ttps://www.aiiap.org/constelando-inhumanidad-cuando-la-psicoterapia-provoca-destruccion/
https://misilencionuestrosilencio.substack.com/p/mi-experiencia-de-abuso-sexual-en
https://www.youtube.com/watch?v=twCcKEaKpyU&list=PLkbTxiph5TH6Y-JyfNUwKq8haYcKVVghN
2. Materiales.
Vídeo Invisibles. https://youtu.be/vexpy_VrXhw
Video Estereotipos de género. https://youtu.be/UHgU4tZdWko
Video Sobre publicidad sexista. https://youtu.be/P8GuCxUsNWY
Canción machista 1, Bandaga - Ella No Quiere Rosé: https://youtu.be/gkGmu5bkyKk
Vídeos de una duración aproximada de 5 minutos cada uno con la vida de grandes mujeres de la ciencia, del estudio de la Historia, el arte y la literatura:
Frida Kahlo: https://youtu.be/OX8QsS8so50?list=PLkbTxiph5TH6Y-JyfNUwKq8haYcKVVghN
Marie Curie: https://youtu.be/3tuWzjaQuA4?list=PLkbTxiph5TH6Y-JyfNUwKq8haYcKVVghN
Cleopatra: https://youtu.be/yvjUlncUTRM?list=PLkbTxiph5TH6Y-JyfNUwKq8haYcKVVghN
Hipatia de Alejandría: https://youtu.be/oauxk40qYis?list=PLkbTxiph5TH6Y-JyfNUwKq8haYcKVVghN
Virginia Wolf: https://youtu.be/rETE0IGDqEE?list=PLkbTxiph5TH6Y-JyfNUwKq8haYcKVVghN
Mary Shelley: https://youtu.be/VAI9Y2oOYxk?list=PLkbTxiph5TH6Y-JyfNUwKq8haYcKVVghN
Ada Lovelace:https://youtu.be/bYCDVwyuVt4?list=PLkbTxiph5TH6Y-JyfNUwKq8haYcKVVghN
3. Guión de comentario para los vídeos:
- Primer visionado del video sin interrupciones por parte del profesor. El alumnado que escuche y anote.
- Segundo visionado con interrupciones del vídeo para hacer comentarios.
- Utilizar el vocabulario anexo para analizar conceptos clave.
- Extraer conclusiones generales y exponerlas por escrito en cartulina para dejarlas expuestas en clase.
POR FAVOR, HACED FOTOS
Reflexión sobre las horas que trabajamos
https://sinpermiso.info/textos/ser-una-academica-feminista-online
Otra sobre la disputa trans
Cuando tu amigo es tu acosador
Diana López Varela, 24 de
agosto de 2023
De todas las cosas
que se han dicho desde la malograda celebración del Mundial de Fútbol Femenino
la que más me irrita es la justificación de la caverna mediática alegando que
un beso forzado es solo un pico entre dos amigos que se llevan genial, y tonto
el que no lo vea. Desde el primer momento en que se denunció la conducta del
señor Rubiales hacia la futbolista Jenni Hermoso, las compañeras periodistas
señalaron, muy acertadamente, que ese no era un beso entre amigos, sino un acto
de acoso sexual entre un superior y su subordinada. Ya conocemos la relación de
poder que se da entre un hombre y una mujer en una jerarquía profesional, pero
¿qué ocurriría si, efectivamente, este fuese un beso entre amigos? ¿Qué
ocurriría si un aparente beso entre dos colegas escondiese también una agresión
sexual? ¿Sabemos distinguir las preposiciones "entre" de
"contra"? ¿Acaso un amigo, por bueno que sea, tiene derecho a comerle
los morros a una mujer sin que medie el deseo de ella en ese acto íntimo?
Toda esta historia me
hizo recordar, inevitablemente, la cantidad de violencia sexual que muchas
mujeres hemos tolerado a lo largo de nuestras vidas por parte de pseudoamigos y
coleguitas de turno. Hombres que han sabido ejercer su poder patriarcal desde
la cómoda e infalible posición de la amistad verdadera. Esos que no han
desperdiciado un momento de euforia, vulnerabilidad, bajón, intoxicación
etílica, o desgracias varias para arrimar los morros más de la cuenta, o para
meter la mano bajo la ropa al fundirse los cuerpos en un cálido abrazo. Esos
amigos en cuyos brazos hemos llorado creyendo que nos consolaban atentamente,
cuando el único consuelo que buscaban era el de su entrepierna. Esos
fantásticos amigos que siempre han estado ahí cuando los hemos necesitado,
esperándonos con una erección al otro lado de la puerta.
Difícil no encontrar
una mujer que no se haya llevado un disgusto de este tipo con algún buen amigo.
Difícil no encontrar a una mujer que haya transigido, tolerado, reído incluso,
ante el cariño desmedido de ese colega que siempre aprovecha una ocasión para
tocarte sin importarle si tú estás cómoda o no. Si tú lo deseas o no. Ese amigo
que entiende muchísimo de lenguaje corporal cuando un señor se lleva las manos
a la polla en medio de una celebración futbolística, pero muy poquito cuando es
la suya la que te roza sin venir a cuento. Ese colega que, sin maldad ninguna,
como diría el presidente de la RFEF, te aprieta contra una esquina o contra una
pared, se te declara cada vez que tiene ocasión, y boicotea todas tus
relaciones de pareja porque "ese mamón no te merece". Ese amigo que
te lleva en coche a las afueras de la ciudad cada vez que estás agobiada porque
para ejercer la amistad auténtica se necesita intimidad. Ay, ese amigo, un
cielito de hombre, psicólogo y hermano, que es capaz de regalarte
un juguete sexual en el día de tu cumpleaños porque tú lo que
tienes es que olvidarte de tu ex y pasártelo bien. Y si no
sabes cómo funciona lo probamos juntos jijí-jajá.
No hablo de amigos a
los que les gustas o a ti te gustan, o no, porque el enamoramiento entre amigos
es tan legítimo (o más) como el que surge en un match de Tinder. No hablo de amigos que te
intentan conquistar y lo consiguen, o no, y aquí paz y después gloria. No hablo
de amistades que se convierten en otra cosa por el deseo y la connivencia de
ambos. No hablo de rollos entre amigos que se quedan como una anécdota y cuyo
recuerdo te produce una sonrisa y no asco y arrepentimiento. No hablo del juego
de la seducción y de sus consecuencias, ganes o pierdas, amigo. Yo, que siempre
he estado a favor de las relaciones de pareja surgidas a partir de la amistad
porque ya tienes medio trabajo hecho, no hablo de eso, claro que no. Yo hablo
de esos otros amigos, los amigos que todas sabemos.
Me refiero al amigo que
es capaz de plantarte un beso en la boca en medio de una discoteca plagada de
gente (entre esa gente está tu novio) porque unos tipos que él no conoce (los
amigos de tu novio) vienen a hablarte y él desea, con todas sus fuerzas,
salvarte de pervertidos y de acosadores. Ese amigo que no es agraciado, y lo
sabe, pero míralo que entregado está y siempre contesta el móvil cuando lo
necesites para acabar hablándote de sexo, aunque a ti no te apetezca. Ese amigo
protector y un poquito obsesionado que te entiende más que cualquier otra amiga
porque él es hombre, él sabe cómo se comportan esos cerdos con las mujeres. Ese
amigo que está deconstruido, reconstruido y liberado de toda masculinidad, ese
amigo que se vende como un ser inofensivo: el peor. Yo me refiero a ese amigo
que si no fuese tan amigo como te ha convencido él mismo, tendría dos bofetadas
en cada una de sus mejillas y una denuncia en el juzgado. Fíjate amiga, que ese
amigo no es tu amigo, es tu acosador.
Hablo también de ese
colega de trabajo que aprovecha cada cena de empresa para babosearte sin
caérsele la cara de vergüenza al lunes siguiente. Ese amigo-admirador, el que
tiene un proyecto chulísimo pensado para ti que desaparece si no te vas con él
a dormir a un hotel. Ese al que le encanta darte la turra a sol y a sombra y
necesita quedar ciento cincuenta veces para resolver una chorrada y que insiste
en acabar cada reunión en su casa porque así estamos más cómodos. No me olvido
de aquel otro amigo que te manda un mensaje al día siguiente de emborracharos
juntos en una fiesta para recordarte que "si no fuésemos amigos ayer te
habría violado" ¡Qué amigo más mono! ¿Y qué me dices, querida, de ese otro
amigo que te compra entradas para conciertos, teatro, reserva cenas (¡y hasta
habitaciones de hotel!) y haces planes para los dos solos siempre que le sale
de los cojones y sin preguntarte primero? ¿Cómo le dices tú a ese amigo tan
riquiño que no quieres irte con él sola a ningún sitio cuando está claro que es
tan buen amigo? ¿Acaso él no se da cuenta de que, si tú quisieses ser su novia,
o acostarte con él, ya lo habrías hecho sin necesidad de tanta tontería ni de
gastar tanto dinero? Que tú eres una mujer del siglo veintiuno, y tu amigo, lo
sabe.
Puede que poco a poco
ese amigo al que le contabas todo con pelos y señales se convierta también en
el amigo que se enfada cuando tienes novio nuevo y deje de hablarte si te
enrollas con aquel otro que no te conviene nada. Porque él ya te ha avisado,
amiga, de que ese chico te va a hacer daño. Que pareces tonta. Ese amigo está
ahí para ayudarte a aclarar tus sentimientos, cabecita loca, y tú se lo pagas
liándote con cualquiera. Ese amigo que, en cuanto pierde la potestad en
exclusiva sobre tus planes y sobre tu vida, se comporta como ex más tóxico y
celoso que hayas tenido jamás. Y a mí no me vengas a llorar cuando estés mal,
¿de acuerdo? En cuestión de tiempo, puede que a ti ya no te apetezca darle más
explicaciones a ese amigo que se comporta como si fuese tu propietario. Puede
que quieres que se busque una novia o una nueva amiga (la pobre). Puede también
que le guardes un poquito de rencor que crecerá en ti como lava ardiendo hasta
el último día de vuestra supuesta amistad. Y por fin llegará el día en que se
te habrá pasado la necesidad de justificarte todo el rato con ese amigo,
dejarás de buscar su validación, te liberarás de su yugo y querrás perderlo de
vista para siempre. De paso, dejarán también de impresionarte todos los tipos
que simplemente no parecen unos gañanes, porque muchos de ellos también se agarran
los huevos cuando marca un gol su equipo y se pajean con tu foto, aunque tú no
los veas. Tendrás menos amigos, eso desde luego, pero al menos estos no
intentarán acosarte cada vez que te despistes. Por fin entenderás que consentir
no es desear y que desear tiene mucho que ver con la amistad real. Desear que
jamás ninguna mujer haga nada para complacer a un hombre. Lo bueno es que ese
amigo habrá desaparecido de tu vida en cuanto haya perdido toda esperanza de
meterla en caliente. Y eso amiga, es lo mejor que nos puede pasar.
Carmen Magdaleno 26
abril 2024
"La
locura me acecha cuando, en los escasos ratos que aún paso en clase, me comparo
con mis compañeros, que volverán tranquilamente a sus casas a escuchar sus
discos de Depeche Mode comiéndose un tazón de cereales, mientras a esa misma
hora yo seguiré satisfaciendo el deseo sexual de un hombre que podría ser mi
padre porque el miedo al abandono es más fuerte que la razón".
El Consentimiento (20232),
Vanessa Springora.
"Me
haría mucha ilusión poder esperarte cada día a la puerta de la facultad con un
carrito de bebé". Nunca olvidaré esta frase, me dio tanto miedo que
también me dio valor para decir que no. La había pronunciado mi primer
"novio", un hombre de cuarenta años, de profesión, profesor de Educación
Física y entrenador de voleibol femenino. Llevábamos algo más de dos años de
"relación" cuando me dijo eso, yo apenas acababa de cumplir dieciocho
y cursaba primero de carrera. Aunque aún me pone los pelos de punta recordarla,
le estaré eternamente agradecida a esa perturbadora frase porque fue la que me
hizo darme cuenta de qué podría significar en términos materiales madurar antes
que las demás chicas de mi edad, y que yo no deseaba eso para mí. Cayó como un
jarro de agua fría, pero fue el mejor baño de realidad posible. ¿Cómo había
acabado considerando "mi primer amor" a un adulto que fantaseaba con
dejarme preñada cuando apenas me había matriculado en la universidad? ¿Cómo
había aceptado que me pusiese un anillo en el dedo y me llamase su "novia"?
La
película 'El Consentimiento', recién estrenada en cines y dirigida por la
cineasta francesa Vanessa Filho, que adapta la novela autobiográfica del mismo
título publicada en 2020 por la escritora también francesa Vanessa Springora;
es un retrato fiel y meticuloso de los métodos que utilizan los hombres
maduros, en este caso un prestigioso novelista de 50 años (Gabriel Matzneff),
para hacer creer a las adolescentes, en este caso una niña de 13 años, que se
han enamorado perdidamente de ellas en aras de usar ese supuesto romance,
demasiado singular para ser comprendido por la "moralista" sociedad,
como vía de acceso ilimitado a su consentimiento sexual. Paso a paso nos relata
cómo se disfraza el acoso de cortejo, la fijación lasciva de estímulo intelectual,
el aislamiento del entorno y el control psicológico de atención y protección
altruista, las violaciones sistemáticas de esmerada educación sexual.
Es un
procedimiento más que habitual, aunque esta historia en concreto pueda parecer
una situación exagerada por la permisividad de la madre de la protagonista, que
al principio pone el grito en el cielo pero acaba invitando a menudo a ese
señor a cenar a su casa con su hija; y sobre todo la de la sociedad francesa de
los años 80, en la que se vendían como rosquillas los Diarios de este pedófilo
confeso, en los que describe con todo lujo de detalles cómo recibía felaciones
de "colegialas" (como a él le gustaba llamarlas) siempre menores de
16 años, y se invitaba a su autor a las tertulias literarias a comentar sus
hazañas entre las risas y aplausos de sus colegas de la industria editorial. La
película nos permite verlo todo a través de los ojos de la niña, que pasa del
éxtasis inicial por sentirse querida y deseada por primera vez a la confusión y
a un abrumador sentimiento de culpa; pero consigue trascender su mirada
inocente para hacernos ver también que no fue Vanessa, marcada por el abandono
de su padre y la posterior depresión y alcoholismo de su madre, la que
consintió con su precocidad e ingenuidad que abusaran de ella; sino que el
consentimiento fue otorgado por el silencio cómplice de su familia, de los
docentes de su escuela, de la élite cultural del momento, incluso de las
autoridades directamente advertidas como el servicio de protección de menores.
A lo largo de la película asistimos
atónitos, igual que Vanessa ("cuando mi situación no sorprende a nadie,
intuyo que a mi alrededor algo no funciona bien"), a la pasividad cuando
no abierta colaboración del resto de adultos. Desde los amigos de él que les
acompañan en las cenas en restaurantes y hacen chistes sobre lo buen profesor
que será para ella, pasando por el doctor que le extirpa el himen para que
pueda ser penetrada sin dolor cuando Vanessa está ingresada en el hospital
debido a una grave inflamación articular provocada por una infección de
estreptococo, hasta los mecenas que le pagan al gran artista una habitación de
hotel para que pueda encontrarse allí con ella porque el apartamento en el que
vive está siendo vigilado por la policía a raíz de una denuncia anónima. Es
altísimo el nivel de peligro que esta chica llegó a correr, pues Matzneff
intentó incluso obtener el permiso de su madre para llevársela con él de viaje
a Manila, ciudad en dónde ya había ambientado una novela suya en la que el protagonista
se deleitaba sodomizando a niños prostituidos desde los ocho años. Aunque la
película destaca por su fidelidad al texto original, descarta algunos
"detallitos" que sí aparecen en la novela de Springora, supongo que
para no alargar en exceso el metraje, tan graves como que el escritor tuvo
sospechas de haber contraído el VIH mientras mantenía a diario sexo sin
protección con ella.
LA
TRAMPA DE LA "ANORMALIDAD"
Vanessa
Springora era una chica común y corriente, en la que nadie se fijaba, muy tímida
y caracterizada por esconder su cara tras su larga melena. Así pasaba
desapercibida y el mundo pasaba desapercibido para ella porque tenía siempre la
cabeza en alguna de las novelas que estaba leyendo. De repente, un afamado
novelista invitado a una de las veladas literarias que su madre solía celebrar
en casa se fija en ella, en su cuerpo y su juventud, aunque diga que lo que le
ha llamado la atención es que a su edad ya lea a Tolstoi y Dostoievski. Ese
hombre la marca como objetivo y empieza a escribirle cartas de amor desesperado
en las que la proclama diferente a todas las demás chicas, más profunda, más
inteligente, cómo no, muy madura para su edad. Es el tópico más trillado, pero
lo es por algo. Este tipo de individuos no escogen a sus presas de forma
casual, se fijan en su vulnerabilidad, en su soledad, en su falta de
autoestima… características por otro lado casi universales entre las púberes.
¿Qué chavala no se siente fea, atolondrada, incomprendida y sola a los 13 años?
El discurso que a una mujer de 30 le resultaría sospechoso y cutre puede ser
música para los oídos de una niña sin un padre presente y con una madre
desbordada.
El
simple hecho de que Gabriel Matzneff la esperase delante de la salida del
colegio a menudo cuando desde muy pequeña había vuelto sola a casa tras la
jornada escolar, porque su madre tenía que trabajar hasta tarde y su padre ni
siquiera sabía la dirección de su colegio, es percibido por ella como un gran
acto de amor. No se siente acechada ni vigilada, en palabras de la propia
Springora "me siento querida como nunca antes. Y eso basta para suspender
todo juicio". Donde el público ve claramente un pervertido merodeador de
centros escolares ella no es capaz de ver más que un sueño hecho realidad: que
alguien la espere con la misma ansia con la que ella había esperado en vano a
que algún día alguno de sus padres fuera a recogerla.
El
caramelo con el que estos depredadores atraen a las crías es hacerlas sentirse
"especiales" y "diferentes". Este truco de ilusionismo les
pone el traje de "héroe", "príncipe azul",
"salvador"... por ser la primera persona que por fin entiende y
valora su forma de ser y, de paso, sirve para apartarlas de forma inadvertida
del trato con su círculo cercano. El objetivo es que aprendas a despreciar a
tus iguales, al resto de jóvenes, para que tú misma prefieras y elijas
dedicarle todo tu tiempo a alguien por fin "a tu altura", es decir,
al adulto que te ha hecho el favor de descubrir tu verdadera personalidad.
"Me había empeñado en creer que esta anormalidad me convertía en una
persona interesante, de algún modo había convertido esa anormalidad en mi nueva
identidad", incide la autora del libro y co-guionista del filme.
Convencerte de que eres
"excepcional", "única", "fuera de lo normal" es
una trampa que hace subir tu autoestima como la espuma para hacerla caer en
picado como una losa de mayor soledad y aislamiento. A la vez que crece la
sensación de "anormalidad" se rompe la confianza y la comunicación
con tus allegados y conocidos. En adelante no contarás a nadie qué te ocurre
ante la certeza de que no te comprenderán como él. Guardarás todos sus secretos
sin necesidad de que te lo pida.
¿PODRÍAS
HABER DICHO QUE NO?
Queda abonado el terreno del crimen perfecto, el que se puede cometer a
vista de todos porque no será considerado como tal ni siquiera por la víctima.
Al principio la lleva a museos, al teatro, le regala discos y le recomienda
libros. Se convierte en una especie de mentor cultural. En paralelo, muestra
delicadeza y paciencia en los primeros "encuentros" de carácter
sexual. Se conforma con besos y caricias. Con que le permita mirarla desnuda.
Se trata de ganarse su confianza para que baje la guardia. De enfatizar la
suerte que tiene de "iniciarse" con un hombre experimentado que sabrá
esperar y darle placer y no con cualquier chaval torpe e impaciente. Y a la vez
ir generando una sensación de estar en deuda con él: "ha sido tan bueno
conmigo, ha esperado tanto, me enseña tantas cosas…", deuda que será
saldada con la satisfacción de todos sus deseos sexuales.
Nunca te dan órdenes directas, te sugieren
las cosas dulcemente, mientras toman la vía de los hechos sobre tu cuerpo te
preguntan constantemente si te encuentras bien, si quieres parar… pero no
esperan una respuesta. Sólo buscan que te quede claro que podrías haber dicho
que no si hubieras querido. Eras libre de marcharte, nadie te encerró. Pero
ellos son diestros arquitectos de torres inexpugnables con todas las puertas y
ventanas abiertas.
Esa etiqueta de "madurez" impuesta es el arma de doble filo
utilizada para invalidar todas las dudas y alertas de la niña. "No puedo
reaccionar, me ha pillado por sorpresa y no quiero parecer una idiota".
Vanessa no va a reconocer que está asustada, que no sabe, que algo es demasiado
para ella… porque cree a pies juntillas que él se ha enamorado de ella y la
admira por su determinación y sabiduría, porque lo tiene todo muy claro a pesar
de su corta edad. Si expresa sus miedos parecerá infantil, una niñata, y lo
ahuyentará. El miedo al abandono es mayor que el resto de miedos. Y así el
consentimiento queda secuestrado. El pánico a decepcionar neutraliza su
capacidad para decir que no.
No es
ni siquiera necesario que diga que sí. La ausencia de reacción, el estado de
"shock" es el ámbito en el que estos individuos se mueven como pez en
el agua y pescan a río (y estómago) revuelto. Las escenas de abuso sexual (es
un deber ético llamar a las cosas por su nombre y en dichas escenas no estamos
viendo "sexo" o "relaciones sexuales") de la película
reflejan muy bien la asimetría de la situación, la brecha insalvable entre los
dos: ella está a menudo paralizada y callada, no se mueve más que para temblar;
mientras que él habla sin parar, se mueve por toda la habitación, baila, ríe,
llora, gesticula. Ella es una mera espectadora y él el actor, una estrella
interpretando el papel de su vida.
Uno de
los aciertos de la película es obligarnos a ver estas escenas obviamente
desagradables, no ahorrarnos con elipsis o suavizar con ejercicios de estilo la
realidad física que se oculta tras la cantinela patriarcal de que "el amor
no tiene edad". Lo hace sin sensacionalismo ni ensañamiento pero con la
crudeza y el naturalismo necesarios. Son demasiados años de mirar hacia otro
lado, toda la historia de la humanidad. No vamos a quejarnos por escasos
minutos de abrir los ojos ante la evidencia. Es justo avisar de que son tan
certeras que pueden despertar los traumas dormidos de más de una espectadora.
Pero sobre todo pueden prevenir los futuros traumas de muchas otras más porque
estamos ante una clase magistral de cómo identificar la estrategia de este tipo
de depredadores sexuales. Aunque ella es la que aparece más a menudo desnuda es
a él al que se le deja con el culo al aire simplemente al presenciar cómo
repite una y otra vez su ridículo discurso o al transcribir literalmente
fragmentos de sus cartas.
LOS LÍMITES DEL CONSENTIMIENTO
Estamos ante una película valiente que no rehúye tampoco abordar la
ambivalencia de la protagonista, sin juzgarla en ningún momento ni cuestionar
sus decisiones traslada a la perfección esa sensación de volverse adicta a ser
deseada, a esa dopamina que te inyecta en el cerebro la falsa posición poder
que te otorga excitar y volver loco a un hombre poderoso, con prestigio social
y toda la experiencia del mundo frente a tu tábula sexual casi rasa. Ponerle
voz a los pensamientos de la adolescente que Vanessa fue es el recurso perfecto
para evitar el peligro de convertirse en una película maniquea que ahonde en
culpabilizar a las víctimas. Nos recuerda que no puede resultar extraño ni
escandaloso que una muchacha se sienta atraída por un señor mayor, pues es una
consecuencia más que lógica de la educación recibida y la cultura patriarcal en
la que estamos inmersas, y que aunque ella no sólo hubiese consentido, sino que
en ocasiones también se haya sentido feliz o haya experimentado deseo y placer;
eso no hace menos abominable que un hombre se haya arrogado la facultad para
interrumpir su adolescencia con su sexualidad adulta.
Es la
atracción del adulto por las niñas, la erotización de su vulnerabilidad e
indefensión aprendida, sobre la que se pone el foco para ponerla en cuestión, y
no al revés. La directora Vanessa Filho supera airosa ese reto tan complicado
que la novela de su tocaya le planteó al trasladar con tanta clarividencia los
dilemas morales que se ocultan tras el concepto de consentimiento: "¿Cómo
admitir que han abusado de nosotros cuando no podemos negar que lo hemos
consentido? ¿Cuando hemos deseado a ese adulto, que no tardó en sacar
provecho?".
El
estreno de 'El Consentimiento' me pilló leyendo el libro 'El sentido de
consentir', de Clara Serra (colección 'Nuevos Cuadernos' de la editorial
Anagrama), en el que la filósofa reflexiona sobre la idea de consentimiento y
pondera la importancia para las mujeres, ante la tesitura de sufrir violencia
sexual, entre poder decir que no a lo que no queremos y saber explicitar qué
queremos. Estoy de acuerdo en dos de sus tesis: en la necesidad de desarrollar
una ética de la sexualidad que vaya más allá del Código Penal y en la
definición de las relaciones sexuales como una práctica exploratoria. Sobre
todo en la adolescencia, existe un derecho a explorar, a equivocarse, a no
saber qué es lo que quieres, que se debe preservar.
Nuestra
sociedad fomenta que los hombres maduros se sientan atraídos por los cuerpos
jóvenes o por la tentación de experimentar la adoración siempre intensa por
parte de alguien sin experiencia. Por eso es urgente que eduquemos a los niños
para que conecten con sus emociones, asuman su fragilidad humana como una
cualidad y entiendan al resto de seres humanos como sus pares y no potenciales
subordinados o superiores situados en una jerarquía de sexos, edades, clases y
razas. Para que cuando lleguen a ser hombres no les resulte atractiva ni
soportable siquiera la posibilidad de coaccionar para obtener sexo de ninguna
persona que no les desea o se sienta atraída por ellos, como una mujer en
situación de prostitución; o que todavía no ha tenido la oportunidad de
descubrir por sí misma su sexualidad y de explorar su propio deseo, como una
niña o una adolescente.
Hacer
ese deseo expreso ante una púber para colocar sobre ella la espada de Damocles
de decidir si corresponde o no es en sí mismo perverso, un asalto a su derecho
al descubrimiento gradual y exploratorio de su sexualidad, entre iguales, con
otros u otras que también la estén descubriendo y explorando. En este sentido
es clave e indiscutible este párrafo del libro de Vanessa Springora: "El
deseo del adulto es una trampa en la que encierra al adolescente. ¿Cómo podrían
estar ambos en el mismo nivel de conocimiento de su cuerpo y de sus deseos?
Además, un adolescente vulnerable siempre buscará el amor antes que la
satisfacción sexual. Y a cambio de los gestos de cariño (o del dinero que
necesite su familia) aceptará convertirse en objeto de placer y renunciará
durante mucho tiempo a ser sujeto, actor y dueño de su sexualidad".
Es ese
privilegio masculino de expresar su deseo sexual y buscar su satisfacción en
todo momento y en todo lugar al que hay que ponerle límites. No facilita la
autonomía sexual de las mujeres que seamos nosotras las que tengamos que darle
vueltas a cosas como que si nuestras fantasías sexuales son correctas o no, o
si una práctica sexual que nos gusta es feminista o no lo es. En ese punto
también estoy de acuerdo con Clara Serra. Cuando el feminismo te abre los
ojos y te enfrentas a tu pasado es inevitable que te sobrevenga esa sensación
de rabia ante tu propia ingenuidad. CÓMO PUDE HABER SIDO TAN TONTA. Cómo fui
capaz de creerme tantas mentiras, tan burdas. Me dejé engañar. Fui yo. Una vez
más caemos en la culpa y la vergüenza que llevamos casi impresa en el ADN de
tanto que nos la han inculcado. Gracias a los generosos testimonios de otras,
como el de Vanessa Springora, entendí que aquel al que durante tantos años
consideré mi "primer novio" fue en realidad una situación de abuso de
poder y sobre todo he aprendido a no avergonzarme o culparme por ello. Por
haberme sentido enamorada o por haberme corrido con él. Fueron ellos quienes
nos manipularon, quienes nos aislaron, quienes minaron nuestra autoestima,
quienes se valieron de sus cargos, su edad y su prestigio o de nuestro afecto,
nuestro respeto y nuestra confianza para sobrepasar todos los límites. No hay
nada anormal y raro en nosotras, teníamos derecho a ser otra niña más, a
divertirnos despreocupadas junto a las demás; los aberrantes fueron ellos y su
comportamiento. No dejemos de señalarles a ellos, de ponerles cara y nombre a
sus fútiles argumentos y sobre todo a sus acciones, que hablan por sí
solas.
La
maternidad es cosa de todos
Diana
López Varela 23 FEBRERO 2018
GALICIA
ENCABEZA el récord histórico en el descenso de la natalidad, con una involución
en la maternidad que nos coloca sólo por detrás de Mónaco en cuanto al número
de hijos por mujer. En ningún país del mundo, salvo en el pequeño principado,
nacen menos niños: 7,03 por cada mil habitantes. En nuestro país para viejos,
en donde sólo se producen seis nacimientos por cada diez muertes, los mayores
de 64 años son ya la cuarta parte de la población. El retroceso de la natalidad
es una constante en todos los países industrializados y la falta de recambio
generacional es vista cómo la principal amenaza al impago de pensiones.
Con
un porcentaje muy elevado de jóvenes de entre 20 y 35 años expatriados desde el
inicio de la crisis, las dificultades económicas, principalmente la falta de
empleo, han contribuido negativamente al aumento de la natalidad en Galicia.
Pero, como decía Matías Prats ¡que no te engañen!, el impacto en los ingresos
del primer hijo repercute de manera muy distinta cuando se es mujer. Nuestras ganancias
llegan a reducirse casi un 30 por ciento en los meses posteriores al
alumbramiento, y es muy fácil que la vuelta de la raquítica baja maternal acabe
con una reforma de las condiciones laborales previas al parto. Hace pocos días
pude comprobar con estupor como una amiga que lleva diez años trabajando en la
misma empresa, era agasajada con una reducción de jornada y de sueldo para
poder conciliar con su bebé recién nacido. Las empresas no aman a las madres. Y
ni siquiera las aman muchos compañeros, que se convierten fácilmente en
enemigos de la madre por sus "privilegios" de crianza.
Y
no sólo de precariedad vive la baja natalidad.
La crisis tampoco
ha contribuido a un reparto igualitario de las tareas, ya que las tres cuartas
partes de las labores domésticas siguen recayendo sobre los hombros femeninos,
que regalan 26,5 horas de trabajo no remunerado a la semana por el bienestar
familiar, quitándoselo, principalmente, al tiempo de ocio. El cambio económico
ha venido acompañado de otra crisis, la "crisis identitaria", en la
que las mujeres que, como apunta Elisabeth Badinter en su libro La mujer y la
madre, han peleado por una buena carrera profesional y un estatus social, se
paralizan ante la posibilidad de perder lo conseguido por el deseo de ser madres.
La
libertad de elección se ha convertido en una trampa. La maternidad, cada vez
más exigente, está derivando en una profesión hiperespecializada en medio de
una presión social por la perfección. "Cuanto más libre se es de tomar las
propias decisiones, más responsabilidades y deberes se tienen", apunta
Badinter. Ahora que sabemos que las madres sufren y que muchas se arrepienten,
la posibilidad de "escoger" puede hacer sentir mucho más miserables a
las mujeres si la maternidad no sucede como esperaban.
No
sólo hay cada vez menos madres, sino que cada vez lo somos más mayores. Algunas
a edades en que las nuestras nos tenían prácticamente criados y otras eran ya
abuelas. Cuando mi madre tenía mi edad —casi 32— la acompañaban tres mocosos,
dos de diez y una de siete años. De las mujeres con formación universitaria que
me rodean, apenas un par de amigas cercanas han sido madres recientemente y, en
mi círculo de amigas íntimas, cuyas edades se extienden de los 27 a más de 40
años, ninguna ha tenido hijos. Sólo las amigas de mi pareja, casi diez años por
encima de mí, me devuelven a la realidad biológica de la mujer.
Así
que cada vez más mujeres posponen la maternidad al tiempo en que ya han
demostrado "todo" en sus empresas, mientras el reloj biológico marca
el tic tac de las horas perdidas en una carrera por el embarazo llena de
frustración, culpabilidad y dolor, en donde el miedo a no ser lo
suficientemente fértiles cae como lluvia ácida sobre el campo inmaculado de la
independencia económica. En España, uno de cada diez niños ya nacen a través de
técnicas de reproducción asistida, y algunas empresas empiezan a ofrecer
gratuitamente el servicio de congelación de óvulos a sus empleadas como
solución imaginativa a sus nulas políticas de conciliación.
El
peaje físico, intelectual, social, y laboral de la maternidad es tan grande,
que incluso las que lo son a tiempo completo y por propia voluntad, no
encuentran muchas veces la recompensa social que se merecen. Pero el tiempo de
las madres mártires ha terminado. Ahora que somos conscientes de todo lo que
hicieron nuestras madres, de todo lo que sacrificaron por estar dentro y fuera
sin ningún reconocimiento de aquellos hombres que se creyeron los padres del
Estado del Bienestar mientras recibían el plato caliente y a los hijos bañados
y planchados, las mujeres elevamos la voz pidiendo el respeto y el
reconocimiento que la crianza requiere. Sólo un cambio radical en las políticas
económicas y sociales puede devolver la maternidad al centro de la vida de las
mujeres. Porque la maternidad es cosa de todos. Que no te engañen.
https://blogs.publico.es/david-bollero/2019/02/27/espana-pais-de-puteros/
https://blogs.publico.es/david-bollero/2019/12/16/prostitucion-malaga/
http://arrinconados.es/prostibulo-rincon/
https://blogs.publico.es/david-bollero/2020/08/21/puteros-covid19/
https://blogs.publico.es/lidia-falcon/2019/10/22/las-universidades-prostituidoras/
https://blogs.publico.es/lidia-falcon/2019/09/11/la-universidad-de-la-prostitucion/
Piden
27 años de cárcel por acoso, maltrato, amenazas y abuso sexual a su pareja de
15 años
EUROPA
PRESS, 19 de septiembre de 2020
La
Sección Primera de la Audiencia de A Coruña acogerá desde el miércoles un
juicio a puerta cerrada contra un hombre para el que Fiscalía pide un total de
27 años de cárcel por sendos delitos, entre ellos de maltrato habitual,
lesiones, amenazas, acoso y abuso sexual hacia su pareja, que entonces tenía 15
años.
Según
relata el Ministerio Público en su escrito de acusación, el procesado, mayor de
edad y con antecedentes penales —aunque no son computables para la
reincidencia—, inició en diciembre de 2017 una relación con la menor que se
mantuvo hasta diciembre del 2018.
En
el primer mes, describe Fiscalía, ya hubo discusiones "continuas" en
la pareja, porque el acusado "se mostraba especialmente celoso". Así,
con ánimo de "menoscabar su integridad física y psíquica, empezó a ejercer
un control, una manipulación directa" sobre ella en "múltiples
aspectos de su vida".
Comenzó
revisando su móvil y exigiéndole como "prueba de confianza", prosigue
Fiscalía, que se comunicase con él "en todo momento" y se grabase y
realizase videollamadas "durante horas". El hombre llegó a cambiar
las contraseñas de sus redes sociales e instaló una aplicación para bloquearle
el acceso a otras y supervisar sus contactos con terceras personas. Además, le
impidió usar ropa ajustada o llevar el pelo suelto y, mientras se encontraba en
su instituto, la obligaba a permanecer encerrada en los aseos para aislarse de
sus compañeros. A veces, era él quien se aproximaba al centro para estar con
ella.
En
una ocasión en la que a la menor le habían quitado el teléfono sus padres, el
acusado -siempre según el relato del Ministerio Público- llegó a dormir en el
rellano de su vivienda, desde donde la vigilaba a través de una ventana.
Asimismo,
durante un viaje de fin de curso en junio de 2018, el hombre la obligó a
mantenerse todo el tiempo en contacto telefónico con él y le dijo que alguien
la vigilaba, lo cual le provocaba "gran temor", asegura Fiscalía.
RELACIONES
SEXUALES. La pareja comenzó a mantener relaciones sexuales desde Semana Santa
del 2018, cuando el acusado se trasladó a un piso próximo a la casa de la
joven. El hombre le insistió en que no usase anticonceptivos, puesto que quería
que ella se quedase embarazada.
"De
forma reiterada", explica Fiscalía, le pidió a la menor que se emancipase,
que no pasase tiempo con su familia, que no hablase con su hermana menor, que
no besase a su padre y que abandonase los estudios. Todo ello le provocó que
"bajase notablemente su rendimiento académico y empeorase la relación con
sus progenitores".
Además,
a partir de esa Pascua, el varón comenzó a agredir a la menor en diversas
ocasiones, tras las cuales no llegó a recibir asistencia médica. Ese mismo año,
durante unas fiestas, el procesado la amedrentó con una navaja y le dijo que la
iba a matar.
CONSUMO
DE COCAÍNA. También le indujo al consumo de cocaína de forma continuada durante
dos semanas y la atemorizaba al decirle que se iba a suicidar, que denunciaría
a sus padres si no accedía a sus peticiones, que si no tenía un niño iría a la
cárcel e incluso que podría hacer daño a su hermana menor.
Por
todos los hechos descritos, Fiscalía asevera que la violencia "física y
psíquica" a la que la niña fue sometida provocó en esta "una
importante afección en todas las esferas de su vida", puesto que la colocó
en una posición "de gran vulnerabilidad" ante nuevas situaciones de
violencia por la que precisó tratamiento psicológico.
Al
hombre se le imputa un delito de maltrato habitual, cuatro delitos de lesiones,
uno de amenazas, uno de acoso —alternativamente, de coacciones—, un delito
continuado de abuso sexual y otro contra la salud pública, por los que se
enfrenta a un total de 27 años de prisión y al pago de 8.000 euros a la víctima
en concepto de daño moral.