+en+medicina+en+la+loyola+de+andalucia


Pinturas realizadas por indios de Tenayuca representando los malos tratos hechos por el corregidor Francisco Rodríguez Magariño

 #Cuentanlosdocumentos que hacia 1567 un corregidor español llamado Francisco Rodríguez Magariño maltrató a una comunidad indígena.

Eran los "indios de Tenayuca" en México (Virreinato de Nueva España). Los representantes de los indígenas denunciaron los malos tratos que recibían ante la Justicia española. Como el corregidor era un alto cargo de la administración territorial con las máximas funciones judiciales, militares y de gobierno en su distrito, los indígenas tuvieron que acudir ante una autoridad superior al corregidor, como era la Audiencia de México y al Rey.
El procedimiento era escrito, y las pruebas debían ser documentos. Para ello, los indios Tenayuca buscaron a un escribano, no sabemos ahora si español o indígena, para documentar su denuncia. Dado que las comunidades indígenas en esta época no estaban alfabetizadas en la cultura escrita española, recurrieron a un curioso método: el de representar mediante símbolos, gráficos y dibujos los malos tratos que recibían. Y esa documentación por escrito dio lugar a este curioso documento que se preserva en el Archivo General de Indias (Sevilla, España).
El documento llegó a España en el siglo XVI y formó parte de los archivos de las instituciones de la Corona hispana. Por ello, se deduce que era un método de documentación que fue admitido y que serviría como prueba jurídica. Nosotros no sabemos más. Probablemente algún investigador historiador haya profundizado en el tema ¿usted conoce algún libro o publicación al respecto? Tal vez a alguien de ustedes le gustaría profundizar en este interesante tema de la frontera entre culturas y los impactos que se dieron. Un ejercicio de "empatía histórica" que poco abunda y en el futuro se deberán realizar más.
Este documento es también una interesante prueba sobre la función de los notarios o escribanos públicos del número, de los concejos o reales, así como de los "fieles de fechos" que documentaban los procesos y procedimientos judiciales y administrativos. En este caso el notario o escribano -que aparece en un dibujo realizando su función de escribir y anotar fielmente- fue un elemento necesario para documentar la queja de los indios tenayuca y poder demostrar los abusos que recibían del corregidor.






Formado por tres hojas. Las pinturas representadas en franjas con abundantes notas explicativas. Falta una cuarta hoja.

 

Incluye:

 

Hoja 1, franja 1: Figura humana con barba, sombrero y vara de justicia, señalando con el dedo índice. Tres casas con techo de paja rodeadas por un nopal, carrizo y otras plantas. Nota explicativa.

 

Hoja 1, franja 2: Figura humana con barba, sombrero y vara de justicia, señalando con el dedo índice. Glifo de la diadema o corona [xiuhuitzolli] y voluta de la palabra representativos de un personaje de alto rango. Nota explicativa.

 

Hoja 1, franja 3: Figura humana con barba, sombrero y vara de justicia, señalando con el dedo índice, con parte de un glifo sobre su cabeza. Tres casas sin techo, sobre una de las cuales hay una cabeza, tres plantas de maguey y carrizos. Nota explicativa.

 

Hoja 1, franja 4: Parte de un glifo con una piedra como elemento. Figura humana con barba, sombrero y vara de justicia, señalando con el dedo índice.

 

Hoja 1, franja 5: Parte de un glifo con un cerro como elemento. Figura humana con barba, sombrero y vara de justicia, señalando con el dedo índice. Glifo de la corona. Glifo de un cerro partido en dos y en la cima huellas de pies en sentido ascendente.

 

Hoja 1, franja 6: Parte del glifo de la corona. Figura humana con barba, a caballo portando una lanza separada por medio de una lanza rota de la figura de un indígena con un águila sobre su cabeza. En la parte superior tres signos triangulares y nota explicativa.

 

Hoja 1, franja 7: Figura humana escribiendo. Representación de sacos, monedas y cesto con alimentos. Figura humana con vara de justicia. Nota explicativa.

 

Hoja 1, franja 8: Parte de un glifo que contiene una piedra como elemento. Figura humana con barba, sombrero y vara de justicia, señalando con el dedo índice.

 

Al dorso, en vertical: "2ª pintura de los yn/dios de tacuba / contra mag[ariñ]o". Etiqueta del Archivo General de Indias: "restaurado el 28- XII-942, con número de registro: 59".

  

Hoja 2, franja 1: Trece cabezas de un animal con cuernos. Nota explicativa.

 

Hoja 2, franja 2: Representación de monedas unidas y cabeza de un caballo con brida. Nota explicativa.

 

Hoja 2, franja 3: Representación de diecisiete objetos iguales. Cabeza humana con barba y sombrero. Nota explicativa.

 

Hoja 2, franja 4: Representación de monedas unidas. Nota explicativa.

 

Hoja 2, franja 5: Representación de monedas unidas. Cabeza humana. Nota explicativa.

 

Al dorso, en vertical: "[cruz] los del Barrio de S[an]ta. maria presentaron esta pintura ante Julian De Salazar". "rres[i]d[enci]a contra magariño". Etiqueta del Archivo General de Indias: "restaurado el 28- XII-942, con número de registro: 59".

 

Hoja 2, al dorso en horizontal: "[cruz] pinturas contra magarino". En horizontal invertido: "barrio De s[an]ta maria".

  

Hoja 3, franja 1: Cabeza humana con barba y glifo representando la voluta de la palabra. Rectángulo en el que se insertan cuadrados indicativo de tierras. Rectángulo con el interior troceado, indicativo de una cerca, con glifos que significan los numerales 400 y 20. Cinco cabezas humanas indígenas, cada una de ellas con el numeral 400. Dos círculos grandes y uno pequeño con el interior troceado indicativo de años. Nota explicativa.

 

Hoja 3, Franja 2: Cabeza humana con barba y glifo representando la voluta de la palabra. Representación de una casa. Tres bloques de piedra cada uno con un glifo indicando el numeral 20 y representación de monedas con glifo indicando el numeral 20, todos unidos entre sí. Dos bloques de piedra cada uno con dos monedas. Dieciocho cabezas indígenas, cada una con un glifo indicativo del numeral 20. Círculo con el interior troceado. Nota explicativa.

 

Al dorso, en horizontal: Etiqueta del Archivo General de Indias: "restaurado el 28- XII-942, con número de registro: 59".

 

Al dorso, en vertical: "Desc[ripciones] y Pob[laciones] 274.. 3º". "pala..." Cabezas de indígenas con los numerales 400 y 20.

  

Hoja 4: Falta.

  

Número de registro: 365.

La repoblación de las Alpujarras tras la revuelta de los moriscos

 https://www.facebook.com/groups/1224679452719040/posts/1529186035601712/

LOS QUE VINIERON A LLENAR EL VACÍO: LOS REPOBLADORES DE MELEGÍS

Procedencia, nombres y destino de los hombres y mujeres que llegaron a un pueblo fantasma después de la expulsión morisca

El 9 de febrero de 1572, el licenciado Jusepe Machuca llegó a Melegís casi de noche.

Llevaba encima la comisión firmada por el Consejo de Hacienda de Granada. Llevaba también a su escribano, Antonio Pérez de Badajoz, con sus papeles y su tintero. Y lo que encontraron al entrar al lugar no era exactamente un pueblo: era el esqueleto de uno.

Ciento veintitrés vecinos había tenido Melegís en tiempos de los moriscos. Cuando Machuca llegó, había treinta y seis. Cuarenta casas en buen estado. Otras cuarenta con mediano reparo. Otras cuarenta inhabitables. La iglesia, quemada: «solamente las paredes están inhiestas». Los olivos sin podar. Los morales sin coger la hoja. Las acequias rotas.

Y esos treinta y seis vecinos que quedaban —la mayoría recién llegados, instalados en casas de moriscos por un arrendamiento provisional de la Corona— eran los repobladores. Los que habían venido a llenar el vacío que dejó una expulsión. 

 EL VACÍO — Lo que pasó antes de que llegaran.

Para entender quiénes fueron los repobladores de Melegís hay que entender primero el abismo que venían a cruzar.

Se ordenó que los moriscos del Valle de Lecrín, Granada, Vega de Granada, etc., salieran hacia Córdoba y desde allí fueron repartidos hacia Extremadura y Galicia. Para ello se reunieron el 1 de noviembre en las iglesias de cada lugar para comenzar la marcha.

El 1 de octubre de 1570, los moriscos del Valle de Lecrín fueron reunidos en las iglesias de cada lugar y comenzaron la marcha hacia Córdoba. Ciento veintitrés familias de Melegís. Sesenta y cinco casas de Restábal. Generaciones enteras arrancadas de los bancales que habían labrado sus abuelos.

Y atrás quedó todo: casas, olivos, morales, viñas, molinos, hornos, acequias. Un territorio entero súbitamente vacío, congelado como una fotografía del día anterior a la catástrofe.

La expulsión de los moriscos del reino de Granada en los años de 1570 y 1571 provocó una enorme pérdida demográfica y económica que muy pronto trató de ser compensada por la monarquía de Felipe II mediante el inicio de un vasto proceso repoblador.

La maquinaria burocrática se puso en marcha casi de inmediato. El 24 de febrero de 1571, una real cédula confiscaba y expropiaba los bienes de los moriscos expulsados. La repoblación fue encargada a don Pedro de Deza, presidente de la Chancillería, y a Rodríguez de Villafuente Maldonado y Arévalo de Zuazo. Las condiciones se redactaron. Los pregones se hicieron en las ciudades del interior.

Y empezó el goteo de gente. 

 LAS TRES FASES DE LA REPOBLACIÓN

El proceso no fue un acto único. Fue un proceso largo, con al menos tres fases distintas, cada una con sus propias normas y sus propios problemas.

 PRIMERA FASE (1570-1576) — El arrendamiento provisional.

La primera fase iría entre 1570 y 1576, en la que se procede a la confiscación de los bienes de moriscos, se dictan las primeras normas organizativas de la repoblación y se acomete el apeo, deslinde y amojonamiento de lugares del reino, al mismo tiempo que se traen a los nuevos pobladores no sin antes precisar sus derechos y obligaciones, así como las franquicias y privilegios que disfrutarían por venir a poblar el reino de Granada.

En Melegís, esta primera fase se materializó en un arrendamiento colectivo: los vecinos —los treinta y seis que estaban allí en 1572— arrendaron conjuntamente los bienes moriscos confiscados a la Corona. No recibieron las tierras en propiedad. Las arrendaron. Por tres años. Pagando una renta.

El Libro de Apeo lo confirma: Pedro González declara ser «poblador del dicho lugar» y describe cómo «en los tres años primeros del arrendamiento que se hizo de la dicha hazienda de su Magestad, se les dio e repartio [...] una haça, con quatro pies de olibos, e una higuera». Tres años de arrendamiento. Una haça. Cuatro olivos. Una higuera. Y el arrendamiento podía renovarse —hubo al menos un segundo arrendamiento mencionado en el Apeo— o convertirse en suerte definitiva.

El Apeo de Machuca en febrero de 1572 llegó justo en medio de ese primer arrendamiento: los vecinos llevaban poco más de un año instalados. Algunos apenas unos meses. Todo era provisional. Nada estaba fijo. 

 SEGUNDA FASE (1577-1579) — El segundo arrendamiento y el desorden.

La segunda fase se desarrollaría a partir de 1577-1579, cuando se publican nuevos reglamentos y se sustituye el pago de la renta en especie por dinero.

En Melegís, esta fase la vemos en acción en los documentos de 1577: el alcalde Alonso Román denunciando usurpaciones, el escribano Alonso Sánchez tomando posesiones, Juan López el Viejo dando explicaciones sobre los bienes que tenía. El segundo arrendamiento había traído nuevas suertes, nuevos repartos, nuevas disputas.

El Apeo registra al menos dos arrendamientos sucesivos en Melegís antes de 1577. Entre el primero y el segundo, algunas suertes cambiaron de manos —Rodrigo Alonso tuvo los parrales en el primero, Gregorio de Urquiza se los tomó en el segundo—, algunos pobladores abandonaron el lugar y otros llegaron a sustituirlos.

 TERCERA FASE (1595 en adelante) — La visita y la consolidación.

La última fase se abrió en 1595 cuando la citada visita, desarrollada dos años antes, observó problemas de todo orden en el asentamiento de la población, incluyendo el incumplimiento sistemático de la legislación repobladora.

Esta fase no está documentada en el Libro de Apeo de Melegís —que se cierra con los documentos de 1577— pero sus efectos se ven en el Repartimiento de Restábal, que sí continúa hasta los años veinte del siglo XVII y muestra cómo la población seguía siendo inestable: repobladores que se van, herederos que llegan, suertes que cambian de manos. 

 LOS REPOBLADORES — Nombres y lo que sabemos de ellos.

El Libro de Apeo de Melegís no tiene, como el de Restábal, un listado ordenado de suertes con sus titulares y sus procedencias. Lo que tiene es algo más vivo y más disperso: los nombres de los repobladores aparecen en los testimonios, en las denuncias, en los actos de posesión. Hay que recogerlos uno a uno.

Estos son todos los que el documento identifica:

 PEDRO GONZÁLEZ — El repoblador más documentado.

Vecino del lugar en 1577. Aparece como testigo en dos de los principales pleitos del Apeo: el del olivo de Juan López el Viejo y el de los parrales de Urquiza.

Su declaración es la más precisa sobre el funcionamiento del arrendamiento: «en los tres años primeros del arrendamiento [...] se le dio e repartio [...] una haça, con quatro pies de olibos». Sabe firmar —su rúbrica aparece al pie de sus declaraciones—. Era alfabetizado, lo cual no era lo habitual entre los repobladores.

Lleva cinco años en el lugar cuando declara en 1577. Llegó, por tanto, hacia 1572, posiblemente con el primer arrendamiento o poco después. Su procedencia no consta, pero su apellido —González— es genérico y no da pistas. 

 JUAN MUÑOZ — El repoblador con cuatro años de antigüedad.

Vecino en 1577, declara que «puede aver quatro años que es bezino del dicho lugar». Llegó, pues, hacia 1573. Sabe firmar.

Su testimonio sobre los parrales de Urquiza es preciso y detallado: recuerda quién los tenía en el primer arrendamiento, quién en el segundo, y lo que le dijo Bernabé de Baeza sobre su origen morisco. Un hombre con memoria y con criterio.

No consta su procedencia. 

 GIL HERNÁNDEZ — El testigo de cinco años

Vecino en 1577: «puede aver çinco años, poco mas o menos, queste testigo bibe en el dicho lugar de Melexix». Llegó hacia 1572, posiblemente en la primera oleada. No sabe firmar —su declaración la rubrica el escribano en su nombre—.

Recuerda haber ido a reconocer las suertes del segundo arrendamiento junto a Bernabé de Baeza, el morisco conocedor. Un repoblador que aprendía el terreno de la mano del experto morisco. 

 RODRIGO ALONSO — El que tuvo los parrales y los perdió.

Mencionado como «vezino que fue del dicho lugar» —pasado, es decir, ya no estaba en 1577—. Tuvo los parrales de uva xatagoíl en el primer arrendamiento durante tres años. En el segundo arrendamiento, Gregorio de Urquiza se los tomó.

Rodrigo Alonso se fue. No consta adónde. Otro repoblador que no aguantó. 

 MIGUEL DE ANGULO — El repoblador que fue honesto.

También mencionado como «bezino del dicho lugar» en los testimonios sobre los parrales. En el primer arrendamiento tenía «unas parras xataguies [...] de su Magestad, de la suerte que tenia» y él mismo reconoció públicamente que eran del rey, no suyas. Un repoblador con escrúpulos jurídicos.

No consta si seguía en el lugar en 1577. 

 ANTONIO FIALLO — El regidor denunciante.

Era regidor del Concejo de Melegís en 1577. Su presencia en ese cargo indica que llevaba tiempo en el lugar y había ganado suficiente confianza vecinal para ser elegido. Presentó la denuncia contra Juan López por la apropiación de las aceitunas y sus árboles.

«Llegamos a dos matas de olivar, y nos dixo que era suyo, y nos engañó, y perfio suyo, y lo defendio todo lo posible, y cogió y esquilmó».

Antonio Fiallo: el regidor que fue a coger aceitunas con los vecinos y se encontró con un engaño. Su carta de denuncia tiene un tono de indignación genuina que se palpa a través del papel. 

 ALONSO ROMÁN — El alcalde ordinario.

El más citado de todos los repobladores de Melegís. Era alcalde ordinario del lugar en 1577, lo que lo convierte en la máxima autoridad civil local.

Sus actuaciones en el Apeo son numerosas: denunció a Juan López el Viejo por los bienes usurpados, reclamó al Consejo de Hacienda que se devolvieran los bienes a los pobladores, participó como testigo en la posesión general de bienes tomada por Machuca en 1572 —«a lo qual fueron testigos Diego Ruyz, e Hernando de Cordoba, e Bernabe Perez, e Alonso Roman, e Juan de Castro».

Sabe firmar. Gestiona bien la burocracia —presenta peticiones en forma ante el Consejo de Granada—. Un repoblador que se integró completamente en la estructura institucional del lugar. 

 DIEGO RUIZ — El testigo permanente.

Aparece en los primeros documentos del Apeo, en febrero de 1572, como testigo de la llegada del juez Machuca al lugar —«testigos Juan Lopez, e Diego Ruiz, estantes en el dicho lugar»—. También en la posesión general de 1572 y en las notificaciones de ese mes.

Era, por tanto, uno de los primeros repobladores. Llegó antes incluso de que el juez Machuca viniera a hacer el apeo. Uno de los que se instalaron en 1570 o 1571, en el primer momento de vacío. No consta su procedencia. 

 HERNANDO DE CÓRDOBA — El regidor con propiedades cuestionables

Ya lo conocemos del artículo anterior: regidor del Concejo, arrendador del lugar, testigo habitual, acusado por Antonio Baelo de poseer hacienda de dudosa procedencia.

Pero en el contexto de los repobladores tiene un dato importante: declaró ante el juez Machuca que «el dicho juez le dio y adjudico a este testigo como bezino y poblador del dicho lugar, y regidor que a la sazon era del, una haça de hasta marjal y medio». Es decir: fue él mismo poblador y regidor a la vez desde el primer momento. Llegó pronto, tomó un cargo, y aprovechó la posición.

No consta su procedencia de fuera de Melegís; podría ser uno de los pocos que ya estaba allí antes del alzamiento como cristiano viejo, reconvertido ahora en poblador oficial. 

 BERNABÉ PÉREZ — El vecino ordinario.

Aparece en los testigos de la posesión general de 1572, junto a Diego Ruiz, Alonso Román y Juan de Castro. Nada más sabemos de él. Uno de los rostros del fondo, de los que el Libro de Apeo nombra una vez y no vuelve a mencionar. Existió. Estuvo allí. Firmó como testigo. 

 JUAN DE CASTRO — El vecino de la posesión general.

Idem que Bernabé Pérez: aparece en los testigos de la posesión general de febrero de 1572 y desaparece del texto. Un repoblador de la primera hora que el documento no vuelve a encontrar. 

 ¿DE DÓNDE VENÍAN? — La procedencia de los repobladores.

El Libro de Apeo de Melegís es menos explícito que el de Restábal en cuanto a la procedencia de los repobladores. No hay, para Melegís, una lista ordenada como la que el Repartimiento de Restábal construye con sus suertes. Pero el contexto histórico general y los datos comparativos del Valle de Lecrín permiten reconstruir el panorama.

Los repobladores no llegaron al azar. La Corona de Castilla organizó un sistema de «Suertes» (lotes de tierra). Según el Libro de Apeo de Dúrcal, la mayoría de estos nuevos vecinos no eran andaluces, sino que venían de Castilla la Nueva (actuales Toledo y Ciudad Real), Reino de Jaén (zonas de frontera), Extremadura y Murcia.

Para Melegís, el patrón debió de ser similar pero con matices propios del Valle de Lecrín. Los apellidos de los repobladores mencionados —González, Muñoz, Hernández, Román, Castro, Ruiz— son genéricos y no permiten adscripción regional precisa. Pero los nombres de algunos vecinos que aparecen como linderos en los documentos de 1572 sí dan alguna pista:

 Pedro de Baena, vecino de Lojuela: vecino del pueblo vecino, posiblemente llegado del área de Baena (Córdoba).

 Andrés de Salobreña: procedente o relacionado con Salobreña (costa granadina).

 Lorenço de Montefrio: de Montefrío (provincia de Granada).

 Lorenço de Yllora: de Íllora (provincia de Granada).

 Diego de Málaga: procedente de Málaga o su área.

Un patrón emerge: los repobladores de Melegís parecen haber venido en gran medida de la propia provincia de Granada y zonas limítrofes —Málaga, Jaén—, más que del interior castellano. La cercanía de Granada capital —cinco leguas, como dice el Apeo— y la buena fama del Valle de Lecrín como tierra fértil atrajo a vecinos de la comarca antes que a colonos lejanos.

Esto coincide con lo que el Valle de Lecrín muestra en su conjunto: muchos de estos colonos se casaron con las pocas familias moriscas que recibieron permiso para quedarse por su conocimiento técnico (médicos o expertos en acequias). En Melegís, Bernabé de Baeza —el morisco que actuó como conocedor— era precisamente ese experto indispensable al que los nuevos pobladores recurrían para aprender qué era de quién y cómo funcionaba el sistema. 

 LOS NÚMEROS — Del esplendor al esqueleto:

La caída es brutal: de 123 vecinos a 36 vecinos. Una reducción del 70% de la población en menos de dos años. Y esos 36 vecinos eran todos repobladores nuevos: cinco o seis de ellos eran cristianos viejos que ya estaban antes —María de Herbas, Juan López, Hernando de Córdoba, el sacristán Porres, el beneficiado Pinedo—. Los repobladores propiamente dichos no llegarían a treinta.

Treinta vecinos para llenar el espacio de ciento veintitrés. Para mantener los quinientos marjales de tierra de regadío. Para coger las quinientas arrobas de aceite. Para cuidar los morales. Para limpiar las acequias. Era imposible. Y el Apeo lo sabe: «la mucha población que biben en el dicho lugar», dice con ironía involuntaria al referirse a los treinta y seis vecinos. 

 LOS QUE SE FUERON — La repoblación como fracaso parcial.

Uno de los datos más reveladores del Apeo de Melegís es la mención recurrente de repobladores que ya no estaban cuando los documentos se redactan:

Rodrigo Alonso: «vezino que fue del dicho lugar». Se fue.

Miguel de Angulo: mencionado en pasado, no presente en 1577.

Varios de los 36 de 1572 no aparecen en los documentos de 1577.

La rotación era enorme. La última fase se abrió en 1595 cuando la citada visita observó problemas de todo orden en el asentamiento de la población, incluyendo el incumplimiento sistemático de la legislación repobladora.

Los repobladores que llegaban a Melegís encontraban:

 Una iglesia quemada sin culto regular.

 Acequias rotas que necesitaban ciento cincuenta ducados de reparación.

 Cuarenta casas inhabitables.

 Tierras sin el conocimiento técnico para explotarlas bien.

 Un sistema de derechos de agua imposible de entender sin los moriscos que lo habían diseñado.

 Vecinos con más antigüedad que se habían apropiado de lo mejor.

Muchos se fueron. Otros resistieron. Y algunos —como Alonso Román, que llegó a ser alcalde, o Antonio Fiallo, que llegó a ser regidor— echaron raíces. 

 EPÍLOGO: LO QUE EL VACÍO DEJÓ ESCRITO.

El 24 de febrero de 1572, el licenciado Machuca tomó posesión general de todos los bienes moriscos de Melegís en nombre de Felipe II. Estaba en la iglesia quemada del lugar. A su alrededor, los testigos: Diego Ruiz, Hernando de Córdoba, Bernabé Pérez, Alonso Román, Juan de Castro. «E otros muchos», añade el escribano.

Otros muchos. Sin nombres. Sin procedencia. Sin historia individual registrada.

Treinta personas llegadas de distintos puntos de Andalucía y Castilla a un pueblo que no era el suyo, a cultivar unos campos que no conocían, siguiendo unas acequias cuyo trazado les explicaba un anciano morisco de ochenta años que tampoco podía quedarse mucho tiempo más.

Los durqueños de hoy son el resultado de esa mezcla: sangre castellana, determinación jiennense y el ingenio andalusí que dejó diseñadas las acequias y los bancales.

Lo mismo vale para Melegís. Los vecinos de hoy son descendientes de esa mezcla improbable: los que llegaron a llenar el vacío y los pocos que ya estaban. El valle fértil hizo el resto. El agua siguió corriendo por las acequias que los moriscos construyeron. Los olivos siguieron dando aceite. Los naranjos florecieron.

Y el lugar que en febrero de 1572 tenía cuarenta casas habitables y una iglesia quemada volvió a ser, con el tiempo, Melegís. 

Fuente principal:

M. Espinar Moreno, C. González Martín, A. de la Higuera Rodríguez, I. C. Gómez Noguera. «El Valle. Libros de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal». Granada, 2006.

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NOTA: Cuando el Libro de Apeo habla de “vecinos”, no cuenta personas sueltas, sino hogares: cada vecino equivale aproximadamente a una familia o casa habitada. Por eso los 123 vecinos moriscos de Melegís pudieron representar en realidad a unas quinientas o seiscientas almas. Y los 36 vecinos de 1572 no eran treinta y seis personas, sino treinta y seis hogares intentando sostener un pueblo entero.