domingo, 1 de noviembre de 2026

Planeta antiguo

4.500 millones de años a. C.


4.500 millones de años a. C.


1000 millones de años a. C.


720 millones de años a. C.


600-66 millones de años a. C.


500 millones de años a. C.


500 millones de años a. C., el Cámbrico


500 millones de años a. C.



445 millones de años a. C.


430 millones de años a. C.


400 millones de años a. C.


298'9 millones de años a. C., el Pérmico


252 millones de años a. C.



252 millones de años a. C.


230 millones de años a. C.


200 millones de años a. C.


66 millones de años a. C.


66 millones de años a. C.


65 millones de años a. C.



60 millones de años a. C.


60 millones de años a. C.


50 millones de años a. C., Eoceno temprano


5'5 millones de años a. C.

3.000.000 millones de años a. C.


2.000.000-200.000 a. C.


100.00 años a. C.


50.000 años a. C.


50.000 años a. C.


30.000 años a. C.


20.000 años a. C.


12.000 a. C.

Onomástica

Onomástica: Es la ciencia que estudia los nombres propios, el conjunto de nombres de un lugar o época, y también el día en que una persona celebra su santo.


abderraman

abdul abbas

al hakam

harun al rasid

muhammad


Onomástica árabe

Akram: Significa "el más generoso". Es un superlativo de Karim (generoso, noble). Es uno de los 99 nombres de Alá (al-Karim).

Fátima: En España este nombre suele ser una advocación de María. Significa “María de Fátima (nombre de una ciudad en Portugal)”. 

En los países musulmanes Fátima hace referencia a la hija de Mahoma que estuvo casada con Alí, el cuarto califa del islam. Significa "abstenerse (de algo)".

Yousef: Versión árabe del nombre José, mencionado en el Corán.


Onomástica euskera

Lourdes: Advocación de María. Significa “María de Lourdes ("colina con pendiente")”.


Onomástica germánica

Alicia: Es una versión de Adelaida. Significa “nobleza”.

Álvaro: Significa “guardia completa”.

Bernadette: Femenino de Bernardo. Significa "oso valiente".

Carlos: Significa “hombre”.

Gonzalo: Significa “seguro en la guerra”.

Guillermo: Significa “voluntad poderosa”.

Luis: Significa “famoso en la batalla”.

Óscar: Significa “dios de la lanza”.


Onomástica griega

Águeda: Significa “buena”.

Alejandro: Significa “hombre que defiende”.

Ángel: Significa “mensajero (de Dios)”.

Darío: Significa “poseedor de bondad”.

Estefanía: Femenino de Esteban. Significa “lo que está alrededor”.

Irene: Significa “paz”.

Sofía: Significa “sabiduría”.

 

Onomástica hebrea

Ana: Madre de María, abuela de Jesús. Significa “favor”.

Daniel: Significa “Dios es mi juez”.

Ester: Significa “estrella”.

Isaac: Hijo de Abraham, el fundador del pueblo judío. Significa "él reirá".

Isabel: Pariente de María, madre de Juan el Bautista. Significa “mi dios es un juramento”.

Jacob: Hijo de Isaac y nieto de Abraham. Es uno de los patriarcas del pueblo judío. Significa “suplantador”.

Jacobo: Es una versión de Jacob.

Jaime: Es una versión de Jacob.

José: Padre de Jesús. Significa “él hará aumentar”.

Manuel: Es uno de los nombres de Jesús. Significa “Dios está con nosotros”.

María: Nombre de la Virgen madre de Jesús. No está claro su significado original en hebrero.

María del Carmen: Advocación de María. Significa “María del Monte Carmelo (“jardín” en hebrero)”.

Miguel: Significa “¿quién es como Dios?”.

Miriam: Es una versión de María.

Nazaret: Advocación de María. Significa "María de Nazaret ("lugar de las ramas")"

Rafael: Significa “Dios sana”.

Santiago (Sant-Yago): Es una versión de Jacob.

Yago: Es una variante de Jacob.

 

Onomástica latina

Aurora:  Advocación de María. Significa “Virgen de la Aurora (el amanecer)”, una variante de la Virgen del Rocío.

Adrián: Significa “(de la ciudad) de Hadria”.

Adriana: Femenino de Adrián. Significa “(de la ciudad) de Hadria”.

Antonio: Significado desconocido.

Clara: Significa “clara, brillante”.

Emilia: Femenino de Emilio. Significa "rival".

Gloria: Advocación de María. Significa “Virgen de la Gloria”.

Julia: Femenino de Julio. Significa “de barba peluda”.

Laura: Significa “laurel”.

Lucía: Femenino de Lucio (Lucius). Significa “luz”.

Marina: Femenino de Marino. Significa “(el dios) Marte”.

Martina: Femenino de Martín. Significa “(el dios) Marte”.

Mar: Advocación de María. Significa “Nuestra Señora del Mar”.

Natalia: Significa “día de Navidad (del Nacimiento del Señor)”.

Pablo: Significa “humilde”.

Paloma (Virgen de la Paloma): Advocación de María.

Valle: Advocación de María. Significa “Virgen del Valle”.

 



sábado, 17 de octubre de 2026

viernes, 16 de octubre de 2026

jueves, 15 de octubre de 2026

Trenes nuevos sobre vías viejas

https://www.publico.es/opinion/columnas/trenes-nuevos-sobre-vias-viejas.html

TRENES NUEVOS SOBRE VÍAS VIEJAS

Pablo Batalla, 29 de octubre de 2026, publico.es

 

A finales del siglo XIX, las grandes ciudades empezaron a ahogarse literalmente en mierda. La revolución industrial las había hecho crecer vertiginosamente, en extensión y en población, y también se multiplicaban los desplazamientos: proletarios que se movían cada día de casa a la fábrica y de la fábrica a casa, burgueses que bajaban desde sus mansiones al teatro o a hacer compras, los primeros turistas, mercancías cotidianas que había que suministrar (carbón, hielo, leche, pan, cerveza…), ambulancias, los propios materiales de construcción del engorde de esas urbes… Se transportaba más, y había que aprestar más medios de transporte. Pero la tecnología, aunque avanzaba deprisa, corría menos que esas necesidades. Y los medios de transporte, durante unos años, eran los de siempre, los de antes, los que habían sostenido el trajín de un mundo mucho más quieto: carruajes y tranvías "de sangre", tirados por caballos o mulas. En Nueva York, con más de cien mil caballos tirando de un inmenso parque de ómnibus, tranvías y carros, y cada uno dejando en la calle entre siete y quince kilos de excrementos al día, se llegó a temer que los nuevos rascacielos de Manhattan acabaran siendo de estiércol. Cada animal depositaba al día en la calle entre siete y quince kilos de excrementos.

En Londres, donde el hediondo problema tenía un volumen similar, circulaban profecías de que, para mediados del siglo XX, la ciudad quedaría enterrada bajo metros y metros de boñiga. Que sería no solo animal, sino también humana: tampoco daban ya abasto las viejas cloacas, repletas de los excrementos que vertían en ellas los modernos retretes con cisterna. Hizo falta que el olor entrara por las ventanas del Parlamento para que se encargara a Joseph Bazalgette la red de colectores que funciona todavía hoy —que ahora, calculada para unos cuatro millones de personas, vuelve a rebosar cada vez que llueve con fuerza sobre una ciudad de nueve—.

Con aquella desconexión entre la capacidad de la infraestructura y la intensidad de su uso se multiplicaron también los accidentes. Los ómnibus chocaban unos con otros; los carruajes atropellaban al personal. Y la infraestructura insuficiente que generaba o facilitaba los siniestros podía ser tanto material como inmaterial; lo peligrosamente obsoleto podía ser la ley. El caso de manual es el Titanic. Las normas que fijaban cuántos botes salvavidas debía llevar un barco databan de 1894 y se calculaban según el tonelaje, con un tope pensado para buques de algo más de diez mil toneladas. El Titanic superaba las 46.000 y llevaba veinte botes —más de los exigidos—, con plazas para menos de 1.200 personas de las más de 2.200 que iban a bordo. Pero la ley la cumplía. El problema era que la ley era de otra época; que legislaba sobre barcos que nunca se imaginó que pudieran ser tan grandes. Y que por más que, en el optimismo tecnológico de la época, se anunciasen como insumergibles, seguían pudiendo chocar con los icebergs.

Sucedía, además, que los trenes, también ellos multiplicados y acelerados, dependían de la atención de pocos y desbordados guardavías; y entonces pasaban cosas como el accidente de Quintinshill, el 22 de mayo de 1915: un tren militar cargado de soldados que chocó contra uno de viajeros que se había apartado sobre la vía principal, tras lo cual otro expreso se empotró contra los restos, en el peor accidente ferroviario de la historia británica. La guerra había disparado el tráfico de una línea cuyos agobiados guardavías, entre la rutina, la prisa y los papeles atrasados, se olvidaron de que tenían un tren parado delante de la caseta. El precio fue la siega de más de doscientas vidas.

Lo que les ocurre hoy a los trenes españoles, en plena nueva revolución industrial, tiene algo de todos estos casos. La línea Madrid-Sevilla se inauguró en 1992, con la tecnología alemana disponible entonces, para un único operador, un puñado de trenes diarios y un país que quería lucirse en el año de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo. Desde la liberalización, por esas mismas vías circulan, junto a Renfe, Iryo y Ouigo, con más trenes y más viajeros que nunca: trabajadores que, como aquellos proletarios, van y vienen cada día y desde cada vez más lejos, a medida que la gentrificación los expulsa de las ciudades; y también una legión creciente de turistas. Un tráfago que gestionan sistemas de señalización de generaciones distintas, obligados a convivir en la misma red, y, por encima de todo ello, una capa de complejidad informática y logística que necesita gente para gobernarla justo cuando todo se ha encarecido tanto que cada plaza nueva de maquinista, controlador o técnico parece un lujo.

Un sistema así es eficiente mientras todo va bien, y frágil en cuanto falla. Basta una avería para que la seguridad deje de descansar en los automatismos y pase a depender del telefonazo, la orden verbal y el operario que tiene ocho trenes detenidos. Y para que se abra la puerta a una tragedia: un Quintinshill nuevo, cuya culpa será un asunto complejo y repartido: no hay que eximir de ella al trabajador que cometió un error; tampoco a quienes han dejado envejecer el sistema en el que se equivocó; tendrá que haber juicios, condenas y dimisiones. Pero todo ello tiene que convivir con la incómoda certeza de que, en una época de transiciones vertiginosas, esos accidentes seguirán produciéndose como el precio terrible de otras cosas: la turistificación, la digitalización, la gentrificación, la velocidad. Y eso es lo que hay que debatir.


miércoles, 30 de septiembre de 2026

martes, 29 de septiembre de 2026