viernes, 3 de abril de 2026

Aena, el día del libro y la antropología del pasillo obligatorio

 

Aena, el día del libro y la antropología del pasillo obligatorio

 

Ángel L. Fernández Recuero, 22 abril 2026

jotdown.es

 

Como los lectores de Jot Down saben, estamos emocionados por haber entrado como periodistas en el sector de los aeropuertos —y por extensión en el mundo de las empresas participadas por el Estado— gracias a la irrupción del Premio Aena en el panorama cultural español. Es un honor que una compañía tan comprometida con las letras nos haya dado pie a nosotros, humildes plumillas culturales, para acompañarla en su refinada apuesta por la cultura. Me dispongo, pues, a examinar con el rigor que se nos supone y la guasa que se nos tolera la brillante gestión de Maurici Lucena al frente de la empresa aeroportuaria patria. En particular, su contribución menos publicitada al enriquecimiento intelectual del viajero español, que es la consolidación del forced walk, ese pasillo obligatorio a través de la tienda duty free del que no hay modo de librarse si uno quiere llegar a su puerta de embarque. Maurici Lucena, conviene recordarlo, es un hombre culto. Uno imagina al presidente de la mayor gestora de aeropuertos del mundo repasando Los orígenes del totalitarismo de Hannah Arendt mientras, por pura coincidencia histórica, sus equipos de diseño calibran hasta el milímetro la trayectoria por la que más de trescientos millones de pasajeros anuales deberán desfilar entre frascos de Hugo Boss y cartones de Marlboro.

 

La tesis, por si el lector tiene prisa

La hipótesis de la que parto no tiene demasiada complejidad y no es otra que los beneficios de nuestra compañía aeroportuaria favorita son el producto de dos fenómenos que no requieren a un gestor intrépido a los mandos. El primero es el turismo masivo que ha convertido a España en el segundo país más visitado de la Tierra. El segundo es la arquitectura de recorrido obligatorio conocida en el mundo anglosajón como forced walk, un invento nórdico al que debemos esa lenta procesión de cuerpos cautivos entre tabaco, alcohol y colonias, donde cada metro recorrido es un deleite para los espíritus ilustrados. Ambos son fenómenos estructurales, ajenos al talento gerencial. Sustituyan al presidente por cualquier lector medio de Jot Down, con su biblioteca y su suscripción a The New Yorker, y los beneficios seguirían siendo récord. No estoy siendo exagerado. Estoy describiendo las leyes elementales del monopolio en un país donde el sol y los chiringuitos son los activos más valiosos.

 

La topología del cautiverio

Reconozcámoslo, el viajero contemporáneo es, sin duda, la figura más dócil que ha producido el capitalismo tardío. Y esto es así por una cuestión de diseño, no por un asunto de temperamento. Como la mayoría de nuestros lectores sabrán, en la hora que transcurre entre el control de seguridad y el embarque, el pasajero discurre por un territorio en el que las reglas del comercio ordinario no rigen y en el que las reglas del espacio cívico han quedado suspendidas. A nadie se le multa por no comprar, pero tampoco puede irse. A nadie se le obliga a entrar en la tienda, pero la tienda es el único camino. Ha pagado su billete y sus tasas aeroportuarias, y sin embargo se encuentra en la misma posición que un NPC en el GTA condenado a recorrer un bucle de estímulos sin posibilidad real de desviarse. Los estudios del sector, que son bastante abundantes, hablan de este intervalo como golden hour. Dorada para quién, convendría precisar. Desde luego, no para el viajero, que va nervioso, medio descalzo y con el cinturón en la mano. Dorada para el gestor aeroportuario y su concesionaria, que saben que en ese lapso el cerebro humano se encuentra en su estado más vulnerable.

La descompresión posterior al control libera una pequeña dosis de dopamina que busca traducirse en recompensa inmediata. La ambigüedad temporal que vivimos en el aeropuerto, ese «todavía no he llegado, pero ya he salido», suspende las reglas del gasto doméstico. La fatiga acumulada por las decisiones del control —qué saco, dónde lo meto, me quito los zapatos o no— ha erosionado el autocontrol hasta dejarlo a la altura de un cani ante una máquina de punch ball. En ese estado, una botella de ratafia catalana a precio de un González Byass Matusalem parece, por primera vez en la vida, una oferta razonable. La palabra clave que usan los empresarios es captive audience. Público cautivo. La expresión ha sido importada del vocabulario del marketing, pero tiene resonancias carcelarias que no debemos dejar pasar. El cautivo es, por definición, aquel que no puede marcharse. Por ello, el ciudadano que atraviesa la T4 no es un cliente, no es un usuario, no es siquiera un peatón. Es un rehén amable al que se le pide que aproveche su encierro para comprar un Toblerone familiar que no quiere.

 

El empujoncito

En ciencias sociales hay un concepto, acuñado por Cass Sunstein y Richard Thaler, que se ha hecho célebre bajo el nombre de nudge. El empujoncito. La idea, que en el fondo es antigua pero que estos economistas conductuales envasaron con etiqueta académica, sostiene que las decisiones humanas dependen mucho más del contexto en el que se toman que de la deliberación racional del sujeto. Si en la cafetería del colegio se colocan las frutas a la altura del ojo infantil y los pasteles al fondo, los niños comen más fruta. Como los lectores avezados podrán intuir, basta con ordenar el espacio para ordenar también la conducta. No hay prohibiciones, solo diseño. El forced walk es la versión aeroportuaria de ese mismo principio. Nadie le prohíbe a usted no comprar. Nadie le castiga si pasa de largo. Nadie le señala con el dedo si llega a su puerta sin haber adquirido su ensaimada. Pero todo el entorno está calibrado para que comprar sea el camino de menor resistencia, y no comprar requiera un pequeño acto de rebeldía consciente que la mayoría, después del arco, no tiene ya fuerzas para ejecutar.

El fenómeno tiene, desde luego, una considerable bibliografía académica detrás. Shoshana Zuboff lo ha bautizado con cierta elegancia como «arquitectura de la conducta». Foucault, con su intuición panóptica, lo había descrito ya en los setenta bajo el rótulo más escolástico de poder disciplinario, esa red de dispositivos menudos que modulan al sujeto sin necesidad de dirigirle la palabra. El mérito específico de Aena, si hay que concedérselo, es haber llegado a la síntesis sin haber leído a ninguno de los dos. La genialidad del modelo, admítaseme el entusiasmo, es que reemplaza la prohibición por la disposición. Donde antes había una ley, ahora hay un pasillo. Donde antes había un guardia, ahora hay un escaparate. Donde antes había que argumentar, ahora basta con curvar la pared hacia la derecha primero y a la izquierda depués. El coste reputacional es infinitesimal. Es difícil organizar una manifestación contra una estatería.

 

El espacio público que ya no es público

El aeropuerto español es un espacio a medio camino entre el servicio público y el centro comercial. Aena es una sociedad mercantil estatal, y esa categoría jurídica híbrida, inventada en el tránsito entre los años noventa y los dos mil, contiene un pequeño truco semántico que rara vez se denuncia. Permite a la empresa comportarse como pública cuando le conviene —para justificar su monopolio, para vetar la construcción de aeropuertos competidores, para recibir el respaldo del Estado si vienen mal dadas— y como privada cuando también le conviene —para rendir dividendos a fondos de las «Islas Cocodrile», para diseñar sus terminales con lógica retail, para licitar concesiones multimillonarias—. Lo mejor de los dos mundos. Un regalo institucional que pocos sectores empresariales en España disfrutan con semejante descaro. La consecuencia es que el ciudadano ha perdido, sin que nadie se lo advirtiera, un fragmento considerable de su espacio público.

Al atravesar el arco de seguridad, uno abandona la ciudadanía y entra en una condición jurídica menor que podría llamarse «cliente obligatorio». Los derechos de circulación que rigen en la calle quedan suspendidos. Uno no puede ir al avión por el camino más corto. Debe ir por el camino que alguien, en un despacho de arquitectura contratado por Aena, ha decidido que es el más rentable. Esta erosión del espacio público no es exclusiva del aeropuerto. Forma parte de un proceso más amplio que Marc Augé, en los años noventa, diagnosticó con la categoría del «no lugar». Augé estudió con precisión ese espacio anodino, intercambiable, sin identidad, que producía el capitalismo de flujo. Lo interesante es que su análisis se ha quedado corto. El aeropuerto de 2026 ya no es un «no lugar». Es un lugar muy concreto, dotado de una identidad fortísima y de un proyecto perfectamente definido, que consiste en convertir al viajero en consumidor durante setenta y cinco minutos. Ha dejado de ser un espacio sin atributos para convertirse en un espacio con un único atributo: el comercial. Lo cual es, en términos filosóficos, todavía peor.

 

La sociología de la vergüenza complaciente

Queda una pregunta que este artículo, si aspira a la honestidad mínima, no puede eludir. ¿Por qué aceptamos esto? ¿Por qué el ciudadano español, que por lo demás no tiene dificultad en llenar las calles cuando se le pide defender la Seguridad Social o bajar el precio del alquiler, atraviesa cada año decenas de millones de veces el forced walk sin rechistar? La respuesta, me temo, es sociológicamente fascinante y moralmente desoladora. En primer lugar, porque el diseño está calibrado para que la protesta sea operativamente imposible en el momento en que tendría sentido. Uno no puede sentarse en el suelo de la tienda y exigir un corredor alternativo. Tiene un avión que coger. El tiempo es finito. La queja solo puede producirse después, cuando ya es inocua. Este es, como los politólogos saben bien, el principio del poder posmoderno. No busca silenciar la crítica. Busca desplazarla en el tiempo hasta el instante en el que ya no cambia nada.

En segundo lugar, porque el forced walk se nos presenta envuelto en el lenguaje cálido de la «experiencia de pasajero». La trampa verbal es sofisticada. Nadie diseñaría un pasillo obligatorio si se llamara «pasillo obligatorio». Lo que se diseña, oficialmente, es una «experiencia comercial integrada en el flujo del pasajero». El eufemismo no es un adorno sino una operación de reconfiguración cognitiva. El sujeto, al llamarlo experiencia, se siente partícipe y no víctima. Al llamarlo flujo, deja de sentirse empujado. El idioma del marketing ha cumplido aquí su tarea más fina, que es convertir la sumisión en elección informada. En tercer lugar, y esta es la explicación más descorazonadora, porque una parte considerable de los viajeros disfruta del invento. Hay gente, mucha, que al salir del control se alegra de encontrar la tienda, que compra como ritual de partida, que asocia el primer frasco de colonia con el inicio de las vacaciones, que ha incorporado el duty free a la gramática emocional del viaje. El capitalismo de masas no se sostiene sobre la imposición, que es cara y conflictiva, sino sobre la complicidad del consumidor, que resulta muchísimo más barata. Una parte de nosotros quiere ser conducida por el pasillo. Lo sabe Aena, lo sabe la concesionaria y lo sabe Lucena —porque lo ha leído—.

 

La paradoja cultural, o el libro que nunca aparece

Llegamos por fin al punto que me proponía desde el principio y que le da sentido al título. Resulta que, como decíamos, el presidente de Aena es un lector apasionado y que la empresa que preside ha querido entrar en el mundo de la cultura con un Premio de Narrativa dotado como pocos en el mundo. Lucena se fotografía con Rosa Montero en bibliotecas antiguas. Desde la compañía se habla, con genuino entusiasmo, de la promoción de la lectura como misión corporativa. Todo ello es, entiéndaseme, admirable. Y, sin embargo. Sin embargo, uno entra en la T4 de Barajas, o en la T1 de Barcelona-El Prat, o en cualquiera de las terminales de la red, y lo que encuentra a derecha e izquierda de la gymkana comercial es tabaco y botellas de alcohol, bien para el consumo gaznatil o bien acompañando de esencias aromáticas.

Aena, bajo la docta y culta presidencia de Maurici Lucena, ha decidido que el ciudadano español que atraviesa sus terminales sea expuesto, de manera obligatoria y por decisión explícita de diseño, a productos que el Estado considera suficientemente problemáticos como para gravarlos con impuestos especiales como el alcohol y el tabaco. Que sea expuesto a libros, en cambio, parece que no es algo que interese mucho, vayaustedasaberporqué. La promoción de la lectura, en este esquema, es el premio literario. La promoción del alcohol y el tabaco, en cambio, es la naturaleza comercial del aeropuerto junto con los bocadillos a precio de caviar. Una dicotomía que, si uno la examina con cierto pensamiento crítico, resulta algo ingrata con la figura del mecenas ilustrado. No hay aquí contradicción consciente. Lo que hay es una disonancia cognitiva perfectamente instalada en la élite gestora española, una forma de pensar que permite compatibilizar citar a John Rawls con la curva calibrada hacia la derecha en la terminal, el discurso sobre la cultura con la ingeniería del impulso, el reconocimiento del escritor con el acorralamiento del lector. Los símbolos los pone el presidente. Los números los pone el pasillo. Y los pasillos, iletrados, son los que ganan.

 

Coda, con agradecimiento sincero

Cuando uno termina de pensar este asunto, en este día previo al libro y la rosa, la conclusión es menos indignada de lo que a priori sentía al comenzar el texto. Es, sobre todo, ligeramente melancólica. El forced walk no es un error, tampoco es un abuso ni una anomalía corregible con una circular del Ministerio. Es el síntoma depurado de un modo de entender el espacio público que ha renunciado, sin grandes debates, a su propia definición. Una sociedad que acepta ser conducida entre tabaco y alcohol por pasillos comerciales a medio camino entre el recorrido del Ikea y la entrada a un estadio de fútbol para embarcar en aviones tiene pocos argumentos sólidos para oponerse después a cualquier otra forma, más discreta o más brutal, de arquitectura del comportamiento. El pasillo no es el problema. El pasillo es la señal.

 

Feliz Sant Jordi Sant Duty Free.

miércoles, 1 de abril de 2026

Espada, hambre y cautiverio

 

Espada, hambre y cautiverio

 

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Las huestes parecen formadas por unos tres mil hombres de promedio y un total de veinticuatro mil efectivos procedentes de las tribus del Hiyaz y Yemen.

 

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la Crónica Mozárabe (8) más bien describe una campaña in crescendo, iniciada con simples algaradas, asaltos a ciudades fronterizas y después una invasión abierta: Los sacramentos [...] devastan las provincias, no tanto con una invasión abierta cuando furtivas incursiones. Así, con habilidad y engaños, no con el ejército, atacan las ciudades fronterizas del imperio y luego, sacudiéndose el yugo de su cerviz, se rebelan abiertamente.

La ventaja de estas fuerzas de jinetes e infantería montada en dromedarios, residía,

precisamente, en la enorme movilidad estratégica, la capacidad de improvisación ante

diversas circunstancias y una celeridad en la respuesta que sería imposible si dependieran

de las instrucciones de Medina, a más de mil kilómetros -unos veinte días de viaje- más allá

del desierto.

 

Pg 106 y pg 107

Espada, hambre y cautiverio

 

El dux Sergio salió a su encuentro desde Cesarea con trescientos jinetes del ejército de campaña, reforzados con contingentes de samaritanos y aliados árabes. Sin embargo,

fue sorprendido y derrotado en Wadi Arabá.

 

Cuando el candidato [Sergio] fue asesinado por los sarracenos, yo estaba en Cesarea y me dirijo en barco a Sicamina; y se decía: el Candidato ha sido asesinad. Y los judíos tuvimos una gran alegría. Se decía también que el profeta había aparecido, viniendo con los sarracenos, y que anunciaba la venida de Cristo, el Ungido que había de venir. Y yo, una vez que hube llegado a Sicamina, me hospedé en casa de un anciano muy

versado en la Escritura, y le digo:<< ¿Qué me dices […] sobre el profeta que ha aparecido con los sarracenos?>> y me responde gimiendo profundamente << Es un falso profeta ¿Acaso, pues, los profetas vienen con armas y carro? Realmente, obras de desorden son los acontecimientos actuales y tengo miedo de que el primer Cristo que vino, al que adoran los cristianos, fuese enviado por Dios y en su lugar recibiremos

a Hermolao [el Anticristo]. Isaías dijo, en efecto, que los judíos tendríamos el corazón cerrado y endurecido hasta que fuese devastada toda la tierra. Pero ve, señor Abraames, e infórmate sobre el profeta que ha aparecido>>. Y yo, Abraames,

habiéndomelo tomado con celo, oí de los que se encontraron con él nada verdadero encuentras en el llamado profeta, sino derramamientos de sangre humana. Dice también que tiene las llaves del paraíso, lo que es increíble.

 

En el evangelio, Jesús había anunciado una segunda llegada que tendría lugar antes del juicio final. El advenimiento del Hijo del Hombre estaría procedido por una época de disturbios, además de guerras, plagas y hambrunas, tras una brutal persecución contra

sus seguidores en las que surgieron los falsos profetas.34 Las crípticas profecías

incluyen la aparición de un falso profeta que empujará a los hombres a adorar a la

Bestia, a quien las epístolas de San Juan llaman Anticristo y entre los judíos se conocía

como Hermolao.

 

En ese momento cierto hombre de entre los hijos de Ismael cuyo nombre era Mahmet,

un comerciante, como si fuera por mandato de Dios se les presentó como un

predicador [y] el camino a la verdad. Les enseñó a reconocer al Dios de Abraham, en

especial porque estaba instruido e informado sobre la historia de Moisés.35

 

 

Página 116

AG 945 [año 634 d.C.], indicción VII: el viernes 4 de febrero, a la hora novena, hubo una batalla entre los romanos y los árabes de Mahoma en Palestina a doce millas al este de Gaza.

Los romanos huyeron, dejando atrás al patricio [Teodoro], el Hijo de YRDN, a quien mataron los árabes. Unos 40 000 pobres aldeanos de Palestina fueron asesinados allí, cristianos, judíos y samaritanos. Los árabes asolaron toda la región.

 

Página 117

¿Por qué razón las incursiones bárbaras se multiplican y las falanges sarracenas se han levantado contra nosotros? […]

¿Por qué la efusión de sangre se ha convertido en costumbre y los cadáveres sirven de presa a las aves del cielo? ¿Por qué las iglesias son destruidas y las cruces ultrajadas? […] Los sarracenos recorren comarcas que les han sido prohibidas, saquean ciudades, asolan los campos, entregan las aldeas a

las llamas, derriban los sagrados monasterios, plantan cara a los ejércitos romanos, consiguen trofeos en la guerra, añaden victoria sobre victoria, se alinean en masa contra nosotros […] y se vanaglorian de conquistar el mundo entero.

 

 

Espada, hombre y cautiverio

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tantos rebrotes de la plaga de Justiniano que vino precedido por una sequía de nueve meses, conocida como el “Año de las cenizas”. La hambruna que asoló al Levante mediterraneo debilitó a la población y allanó el camino a esta pandemia que acabó con la vida de veinticinco mil guerreros árabes,

EL FIN DEL ERÃNSHAHR

la batalla de Nehavend en mayo de 642, descrita por Sebeos (44):

Sucedió en el primer año de Constante rey de los griegos, y en el décimo año de Yazkert rey de los persas, que el ejército persa de 60 000 hombres completamente armados se reunió para oponerse a Ismael. Los ismaelitas pusieron en el campo contra ellos cuarenta mil armados con espadas, y se enfrentaron en batalla en la provincia de Media. La batalla se prolongó durante tres días, mientras la infantería de ambos bandos disminuía. De súbito llegó la noticia al ejército de que una hueste había acudido al apoyo de los ismaelitas. Las tropas persas huyeron de su campamento durante la no-

 

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che. Los supervivientes del ejército ismaelita los atacaron por la mañana, pero no encontraron a nadie en el campamento. Realizando incursiones por toda la tierra, pasaron a espada a hombres y bestias. Capturaron veintidós fortalezas, masacraron a todos los seres vivos en ellas.

Tras su última derrota en 651, Yazdegerd buscó refugio en la casa de un molinero que lo asesinó para apoderarse de sus pertenencias. La muerte del último rey de reyes marcó el fin del Imperio sasánida;

ASALTO AL GRANERO ROMANO

Aunque las estimaciones demográficas varían enormemente, la población de Alejandría tal vez ascendiera a trescientas mil almas y el valle del Nilo podría contar con unos ocho millones de habitantes.

El nivel del río subía entre agosto y septiembre y dejaba el delta del Nilo y la llanura aluvial sumergidos bajo más de un metro de agua. A medida que la inundación menguaba en octubre, dejaba tras de sí un fértil limo, traído desde las tierras altas, que permitía a los cultivos de cereales y legumbres madurar entre marzo y mayo. Más allá del delta, la población se concentraba en ambas orillas del río, a lo largo de un estrecha franja de unos doce kilómetros antes

 

 

 

 

Espada, hambre y cautiverio^ 

 

147

[…] entonces los musulmanes entraron en NIKU y tomaron posesión, y no encontrando soldados [ que ofrecieran resistencia], procedieron a pasar a espada a todos los que encontraron en las calles y ben las iglesias, hombres, mujeres y niños. Y no tuvieron misericordia de nadie. Y después de haber capturado [esta] ciudad, marcharon contra otras localidades y las saquearon y pasaron por la espalda a todo el que encontraron. 

 

Los soldados no lograron ofrecer una resistencia efectiva, los árabes tomaron Kilunas << y mataron a espada a miles de sus habitantes y de los soldados, y obtuvieron un botín enorme, y tomaron cautivas a las mujeres y los niños y los divirtieron entre ellos ,y convirtieron esa ciudad en una desolación >>. 

 

Página 146 

 

 

El ascenso del califato 

‘Amr recibió con agrado su llegada y le dijo<< Has hecho bien en venir a nosotros. Y ciro respondió: dios ha puesto esta tierra en tus manos; que de ahora no ha habido contienda persistente contigo. Y fijaron la cantidad de tributo a pagar. Y en cuanto a los ismaelitas, no debían intervenir en ningún asunto, sino dedicarse a lo suyo durante once meses. Las tropas romanas en Alejandría debían llevarse sus posesiones y sus tesoros y marchar  por mar  y ningún otro ejército romano regresaría. Pero aquellos que quisieran viajar por tierra debían pagar un tributo mensual. Y los musulmanes tomarían como rehenes a ciento cincuenta soldados y cincuenta civiles harían paz.  

Espada , hambre y cautiverio

 

[...] entonces los musulmanes entraron en Nikiû y tomaron posesión , y no encontrando

soldados [que ofrecieran resistencia] , procedieron a pasar a espada a todos los que

encontraron en las calles y en las Iglesias , hombres , mujeres y niños. Y no tuvieron

misericordia de nadie. Y después de haber capturado [esta] ciudad , marcharon contra otras

localidades y las saquearon y pasaron por la espalda a todo el que encontraron

 

Los soldados no lograron ofrecer una resistencia efectiva, los árabes tomaron Kilunas &lt;&lt;y

mataron a espada a miles de sus habitantes y de los soldados, y obtuvieron un botín

enorme, y tomaron cautivas a las mujeres y los niños y los dividieron entre ellos, y

convirtieron esa ciudad en una desolación.

Página 147

´Amr recibió con agrado su llegada y le dijo: &lt;&lt;Has hecho bien en venir a nosotros&gt;&gt;

. Y Ciro respondió: Dios ha puesto esta tierra en tus manos; que de ahora en adelante

no haya enemistad entre tú y Roma; hasta ahora no ha habido contienda persistente

contigo. Y fijaron la cantidad de tributo a pagar. Y en cuanto a los ismaelitas , no

debían intervenir en ningún asunto , sino dedicarse a lo suyo durante once meses.

Las tropas romanas en Alejandría debían llevarse sus posesiones y sus tesoros y

marchar por mar; y ningún otro ejército romano regresaría. Pero aquellos que

quisieran viajar por tierra debían pagar un tributo mensual. Y los musulmanes

tomarían como rehenes a ciento cincuenta soldados y cincuenta civiles y harían la

paz. Y los romanos dejarían de luchar contra los musulmanes; y los musulmanes debían

resistir de apoderarse de las iglesias cristianas, y estos últimos no debían entrometerse en

los asuntos de los cristianos. Y a los judíos se les debía permitir permanecer en la ciudad de

Alejandria.

Página 146

 

150

 

Construida por la dinastía tolemaica en fecha indeterminada, la célebre “Biblioteca de

Alejandría” consistía, en realidad, en la colección de libros de un santuario religioso, el

Museion, un complejo dedicado a las Musas que contaba con una exedra para

conferencias, una zona residencial para los académicos, además de jardines y un pórtico.

Plutarco, por primera vez, describe el incendio que destruyó la gran biblioteca en el año 47

a. C., cuando Julio César asedió la capital egipcia para apoyar a Cleopatra en su

reclamación al trono, un hecho confirmado por Aulo Gelio.

Hubo en esta ciudad dos bibliotecas de valor incalculable, y según los testimonios verídicos

de antiguos datos, unos setecientos mil volúmenes que habrían sido depositados allí

gracias al enorme esfuerzo de los reyes Ptolemaicos ardieron en la guerra Alejandrina,

cuando la ciudad fue saqueada en tiempos de la dictadura de César.

 

151

La irrupción cristiana en el templo sucedió en el año 391, después de que los paganos

“mataran a muchos de los cristianos, hirieron a otros y se apoderaron del Serapeión, un

templo que destacaba por su belleza y amplitud y que estaba asentado en un promontorio”,

lo cual desencadenó un brutal asalto al Serapeión por parte de soldados romanos y una

turba cristiana.

Para sobrevivir, las bibliotecas antiguas requerían de un cuantioso patrocinio económico: el

papiro se deteriora con facilidad, sufre daños a causa de la polilla y los ratones y, en una

época en la que la luz artificial dependía de lámparas de aceite, se hallaba en peligro

constante de incendio. La minuciosa labor de copiado de los volúmenes requería un nutrido

personal de escribas muy costoso de mantener. a lo que cabe añadir el elevado precio de

los soportes de escritura.

En época abasí, Bagdad se convirtió en un centro de traducción de obras clásicas al árabe,

de la mano de cristianos nestorianos como Hunayn ibn Ishāq (ob. 873) —que aprendió

griego en Alejandría— o Teodoro Abucara (ob. 901) y buena parte de los libros traducidos

procedía de bibliotecas alejandrinas.

 

 

Página 150.

Construida por la dinastía tolemaica en fecha indeterminada, la célebre “Biblioteca de

Alejandría” consistía, en realidad, en la colección de libros de un santuario religioso, el

Museion, un complejo dedicado a las Musas que contaba con una exedra para conferencias,

una zona residencial para los académicos, además de jardines y un pórtico.

 

Plutarco, por primera vez, describe el incendio que destruyó la gran biblioteca en el año 47

a.C., cuando Julio César asedió la capital egipcia para apoyar a Cleopatra en su reclamación al

trono, un echo confirmado por Aulo Gelio.

 

Hubo en esta ciudad dos bibliotecas de valor incalculables, y según los testimonios verídicos de

antiguos datos, unos setecientos mil volúmenes que habrían sido depositados allí gracias al

enorme esfuerzo de los reyes Ptolemaicos ardieron en la guerra Alejandrina, cuando la ciudad

fue saqueada en tiempos de la dictadura de César.

 

El ascenso del califato

Página 151.

La irrupción cristiana en el templo sucedió en el año 391, después de que los paganos

“mataran a muchos de los cristianos, hicieron a otros y se apoderaron del Serapeión, un

templo que destacaba por su belleza y amplitud y que estaba asentado en un promontorio” lo

cual desencadenó un brutal asalto al Serapeión por parte de soldados romanos y una turba

cristiana.

 

Para sobrevivir, las bibliotecas antiguas requerían de un cuantioso patrocinio económico: el

papiro se deteriora con facilidad, sufre daños a causa de la polilla y los ratones y, en una época

en la que la luz artificial dependía de las lámparas de aceite, se hallaba en peligro constante de

incendio. La minuciosa labor de copiado de los volúmenes requería un nutrido personal de

escribas muy costoso de mantener, a lo que cabe añadir el elevado precio de los soportes de

escritura.

 

En época abasí, Bagdad se convirtió en un centro de traducción de obras clásicas al árabe, de la

mano de cristianos nestorianos como Hunayn iba Ishàq (ob. 873) -que aprendió griego en

Alejandría- o Teodoro Abucara (ob. 901) y buena parte de los libros traducidos procedía de bibliotecas alejandrinas.

 

304

en occidente, los ejércitos de campaña de los Estados sucesores estarían formados por unos pocos millares de hombres, con cinco mil o seis mil guerreros el máximo aproximado, aunque en Germanía, Escandinavia y Britania difícilmente pudieran exceder el par de millares

En relación con la Edad Media Plena, caracterizada por un notable desarrollo demográfico iniciado en el siglo XI, Francisco García Fitz describe de este modo el consenso académico: <<La imagen general de las fuerzas armadas medievales que actualmente resulta predominante es la de pequeños contingentes formados por centenares de guerreros o tal vez, en ocasiones, por unos cuantos miles. Un ejército de diez o quince mil hombres se considera de todo punto excepcional y pocos historiadores estarían dispuestos a admitir que en alguna ocasión ese número fuera realmente alcanzado por una hueste durante una batalla>>

 

 

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Parapetos hechos de piedra, ramas e incluso bestias de carga. Procopio  menciona esta práctica ya en el siglo VI, cuando describe a los moros formando un círculo defensivo con los camellos, 

 

 

 

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Redactada hacia finales del siglo IV, la obra de Flavio Vegecio intenta condensar la tradición militar romana y ejerció una enorme influencia en el arte de la guerra medieval. Es en el Libro III donde resume los principios de su filosofía:

Una confrontación abierta se dirime en dos o tres horas de lucha, tras lo cual se esfuman todas las esperanzas del bando vencido. Por ese motivo se deben barajar todas las posibilidades, se debe intentar cualquier plan, se debe hacer cualquier cosa antes de llegar a ese recurso extremo.

Vegecio considera preferible «doblegar al enemigo mediante el hambre, las incursiones por sorpresa y el terror, que en una batalla donde el azar tiende a influir más que el coraje» porque en la guerra —una sola es el arma más importante: que tú tengas alimento suficiente, y que a los enemigos les abata la indigencia. La estrategia vegeciana se basa, por tanto, en la logística y refleja la escasa productividad de la agricultura de las sociedades premodernas, las dificultades para el acopio y el transporte de provisiones y los patrones estacionales tanto de las cosechas como del forraje silvestre disponible para los caballos. En consecuencia, las operaciones militares han de realizarse en territorio enemigo y abastecerse sobre el terreno, para, además, mermar los recursos del adversario.

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lanzaron un grito guerrero, que se va elevando paulatinamente y recibe el nombre de barritus, con lo cual colaboraron  ánimos para mayores esfuerzos . En cuanto a los bárbaros, alaban a voces a sus mayores y, expresándose cada uno en  su propia lengua , se lanzaron al combate contra la infantería  ligera. Después de una descarga cruzada de jabalinas y otros  proyectiles a corta distancia , llegaron frente a frente con duras amenazas , se produjo el choque entre ambos bandos y combatieron hombro con los escudos bien trabados en testudo [...]

El combate iba, pues cobrándose cada vez más bajas . Todos  corrían hacia los que veían apiñados frente a ellos y encontraban la muerte a causa de las armas y las espadas que, como  una tormenta, caían sin cesar. Los soldados de caballería perseguían a los que intentaban huir y, con fuerte brazo, les cortaban la cabeza de un tajo o les herían por la espalda. Por su parte, los soldados de infantería remataban a los habían  caído y no podían moverse porque el miedo les atenazaba.

 

EL EJÉRCITO MUSULMÁN 

 

 (..............................................). La historiografía tradicional ha tendido a atribuir unos modos de lucha característicos a los distintos pue-blos, que mantendrían uniformes a lo largo de los siglos, siguiendo un pensamiento esencialista en torno a un  «carácter nacional» inmutable  y que se plasmó en el modo de hacer la

guerra. 

 

 

316

 

 

Por último, el emperador León VI condensa la filosofía militar bizantina de su tiempo en el Libro XX de su Taktika:

Es bueno dañar al enemigo mediante el engaño o las incursiones, o por el hambre; y seguir

dañándole por largo tiempo mediante ataques frecuentes y otras acciones. Pero no le desafíes a una batalla a campo abierto. Porque, en gran medida, la suerte representa un

papel más importante que el valor demostrado.⁴⁸

Los Estados tardoantiguos poseían unas estructuras políticas extremadamente débiles y

una severa derrota, en un enfrentamiento donde concentraban todos los recursos militares,

amenazaba su propia existencia. A las dificultades de reunir un nuevo ejército, a causa de la

precaria demografía, se sumaba el hecho de que las labores militares recaían, la mayoría

de las veces, sobre una reducida élite social, ya fuera una aristocracia protofeudal o un

ejército profesional como el romano. Dado que las grandes batallas se caracterizaban por una enorme desproporción de bajas entre vencedor y vencido, una derrota constituía un enorme desastre que amenazaba a las ciudades y comarcas de un amplio territorio, las cuales se veían forzadas a capitular.

 

317

 

Bélicos del periodo clásico. Para Victor Davis Hanson, el combate cara a cara entre falanges, empleado por los griegos para resolver las disputas entre ciudades-Estado, estaba concebido para limitar el alcance y la duración de los conflictos y la disrupción económica que causaban. El choque entre hoplitas constituía una lucha entre pequeños terratenientes que, de mutuo acuerdo, deseaban poner límites a los estragos de la guerra. Una vez

convertida en potencia, Roma también aplicó una filosofía disuasoria. La búsqueda de batallas a campo abierto, donde la mayor disciplina, la superioridad táctica y la mejor

organización durante la República y el Alto Imperio, salvo contra pueblos que habitaban en territorios boscosos, le permitió imponerse a Cartago.

Incluso Clausewitz, en su primer libro, reconoce que:

[…] desde el principio, el factor absoluto, el llamado matemático, no cuenta con ninguna base segura en los cálculos del arte de la guerra. De entrada, nos hallamos ante un juego de posibilidades y de probabilidades, de buena y de mala suerte, que hace acto de presencia en

todos los hilos, grandes o pequeños, de su trama y es el responsable de que, de todas las

ramas de la actividad humana, sea la guerra la que más se

 

 

324

 

Un pasaje del Cantar de Valtario, poema épico protagonizado por un noble visigodo del reino de Tolosa, redactado en el siglo X:

Acaba de ponerse en marcha y lo sigue todo el ejército, Después de haber estudiado a conciencia el teatro de la batalla, dispuso ordenadamente sus tropas sobre una dilatada planicie.

Ya se encuentran unos y otros a la distancia de un tiro de venablo, preparados para el combate. Surge entonces de todas partes un inmenso clamor que el viento difunde, y se mezcla con él la voz horrísona de las trompetas, y las lanzas vuelan de aquí a allá oscureciendo el cielo. El dardo de fresno y el de madera de cerezo se confunden en uno y brillan sus puntas en el aire como si fueran rayos. Con la misma densidad con que la nieve cae cuando sopla el cierzo, así descienden las crueles flechas sobre uno y otro bando. Después, al agotarse las armas arrojadizas, empuñan todos las espadas, desenvainando las fulmínelas hojas y embrazando los escudos. Chocan, en fin, las filas y se renuevan la batalla. Quiébranse pechos contra pechos de caballos en el encuentro y muchos combatientes sucumben en el duro topar de los escudos. Valtario, por su parte, derrocha furia en medio de sus líneas, segando la vida de quien le sale al paso y abriéndose camino con a espada. Los enemigos, al verlo sembrar tanta matanza, estaban aterrorizados, como si en él se hubiese materializado la propia muerte, y adónde quiera que se dirigía, ya sea a la derecha, ya sea a la izquierda, huían todos de él a rienda suelta, con los escudos a la espalda.

Entonces, imitando a su caudillo, el imponente ejército de Panonia ataca con fiereza e incrementa la mortandad a fuerza de

coraje, abatiendo a cuantos oponen resistencia y aniquilando

a los fugitivos, hasta obtener el triunfo completo en la batalla.

Acto seguido, se arrojan sobre los cadáveres y los despojan por

entero. Finalmente Valtario hace sonar su cóncavo cuerno para

reunir a sus hombres y es el primero en coronarse la frente con

la festiva fronda, ciñiéndose las sienes en presencia de todos

con el victorioso laurel, tras él lo hacen los portaestandares y,

después de ellos el resto de combatientes.

 

325

 

Figura 81:Hallado en Italia, el plato de Isolda Rizza del siglo VI o principios del VII muestra

en kontophoros bizantino armado con una lanza tipo contus, una armadura laminar y un

yelmo por secciones spangenhelm. El formidable aspecto de un jinete acorazado visigodo

se describe en El Cantar de Valtario ( v. 333-340): &lt;En cuanto a él, se reviste de la loriga

como un coloso, se coloca sobre la cabeza el yelmo de rojo penacho y se ajusta las grebas

a las potentes piernas. Después se ciñe una espada de doble filo al costado izquierdo y,

según es costumbre en Panonia, otra al derecho, pero está que no hiera al contrario más

 

que por una parte, Entonces, empuñando la lanza con la diestra y embrazando el escudo

con la siniestra, se apresura a salir de aquella odiosa tierra&gt;.

La que narró Amiano para la batalla de Ad Saelices, que enfrentó en 377 a los ejércitos

romano y terovingio.

Así pues, los miembros de los dos ejércitos contendientes,

después de avanzar con gran cautela, se detuvieron mirándo-

sé fijamente a los ojos con similar fiereza. Todos los romanos

 

 

 327

Espada, hambre y cautiverio

lanzaron un grito guerrero, que se va elevando paulatinamente y recibe el nombre de barritus,

con lo cual cobraron ánimos para mayores esfuerzos. En cuanto a los bárbaros, alababan a

voces a sus mayores y, expresándose cada uno en su propia lengua, se lanzaron al combate

contra la infantería ligera. Después de una descarga cruzada de jabalinas y otros proyectiles a

corta distancia, llegaron frente a frente con duras amenazas, se produjo el choque entre

ambos bandos y combatieron hombro con hombro con los escudos bien trabados en testudo

[...]

El combate iba, pues, cobrándose cada vez más bajas. Todos corrían hacia los que veían

apiñados frente a ellos y encontraban la muerte a causa de las armas y las espadas que, como

una tormenta, caían sin cesar. Los soldados de caballería perseguían a los que intentaban huir

y, con fuerte brazo, les cortaban la cabeza de un tajo o les herían por la espalda. Por su parte,

los soldados de infantería remataban a los que habían caído y no podían moverse porque el

miedo les atenazaba.

 

El EJÉRCITO MUSULMÁN

La historiografía tradicional ha tendido a atribuir unos modos de lucha característicos a los

distintos pueblos, que mantendrían uniformes a lo largo de los siglos, siguiendo un

pensamiento esencialista en torno a un «carácter nacional» inmutable y que se plasmó en el

modo de hacer la guerra.

Para Ibn Jaldún, solo existen dos modos de combatir: el choque formando filas y el ataque por

cargas y retiradas sucesivas, llamado karr wa farr por los árabes y tornafuye por los cristianos

peninsulares. En su al-Muqaddima, este sociólogo considera este último recurso propio de los

beduinos y los nómadas bereberes, quienes creaban una fortificación con piedras y animales

de carga para poder hostigar al enemigo y después refugiarse en su interior.