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viernes, 10 de octubre de 2025

Arte griego. McGraw-Hill

 

1. El arte griego: condicionantes históricos y etapas de desarrollo Para comprender el mundo artístico griego, hay que partir de la culturas desarrolladas en las islas Cícladas y en torno a Troya en el tercer milenio antes de Cristo y que se denomina cretomicénica, debido a que es en la isla de Creta y en el Peloponeso, en Micenas concretamente donde alcanza su mayor desarrollo ya en el segundo milenio antes de nuestra era. El arte griego propiamente dicho se inicia a principios del primer milenio antes de Cristo, momento en el cual los dorios se asientan en la Península y provocan paralelamente el desplazamiento de anteriores emigrantes hacia las islas del Egeo y el Asia Menor (la Jonia).

Los nuevos habitantes de este territorio compartirán la vida en ciudades-Estado independientes (polis), muchas veces rivales entre sí, con diversas características comunes: una estructura social jerarquizada, con importante base esclavista, un desarrollo económico y comercial, y un sistema de pensamiento basado en el racionalismo, el antropocentrismo y la búsqueda de la belleza ideal. Estos aspectos se van a manifestar en el arte en lo referente al equilibrio de proporciones tanto en la arquitectura —los órdenes clásicos— como en las artes figurativas —aparición del canon o medida perfecta, el estudio de la anatomía y la preocupación por el carácter narrativo de las historias contadas en frisos o frontones.

 

1.2. La arquitectura griega

A. Características generales

La arquitectura griega, como la egipcia, es de carácter adintelado y su aportación más destacada es la creación de órdenes arquitectónicos (principios o normas según los cuales se construyen los edificios) que se basan en la unión fija de un elemento de soporte, la columna, y un elemento sustentado o entablamento, que mantienen entre sí una relación fija para poder generar construcciones bellas y proporcionadas. Tres son los órdenes griegos:

• Dórico. Se corresponde con una de las dos raíces del arte griego, la doria, en relación con las culturas de los metales que se desarrollan en Europa y con las primitivas construcciones en madera. Se extiende por Grecia continental y Sicilia y se caracteriza por una columna de fuste estriado en arista viva sin basa y con un capitel formado por molduras circulares —collarino y equino— y un ábaco cuadrado. El entablamento se divide en arquitrabe liso, friso con triglifos —que responden a las cabezas de las vigas transversales de las construcciones en madera— y metopas lisas o decoradas que servían para tapar los huecos entre las cabezas de las vigas. Rematando el entablamento fi gura una cornisa sobresaliente. El carácter sobrio de este orden motivó que los tratadistas del Renacimiento lo consideraran adecuado para la construcción de lugares vinculados con dioses o santos varones y fuertes.

• Jónico. Es originario de Asia Menor. Su carácter más ornamental, así como la esbeltez de sus proporciones, motivarán su relación con las divinidades femeninas, tanto en el mundo clásico como en periodos posteriores. La columna aparece con basa y el capitel tiene dos volutas que encuadran el equino, el ábaco es ahora más fi no. El entablamento presenta un arquitrabe dividido en tres fajas horizontales, llamadas platabandas, el friso corrido y la cornisa también saliente.

• Corintio. Se incorpora a la arquitectura griega en el siglo V a. C. y se caracteriza por su capitel dividido en dos cuerpos, el inferior con una doble fi la de hojas de acanto enroscadas en el centro y en los extremos y el superior con un ábaco curvo y fi no. El entablamento sigue el modelo jónico pero con un carácter más ornamental. Derivado del corintio nace, en pleno periodo helenístico, el orden compuesto que toma las hojas de acanto de este último y las volutas del jónico. Será muy utilizado en la arquitectura romana.

El edificio por excelencia del arte griego es el templo. Se levanta sobre unas gradas o krepis y según sus características recibe diferentes denominaciones. Podemos destacar las siguientes:

• Según su forma en planta. Por lo general el templo griego presenta una disposición rectangular pero en ocasiones excepcionales adopta una planta circular en cuyo caso se denomina tholos.

• Según las partes de su planta podemos distinguir templos de dos partes o de tres. – En el primer caso está compuesto de un pronaos (o pórtico) Dos partes. y una naos (o cella) como lugar principal donde se ubica la estatua del dios. – Añaden a las anteriormente citadas el opistodomos, nave Tres partes. o espacio que se sitúa en el lado opuesto al pronaos y que carece de comunicación con la cella.

• Según la distribución de las columnas en sus frentes:

– In antis. Cuando los muros de la naos o cella avanzan hacia el frente.

– Próstilo. Cuando tiene columnas en la fachada principal.

– Anfipróstilo. Cuando tiene columnas en la pronaos y en el opistodomos.

– Períptero. Rodeado de columnas en sus cuatro lados.

 – Díptero. Semejante al períptero pero con una doble fi la de columnas.

 – Pseudo períptero. Con columnas adosadas en los laterales.

• Según el número de columnas en su fachada: tetrástilo (cuatro), exástilo (seis), octástilo (ocho) y decástilo (diez).

 

B. Evolución cronológica y principales ejemplos

En el Periodo Arcaico (1000-500 a. C.)

La arquitectura se desarrolla fundamentalmente en torno a los santuarios como los de Olimpia (Templo de Zeus), Delfos o Atenas, dentro de la Península Helénica, y en la Magna Grecia (Sicilia), donde los más característicos son los de Selinonte y Paestum.

En el Clasicismo (siglo V)

Lo más significativo es la construcción de la Acrópolis de Atenas. La acrópolis (‘ciudad alta’) estaba presente en la mayoría de las ciudades griegas, con una doble función: defensiva y lugar de culto.

La entrada a la Acrópolis ateniense se realiza por una puerta monumental conocida como los Propileos. A su lado derecho y frontal se encuentra el Templo de Atenea Niké. Una gran estatua de bronce de Atenea realizada por Fidias se encontraba originariamente en el centro del recinto. A la derecha de donde se alzaba esta escultura se encuentra el Partenón o Templo de Atenea Parthenos o Todopoderosa. A la izquierda y al fi nal de la Acrópolis se sitúa el Erecteion, que presenta una tribuna sostenida por seis cariátides. También se encuentran los restos de un teatro al aire libre llamado Teatro de Dionisos donde estrenaron sus obras Sófocles, Aristófanes o Esquilo.

El Erecteion se presenta como un gran templo jónico con dos cellas, una dedicada a Atenea y la otra consagrada a Poseidón-Erecteo, a las que se accede a través de un amplio vestíbulo por el lado septentrional del templo. En el lado sur está el famoso Pórtico de las Cariátides, donde seis estatuas de mujeres jóvenes sirven de fuste de las columnas que sostienen el entablamento.

El Partenón es el edifi cio más característico de cuantos se encuentran en la Acrópolis. Está dedicado a Atenea Parthenos y conocemos los nombres de sus arquitectos: Ictinos y Calícrates. Se construyó en orden dórico y es octástilo y períptero. El material empleado es el mármol del Pentélico, con vetas ferruginosas que permiten mostrar colores diferentes en función de la incidencia del sol y de la luz. A estos efectos hay que añadir el perfecto estudio de las proporciones y del lugar donde se ubicó. Este hecho llevó a sus arquitectos a corregir las deformaciones visuales producidas por la aplicación de las leyes de la perspectiva a una estructura de tan grandes dimensiones. De ahí que todas las líneas horizontales, desde el basamento hasta el entablamento, estén combadas de forma convexa y todas las verticales ligeramente inclinadas hacia dentro; las columnas angulares son más gruesas que las centrales y los espacios de los intercolumnios disminuyen desde el centro hacia los extremos. Todo el Partenón, pues, está calculado con minuciosa perspicacia para producir en el espectador un efecto de maravillosa perfección.

El Helenismo (desde el siglo IV hasta la conquista romana)

El arte griego va a fragmentarse en este momento en multitud de escuelas y focos, cada uno de ellos con características propias que rompen defi nitivamente con la unidad que había caracterizado a las manifestaciones artísticas del Clasicismo.

Los ejemplos más característicos serán:

• Linterna de Lisícrates. La Levantada en la época de Alejandro (336-323 a. C.) en Atenas como homenaje al ganador de un concurso teatral. El trípode se erige sobre una base arquitectónica que destaca por su riqueza decorativa y en la que podemos observar capiteles corintios, orden que normalmente se reserva para el interior de los templos.

• Teatro de Epidauro El (finales del siglo IV a. C.). El género teatral es de creación griega y el edificio que alberga el espectáculo también lo es. Consta de tres partes esenciales: escena, orquestra y graderío. La escena se encuentra a nivel de tierra y en ella se emplean decoraciones giratorias en forma de prismas triangulares. La orquestra es la parte dedicada al coro; tiene planta circular y en el centro se alza la estatua dedicada a Dionisos, dios en cuyo honor se celebra la fi esta. El graderío tiene planta ultrasemicircular, rodeando en parte a la orquestra. Este prototipo pasará al mundo romano con ciertas modificaciones.

• Los planes urbanísticos de Hipodamos de Mileto. Con organización del espacio en cuadrículas que permiten el crecimiento de la ciudad multiplicando las perpendiculares y las paralelas, generando un ejemplo que habrá de repetirse tanto en el mundo romano como en la arquitectura de los siglos XIX y XX.

• Mausoleo de Halicarnaso El (360 a. C.- 340 a. C.). A la muerte de Alejandro, su imperio quedó dividido en pequeñas circunscripciones o reinos denominados satrapías. Con el paso del tiempo fueron desapareciendo pero solo Mausolo de Caria conservó su provincia y cercana su muerte quiso construirse un monumento que perpetuara su memoria en la capital de su estado: Halicarnaso. Para ello congregó a su alrededor a los grandes artistas del momento como el arquitecto Plinio El Joven y el escultor Scopas. Dado el lastimoso estado en que ha sido descubierto el Mausoleo, sigue siendo un verdadero problema reconstruir idealmente su aspecto, Aunque muchos detalles se nos escapen, no cabe duda que el Mausoleo fue una obra esencial en la resurrección del orden jónico, comenzada precisamente por entonces.


1.3. La escultura griega

 

A. Características generales

En la escultura griega se otorga absoluta primacía a la plasmación del cuerpo humano frente a la plástica egipcia en la que solo los dioses y el faraón eran considerados elementos dignos de representación. El hombre se esculpe en toda la plenitud de su belleza física y de su anatomía. Para poder conseguir una representación perfecta del individuo eran necesarias varias premisas:

• El dominio del material tanto del mármol, el más frecuente, como del bronce a la cera perdida, procedimiento en el cual sobresaldrían Mirón y Policleto.

• El aprendizaje en diferentes técnicas tales como el bulto redondo o el relieve destinado a la decoración de los templos (Fidias).

• La aplicación de las leyes de la proporción a través del canon, entendido este como la armonía de las proporciones basada en la correspondencia de las diversas partes del cuerpo. El módulo suele ser la cabeza y el ritmo proporcional de las medidas viene marcado por los huesos del dedo meñique. Este canon es variable tendiendo a una mayor esbeltez en el helenismo.

• La belleza ideal que viene plasmada en el llamado perfil clásico, según el cual los arcos superciliares se unen de forma armónica sin permitir que ningún elemento sobresalga en exceso del rostro. De ahí que la nariz y el mentón sean redondeados y escasamente sobresalientes.

• Las constantes: la representación del cuerpo masculino desnudo y del femenino muy vestido hasta la época de Praxíteles en la cual se generalizará la representación de las venus desnudas que pasarán al mundo romano.

• La contención expresiva y el idealismo en la expresión de los rostros que nunca denotan sentimientos extremos. Solo por la actitud, el movimiento o la mirada el escultor griego expresa el mundo del espíritu. Sin embargo, será a partir de la obra de Scopas y de los ejemplos del mundo helenístico como el Laocoonte cuando los escultores griegos introduzcan en la plástica el dolor, el pathos, y la expresividad exagerada.

 

B. Evolución cronológica y principales ejemplos

 

Periodo Arcaico

Predominan las figuras hieráticas, con un esquema de composición muy rígido y con los brazos pegados al cuerpo, la anatomía es muy esquematizada, los cabellos largos y rizados, los ojos almendrados, la sonrisa arcaica y el escaso interés que muestran por el detalle en el tratamiento de las vestiduras. Las imágenes más características son:

• Los kuroi. Estatuas de atletas masculinos de pie, con una pierna avanzada para sugerir el movimiento y que generalmente aparecen desnudos.

• Las koré. Son estatuas femeninas siempre vestidas, bien con el peplos dórico, más rectilíneo o bien con el jitón jónico, con más pliegues. Suelen sujetarse el vestido con una mano y portar en la otra un vaso de ofrendas o un fruto, por lo cual durante un tiempo fueron identificadas como sacerdotisas de fertilidad.

• Las esculturas de los templos de Delfos y de Zeus en Olimpia, así como los relieves del Trono Ludovisi —en el cual se representa el nacimiento de Venus—. El auriga de Delfos y el Poseidón de Histea denotan ya la evolución hacia el Clasicismo.

 

El Periodo Clásico

A mediados del siglo V, en la época de Pericles, se desarrolla el Clasicismo griego que se va a concretar en tres etapas a través de las cuales se va logrando el dominio de la técnica escultórica y de la representación de la anatomía.

• El Primer Clasicismo o Periodo Severo, representado por la obra de Mirón y Policleto.

• El Gran Clasicismo representado por Fidias.

• El Posclasicismo en el cual se encuadra la obra de Praxíteles, Scopas y Lisipo.

 

Periodo Severo

Mirón era broncista pero su obra nos ha llegado a través de copias romanas en mármol. Su objetivo era lograr la plasmación del cuerpo humano en movimiento, en la tensión previa a la acción. El mejor ejemplo es su Discóbolo, que representa a un joven atleta en el momento de lanzar el disco, con todos los músculos en tensión. Sin embargo, debe quedar clara la fidelidad de este artista al planteamiento básico de la escultura del momento: predominio del punto de vista frontal y su esfuerzo por enriquecer la composición enmarcada en este caso por un amplio arco dentro del cual se contraponen varias líneas que contribuyen a insertar la figura en su espacio circundante.

Policleto, por su parte, es también un excelente broncista y un teórico de la escultura. En su obra encontramos por primera vez el concepto de belleza entendida como la armonía de las proporciones entre las diferentes partes del cuerpo. Escribió una obra llamada Canon, hoy perdida, en la cual recoge su idea del canon de belleza: «Es conveniente que la cabeza sea la séptima parte de la altura total de la figura, el pie tres veces la longitud de la palma de la mano, y la pierna, del pie a la rodilla, deberá medir seis palmos y la misma medida habrá también entre la rodilla y el centro del abdomen».

 

Gran Clasicismo Pleno

Representado a la perfección por la figura de Fidias. Escultor, pintor y arquitecto, además de director de las obras de la restauración de la Acrópolis de Atenas, supo expresar plásticamente los ideales del pensamiento y de la obra de su gran mecenas: Pericles. Entre su gran producción escultórica destacan las imágenes de Atenea en sus distintas advocaciones y especialmente la decoración del Partenón: los frontones (con los temas del nacimiento de Atenea y la lucha entre Atenea y Poseidón), las metopas (en las cuales destaca la lucha entre centauros y lapitas) y el friso de las Panateneas. Esta última obra, que representa la procesión del pueblo ateniense para entregar el peplos a su diosa, incorpora una nueva técnica, la de los paños mojados, consistente en esculpir pesadas vestiduras que permiten ver la anatomía que cubren.

 

Posclasicismo

Los escultores van a romper con la serenidad característica de Fidias y tenderán a otros aspectos de la representación de la fi gura: el sentimiento trágico (Scopas), la sensualidad del cuerpo femenino desnudo (Praxíteles) o la búsqueda de un canon de proporciones más estilizado y con mayor conexión con el mundo real.

• Scopas exalta la angustia y el tormento interior de los personajes a los que representa y para conseguirlo, utiliza una serie de recursos que se repetirán en los años siguientes, sobre todo en las escuelas del helenismo: bocas entreabiertas, ojos hundidos y cuerpos contorsionados que se mueven en espiral.

• Praxíteles es considerado el escultor de la belleza sensual, de suaves formas redondeadas que se acentúan al apoyar el cuerpo sobre una pierna, con lo cual se crea una de las notas características de su estilo: la llamada curva praxitelina. También a este artista se debe la utilización de los paños mojados de Fidias, como sistemas de enmarcamiento de sus figuras, y la generalización del desnudo femenino (Afrodita de Gnido), que se convertirá en uno de los temas fundamentales del helenismo.

• Lisipo es el escultor de Alejandro Magno, quizá el que se interesa más por la expresión y el realismo de los rostros, como lo demuestra el retrato que realizó para el soberano macedonio. En sus imágenes de atletas prefiere un canon más alargado — para él la altura total de la estatua ha de ser ocho veces la altura de la cabeza— y estudia su proyección en el espacio circundante a través del movimiento de las piernas y los brazos avanzados hacia delante.

 

Helenismo

La muerte de Alejandro provocó una fragmentación en la unidad estilística del mundo griego. De esta manera, podemos ver que durante el helenismo se van a seguir realizando esculturas que siguen fielmente los principios del clasicismo sobre todo las representaciones de cuerpos femeninos desnudos como otras que combinan diferentes estilos y técnicas. Destaca especialmente la profusión de grandes grupos escultóricos, que sustituyen a las figuras aisladas y que exaltan el carácter trágico, los movimientos violentos, las actitudes forzadas y los cuerpos contorsionados y retorcidos. Este eclecticismo se va a manifestar en una serie de escuelas entre las que figuran:

• Escuela de Pérgamo. Su obra más destacada es el Altar de Zeus. En él se representaba la lucha de los dioses contra los gigantes. El conjunto manifi esta una gran confusión de paños, telas, animales y musculaturas poderosas que se alejan del equilibrio compositivo propio del clasicismo.

• Escuela de Rodas. Caracterizada por composiciones grandilocuentes y complejas en las cuales lo más característico es el estudio de la anatomía —grupo de Laocoonte y sus hijos—, de los paños que combinan las técnicas de Fidias —paños mojados— y de Kalimacos —paños transparentes—. Tiene como máximo exponente la Niké o Victoria de Samotracia.

• Los neoáticos. Se desarrollan en el fi nal del helenismo en plena expansión de la conquista romana. Los temas que tratan son escenas mitológicas pertenecientes al mundo cotidiano. Al primer grupo de obras pertenece la Venus de Milo, en la que se combina la estructura compositiva del clasicismo y un estudio de la anatomía más próximo al mundo real. Al segundo apartado pertenece el Espinario.

 

El arte helenístico entró a formar parte del complejo mosaico de estilos que convivieron en el Imperio romano, evolucionando durante siglos. Pero lo que no cabe duda es que alejado de su ambiente original, al helenismo solo le quedaban dos soluciones: anclarse en la tradición o buscar nuevas fórmulas que darán lugar al realismo del periodo de Nerón o a la melancolía que caracteriza las representaciones de la época del emperador Adriano.

jueves, 9 de octubre de 2025

El arte romano. McGraw-Hill

 

2. El arte romano: desarrollo y principales influencias

Debido a la gran extensión temporal del llamado Periodo Romano —más de mil años— enfocaremos su estudio a partir de la línea cronológica que recogemos a continuación y que centra la historia de Roma en tres grandes periodos: Monarquía, República e Imperio.

El arte romano, entendido como producto de la mentalidad romana estaba ya plenamente formado a finales del siglo I a. C. y se mantuvo hasta finales del siglo IV con la llegada de las invasiones bárbaras. Se asienta sobre dos grandes pilares en un ejercicio de perfecto sincretismo, de tal manera que el legado romano constituirá una base cultural uniforme entre los pueblos de Europa hasta el desarrollo del arte románico.

 

Los dos pilares culturales que constituyen el sustrato del mundo romano son:

• El mundo griego: del cual toman la estatuaria (tanto temas como técnicas) y la arquitectura. En especial, los tres órdenes clásicos (a los que añadirán el toscano y el compuesto), la estructura de los templos y el teatro como edificio principal relacionado con el espectáculo.

• Etruria: imprime el gusto por el retrato, el culto a los antepasados, la estatuaria de bronce o la utilización del arco de medio punto en la arquitectura.

A estas aportaciones, los artistas romanos añaden una serie de elementos propios que convierten el arte romano en original y lo alejan de las concepciones simplistas que lo consideran una mera copia del arte griego. En primer lugar, el carácter militar de Roma hará prevalecer en sus construcciones la utilidad frente a la belleza abstracta y formal que había caracterizado al arte griego.

En segundo lugar, la estrecha relación que va a existir entre la obra de arte y el grupo de poder, la clase dominante que la encarga, la financia, la utiliza y la pone a su servicio para, con ella, exaltar su poder y mostrar su magnificencia. Se explican así los grandes edificios para espectáculos, los arcos de triunfo y las columnas conmemorativas que recuerdan al mundo el poder de los emperadores.

 

2.1. La arquitectura romana

 

A. Características generales

En los materiales se emplea la combinación de aparejos de sillería, mampostería y ladrillo, siendo muy características las estructuras en hormigón romano para las construcciones que requieren mayor resistencia (los pilares de puentes y acueductos, la base de las calzadas, etc.).

Como soportes se emplean los órdenes clásicos griegos a los cuales añaden el toscano —muy similar al dórico pero con basa— y el compuesto —mezcla de los capiteles del jónico y el corintio—. Los órdenes se emplean con mayor libertad, introduciendo variantes e incluso combinándolos en un mismo edificio con varios pisos conforme a la siguiente ordenación: toscano, jónico, corintio y compuesto (fachada del Coliseo de Roma).

En cuanto a las cubiertas, Roma emplea por igual la arquitectura adintelada propia del mundo griego, como la abovedada de influencia etrusca y oriental. Ambos sistemas constructivos podían utilizarse indistintamente en un mismo tipo de edificio.

Por lo general, el sistema abovedado se empleaba en las construcciones destinadas a albergar un gran número de personas en su interior, ya que permitía cubrir con un mínimo de soportes, un espacio mayor que en el caso de la arquitectura arquitrabada.

No obstante, la utilización de la bóveda en espacios grandes planteó problemas, tales como el contrarresto de las presiones laterales y la eliminación del mayor peso posible de la estructura de la cubierta. La pericia de los arquitectos resolvió estos problemas mediante la colocación de gruesos muros para contrarrestar las presiones (Panteón de Roma) y la utilización de materiales más ligeros para la estructura de la cubierta, tales como el ladrillo y la argamasa.

 

B. Evolución y tipos de edificios

Aunque existe una evolución en el desarrollo de la arquitectura romana, dada la extensión geográfica del Imperio y las peculiaridades autóctonas que presenta, se considera que la forma idónea para abordar el estudio de las construcciones romanas sea atender a la diversidad de construcciones y edificios. De esta manera, podemos distinguir:

• La ciudad. Es el centro de la vida y de la actividad comercial que reproduce el plano de los campamentos o castra. Se trata de una estructura reticular formada por el cruce de dos vías principales: el cardo, o vía horizontal, y el decumano, o vía vertical. En el cruce de ambas se dispone el foro donde se sitúan los edificios principales tales como las basílicas, la curia para las reuniones políticas o el pretorio. El crecimiento urbano se generaba al multiplicarse en sentido vertical y horizontal, las principales vías.

• El templo. Sigue el modelo etrusco ya que se eleva sobre un podium (en lugar de la Krepis griega) y muestra un único acceso en la parte delantera del edificio, ya que suele estar situado en el foro, mirando al centro de la plaza. Por sus especiales peculiaridades merece citarse el Panteón de Roma, construido por Agripa, yerno y consejero del emperador Augusto en el año 27 a. C., como un templo que debía estar destinado a todos los dioses, de ahí su nombre.

 

Edificios para la vida privada y social

• La casa romana, de la que se conservan numerosos ejemplos en Pompeya, Itálica o Mérida, consta de tres partes: un acceso o vestíbulo, un patio o atrio al que dan las habitaciones y al fondo, una sala o tablinum. La casa cuenta también con una parte privada formada por un patio con columnas o peristilo y al fondo el comedor o triclinium. Las villas o casa de campo siguen un esquema análogo pero multiplicando el número de habitaciones tal y como puede apreciarse en los restos conservados en Clunia (Burgos) o la espléndida Villa de Materno en Carranque (Toledo) construida hacia el año 338.

• Las termas desempeñan una importante función social en el mundo romano. Constan de una sala vestuario (apoditerium) y salas para tomar baños fríos (frigidarium), templados (tepidarium) y de vapor (caldarium), presentando esta última una estructura abovedada como sistema de cubierta. Las termas de mayores dimensiones fueron las de Caracalla en Roma (212-216 d. C.).

 

Edificios para espectáculos

• El teatro se organiza sin aprovechar un declive del terreno, como hacían los griegos,

y se eleva sobre un sistema de arcos y bóvedas. La cavea o graderío para el público,

dividía en sectores según la condición social de las personas que acudían a contemplar el espectáculo. Ante la scena, concebida como un gran frente monumental, se dispone la orchestra, de planta semicircular (abandonando la sección ultrasemicircular de los modelos griegos) y detrás se sitúan los jardines o peristilos para descansar durante los entreactos. En la Península Ibérica los ejemplos mejor conservados son los de Cesaraugusta (finales del siglo I) y Mérida (Badajoz), iniciado en el 16 a. C.

• El anfiteatro es el lugar para los espectáculos de lucha entre los gladiadores y las fieras. Tiene una planta ovalada, con arena en el centro, rodeado del graderío o cavea. Destacan el de Itálica en Sevilla (construido en tiempos de Adriano entre el año 76 y 138) y el Coliseo de Roma.

• El circo se reserva para las carreras de carros y cuadrigas y tiene una planta muy alargada en cuyo centro se coloca la espina con estatuas o monumentos conmemorativos y en uno de sus extremos las jaulas para los carros. El más importante fue el Circo Máximo de Roma (iniciado en el 50 a. C.).

 

Monumentos conmemorativos

Se disponen en el foro o en las principales vías de acceso a las ciudades. Los principales tipos son los arcos conmemorativos de un solo vano (Arco de Bará, Tarragona, 13 a. C.), de tres huecos (Arco de Constantino, Roma, 315 d. C.) o el curioso ejemplo de arco cuatrifonte de Caparra (Cáceres) de principios del siglo II. Completan esta tipología las columnas con relieves historiados, como la Columna Trajana de Roma.

En relación con este capítulo, merecen destacarse algunos ejemplos de monumentos funerarios en íntima relación con la diversidad de creencias del mundo romano (Torre de los Escipiones en Tarragona).

 

Obras de ingeniería. Acueductos, puentes y calzadas

La necesidad de contar con agua abundante en las ciudades determina la realización de grandes obras de ingeniería como los pantanos de los que parten las canalizaciones

salvando los desniveles del terreno con sifones o acueductos. Estos últimos se forman con arquerías sobre las cuales van las canalizaciones al descubierto. Sobresalen los acueductos de Segovia o el de Los Milagros en Mérida (Badajoz).

Completan este apartado los puentes para facilitar las comunicaciones entre diversas partes del Imperio —como el de San Martín en Toledo o el de Alcántara en Cáceres— y

las calzadas o redes viarias que constituyeron el elemento indispensable para que la romanización pudiera llevarse a cabo en todos los territorios bajo el poder de Roma.

En todas estas obras puede verse como el sentido de utilidad del arte romano predomina sobre su función constructiva. El empleo del hormigón romano revestido con piedra tallada en diferentes formas —denominadas opus—, las sucesiones de arcos enjarjados en los pilares o que se cobijan unos a otros, nos dan idea de la formación técnica de los arquitectos del periodo.

 

2.2. La escultura romana

Como caracteres generales de la escultura romana podemos observar la pervivencia de la doble influencia que habíamos analizado en la arquitectura: la griega, sobre todo del Periodo Helenístico. En este periodo, los griegos hacen ya retratos de hombres públicos. El parecido físico de estos no supone la inclusión de los defectos físicos del personaje ya que se entiende que la mayor perfección física se debe corresponder con la rectitud moral. A esto hay que añadir la fascinación que las clases acomodadas sentían por lo helénico y la gran cantidad de artistas griegos que trabajaban en Roma al final del helenismo. Esta corriente idealista coexistirá con otra más naturalista y procedente de la estatuaria etrusca que se manifiesta en el afán por la representación individualizada y el dominio de las diferentes técnicas, tanto el trabajo del mármol como el del bronce.

Sin embargo, no existe la misma homogeneidad presente en el arte griego, debido en buena medida a la existencia de talleres locales y provinciales que mezclan las constantes del arte romano con sus tradiciones autóctonas.

Dos son los temas y estilos que caracterizan a la escultura romana: el retrato y el relieve histórico.

 

A. El retrato

Deriva del ius imaginum o derecho a tener y exhibir imágenes de los antepasados y se utiliza no solo para representar a dioses o emperadores sino para hacerlo con cualquier persona. El retrato romano se caracteriza por su realismo: facciones enjutas, pómulos sobresalientes, nariz afilada, boca fruncida y retraída; ya que se pensaba que la imagen debía guardar el máximo parecido con el representado. Sin embargo, pronto se abrieron los escultores a la idealización helenística, tal y como se muestra en los retratos imperiales de los siglos I y II en sus tres versiones: togata —con la toga de patricio—, thoracata —con la indumentaria militar— y apoteósica —semidesnudo como si se tratara de un dios—. Con el paso del tiempo, la iconografía imperial se enriquecerá

con la imagen ecuestre del césar a caballo —como la del emperador Marco Aurelio (162-180).

A partir del siglo III se emplea la técnica del trépano en el tratamiento de los cabellos para conseguir efectos de claroscuro, se generaliza la costumbre de grabar las pupilas, las cabezas aumentan de tamaño, tendiendo incluso al colosalismo y mezclándose ya en el ocaso del Imperio romano con las influencias egipcias y bizantinas —cabeza de Constantino (siglo IV) conservada en el Palacio de los Conservadores de Roma.

 

B. El relieve histórico

Tuvo su origen en las culturas orientales de la antigüedad. Su finalidad principal era la narración o la conmemoración de algún acontecimiento histórico relevante, y, en el caso de Roma difundir las gestas de los emperadores. El relieve siguió la misma línea evolutiva del retrato, aunque en este caso no se trataba de reproducir los rasgos del rostro, sino de narrar un hecho concreto y buscar efectos pictóricos a través de la profundidad y de la perspectiva.

Podemos seguir la evolución del relieve a través de tres ejemplos fundamentales:

• El Ara Pacis de Augusto (13-9 a. C.). Realizado para conmemorar la paz dictada por

el emperador. Lo más destacado es la decoración escultórica que recubre el edificio. En el interior el friso está ocupado por guirnaldas y bucráneos.

En el exterior los zócalos se recubren de hojas de acanto en forma de roleos. Los frisos

exteriores tienen distinta decoración según su ubicación: flanqueando las puertas cuatro alegorías, y en los muros laterales dos procesiones. Las alegorías están relacionadas con la mítica fundación de Roma. En esta obra se conjugan varios temas y estilos de relieve diferente: a) la ornamentación floral en el zócalo; b) los orígenes mitológicos de Roma; c) el Emperador Augusto como princeps preside una procesión, un senado agradecido y un pueblo regenerado asistían al acto; y d) la Tierra generosa completa la alegoría acerca de la Paz de Augusto y la prosperidad por ella generada. El Altar de la paz desempeña un papel propagandístico evidente: la Paz Augusta y la Victoria Augusta unidas a las construcciones del templo de Mars Ultor y del Foro del Princeps.

De los cuatro lados originales solo dos se han conservado casi completos: el mejor conservado representa a la Tierra, como una mujer con dos niños, flanqueada por los genios fertilizantes del Aire sobre un cisne y del Agua sobre un monstruo marino; todo ello acompañado de frutos y animales que hacen alusión a la prosperidad proporcionada por la Paz de Augusto.

• El Arco de Tito (siglo I d. C.). En el interior del pasadizo del arco se conservan dos altorrelieves de gran formato. Uno está dominado por la cuadriga y el carro en el que el emperador Tito, a quien corona la Victoria, desfila triunfante.

No le acompañan en este caso miembros de la familia imperial sino sólo los lictores con sus fasces y las figuras alegóricas de Roma: el Genius Populi Romani y el Genius Senatus. El otro relieve es una visión puramente histórica del mismo desfile: la apretada turba que lleva el botín capturado tras la victoria del emperador sobre el pueblo judío. Esta multitud camina en varios planos y sus componentes no solo tienen mayor o menor bulto o resalte sino también diferentes alturas. Esta concepción y este tratamiento del fondo dan al relieve una gran profundidad espacial y su claroscuro una plasticidad puramente pictórica.

• La Columna Trajana. Donde se relatan las campañas victoriosas de este emperador sobre los dacios (107-134). La primera mitad narra la Primera Guerra Dácica (101-102) que terminó con la creación de un Estado vasallo de Roma y la mitad superior, la Segunda Guerra, en la cual el emperador decidió convertir la Dacia en provincia romana.

La representación comienza por abajo con el dios Danubio contemplando asombrado el paso de las legiones romanas. Más de 200 figuras, algunas de ellas repetidas, intervienen en la representación de la guerra y la preparación de los combates. Los autores son capaces de conseguir que a veces los últimos planos parezcan grabados, como ocurre a menudo en los fondos de paisaje. Los escorzos y las torsiones contribuyen a crear ilusión de profundidad y hasta de número.

De esta manera, los relieves se convirtieron en una propaganda útil para los fines expansionistas del Imperio. En todos estos ejemplos se advierte una evolución hacia la abstracción ya que se pasa del carácter pictórico de las representaciones con varios planos de profundidad al llamado estilo cristalino en el cual las figuras y los objetos se yuxtaponen de manera artificial en un espacio sin referencias naturalistas. Este estilo pasará al arte paleocristiano, más inclinado hacia el simbolismo.

Esta evolución puede seguirse también a partir de los relieves de los sarcófagos. Al principio sus decoraciones eran simples medallones grabados que se irán transformando paulatinamente en composiciones continuas labradas a lo largo de toda la superficie frontal del sarcófago. Las escenas pueden presentarse en forma de friso corrido, al estilo del relieve narrativo que se ubica en los arcos del triunfo, pero podemos también encontrar ejemplos en los cuales el friso se divide en varios compartimentos o nichos separados por arcos y columnas.

Los temas que podemos encontrar son muy variados y van desde los motivos abstractos, como los estrígiles, a escenas simbólicas, cuya representación manifiesta, sin embargo, notables paralelismos con la estética romana. Como ejemplos podemos citar: las uvas, vides y pámpanos, clara alusión eucarística, y la imagen de Jesucristo en la más pura tradición helenística, ataviado como un magistrado o un emperador, joven y sin barba.

Veremos en la próxima unidad cómo el primer arte cristiano hace suyas estas representaciones romanas y las dota de un significado simbólico en consonancia con los presupuestos de la nueva religión. De esta manera, el Moscóforo griego se transformará en la imagen del Buen Pastor y las escenas de magistrados en la Traditio Legis o entrega de las llaves del cielo a San Pedro. No obstante, las alusiones naturalistas y los fondos de paisaje irán desapareciendo en aras de una representación más abstracta y menos preocupada por la narración que por los contenidos propagandísticos de la nueva fe.

El arte bizantino. McGraw-Hill

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2. El arte bizantino

 

2.1. Contexto histórico

A la muerte del emperador romano Teodosio, el Imperio se va a dividir entre sus dos hijos, correspondiendo a Honorio la parte occidental y a Arcadio la oriental. Mientras esta última pervivió durante mil años con el nombre de Imperio bizantino, en Europa occidental tendrán lugar una serie de invasiones que acabarán con el Imperio de Occidente provocando la aparición de un mosaico de estados nacionales bajo la autoridad de los diferentes pueblos

bárbaros (en latín extranjeros).

El arte bizantino puede denominarse arte paleocristiano de Oriente y se desarrolla entre los años 330 y 1453. Se va a caracterizar por la fusión entre la Iglesia y el Estado, la exaltación de la autoridad del emperador, el extraordinario lujo y riqueza, en parte derivados de sus contactos con Oriente y la pugna ideológica entre los partidarios del uso de la imagen en el arte (iconódulos) y los detractores de este aspecto (iconoclastas) quienes consideran necesaria la eliminación de las imágenes para llegar a una unión más completa con la esencia de la divinidad.

Podemos distinguir tres etapas en el desarrollo del arte bizantino:

• Primera Edad de Oro (desde la división del Imperio hasta principios del siglo IX). En ella se inscriben las brillantes conquistas y aportaciones del emperador Justiniano (527-565) y las primeras luchas iconoclastas.

• Segunda Edad de Oro (primera mitad del siglo IX). En este momento, los defensores de las imágenes elaboran programas iconográficos con unos códigos figurativos que todavía permanecen en la actualidad en las iglesias ortodoxas.

• Tercera Edad de Oro o deuterobizantina (último cuarto del siglo IX hasta la conquista de Bizancio por los turcos en 1453). En esta fase, el poder de Bizancio se extiende por los pueblos eslavos, rumanos y rusos que son cristianizados e incluso reciben un nuevo alfabeto (el cirílico). Se crean de esta manera las bases de una nueva civilización que

pervivirá más allá de la dominación política de los emperadores.

 

Las aportaciones del Imperio bizantino van más allá de sus formas arquitectónicas e iconográficas. Debemos referirnos al campo de las letras en el cual Bizancio constituyó un nexo de unión.

 

2.2. La arquitectura bizantina

Las notas definitorias de esta arquitectura son:

• Uso de ladrillo como material constructivo, solo o combinado con piedra en los exteriores y con mosaico en los interiores.

• Como soportes se emplean las columnas con capiteles vegetales tallados a trépano o con la técnica de avispero. Sobre ellos se dispone un cimacio para elevar la altura de la nave y hacer más esbelta la construcción.

• El arco utilizado es el de medio punto, a veces con dovelas alternas de piedra y ladrillo.

• Empleo sistemático de la cubierta abovedada, sobre todo la cúpula sobre pechinas que simboliza la bóveda celeste. Estas cúpulas se construyen mediante hiladas concéntricas de ladrillo en ritmo decreciente hacia la cima.

• Contraste entre la sencillez y austeridad de los exteriores y el brillo deslumbrante de los interiores decorados con mosaico y mármol en los Balcanes, Ucrania y Rusia. Con el paso del tiempo se irán incorporando elementos decorativos en los exteriores de los edificios, tales como ventanas con molduras, elementos cerámicos o combinación de bandas de ladrillo buscando efectos de policromía. Rara vez aparece escultura en las fachadas.

• En la tipología de los edificios se advierte la preferencia por la planta centralizada en estrecha relación con el simbolismo concedido a la cúpula. No obstante, se conserva la estructura de la basílica paleocristiana aumentando el espacio del nártex y colocando delante del altar una separación denominada iconostasis, sobre la que se disponen imágenes o iconos pintados.

 

Entre los edificios que representan la evolución de la construcción bizantina, podemos citar los siguientes:

 

A. En la primera Edad de Oro

La iglesia de los Santos Sergio y Baco (primer tercio del siglo VI) y la de Santa Sofía de Constantinopla (construida entre los años 532 y 537). Presenta una planta de diseño casi rectangular, dominada por una gran cúpula central horadada en su parte inferior por ventanas que la dotan de gran luminosidad. Esta cúpula se asienta sobre pechinas que se apoyan en cuatro estribos con sus arcos, reforzados en el exterior por contrafuertes. El crucero es cuadrado y se prolonga en ambos lados por dos semicírculos cubiertos con semicúpulas y que llegan hasta los ábsides. El edificio fue construido por Artemio de Talles e Isidoro de Mileto y dedicado a la Santa Sabiduría personificada en la Virgen María, hecho que se recuerda al visitante con la inmensa imagen que preside su ábside.

Pertenecen también a este momento las iglesias de la ciudad de Rávena: la de San Vital que se inspira en la planta de los Santos Justo y Baco y las de San Apolinar in Clase y El Nuevo, que siguen la clásica tipología basilical.

 

B. En la segunda Edad de Oro

Predomina la planta de cruz griega con cinco cúpulas realzadas mediante tambor. El ejemplo más característico es San Marcos de Venecia. Esta iglesia está concebida como una prolongación del Palacio Ducal y presenta un exterior adornado con mosaicos de color dorado. Se accede al interior mediante un nártex que da paso al espacio cupulado,

 

también recubierto con mosaicos en los que se narran temas evangélicos como el Pentecostés de la nave central.

 

C. En la tercera Edad de Oro

Tiene lugar la expansión del arte bizantino por Creta y Grecia en numerosos conjuntos monacales (Mistra, monte Athos) y también por el Danubio y Rusia, manteniéndose la tipología de cruz griega con cúpulas hasta bien entrada la Edad Moderna. Ahora los materiales ornamentales mezclan la pintura al fresco, los mosaicos y la cerámica que se dispone sobre las torres de silueta bulbosa que se van a convertir en el elemento más característico de esta arquitectura. Ejemplos del periodo son las iglesias de Santa Sofía de Kiev o la catedral de san Basilio de Moscú.

 

2.3. Las artes figurativas en Bizancio

 

A. Las técnicas

En el mundo bizantino se desarrollan diferentes técnicas del arte de la imagen:

 

• Mosaico. Destruidos en su mayor parte los mosaicos de Constantinopla, los conjuntos más sobresalientes se encuentran en Italia y Grecia. En el primer foco San Marcos de Venecia y las iglesias sicilianas de Monreale, Cefalu y Palermo anticipan los rasgos característicos e iconográficos de la decoración de los ábsides en el periodo románico.

• Pintura al fresco. Es menos costosa que el mosaico y los paramentos de mármol. Por eso cubre las paredes de las iglesias con el fin de expresar diferentes temas al servicio de la liturgia. La disposición arquitectónica se relaciona con la importancia de los motivos representados, situándose en el ábside la imagen del pantocrátor, en las naves diferentes ciclos de la vida de Cristo y en el nártex escenas de la vida de la Virgen.

• Iconos. Pinturas sobre tablas con las imágenes de Cristo, la Virgen o santos que alcanzan extraordinaria difusión y que serán uno de los detonantes de la crisis iconoclasta. Desde el punto de vista formal, presenta figuras estilizadas y una gran armonía de color. Destacan los producidos en la escuela rusa, la chipriota y la griega que en la mayoría de los casos no tendrán una función litúrgica y se utilizarán como presente en las ceremonias palatinas y cortesanas.

• Iluminación de manuscritos. Como Biblias, salterios (libros de salmos) o evangeliarios entre los cuales cabe destacar una corriente aristocrática caracterizada por la decoración de páginas enteras (como el Menologio de Basilio II) y otra más popular con abundantes representaciones marginales (Salterio de Kludov).

 

B. La iconografía

En la primera Edad de Oro, la representación figurativa va a enlazar con la tradición paleocristiana, en la que confluyen dos tendencias: la helenística, más clásica y preocupada por el espacio y el volumen y la siria caracterizada por la representación plana y el idealismo en rostros y actitudes. Esta última habrá de imponerse debido a que la estrecha alianza entre Iglesia y Estado desarrollará un arte áulico más distanciado del pueblo y con un contenido más intelectual.

Pero, vencida la herejía iconoclasta, el segundo periodo se va a caracterizar por su simbolismo y por su vinculación a un programa iconográfico determinado: cada tema deberá ocupar un lugar fijo en razón de las ideas que se quieren expresar y los artistas emplearán colores —el azul y el blanco como colores del cielo o el rojo como símbolo de Pasión y muerte— y perspectivas jerárquicas —la figura más importante se representa en mayor tamaño que las demás— o inversa —las figuras más alejadas se presentan más grandes a los ojos del espectador que las situadas en primer término conforme al contenido litúrgico al que se sometan.

En el último periodo se enriquece la iconografía de los temas evangélicos y los artistas trabajan con mayor libertad pero con figuras cada vez más artificiosas y estilizadas. Los temas más frecuentes son:

• Cristo. Aunque en la iconografía paleocristiana la representación de Cristo se manifestaba influida por la tradición helenística, joven e imberbe, el modelo sirio se va imponiendo con el paso del tiempo. Este modelo presenta un Cristo barbado, de larga melena, barba partida y unos pequeños mechones en la frente. Su imagen más habitual es la de pantocrátor, bendiciendo y con el Libro de la Vida en sus manos. Es la imagen del Dios juez que pasará al arte románico.

• La Virgen. Los modelos creados responden a cuestiones teológicas: la imagen más frecuente representada en los ábsides es la Kiriotissa, o trono de Dios que tiene al Niño de frente ya que ella misma es el trono de la sabiduría. Otras formas de presentar a María son la Theotokos o Madre de Dios que ofrece una fruta o una flor a su Hijo, como la Nueva Eva y la Hodigitria que señala a su Hijo como camino de salvación. Estas iconografías pasarán al arte medieval.

• Otros temas. La Anastasis o bajada de Cristo a los infiernos y la Deesis que representa a Cristo con la Virgen y San Juan Bautista como intercesores de los hombres ante la divinidad. Estos ciclos fundamentales se enriquecen con la vida de los santos y las representaciones de estos con su nimbo, los libros en la mano si se trata de evangelistas y la palma como símbolo del martirio.

 

En escasas ocasiones podemos encontrar temas profanos, tales como las imágenes del emperador Justiniano y su esposa Teodora que aparecen en la Iglesia de San Vital de Rávena. La pareja imperial, cada uno de ellos representado en un mosaico diferente y acompañados de su séquito, llevan ofrendas de plata a un santuario de Cristo, y lo hacen como los mártires y las Vírgenes que en San Apolinar Nuevo, llevan sus coronas a la Virgen. Llevar sus dones a la Iglesia y renovar con ello el acto del reconocimiento supremo de Dios y simultáneamente el derivado de su propia investidura son el símbolo de la alianza entre el poder político y el poder de la la Iglesia que perdurará a lo largo de la Edad Media.

 


El arte paleocristiano. McGraw-Hill

 

1. El arte paleocristiano

Tras el Edicto de Milán (313) y el bautismo del emperador Constantino, se pone fin a una etapa de persecuciones contra los cristianos a quienes se consideraba enemigos de Roma y detractores de la estructura política y social que el Imperio había constituido. Prueba de ello son las persecuciones sistemáticas que sufrieron sus seguidores, especialmente los esclavos, que vieron en estas ideas una esperanza de igualdad y de mejora en sus condiciones de vida. Las más sangrientas fueron las de Decio (249-251) y Diocleciano (303-305). Tras el reconocimiento de Constantino, el 27 de febrero de 380 Teodosio declara al cristianismo religión oficial del Imperio y podremos ver cómo esta nueva ideología va a aprovechar las formas de conquista y de expansión romanas para extenderse principalmente por áreas urbanas, en las cuales existía una mayor concentración de población. Las zonas rurales, por el contrario, continuaron siendo paganas durante mucho tiempo aún.

 

Podemos hablar de dos grandes etapas en el desarrollo del arte paleocristiano:

• Etapa primitiva. Anterior al Edicto y caracterizada por la clandestinidad y el escaso desarrollo del arte. Son ejemplos característicos de esta etapa las catacumbas y la creación de un vocabulario iconográfico, con carácter simbólico que tratará de difundir los nuevos dogmas y creencias en un periodo caracterizado por las persecuciones.

• Periodo de la Iglesia triunfante. Desarrollada entre los siglos IV y VI, durante la cual se desarrolla una arquitectura propia, en gran parte heredada de la romana, pero cambiando su función y su significado y por la introducción de nuevos temas en las artes figurativas que servirán de base a la escultura, pintura e ilustración del libro a lo largo de la Edad Media.

 

1.1. La etapa primitiva

La divulgación del cristianismo dentro del Imperio romano, se realizó a través de pequeñas células que se reunían al atardecer y en ellas se escuchaban lecturas, se cantaban salmos y en ocasiones, se distribuían víveres entre los indigentes. En la ciudad de Roma y según referencias literarias estas reuniones tenían lugar en las salas de recepción de las casas de algunos patricios conversos. Estas salas recibían el nombre de tituli y se han encontrado algunos ejemplos en Siria (Doura Europos hacia el año 230). Pero, sin duda alguna, el arte más representativo se va a desarrollar en las catacumbas, excavadas en el subsuelo de las grandes ciudades. Estas catacumbas eran cementerios subterráneos, constituidos por largos corredores, con múltiples bifurcaciones que permitían a los cristianos reunirse en la clandestinidad, enterrar a sus muertos en nichos y desarrollar en sus paredes una iconografía simbólica que alude al mensaje de Cristo, a la eucaristía y a la promesa de salvación.

 

La decoración de las catacumbas presentaba dos tipos de temas:

• Los relacionados con el mundo pagano, cuyo signifi cado conservan o alteran, según los casos. Incluimos en este apartado los símbolos de Cristo: el Cordero, el pez —cuyas letras en griego se corresponden con el acróstico de Jesús Cristo de Dios Hijo Salvador-, la eucaristía —viñas y pámpanos— y la vida eterna —el pavo real, símbolo de la inmortalidad.

• Los inspirados en el Antiguo y Nuevo Testamento, relacionados con Moisés—el agua de la roca—, Daniel —en el foso de los leones—, la resurrección de Lázaro y el buen pastor —inspirado en el Moscóforo griego— referencia directa a Cristo como guía del pueblo cristiano.

 

1.2. La etapa de la Iglesia triunfante

Una vez reconocida la religión cristiana de forma oficial, los cristianos buscaron diferenciar sus lugares de culto de los templos politeístas que habían caracterizado a la antigua Roma. Pero, en lugar de concebir un edificio nuevo, acorde con sus exigencias litúrgicas, pensaron en la adaptación de formas preexistentes a las que van a dotar de un nuevo significado. El ejemplo perfecto es la basílica.

La basílica romana era un edificio destinado a la administración de justicia y que se componía de un espacio rectangular, dividido en tres naves —la central más alta que las laterales— que permitía abrir ventanas para la iluminación interior. La nave central se remataba por un ábside que podía estar separado del resto del recinto y que en el mundo romano servía como lugar de establecimiento del magistrado encargado de los juicios. El sistema de cubiertas podía seguir indistintamente el tipo adintelado o abovedado.

Esta disposición del edificio se adaptaba a las necesidades estéticas y propagandísticas que la nueva religión quería transmitir. En primer lugar, el sentido direccional hace recorrer al fiel el espacio desde la entrada al edificio hasta el altar, lugar reservado a manifestar la presencia de Dios en la tierra y la orientación hacia el Este, lugar por el que sale el sol y la luz, muestra al hombre el poder de la divinidad.

En segundo lugar, la estructura basilical está precedida por un nártex o pórtico que sirve para ubicar a los catecúmenos o no bautizados y preparar al fi el para su purificación en el espacio interno. Finalmente, la zona del altar está separada del resto del espacio, lo cual prueba su carácter sagrado, y en ocasiones se dispone sobre una cripta o confessio donde se cobijan las reliquias de un mártir y puede presentar dos dependencias laterales —llamadas prótesis y diaconicon, similares a las actuales sacristías, destinadas a funciones litúrgicas.

 

Aunque la basílica es el prototipo arquitectónico por excelencia, el arte paleocristiano ofrece también otras tipologías que tendrán notable transcendencia en el arte posterior. Se trata de los baptisterios y los martyria.

• Baptisterios. Responden a la importancia que la comunidad cristiana concede al sacramento del bautismo, símbolo de la entrada de un nuevo fi el en el seno de la iglesia. La disposición elegida para acoger estas funciones está inspirada en la sala de agua caliente o caldarium de las termas romanas, tiene forma circular y en su centro, se dispone la pila del bautismo. Los ejemplos más importantes serán el de San Juan de Letrán en Roma (finales del siglo IV) y el de Los Ortodoxos en Rávena (siglo V).

• . Martyria Servían como lugar de culto a las reliquias de los mártires, adoptan también

una disposición circular, que, en ocasiones puede estar cubierta por una cúpula, al estilo de los templos circulares del mundo clásico. Sus ejemplos: la Iglesia de Santa Constanza en Roma (construida hacia el año 320) y el mausoleo de Gala Placidia en Rávena (siglo V) con planta de cruz griega.

 

1.3. Artes figurativas paleocristianas

El arte paleocristiano desarrolla tres tipos de manifestaciones: la escultura, la pintura (tanto parietal como ilustración de libros) y el mosaico. Las tres comparten la preocupación por difundir los temas de la nueva religión, principalmente la vida de Cristo, el triunfo de la fe y el crismón o anagrama de Cristo.

Los temas de la nueva religión se refieren fundamentalmente a las historias del Antiguo

Testamento que anticipan la venida de Cristo —el sacrificio de Isaac o Jonás en el vientre de la ballena— La Traditio Legis o Cristo entregando la ley a Pedro como cabeza de la Iglesia y la Pasión de Cristo como mensaje de redención. El triunfo de la fe se representa como un cielo estrellado en cuyo centro se dispone la cruz o el crismón. Esta representación tiene su origen en las iniciales griegas del nombre de Jesucristo: la X (ji) y la P (ro), sobrepuestas que puede completarse con las letras alfa y omega que simbolizan el principio y el fi n de los tiempos.

El origen del crismón se relaciona con un testimonio de Eusebio relativo a la vida del

emperador Constantino, quien, la noche anterior a la batalla de Puente Milvio contra

Magencio vio en el cielo un crismón junto a la inscripción «IHS» (In Hoc Signo Vinceres:

«Con este signo vencerás») que curiosamente se corresponde con las iniciales latinas de Cristo.

La estética paleocristiana se manifi esta heredera de las formas romanas en estilo, técnicas y modelos, si bien dotándola de una temática y unos signifi cados simbólicos. Un buen ejemplo de esta simbiosis son los sepulcros que presentan formas diferentes: los estrígiles, los retratos de los difuntos o los temas evangélicos, bien organizados en escenas separadas por columnas o en forma de friso corrido.