lunes, 7 de septiembre de 2026

De agricultura Catón el viejo

 trato a los esclavos 


https://abemus-incena.blogspot.com/2020/08/la-comida-de-los-esclavos-en-de-agri.html


https://llatibi.wordpress.com/2015/12/24/caton-el-viejo-de-agri-cultura-1-2/


https://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Cato/De_Agricultura/B*.html


https://leyderecho.org/trato-a-los-esclavos-en-roma/comment-page-1/

https://www.google.com/search?q=venta+de+esclavos+segun+Caton&oq=venta+de+esclavos+segun+Caton&gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyBggAEEUYOTIHCAEQIRigATIHCAIQIRigAdIBCDY4NDdqMGo5qAIAsAIB&sourceid=chrome&source=chrome.ob&ie=UTF-8&safe=active&ssui=on


Para Marco Porcio Catón (conocido como Catón el Viejo), la venta de esclavos era un asunto puramente económico y de eficiencia financiera en la gestión agrícola. En su tratado De Agri Cultura (Sobre la Agricultura), escrito en el siglo II a.C., establece directrices muy estrictas sobre cuándo y cómo un terrateniente debe deshacerse de sus siervos. [1, 2]
Para Catón, el esclavo no era más que una herramienta de trabajo intercambiable o un "animal de carga". Su filosofía se resumía en su famosa máxima: "El propietario debe ser un hombre propenso a vender, no a comprar". [1, 2]

📋 Los criterios de venta según Catón
En el capítulo 2 de De Agri Cultura, Catón instruye específicamente al administrador de la finca (vilicus) sobre los excedentes o bienes depreciados que el dueño debe sacar a subasta pública: [1, 2]
  • Venta de esclavos viejos: Consideraba que mantener a un esclavo que ya no podía rendir al máximo por su avanzada edad era un gasto inútil ("bocas inútiles que alimentar"). Por lo tanto, debían venderse para ahorrar los costes de manutención. [1, 2]
  • Venta de esclavos enfermos o debilitados: Al igual que con los ancianos, Catón aconsejaba vender a los esclavos enfermizos (servum morbosum). Si un esclavo enfermaba y se quedaba en la finca, Catón ordenaba reducirle drásticamente las raciones de comida para no desperdiciar recursos que debían ir a los trabajadores sanos. [1, 2, 3]
  • Equiparación con el ganado y deshechos: En sus textos, Catón enumera la venta de esclavos en la misma frase y bajo la misma categoría que las herramientas viejas o los animales defectuosos:
"Debe vender los bueyes viejos, el ganado defectuoso, las ovejas enfermas, la lana, las pieles, el carro viejo, el hierro viejo, al esclavo viejo, al esclavo enfermizo, y cualquier otra cosa que sobre". [1]
💰 El negocio de la compra, adiestramiento y reventa
Además de purgar las fincas de mano de obra ineficiente, Plutarco (en su biografía sobre el político romano) documenta que Catón veía en los esclavos un negocio redondo de especulación y formación: [1]
  1. Compra de jóvenes: Solía comprar prisioneros de guerra muy jóvenes a bajo precio, ya que eran más fáciles de moldear y adiestrar.
  2. Capacitación: Los entrenaba en labores agrícolas o funciones muy específicas.
  3. Reventa: Una vez especializados, los vendía a un precio considerablemente mayor en el mercado. Incluso permitía que sus propios esclavos de confianza hicieran este negocio de compra-venta usando su propio dinero (peculium) para generar comisiones. [1, 2, 3]

⚖️ Críticas en la Antigüedad
Aunque para los romanos de su época la severidad de Catón era vista como una muestra de la rectitud y la sobriedad de las antiguas tradiciones romanas (mos maiorum), historiadores posteriores como Plutarco la condenaron con dureza. Plutarco escribió que deshacerse de los esclavos ancianos después de haber exprimido su vida laboral era el reflejo de un carácter profundamente cruel y mezquino, recordando que los seres vivos merecen un trato humanitario que va más allá de las leyes económicas. [1, 2, 3, 4]
Si te interesa profundizar en el tema, indícame si te gustaría:
  • Conocer más detalles sobre la alimentación y vida diaria de los esclavos en el manual de Catón.
  • Analizar cómo cambió la legislación romana respecto a los esclavos ancianos en la época del Imperio.

De correctione rusticorum por San Martín de Dumio o San Martín de Braga

 https://presentpast.hypotheses.org/1096

Textos paganos contra los cristianos

 https://textoshistoriadelaiglesia.blogspot.com/2009/07/reaccion-intelectual-contra-el.html

La corte de Atila (c. 450)

 

La corte de Atila (c. 450)

Cuando volvimos a nuestra tienda, el padre de Orestes vino con una invitación de Atila para nosotros dos, a un banquete a las tres en punto. Cuando llegó la hora, fuimos al palacio, junto con la embajada de los romanos occidentales, y nos paramos en el umbral del salón, en presencia de Atila. Los escanciadores nos dieron una copa, de acuerdo con la costumbre nacional, que debíamos libar antes de sentarnos. Habiendo probado la copa, procedimos a tomar nuestros asientos; todas las sillas estaban alineadas a lo largo de las paredes del salón en ambos lados. Atila se sentaba en el medio, sobre un sillón; un segundo sillón estaba ubicado detrás de él, y desde él, unos pasos llevaban a su cama, la cual estaba cubierta con sábanas de lino y cobertores bordados como adorno, tal como griegos y romanos suelen decorar los lechos de las novias. Los lugares a la derecha de Atila eran primeros en honor, los de la izquierda, donde nosotros nos sentábamos, eran solo segundos. Berijo, un noble entre los escitas, se sentaba a nuestro lado, pero estaba antes que nosotros. Onegesio se sentó en una silla a la derecha del diván de Atila, y al otro lado, frente a Onegesio, en la silla se sentaron dos de los hijos de Atila; su hijo mayor se sentaba en su diván, no cerca de él, pero en el rincón final, con sus ojos fijos en el suelo, en tímido respeto hacia su padre. Cuando todos estuvieron acomodados, un copero vino y dio a Atila una copa de madera con vino. Él la tomó, y saludó a los primeros en precedencia quienes, honrados por el saludo, se pararon y no se sentarían hasta que el rey, habiendo probado o escurrido el vino, devolviera la copa al sirviente. Entonces todos los invitados honraron a Atila en la misma forma, saludándolo, y probando sus copas; pero él no se paró. Cada uno de nosotros tenía un copero especial, que vendría para presentar el vino cuando el copero de Atila se hubiera retirado. Cuando el segundo en precedencia y aquéllos junto a él habían sido honrados de la misma manera, Atila brindó con nosotros del mismo modo, de acuerdo al orden de los asientos. Cuando esta ceremonia terminó, los escanciadores se retiraron, y se ubicaron mesas, lo suficientemente largas para tres o cuatro comensales, o quizás más, junto a la mesa de Atila, para que cada uno pudiera sacar la comida en los platos, sin pararse de su asiento. El sirviente de Atila primero entró con un plato lleno de carne, y detrás de él venían otros sirvientes con pan y viandas, las cuales pusieron sobre las mesas. Una comida lujosa, servida en vajilla de plata, había sido preparada para nosotros y para los invitados bárbaros, pero Atila no comió otra cosa que carne en un plato de madera. En todo lo demás, también, se mostró moderado; su copa era de madera, mientras que a los invitados les habían sido dadas copas de oro y plata. Su vestido también era bastante simple, mostrando sólo estar limpio. La espada que llevaba a su lado, los cordones de sus zapatos escitas, la brida de su caballo, no estaban adornados, como los de los otros escitas, con oro o gemas o cualquier cosa onerosa. Cuando las viandas del primer plato habían sido consumidas, todos nos pusimos de pie, y no volvimos a nuestros asientos hasta que cada uno, en el orden antes observado, bebió a la salud de Atila en la copa de vino presentada a él. Entonces nos sentamos, y un segundo plato fue puesto en cada mesa con comestibles de otro tipo. Después de este plato, la misma ceremonia fue observada como después de la primera. Al caer la tarde, se encendieron antorchas, y dos bárbaros dirigiéndose a Atila, cantaron canciones que ellos habían compuesto, celebrando sus victorias y hazañas de valor en la guerra. Y de los invitados, mientras miraban a los cantantes, algunos disfrutaban de los versos, otros, acordándose de las guerras, se excitaron en sus espíritus, mientras que aun otros, cuyos cuerpos eran débiles por la edad y sus almas compelidas al descanso, derramaban lágrimas. Tras las canciones, un escita, cuya mente estaba trastornada, apareció, y pronunciando palabras extranjeras y sin sentido, obligó a todos a reírse. Después de él, Zerkon, el enano morisco, entró. Él había sido enviado por Atila como un regalo a Ezio, y Edecon lo había persuadido de volver a Atila a recuperar a su esposa, a quien había dejado atrás en Escitia; la dama era una escita a quien él había obtenido en matrimonio a través de la influencia de su patrón, Bleda. No tuvo éxito en recuperarla, pues Atila estaba enojado con él por haber vuelto. En ocasión del banquete él hizo su aparición, y arrojó a todos, excepto a Atila, en una risa insaciable, por su apariencia, su vestido, su voz, y sus palabras, que eran una confusa mezcla de latín, huno y gótico. Atila, en todo caso, permaneció inmóvil y con inalterado semblante; no por palabra, no por acto, dejó escapar nada parecido a una sonrisa de felicidad, excepto cuando entró Ernas, su hijo menor, a quien tiró de la mejilla, y observó con una tranquila mirada de satisfacción. Me sorprendió que atendiera tanto a este hijo e ignorara a sus otros niños, pero un bárbaro sentado junto a mí y que sabía latín, pidiéndome que no revelara lo que decía, me dio a entender que los profetas habían advertido a Atila que su raza caería, pero que sería restaurada por este niño. Cuando la noche había avanzado, nos retiramos del banquete, sin desear quedarnos más en las celebraciones.

 

Priscos, Fragm. 8 en Excerpta de Legationibus

Selección de fuentes para el estudio de la sociedad medieval 1

Roma 

Comentarios de la guerra de las Galias, Cayo Julio César

Edicto de Milán (313)

Edicto de Tesalónica, 28 de febrero del 380

El cesaropapismo constantiniano

Ley de «hospitalidad» de Arcadio y Honorio (398)

Condenación de Prisciliano

El ejército romano a fines del siglo IV


Los germanos según un historiador del siglo i a.c 

Reyes y jefes

Sus asambleas

Sus conceptos sobre la guerra

Costumbres de los germanos en el siglo I

Las cofradías de los germanos antes de las invasiones

Los bárbaros como libertadores

La corte de Atila (c. 450)


Los pueblos invasores de la primera oleada 

Suevos, vándalos y alanos sobre España

La ferocidad de los hunos


Caída del imperio Romano y la transformación del contexto europeo

El cruce del Rhin en el 406

Consideraciones de San Agustín sobre el saqueo de Roma por Alarico (410)

La batalla de los Campos Catalúnicos

La opinión de Ataúlfo sobre Roma en el año 414

Teodorico, rey de los ostrogodos

Retrato de Teodorico por Procopio

Anglos, jutos y sajones en Gran Bretaña

Etelberto de Kent y la figura del «bretwalda», rey de reyes de los anglo-sajones

Offa, rey de Mercia

La trasformación del contexto europeo

Condenación de Prisciliano

 Condenación de Prisciliano

Los capítulos propuestos contra la herejía de Prisciliano (...) contienen lo siguiente:

Si alguno, además de la Santa Trinidad, introduce otros no sé qué nombres de la Divinidad, diciendo que en la misma divinidad hay la Trinidad de la Trinidad, como afirmaron los gnósticos y Prisciliano, sea anatema.

Si alguno no venera verdaderamente la natividad de Cristo según la carne, sino que finge honrarla ayunando en aquel día y en domingo, porque no cree que Cristo nació con verdadera naturaleza de hombre, como afirmaron Cedón, Marción, Maniqueo y Prisciliano, sea anatema.

Si alguno dice que las almas humanas pecaron primeramente en las moradas celestiales, y que por eso fueron arrojadas a la tierra en cuerpos humanos, como afirmó Prisciliano, sea anatema.

Si alguno cree que el diablo ha hecho en el mundo algunas criaturas y que él de propia autoridad produce los truenos, relámpagos, tempestades y sequías, como afirmó Prisciliano, sea anatema.

Si alguno cree que los doce signos siderales, que suelen ser observados por los astrónomos, están dispuestos por cada uno de los miembros del alma o del cuerpo, y que se les aplican los nombres de los Patriarcas, como lo afirmó Prisciliano, sea anatema.

Si algún clérigo o monje tiene en su compañía algunas otras mujeres como adoptivas, que no sean la madre, hermana, o tía, u otras unidas a él con parentesco próximo y convive con ellas, como enseñó la secta de Prisciliano, sea anatema.

Si alguno condena los matrimonios humanos, y aborrece la procreación de los que van a nacer, como afirmaron Maniqueo y Prisciliano, sea anatema.

 

Disposiciones acordadas en el Concilio I de Braga

El cesaropapismo constantiniano

 El cesaropapismo constantiniano

 

De qué modo intervino en los sínodos de los obispos.

Y de un modo general se presentó como tal ante todos. Estando sobre todo al cuidado de la iglesia de Dios al producirse en distintas provincias disensiones entre sí, él como el común obispo de todos, constituido por Dios, reunió los concilios de los ministros de Dios. Y no consideró indigno estar presente en ellos y sentarse en medio de sus reuniones sino que participaba en sus problemas preocupándose de todo lo que perteneciera a la paz de Dios. Es más, se sentaba en medio como uno de muchos haciendo apartar a sus guardias y a su escolta y protegido sólo por el temor de Dios y rodeado por la benevolencia de sus amigos fieles. Por lo demás estaba sobre todo de acuerdo con quienes veía que aceptaban las opiniones más justas y a quienes veía propensos a la paz y concordia indicando claramente que se complacía en ellos. Pero, por el contrario, estaba en contra de los obstinados y de los rebeldes.

 

E. PAMPHILI, VIta Constantini, P. L., VIII.

 

 

Proclama carlista

 

[…] El rey nuestro señor Don Carlos V, a quien he visto en mi peregrinación […] que correspondiendo a los esfuerzos que dichas clases hagan en defensa de su soberanía e indudables derechos, que tampoco pueden ya ignorarse, promete guardar los antiguos privilegios a este principado, respetar y mantener en estado floreciente la santa religión de nuestros progenitores, proteger el comercio, fomentar la industria, reparar los daños de los ramos del estado, y finalmente no escasaremos sus benéficas miras a los hombres que se hiciesen dignos de alcanzarlas.

 

Proclama carlista de Pandolit y de Tarragona (1834)

Textos históricos del final del imperio romano

 

El cruce del Rhin en el 406

El pequeño número de los que sobrevivimos fue gracias no a nuestros méritos, sino a la misericordia del Señor. Pueblos innumerables y feroces han ocupado el conjunto de las Galias. Todo el país que se extiende entre los Alpes y los Pirineos, el que limita con el Océano y el Rhin, ha sido devastado por quados, vándalos, sármatas, alanos, gépidos, hérulos, sajones, burgundios, alamanos y -terrible desgracia- los panonios se han convertido en enemigos, pues Assur ha llegado con ellos [Salmo, 82,9]. Maguncia, en otro tiempo ilustre, ha sido tomada y saqueada. En su iglesia, millares de hombres han sido masacrados. Worms ha sido reducida después de un largo asedio. Las prepotentes urbes de Reims, Amiens, Arras, Tournai, Spira y Strasburgo han sido trasladadas a Germania. Las provincias de Aquitania, Novempopulania, Lugdunense y Narbonense, salvo un pequeño número de ciudad, han sido completamente saqueadas. Las ciudades han quedado despobladas por la espada y el hambre. No puedo recordar sin lágrimas a Tolosa, cuya ruina solo ha sido impedida por el mérito de su santo obispo Exuperio. Hispania misma, tiembla recordando la irrupción de los cimbrios (...)

 

SAN JERÓNIMO, Carta a Geruchia.

 

Consideraciones de San Agustín sobre el saqueo de Roma por Alarico (410)

 

De esta manera [refugiándose en las iglesias de Roma] salvaron sus vidas muchos de los que ahora infaman y murmuran de los tiempos cristianos, culpando a Cristo de los trabajos y penalidades que Roma sufrió y no atribuyen a este gran Dios el enorme beneficio de haber visto sus vidas a salvo por el respeto que infunde su santo nombre. Por el contrario cada cual hace depender este feliz suceso de la influencia del hado, cuando, si lo reflexionasen, deberían atribuir las molestias y penalidades que sufrieron por la mano vengadora de sus enemigos a los arcanos y sabias disposiciones de la providencia divina, que acostumbra a corregir y aniquilar con los funestos efectos que presagia una guerra cruel, los vicios y las costumbres corruptas de los hombres (...)

Deberían también los vanos impugnadores atribuir a los tiempos en que florecía el dogma católico, la gracia de haberles hecho merced de sus vidas los bárbaros, en contra de los que es usual en las guerras, sin más respeto que por iniciar su sumisión y reverencia a Jesucristo, otorgándoles este favor en todos los lugares, y particularmente si se refugiaban en los templos.

 

SAN AGUSTÍN, De civitate Dei, Libri XXII, p. 14-15, París, 1613.

 

Los bárbaros como libertadores

Van a buscar sin duda entre los Bárbaros la humanidad de los Romanos porque no pueden soportar más entre romanos una inhumanidad propia de Bárbaros. Son diferentes de los pueblos en los que se refugian. No tienen ni sus costumbres, ni su lengua ni, si se me permite decirlo, el fétido olor de los cuerpos y vestiduras bárbaros. Prefieren sin embargo plegarse a esta diversidad de costumbres antes que sufrir injusticia y crueldades entre los romanos. Emigran, pues hacia los Godos o hacia los Bagaudas, o hacia los otros Bárbaros, que dominan por todas partes, y nunca se arrepienten de este exilio. Porque prefieren vivir libres bajo apariencia de esclavitud, mejor que ser esclavos bajo un aspecto de libertad. Sólo hay un deseo común entre los romanos: no verse nunca obligados a volver bajo la ley romana; sólo hay una exclamación común a toda la muchedumbre romana: continuar viviendo con los bárbaros.

 

SALVIANO, De Gubernatione Dei, IV y V, M. G. H., A. A. I

 

La opinión de Ataúlfo sobre Roma en el año 414

Ataúlfo era un gran hombre, por su valor, poder e inteligencia. Su deseo más ardiente, decía a sus familiares y próximos, había sido borrar el nombre de Roma, hacer de todo el territorio romano un imperio godo, de la Romania una Gothia, convertirse en César Augusto. Pero, como sabía por experiencia, los godos no obedecían leyes, como consecuencia de su barbarie sin freno; y no se podía prescindir de las leyes, sin las cuales un Estado no puede existir. Así, al menos, había escogido hacerse famoso restaurando en su integridad y extendiendo el nombre romano gracias a la fuerza gótica, pasar a los ojos de la posteridad como restaurador de Roma, ya que no había podido destruirla. Por eso se abstenía de la guerra y aspiraba a la paz.

 

OROSIO, Historiae, VII, 43, 5-7, p. 458.

 

La batalla de los Campos Catalúnicos

De la parte romana, Teodorico y sus visigodos ocupan el ala derecha; Aecio y los romanos, el ala izquierda. Habían colocado en el centro a Sangíbano, rey de los alanos (...) En cuanto al ejército de los hunos, fue alineado en batalla en orden contrario al de los romanos: Atila se colocó en el centro con los más valientes entre los suyos (...)

Los pueblos numerosos, las naciones que habían sometido a su dominación, formaban sus alas. Entre ellos se hacía notar el ejército de los ostrogodos, mandados por Valamiro, Teodomiro y Videmiro, tres hermanos que sobrepasaban en nobleza al propio rey, a las órdenes del cual marchaban entonces, porque pertenecían a la ilustre y poderosa raza de los ámalos. También se veía allí, a la cabeza de una tropa numerosa de gépidos, a Ardarico, su rey, tan valiente y tan famoso, cuya grande fidelidad lo hacía admitir por Atila a sus consejos (...) La muchedumbre de los otros reyes y los jefes de las diversas naciones, parecidos a satélites, espiaban los menores movimientos de Atila, y en cuanto él les hacía un signo con la mirada, cada uno, en silencio, con temor y temblando, venía a colocarse delante de él, o bien ejecutaba las órdenes que de él había recibido. Sin embargo, el rey de todos los reyes, Atila, velaba sobre todos y por todos.

 

Jordanes, Histoire des Goths, p. 267-268

 

 

La entrada de los bárbaros en España

 

Los alanos,  vándalos  y suevos  entran  en las Españas  en  la  era 447,  según unos  recuerdan el día 4 de las calendas y según otros el 3 de los idus de octubre, que era la  tercera  feria,  en  el  octavo  consulado  de  Honorio  y  el  tercero  de  Teodosio,  hijo  de  Arcadio (…).

Los bárbaros que habían penetrado en las Españas, las devastan en luchas sangrientas.  Por  su  parte  la  peste  hace  estragos  no  menos  rápidos.  

Los  bárbaros  se  desparraman furiosos por las Españas, y el azote de la peste no causa menos estragos, el  tiránico exactor roba y el soldado saquea las riquezas y las vituallas escondidas en las  ciudades;  reina  un  hambre  tan  espantosa,  que  obligado  por  ella,  el  género  humano  devora carne humana, y hasta las madres matan a sus hijos y cuecen sus cuerpos para  alimentarse  con  ellos.  Las  fieras  aficionadas  a  los  cadáveres  de  los  muertos  por  la  espada,  por  el  hambre  y  por  la  peste,  destrozan  hasta  a  los  hombres  más  fuertes,  y  cebándose en sus miembros, se encarnizan cada vez más para destrucción del género  humano.  De  esta  suerte,  exacerbadas  en  todo  el  orbe  las  cuatro  plagas:  el  hierro,  el  hambre, la peste y las fieras, cúmplense las predicciones que hizo el Señor por boca de  sus Profetas.

Asoladas las provincias de España por el referido encruelecimiento de las  plagas, los bárbaros, resueltos por la misericordia del Señor a hacer la paz, se reparten a  suertes  las  regiones  de  las  provincias  para  establecerse  en  ellas:  los  vándalos  y  los  suevos  ocupan  la  Galicia,  situada  en  la  extremidad  occidental  del  mar  Océano;  los  alanos, la Lusitania y la Cartaginense, y los vándalos, llamados silingos, La Bética. Los  hispanos  que  sobrevivieron  a  las  plagas  en  las  ciudades  y  castillos  se  someten  a  la  dominación de los bárbaros que se enseñoreaban de las provincias. 

 

IDACIO, “Chronicon”, C. SÁNCHEZ ALBORNOZ y A. VIÑAS, Lecturas de

Historia de España, Madrid, 1929, p.

Las cofradías de los germanos antes de las invasiones

 

Las cofradías de los germanos antes de las invasiones

(...) Eligen algunas veces por príncipes algunos de la juventud, ya sea por su insigne nobleza, o por los grandes servicios y merecimientos de sus padres; y éstos se juntan con los más robustos, y que por su valor se han hecho conocer y estimar; y ninguno de ellos se avergüenza de ser camarada de los tales y de que se los vea entre ellos; antes hay en la compañía sus grados los cuales son discernidos, por parecer y juicio del que siguen. Los compañeros del príncipe procuran por todas las vías alcanzar el primer lugar cerca de él; y los príncipes ponen todo su cuidado en tener muchos y muy valientes compañeros; el andar siempre rodeados de una cuadrilla de mozos escogidos es su mayor dignidad y son sus fuerzas; que en la paz les sirve de honra y en la guerra de ayuda y defensa. Y el aventajarse a los demás en número y valor de los compañeros, no solamente les da nombre y gloria con su gente, sino también con las ciudades comarcanas; porque éstas procuran su amistad con embajadas, y los hombres con dones; y muchas veces basta la fama para acabar las guerras, sin que sea necesario llegar a ellas.

De manera que el príncipe pelea por la victoria y los compañeros por el príncipe. Cuando su ciudad está largo tiempo en paz y ociosidad, muchos de los mancebos nobles de ella se van a otras naciones donde saben que hay guerra, porque esta gente aborrece el reposo, y en las ocasiones de mayor peligro se hacen más fácilmente hombres esclarecidos. Y los príncipes no pueden sustentar aquél acompañamiento grande que traen sino con la fuerza y con la guerra: porque de la liberalidad de su príncipe sacan ellos, el uno un buen caballo, y el otro una framea victoriosa y teñida en la sangre enemiga. Y la comida y banquetes grandes, aunque mal ordenados, que les hacen cada día, les sirven para sueldo. Y esta liberalidad no tienen de qué hacerla sino con guerra y robos. 

Es fuerza ser enemigo de los enemigos del padre o pariente, y amigo de sus amigos.

 

P.CORNELIO TÁCITO, De las costumbres, sitio y pueblos de la Germania