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miércoles, 9 de septiembre de 2026
martes, 8 de septiembre de 2026
Poema de Gilgamesh (fragmento)
https://vamos-a-leer-tbos.over-blog.com/2023/12/la-humanidad-la-historia-de-todos-nosotros.html
https://archive.org/search?tab=all&query=Asiria
https://vamos-a-leer-tbos.over-blog.com/2023/12/la-gran-aventura-de-la-historia.vol.1-de-3.html
Poema de Gilgamesh (fragmento)
María Pilar González-Conde
El poema de Gilgamesh corresponde a un mito sumerio elaborado en torno a la figura de un personaje, Gilgamesh de Uruk, convertido en leyenda, pero cuya historicidad es objeto de debate. Su nombre aparece en la lista real sumeria, como rey de la ciudad de Uruk (ca. 2700), en un episodio de rivalidad entre Uruk y Kish, en el marco de los conflictos entre ciudades que caracterizan al período protodinástico.
El texto sumerio original se conoce por una serie de tablillas halladas en Nippur y otras ciudades de la Baja Mesopotamia. Con el tiempo, el ciclo épico en torno al personaje se complicó, añadiendo otros episodios que no estaban en el original. También entre los Asirios se copió y se completó el poema hasta época de Assurbanipal. El resultado fue una historia en la que el personaje vive diferentes episodios, algunos de ellos muy tardíos: Gilgamesh y Agga de Kish, Gilgamesh y el País de la Vida, La muerte de Humbaba (guardián del Bosque de los Cedros), Enkidu y los infiernos. El episodio del encuentro de Gilgamesh con el héroe del diluvio es un añadido posterior de un mito diferente en origen.
| (Versión de Federico Lara Peinado, El poema de Gilgamesh, Madrid, Editora Nacional, 1980, pp. 148-149.) | ||
El mito sumerio del diluvio
https://inutilesmisterios.blogspot.com/2012/10/textos-de-los-sumerios.html
El mito sumerio del diluvio
María Pilar González-Conde
El mito del diluvio universal, difundido con posterioridad a través del Antiguo Testamento (Génesis, 6-8), es en realidad un antiguo mito sumerio, conocido en su versión más antigua por una tablilla hallada en Nippur. En ella, los dioses castigan a los «cabezas negras» enviando una catástrofe natural, de la que se salva un hombre, Ziusudra, constructor de una embarcación en la que se refugiarán las diferentes especies animales. El tema está también presente en la literatura asiria, en donde el héroe es Atrahasis. El proceso de reelaboración posterior que sufren algunos mitos sumerios hace que la historia del diluvio se incorpore al poema de Gilgamesh, provocando que éste se entreviste con el superviviente de la catástrofe.
Los restos de un desastre natural han sido buscados en la baja Mesopotamia, para probar la historicidad del episodio, aunque sin resultados aparentes. Lo cierto es que el diluvio sirvió de referente temporal entre las comunidades sumerias, cuya más antigua historia dinástica se hace entroncar con él. Así por ejemplo, «... después del diluvio, la realeza bajó del cielo por segunda vez a la ciudad de Kish...»
. El mito transmite la existencia de la ciudad y de la monarquía como procesos anteriores al período en el que los sumerios sitúan el diluvio.
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| (Versión de Federico Lara Peinado (ed.), Mitos sumerios y acadios, Madrid, Editora Nacional, 1984, pp. 60-62, (Clásicos para una biblioteca contemporánea 41). |
Constitutio Antoniniana
La Constitutio Antoniniana
Pilar Rivero
Julián Pelegrín
Dadas sus consecuencias en lo referente a la integración en el Estado romano, tradicionalmente el derecho de ciudadanía había sido otorgado como un honor. Este carácter inicialmente excepcional se convirtió en un proceso de promoción jurídica generalizada bajo la dinastía Flavia. En el año 212 el denominado Edicto de Caracalla o Constitutio Antoniniana extendió la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio con la excepción de algunas gentes sobre cuya identificación los especialistas en la cuestión todavía discrepan. Asimismo continúan siendo motivo de debate las razones que motivaron tal decisión, aunque entre ellas parece destacar la posibilidad de ampliar de este modo el número de los obligados a pagar los impuestos derivados de la manumisión y los derechos de sucesión. Por todo ello, al hecho mismo de la generalización de la ciudadanía romana cabe atribuirle en ese momento más un valor simbólico que unas ventajas reales.
«El emperador César Marco Aurelio Severo Antonino Augusto declara: [...] puedo manifestar mi agradecimiento a los dioses inmortales que me protegen [...] considero, pues, que puedo [...] servir a su grandeza [...] haciendo participar conmigo en el culto de los dioses a todos los que pertenecen a mi pueblo. Por ello concedo a todos los peregrinos (?) que están sobre la tierra la ciudadanía romana [salvaguardando los derechos de las ciudades] con la excepción de los dediticios. Pues es legítimo que el mayor número no sólo esté sometido a todas las cargas, sino que también esté asociado a mi victoria. Este edicto será [...] la soberanía del pueblo romano». |
| (Edicto de Caracalla, Papiro Giesen 40, col. 1, traducción de Jaime Alvar, en Luis García Moreno et al., Historia del mundo clásico a través de sus textos, 2. Roma, Madrid, Alianza Editorial, 1999, p. 242.) | ||
Campañas de Salmanasar III
https://www.cervantesvirtual.com/portales/antigua_historia_y_arqueologia/obra-visor/campanas-de-salmanasar-iii/html/18a3850a-3399-4805-bf0a-7beec06cbca1_2.html#I_0_
Campañas de Salmanasar III
Pilar Rivero
Julián Pelegrín
Durante el reinado Salmanasar III (858-824 a. C.) y mediante campañas anuales los ejércitos asirios llegaron a controlar el valle del Éufrates hasta Babilonia, pero en los territorios occidentales no pudieron vencer a una coalición internacional formada por Damasco, Hamath e Israel, y apoyada por Egipto. La batalla de Qarqar (853 a. C.) supuso un freno a la expansión asiria ya que, a pesar de lo afirmado por la propaganda oficial -según recoge el texto seleccionado-, en los años posteriores los asirios continuaron en sus intentos por controlar esta región.
«En el año de (el epónimo) Daian-Ashur, en el mes Aiaru, el día 14, partí de Nínive. Crucé el Tigris y me aproximé a las ciudades de Giammu, junto al río Balih. Quedaron despavoridos a causa del terror que emana mi posición de señor supremo, así como a causa del esplendor de mis violentas armas, y maté a su señor Giammu con sus propias armas. Entré en las ciudades de Sahlala y Til-sa-Turahi y llevé mis dioses/imágenes a sus palacios. Abrí (su) tesoro, inspeccioné lo que había ocultado; transporté como botín sus posesiones, trasladándo(las) a mi ciudad Ashur. De Sahlala me fui y me acerqué a Kar-Salmanasar. Crucé el Éufrates otra vez durante su crecida en almadías (que flotaban por medio) de pellejos de cabra. (hinchados). En Ina-Ashur-utir-asbat, que las gentes de Hattina llaman Pitru, al otro lado del Éufrates, en el río Sagur, recibí tributo de los reyes del otro lado del Éufrates, esto es, de Sanagara de Karkemish, Kundaspi de Commagene, de Arame, hombre de Gusi, de Lalli de Melitene, de Haiani, hijo de Gabari, de Kalparuda de Hattina (y) de Kalparuda de Gurgum (que consistió en): plata, oro, estaño cobre (o bronce), recipientes de cobre. Partí de las riberas del Éufrates y me acerqué a Alepo. Ellos (esto es, los habitantes de Alepo) temieron luchar y cogieron mis pies (en sumisión). Recibí plata y oro por tributo suyo y ofrecí sacrificios ante el Adad de Alepo. Partí de Alepo y me aproximé a las dos ciudades de Irhuleni de Hamat. Conquisté las ciudades Adennu, Barga (y) Argana, su residencia real. Transporté de ellas su botín (y) sus posesiones personales. Incendié sus palacios. Partí de Argana y me aproximé a Karkara. Destruí, derribé e incendié Karkara, su residencia real. Trajo para ayudarle 1.200 carros de guerra, 1.200 jinetes, 20.000 infantes de Adad-idri de Damasco, 700 carros, 700 jinetes, 10.000 infantes de Acab, el Israelita, 500 soldados de Que, 1.000 soldados de Musri, 10 carros, 10.000 soldados de Irqanata, 200 soldados de Matinu-balu de Arwad, 200 soldados de Usanata, 30 carros, 1 [...]000 soldados de Basa, hijo de Ruhubi, de Ammón- (en conjunto) éstos fueron doce reyes. Se levantaron contra mí [en una] batalla decisiva. Luché con ellos con (el apoyo de) las poderosas fuerzas de Ashur, que Ashur, mi señor, me ha dado, y con las fuertes armas que Nergal, mi guía, me ha donado (y) les infligí una derrota entre las ciudades de Karkara y Gilzau. Maté 14.000 soldados suyos con la espada, al caer sobre ellos como Adad cuando envía un aguacero. Esparcí sus cadáveres (por doquier), llenando la llanura con sus diseminados soldados (fugitivos). Durante la batalla hice correr su sangre por el hur-pa-lu del distrito. El llano resultó demasiado pequeño para que (todas) sus almas descendieran (al mundo inferior), el vasto campo se agotó (cuando hubo que) enterrarlos. Con sus cadáveres llegué a uno y otro lado del Orontes antes de que hubiera un puente. Incluso durante la batalla les arrebaté sus carros, sus caballos habituados al yugo». |
| (Traducción de F. Marco, Narciso Santos, Textos para la Historia del Próximo Oriente Antiguo, Oviedo, 1980, vol. II, pp. 56-57, a partir de la versión inglesa publicada por James B. Pritchard (ed.), Ancient Near East Text Relating to the Old Testament, Princeton, 1955 (2.ª edición), pp. 277-281.) | ||
Caída de Nínive
Caída de Nínive
Pilar Rivero
Julián Pelegrín
Tras el sobresaliente reinado de Assurbanipal (ca. 669-627 a. C.), el Imperio Asirio se derrumbó con una rapidez sorprendente. Reinados extremadamente breves, usurpaciones, guerras civiles, secesiones como la de Babilonia e incursiones de pueblos invasores como los cimerios y, sobre todo, los medos, caracterizan los quince años que siguen a la muerte del último gran rey de Asiria. El saqueo de Assur por el medo Ciaxares en 614 a. C. provocó una enorme conmoción en la población, pero el golpe definitivo cayó sobre la capital Nínive en 612 después de tres meses de asedio por parte de la alianza entre los medos y Nabopolassar de Babilonia. Conocemos los hechos a través de una crónica del babilonio Nabopolasar correspondiente al decimocuarto año de su reinado.
«[Año catorce]: El rey de Akkad con[gregó] su ejército y [Ciaxar]es, el rey de las hordas manda (umman-manda) marchó contra el rey de Akkad, [en] (...) se encontraron. El rey de Akkad (...) y [Ciaxar]es (...) él cruzó en barca y avanzaron (río arriba) por el terraplén del Tigris y (...) [plantaron su campamento] contra Nínive (...) Desde el mes de Simanu hasta el mes de Abu, tres ba[tallas se riñeron; después], llevaron a cabo un gran ataque contra la ciudad. En el mes de Abu, [el (...) día, la ciudad fue capturada y una gran derrota] infligió [a la] totalidad de la [población]. En aquel día, Sinsharishkun, rey de Asi[ria] huyó al (...) muchos prisioneros de la ciudad, sin cuento, deportaron. La ciudad [convirtieron] en montes de ruinas y cúmu[los (de restos). El rey] y el ejército de Asiria escapó, (sin embargo), ante el rey (de Akkad) y [el ejército] del rey de Akkad. (...) En el mes de Ululu, el día 20, Cixares y su ejército regresaron a su país. Después, el rey de A[kkad] (...) marchó hasta Nisibe. Botín y ga-lu-tu de (...) y (de) el país de Rusapu llevaron al rey de Addad, a Nínive [En el mes] (...) Asuruballit (...) sentóse en Harrán en el trono para ser rey de Asiria. Hasta el mes (...) [el rey de Akkad permaneció] en Nínive (...) Desde el día 20 del mes [de Tasritu] el rey [de Akkad] (...) en el mismo mes de Tasritu en la ciudad (...)». |
| (Traducción de F. Marco, Narciso Santos, Textos para la Historia del Próximo Oriente Antiguo, Oviedo, 1980, vol. II, p. 62, a partir de la versión inglesa publicada por James B. Pritchard (ed.), Ancient Near East Text Relating to the Old Testament, Princeton, 1969 (3.ª edición), pp. 304-305. | ||
Asedio de de Jerusalén por Senaquerib
Asedio de Jerusalén por Senaquerib
Pilar Rivero
Julián Pelegrín
Instigados por Egipto, los territorios más occidentales del Imperio Asirio se rebelaron contra Senaquerib (705-681 a. C.). En esta sublevación participó Ezequías de Judá en contra de los consejos del profeta Isaías. A lo largo de varias campañas, los asirios pacificaron Fenicia y el país de los filisteos -destrucción de Ascalón-, derrotaron al ejército egipcio y, ya en 701, sometieron toda Judá a excepción de su capital, Jerusalén. Ezequías pidió la paz y los asirios levantaron el sitio. Sin embargo, la victoria de Senaquerib queda evidenciada por la destrucción de cuarenta y seis ciudades y la deportación de 200.150 personas, tal como indica el Prisma de Senaquerib (II 37 III 49) -de donde procede el texto seleccionado-, que cuenta en las fuentes bíblicas con el paralelo de 2 Reyes, 18.
«En mi tercera campaña marché contra Hatti. Luli, rey de Sidón, a quien el aterrador hechizo de mi señorío había dominado, huyó a lo lejos, allende los mares, y pereció. El sobrecogedor esplendor del Arma de Ashur, mi señor, abrumó sus fuertes ciudades (tales como) Sidón Grande, Sidón Pequeña, Bit-Zitt, Zaribtu, Mahalliba, Usu, Akzib (y) Akko, (todas) sus ciudades fortificadas, amuralladas (y bien) provistas de alimentos y agua para sus guarniciones, y se inclinaron en señal de sumisión a mis pies. Puse a Etbáal en el trono para que fuese rey sobre ellos y le impuse tributo (debido) a mí (como) superior suyo, (para que se pagase) anualmente sin interrupción. En cuanto a todos los reyes de Amurru- Menashem de Samsimuruna, Tubalu de Sidón, Abdiliti de Arwad, Urumilki de Biblos, Mitinti de Asdod, Buduili de Bet-Ammón, Kammusunadbi de Moab (y) Aiarammu de Edom, trajeron suntuosos presentes (igisu) y, cuadruplicados, sus pesados presentes iamartu a mí y besaron mis pies (...) En cuanto a Ezequías el Judío, no se sometió a mi yugo. Puse sitio a 46 ciudades fuertes, baluartes e innumerables aldehuelas de sus inmediaciones, y (las) conquisté mediante terraplenes bien construidos y arietes acercados, el ataque de infantes, y minas, brechas y trabajo de zapa. Saqué (de ellas) 200.150 personas, jóvenes y ancianos, varones y hembras, caballos, mulas, asnos, camellos, ganado mayor y menor sin cuento, y (los) consideré botín. A él mismo hice prisionero en Jerusalén, su residencia real, como a un pájaro en una jaula. La cerqué con terraplenes a fin de molestar a los que abandonaban la puerta de su ciudad. Las ciudades que había pasado a saco desgajé de su país y las entregué a Mitinti, rey de Asdod, a Padi, rey de Eqrón, y a Sillibel, rey de Gaza. Así reduje su país, pero aumenté aún el tributo y los presentes katru (debidos) a mí (como su) superior, que le impuse (después) además del tributo anterior para que se pagase anualmente. El propio Ezequías, al que el temible esplendor de mi señorío había abrumado, y cuyas tropas irregulares y escogidas, que entró en Jerusalén, su residencia real, para fortalecer(la), le habían desertado, me envió más tarde a Nínive, mi ciudad señorial, además de 30 talentos de oro, 800 talentos de plata, piedras preciosas, antimonio, grandes bloques de piedra roja, lechos (taraceados) con marfil, sillas nimedu (taraceadas) con marfil, cueros de elefante, madera de ébano, madera de boj (y) toda clase de valiosos tesoros, sus hijas, concubinas, músicos y músicas. Para entregar el tributo y rendir obediencia como un esclavo envió su mensajero (personal)». |
| (Traducción de F. Marco, Narciso Santos, Textos para la Historia del Próximo Oriente Antiguo, Oviedo, 1980, vol. II, pp. 60-61, a partir de la versión inglesa publicada por James B. Pritchard (ed.), Ancient Near East Text Relating to the Old Testament, Princeton, 1955 (2.ª edición), pp. 287-288.) |
Sátira de los oficios
Sátira de los oficios
M.ª Pilar González-Conde
Se conserva en varios papiros del Imperio Nuevo, aunque se considera procedente del Primer Período Intermedio o del Imperio Medio. Un hombre llamado Kheti acompaña a su hijo Pepi a la Residencia para que entre como discípulo en la escuela de escribas. Por el camino le explica los inconvenientes de las diferentes profesiones, para establecer la diferencia con la situación social y profesional de los escribas. Escrito en clave satírica, proporciona sin embargo una visión de las condiciones de vida de cada uno de estos trabajadores, así como del creciente ascenso social de los funcionarios de la administración central, formados en la escuela de escribas.
«Comienzo de la instrucción que hizo un hombre de Silé llamado Dua-Hety para su hijo llamado Pepy, mientras marchaba al sur hacia la Residencia para situarlo en la escuela de los funcionarios y los más destacados de la Residencia. Le dijo: "He visto a los que han sido apaleados. ¡Aplícate a los libros! He visto a los que fueron llamados al trabajo. Mira, nada hay mejor que los libros; son como un barco en el agua. Lee al final del Libro de Kemyt y encontrarás allí el proverbio que dice: 'Con relación al escriba en un puesto cualquiera de la Residencia, no sufrirá allí'. Ya que satisface las necesidades de otro, ¿cómo no va a terminar satisfecho? No he visto función comparable a ésta, de la que decirse puedan estas máximas. Voy a hacer que ames los escritos más que a tu madre; voy a presentar sus bondades ante ti. Es más grande que cualquier otra función; no existe en la tierra su igual. Cuando (aún no) es (más que) un niño, ya comienza a florecer. Se le saluda; es enviado para realizar misiones. Cuando (aún) no ha alcanzado (la edad) ya lleva faldellín (?). Nunca vi a un escultor como mensajero, ni que un orfebre fuera enviado. He visto al herrero en su trabajo, a la boca de su horno. Sus dedos son como garras de cocodrilo, y apesta más que las huevas de pescado. El carpintero que esgrime la azuela está más fatigado que un campesino; su campo es la madera; su arado es la azuela; su trabajo no tiene fin. Hace más de lo que sus brazos pueden hacer. Aún durante la noche tiene la luz encendida. El joyero golpea con el cincel, sobre todo tipo de duras piedras. Cuando ha terminado de rellenar un Ojo, sus brazos están exhaustos, y se encuentra fatigado. Está sentado hasta la puesta de sol, con sus rodillas y espalda encorvadas. El barbero está afeitando hasta el final de la tarde. Tiene que conducirse a sí mismo a la ciudad; tiene que llevarse a sí mismo a su esquina. Tiene que ir de calle en calle, buscando alguien a quien afeitar. Tiene que esforzar sus brazos para llenar su vientre, como la abeja, que come de acuerdo con lo que ha trabajado. El cortador de cañas ha de viajar al Delta para coger flechas. Después de haber hecho más de lo que sus brazos pueden hacer, los mosquitos lo han destrozado, las moscas lo han matado y ha quedado completamente rendido. El alfarero ya está bajo tierra, aunque aún entre los vivos. Escarba en el lodo más que los cerdos, para cocer sus cacharros. Sus vestidos están tiesos de barro, su cinturón está hecho jirones. El aire que entra en su nariz sale derecho del horno. Fabrica con sus pies un peso con el que él mismo es triturado. Cava el patio de todas las casas y vaga por los lugares públicos. Te hablaré también del albañil. Sus lomos son un castigo. Aunque está en el exterior, al viento, construye sin (la protección de) un toldo. Su taparrabos es una cuerda entrelazada y un cordel en su trasero. Sus brazos están agotados por el esfuerzo, habiendo mezclado todo tipo de suciedad. Come pan con sus dedos, aunque se lava al mismo tiempo (?). También hay miseria para el carpintero... la habitación mide diez codos por seis. Pasa un mes después de que las vigas hayan sido puestas... Todo el trabajo está hecho, y el alimento que lleva a su casa no [es suficiente] para sus hijos. El jardinero soporta un yugo; sus hombros están combados (como) por la vejez. Hay en su cuello una gran hinchazón, que está supurando. Por la mañana riega las plantas; pasa la tarde atendiendo a los vegetales, mientras que al mediodía se afana en el huerto. Él mismo trabaja hasta que muere, más que cualquier otra profesión. El campesino se lamenta más que una gallina pintada; su grito es más fuerte que (el de) los cuervos. Sus dedos están hinchados, y apestan tremendamente. Está débil, habiendo sido adscrito al Delta, hecho jirones. Está bien, si se está bien en medio de leones... Cuando alcanza por la noche su casa, la marcha lo ha agotado. [...] Mira, no hay una profesión que esté libre de director, excepto el escriba. Él es el jefe. Si conoces la escritura, te irá mejor que en las profesiones que te he presentado. Míralos en su miseria. Nadie dirá: "Un campesino y un hombre". Ten cuidado. Mira lo que he hecho viajando hacia la Residencia. Lo hice por amor a ti. Un (solo) día en la escuela te será beneficioso. Es (algo) para la eternidad; su trabajo es (como) piedra... [...] Mira, te he colocado en el camino del dios. La Rennenet del escriba está en sus hombros ya el día de su nacimiento. Llegará a la Sala del Consejo (como) uno ante quien los dioses se inclinan. Mira, no hay escriba que carezca de comida y de bienes de palacio (v.p.s.). Meshkenet es asignada al escriba; ella lo promociona en el consejo. Ruega a dios por tu padre y tu madre, que te han colocado en el camino de la vida. Atiende a estos (consejos) que he puesto ante ti, tus hijos y sus hijos..."». |
| (Versión de José Miguel Serrano Delgado, Textos para la historia antigua de Egipto, Madrid, Cátedra, 1993, pp. 221-224.) | ||
Batalla de Kadesh (según la versión egipcia)
Batalla de Kadesh
Pilar Rivero
Julián Pelegrín
Hacia el año 1299 a. C. Egipto y Hatti, las dos potencias más importantes del Próximo Oriente, se enfrentaron en una batalla decisiva por el control de la zona sirio-palestina. Según la versión oficial egipcia, cuando al mando de sus tropas el propio Ramsés II acudía en ayuda del Estado de Amurru, vasallo rebelde de Hatti, a la altura de la ciudad siria de Kadesh, en el valle del Orontes, el faraón estuvo a punto de ser vencido por el ejército hitita de Muwatalli al haberse adelantado con escasas tropas debido al engaño de los espías hititas capturados. El resultado final del encuentro fue indeciso, pero lo cierto es que Ramsés y su ejército volvieron a Egipto, que Amurru continuó dentro de la esfera de poder hitita y que las fronteras no sufrieron ninguna modificación. Años más tarde, Ramsés II y Hatussil III de Hatti firmarían un tratado de paz que supondría el final definitivo de los enfrentamientos. El texto seleccionado forma parte del extenso relato propagandístico que de la batalla fue inscrito por orden del faraón en el templo de Karnak. También figuró en el de Luxor, en el Rameseum, en Abidos, Abu Simbel y Derr.
«Su Majestad había puesto en pie de guerra a su infantería, a sus carros y a los shardanas capturados en sus victoriosas campañas. Disponían ya de todo el equipamiento y de las órdenes para el combate. Su Majestad se puso en marcha hacia el N con su infantería y sus carros y, tras una salida sin problemas, el noveno día del segundo mes del verano del año 5, Su Majestad, fuerte como Montu [dios egipcio de la guerra] cuando avanza, atraviesa la fortaleza de Silé. Todos los países tiemblan ante él y sus jefes le rinden tributo, los rebeldes inclinan el espinazo ante el temor al poder de Su Majestad. Sus tropas marchan por los caminos como si anduvieran por Egipto [...] El vil hitita llegó [a Kadesh] después de haber formado una coalición con todos los países hasta el mar. El país de Hatti acudió en pleno, así como los de Naharina, Arzawa y los Dárdanos, Keshkech, los de Masa, Pidasa, Iruna, Karkisa, Lukka, Kizzuwatna, Karkemish, Ugarit, Kedy, todo el país de Nugués, Mushanet y Kadesh [...] Cubrieron los montes y los valles como una plaga de saltamontes. Había gastado toda la plata de su país y se había despojado de todos sus bienes para dárselos a estos países a fin de que le acompañaran a la guerra. [El ejército hitita deja su intento de pasar a la división Amón, en que va Ramsés, para atacar a la división Re mientras el resto estaba impedido por la travesía de los pantanos de Shabtuna]. Lanzaron entonces un ataque desde el sur de Kadesh, fustigando de pleno a la división de Re, que avanzaba confiada y desprevenida. La infantería y los carros de Su Majestad se replegaron ante ellos. Su Majestad estaba acampado al norte de la ciudad de Kadesh, en la orilla occidental del Orontes, y cuando se le dijo lo que sucedía, Su Majestad saltó como su padre Montu: tomó las armas de guerra y se puso la cota de malla: ¡Era el mismo Baal en acción! El gran caballo que montaba Su Majestad era La Victoria de Tebas, de la gran caballeriza de Usir-maat-re, el Elegido de Re, el Amado de Amón.
Su Majestad espoleó a sus caballos y se lanzó contra las huestes del vil hitita. Solo, sin ninguna compañía, Su Majestad avanzó y cuando miró en torno suyo se vio rodeado por 2.500 carros que confluían contra Él y por todos los batidores del vil hitita y de los numerosos países que le acompañaban.
[Al verse solo, Ramsés II invoca a Amón].
Yo te invoco, Amón, Padre mío, en medio como estoy de una multitud desconocida. Todos los países extranjeros se han aliado en mi contra y me hallo solo, sin compañía. Mis numerosos ejércitos me han dejado, ninguno de mis carros me protege: he clamado por ellos, pero a ninguno llega mi llamada. Yo sé que Amón me será de más ayuda que millones de infantes, que cientos de miles de carros, que diez mil hermanos e hijos unidos en un solo ímpetu [...] Así oraba yo en el confín de los países extranjeros: y mi voz fue escuchada al Sur, en Heliópolis. Me percaté de que Amón respondía a mi clamor. Me tendió la mano y me reconfortó. Me habló al oído, como si estuviese a mi lado: "¡Ten valor, Yo estoy contigo! Yo soy tu Padre y te dotaré de mano fuerte. Yo valgo más que cien mil hombres. Yo soy el Señor de la Victoria y admiro el valor".
[Ramsés reacciona valientemente, en solitario, y triunfa. A la mañana siguiente, Muwatali pide la paz:]
Tu humilde servidor proclama a gritos que Tú eres el Hijo de Re, su hijo biológico, a quien Él ha entregado todos los países reunidos. Quien quiera que sea, del país de Egipto o del país de Hatti, todos son Tus servidores, se postran a Tus pies y ha sido Tu Padre, Re, quien Te los ha entregado. ¡No te excedas en Tu poder sobre nosotros! Cierto que es grande Tu poder y que Tu fuerza pesa sobremanera sobre el país de Hatti. Pero ¿es bueno que mates a quienes ya son tus siervos, que les muestres Tu aspecto más terrible y sin piedad? Atiende: ayer pasaste el día matando a cien mil hombres y hoy has regresado y no perdonas ni a sus herederos. ¡No apures demasiado Tu ventaja, Rey victorioso! La paz es mejor que la guerra. ¡Otórganos la vida!».
Versión de Guillermo Fatás Cabeza