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lunes, 15 de noviembre de 2021

La esclavitud en Roma

 https://elpais.com/cultura/2021-11-10/la-matanza-de-400-esclavos-de-pedanio-segundo-define-el-mundo-romano.html

 

La matanza de 400 esclavos de Pedanio Segundo define el mundo romano

El descubrimiento de una habitación para siervos en una villa de Pompeya revela las condiciones de vida de unos seres humanos que eran tratados como ganado

Guillermo Altares 10 de noviembre de 2021

La antigüedad era “una sociedad de esclavos”, como la definió el influyente historiador Moses Finley, en la que millones de personas no poseían absolutamente nada, no eran dueños de su vida ni de su voluntad. Podían ser asesinados, violados, obligados a trabajar hasta la extenuación y separados de sus familias. Vivían sometidos al miedo constante a ser vendidos o maltratados pero, sobre todo, estaban “consumidos por el deseo de libertad”, escribe el profesor de Berkeley, Robert C. Knapp, en su clásico ensayo Los olvidados de Roma (Crítica).

La presencia de los esclavos es constante en la literatura latina, desde El Satiricón de Petronio hasta El asno de oro de Apuleyo. Ahora bien, como explica Knapp, apenas existen restos materiales, puesto que no tenían casi posesiones. Sin embargo, el equipo arqueológico de Pompeya anunció el sábado 6 de noviembre el descubrimiento de una habitación que seguramente ocupaban los esclavos. Se trata de un espacio de 16 metros cuadrados con tres camas y algunos objetos, en la villa de Civita Giuliana, que todavía está siendo excavada, en la ciudad enterrada por la erupción del Vesubio en el año 79 de nuestra era.

La estancia, que solo tenía una pequeña ventana en la parte superior y carecía de decoración en las paredes, debía ser a la vez dormitorio y almacén. Los objetos que contiene, cuando sean investigados, permitirán conocer mejor la vida cotidiana de seres humanos que representaban en torno al 15% de la población, pero cuya contribución a la economía era esencial. “Aunque sabemos que los esclavos han sido explotados en la mayoría de las sociedades”, escribió Finley, “solo ha habido cinco genuinas sociedades esclavistas, dos de ellas en la antigüedad: Grecia y Roma”. Las otras tres son: Estados Unidos, el Caribe y Brasil hasta bien entrado el siglo XIX.

Una institución despiadada

En los años cincuenta, Finley fue uno de los primeros historiadores que comenzó a arrojar luz sobre la profunda injusticia que marca el mundo romano y que, hasta entonces, solo aparecía como telón de fondo. “La vida de un esclavo no era muy diferente de la de un animal doméstico”, escribe el profesor de clásicas de Cambridge Jerry Toner en Sesenta millones de romanos (Crítica). “Una vida de trabajo duro, palizas y comida escasa, así como de abusos sexuales, sin apenas derechos. Si debían presentarse ante los tribunales, incluso como testigos, se les torturaba para garantizar que su declaración era fiable. Sometidos a un régimen embrutecedor, su humillación psicológica era total”. Incluso en una sociedad brutal como la romana, la esclavitud era una institución especialmente despiadada.

Aunque casi siempre realizaban los trabajos más duros y peligrosos, no todos los esclavos vivían en las mismas condiciones —no era lo mismo ser un maestro que un trabajador en unas minas de sal o una esclava sexual—, pero todos estaban sometidos al martirio no solo físico, sino también psicológico de carecer de voluntad: estaban obligados a hacer lo que les ordenasen sus amos en el momento en el que se lo pidiesen. La profesora de clásicas de Cambridge Mary Beard escribió el prólogo del libro Cómo manejar a tus esclavos (Esfera de los Libros), en el que un noble romano llamado Marco Sidonio Falco (en realidad, era el profesor de clásicas Jerry Toner) explicaba cómo funciona un sistema basado en la servidumbre, que solo podía mantenerse con la violencia y el terror.

En aquel texto, la investigadora británica recordaba la dificultad para entender, desde el siglo XXI, las relaciones entre amos y esclavos en la Roma clásica. “Estaban preocupados por lo que los esclavos tramaban a sus espaldas. ‘Todos los esclavos son nuestros enemigos’, decía un antiguo lema que Falco conocía bien”, escribe Beard, quien recuerda una historia que resume la brutalidad con la que Roma trataba a los siervos: el asesinato de los 400 esclavos de Lucio Pedanio Secundo, que Tácito recoge en el libro XIV de sus Anales.

Dioses como testigos

Pedanio Secundo era un prefecto de Roma que fue asesinado por uno de sus esclavos en tiempos de Nerón, en el siglo I de nuestra era. “Según la antigua costumbre, procedía que todos los esclavos que habían habitado bajo el mismo techo fueran llevados al suplicio”, escribe el historiador Tácito (55-120), en los Anales (Alianza Editorial, traducción de Crescente López de Juan). La orden provocó grandes tumultos en Roma, seguramente por la alta presencia de libertos en la población. Se produjo una discusión pública a favor y en contra de la matanza, durante la que Cayo Casio Longino pronunció un discurso que refleja perfectamente la mentalidad de muchos romanos hacia sus posesiones humanas.

“Nuestros antepasados desconfiaban de la manera de ser de los esclavos”, recoge Tácito en su crónica, “a pesar de que estos nacían en los mismos campos y casas que ellos y recibían enseguida el cariño de sus señores. Pues bien, una vez que tenemos en nuestras familias de esclavos a naciones con distintos ritos, con religiones extranjeras o carentes de ellas, a todo ese revoltijo no se lo podrá reprimir si no es con el miedo. Es cierto que morirán algunos inocentes. Pero, cuando en un ejército que ha huido uno de cada diez muere apaleado, también los valientes entran en el sorteo. Todo gran escarmiento tiene algo de injusto, pero lo que va en contra de cada uno en particular queda compensado por el interés general”.

Se confirmó la ejecución, pero no se podía realizar porque la multitud impedía el paso de las víctimas hacia el patíbulo. El emperador Nerón, indignado, desplegó sus tropas para permitir que se llevase a cabo la masacre. Este horror recuerda al final de la película de Stanley Kubrick Espartaco, basada en una novela de Howard Fast, cuando todos los que han participado en la rebelión son crucificados en la vía Apia por negarse a delatar a su jefe: el famoso “Yo soy Espartaco”, que impide que el líder revolucionario sea localizado.

En ese mundo cruel, que no cambió con la llegada del cristianismo —San Pablo dijo a los cristianos de Colosas: “Siervos, obedeced en todo momento a vuestros amos de la Tierra”—, también existía la solidaridad. “Nos han llegado muchas pruebas de ayuda mutua y amistad entre esclavos”, escribe Knapp en Los olvidados de Roma. “En circunstancias normales, ya fuese en una casa grande, en un recinto más pequeño o en el ámbito rural, los esclavos creaban vínculos y entablaban relaciones que daban sentido a sus vidas, a pesar de la inseguridad y brutalidad”, prosigue este profesor emérito de Historia Antigua de la Universidad de Berkeley.

Knapp recuerda una inscripción que relata la amistad entre dos esclavos que acabaron como libertos: “Entre tú y yo, mi más apreciado compañero, nunca hubo disputa alguna. Con esta inscripción quiero también que los dioses de arriba y de abajo sean testigos de que tú y yo, comprados como esclavos al mismo tiempo en la misma casa, fuimos liberados juntos. Ningún día estuvimos separados hasta el día de tu fatídica muerte”.

lunes, 16 de noviembre de 2020

El negocio con esclavos de Antonio López

https://www.eldiario.es/catalunya/negocio-amaso-esclavista-antonio-lopez-detalle-primera-fortuna-gran-empresario-espanol_1_6782949.html


El negocio con esclavos de Antonio López, al detalle: cómo amasó su primera fortuna el gran empresario español

La estatua de Antonio López y López, el primer Marqués de Comillas, fue retirada de su pedestal en Barcelona el 4 de marzo de 2018. El gobierno de Ada Colau, que lo llevaba en su programa electoral, recogía la demanda de algunas entidades que defendían que un hombre que se había enriquecido con el comercio de esclavos en Cuba, incluso con el tráfico ilegal, no podía tener símbolo público alguno. Algunas voces, por contra, tacharon ese gesto de revisionismo histórico sobre una figura que ellos loaban como la de un exitoso emprendedor indiano fruto de su tiempo, que emigró sin nada y volvió para construir un todopoderoso imperio empresarial desde la capital catalana. 

A estas alturas, no hay dudas de que López (1817-1883) amasó su primera fortuna, o buena parte de ella, con la compraventa de esclavos desde Santiago de Cuba. Pero, ¿cómo lo hizo? ¿En qué consistía exactamente su negocio? Y, una de las preguntas más difíciles de responder: ¿qué se sabe sobre su participación en la trata atlántica desde África, una práctica para entonces ilegal pero muy extendida en la colonia? En medio de la polémica por la estatua, el historiador Martín Rodrigo, profesor titular de Historia Contemporánea en la UPF, se sintió interpelado. Él había investigado años antes para su tesis la vertiente empresarial del personaje, e incluso publicó una biografía en el año 2000, hoy descatalogada. Pero en ellas apenas ahondaba en sus andanzas cubanas.

“Decidí trabajar en profundidad las notas que en su momento no había usado porque no me parecían relevantes”, explica Rodrigo, movido también por sus más recientes investigaciones sobre la trata de esclavos en las colonias españolas y su acceso a algunas fuentes británicas. El resultado es Un hombre, mil negocios. La controvertida historia de Antonio López, marqués de Comillas (Ariel), un pormenorizado repaso a la vida del naviero y financiero barcelonés del siglo XIX, el que fue Marqués de Comillas, amigo del rey Alfonso XII y uno de los empresarios más ricos e influyentes de Catalunya y España.

En el capítulo cubano, proporciona nuevos detalles y documentos sobre su empresa dedicada a la venta de esclavos y añade toda la luz posible a su papel como negrero, con numerosos indicios que le vinculan a una actividad que, pese a estar prohibida desde 1821, supuso hasta 1867 el desembarco ilegal de cientos de miles de personas en Cuba. De los 900.000 que se estima que desembarcaron en la isla, según Rodrigo, 600.000 lo hicieron en ese período, con una notable participación de capitales catalanes en esas empresas.

Se "compran negros"

López nació en 1817 en el seno de una familia humilde de Comillas, en Cantabria, y pronto emigró a América, primero a México y después a Cuba, donde se abrió paso en el mundo de los negocios empezando en un almacén cuyo propietario, Andrés Bru, acabaría siendo su suegro y su socio. El dinero de la familia política dio mayor impulso a su empresa, Antonio López y Hermano –fundada con su hermano Claudio–, que se dedicó entre otras cosas a explotar líneas marítimas regulares dentro de la isla. Aquella actividad les sirvió de base para su negocio con los esclavos, que consistía en comprarlos en Santiago y venderlos a otros puntos de la isla, desde Matanzas a Cienfuegos o la Habana, donde servían de mano de obra forzada en cafetales y los campos de azúcar. 

Un anuncio en el periódico El redactor de Santiago de Cuba, de junio de 1852, da un vistoso testimonio de ello. “Compran negros de ambos secsos [sic] en partidas o sueltos al contado; los Sers. Antonio López y Hermano, calle de la Marina, 38”. Durante más de una década, entre 1844 y 1856, en su treintena de edad, hay constancia de que el futuro Marqués de Comillas hizo negocio con la intermediación comercial de decenas de esclavos, cada año más que el anterior, según documenta Rodrigo a partir de actas notariales y de los archivos de las escribanías de Santiago. Si en 1848 su empresa vendió 34 esclavos y recibió poderes para hacer lo propio con otros 23, en 1851 la cifra llegó a alcanzar las 399 personas esclavizadas. “Era una de las grandes compañías que se dedicaba a ello, jugaba con las diferencias de precio, y estableció una importante red de poderes en distintos puntos de la isla”, apunta Rodrigo.

Todo aquello era legal. Aunque el tráfico de esclavos desde África a América estaba prohibido desde 1821, por un acuerdo bilateral entre España y el Reino Unido, la esclavitud estuvo permitida en Cuba hasta 1886. También las transacciones con esclavos dentro de la colonia. Sobre ese trabajo forzoso se asentaron las fortunas de numerosos grandes apellidos españoles, muchos de ellos catalanes, que coincidieron con López en Cuba o ya en Barcelona. Samà, Xifré, Vidal-Quadras, Goytisolo son algunos de los que se entrecruzan de forma recurrente en el libro, a veces en forma de matrimonios, operaciones inmobiliarias, consejos de administración o lobbies esclavistas.


Interrogatorios y otros indicios de tráfico

En paralelo a aquella actividad para entonces legal, el libro Un hombre, mil negocios enumera algunos episodios que le permiten al autor afirmar que también estuvo involucrado en el tráfico ilegal, un aspecto mucho más complicado de acreditar, puesto que la propia irregularidad del negocio hace que no se conserven fuentes documentales. “Para esconder las pruebas no solo se quemaban todos los papeles, sino que a veces se quemaban incluso los barcos”, sostiene. Si Rodrigo describe la trata atlántica como una cadena en la que durante años operaron cientos de personas (desde los financieros a los capitanes), López integraba el eslabón encargado de recibir en las playas los alijos de los llamados bozales, los futuros esclavos. 

El primero que lo denunció, a los dos años de fallecer López en Barcelona, fue su cuñado, Francisco Bru, en el libro La verdadera vida de Antonio López López por su cuñado Francisco Brú. Enfrentado a su pariente, el cuñado quiso responder con su versión de la historia a las hagiografías y homenajes que se sucedían sobre empresario indiano. “Traficaba con carne humana; sí, lectores míos. Era comerciante negrero. López se entendía con los capitanes negreros, y a la llegada de los buques, compraba todo el cargamento”, dejó escrito Bru. El resentimiento que desprende su publicación, sin embargo, ha servido hasta hoy a los herederos de López para tratar de desacreditar esas acusaciones. 

Pero Rodrigo recaba más fuentes. Entre ellas están los archivos de la administración británica, en los que consta una investigación –de las tantas que hubo– sobre la goleta Deseada, que en 1850 desembarcó a 280 africanos en la ensenada de Juragua. López y su socio Vinent fueron interrogados por considerarse que habían embarcado al menos a quince de esos esclavos hacia Batabanó. El cántabro negó conocer la operación, pero a la vez declaró que había transportado no 15, sino 79 "negros, los cuales no eran sin embargo bozales". Es decir, que aseguraba que eran criollos, tal como se denominaba entonces a los esclavos regularizados en la isla. En su declaración exculpatoria dejó constancia también de que su empresa se dedicaba al “tráfico de este tipo de negros” desde hacía años “enviándolos a aquellas partes de la Isla donde sacaba más provecho”. 

Las pesquisas como aquella raramente llegaban a buen puerto, aunque la información de la que disponían los cónsules británicos solía ser buena, apunta Rodrigo. El motivo responde a que una vez en tierra cubana, la investigación de los hechos correspondía a los funcionarios españoles. “Algunos capitanes querían hacer cumplir los tratados, pero eran pocos. En la mayoría de casos pasaba que se daba carpetazo al asunto, como se vio con López”, resume. La llegada de decenas de miles de esclavos durante la época en la que estuvo prohibido –y su necesaria e inmediata regularización– sólo se explican, añade, por la colaboración de los funcionarios de un Estado que se beneficiaba de ese modelo. 

El historiador desgrana en Un hombre, mil negocios uno de los procedimientos con los que se solía legalizar a esas personas: “Un individuo (diríamos que en calidad de testaferro del propio López o de sus socios) acudía ante un notario y otorgaba poderes primero a favor de la razón Valdés y López (o de la firma Antonio López y Hermanos, después) para que, en su nombre, pudieran vender esclavos supuestamente de su propiedad. De aquella manera, con una sola escritura notarial se podían legalizar desde un solo esclavo bozal hasta varias decenas de africanos esclavizados recién descargados”. Rodrigo enumera más episodios, como la alianza de López con un conocido negrero de A Coruña, Eusebio da Guarda, y unas expediciones fallidas que financiaron entre ambos y cuya mercancía no se especificaba, cuando lo habitual era hacerlo.

Por todo ello, el historiador defiende la participación de López en el tráfico ilegal. Pero lo que es todavía más complicado de calibrar es hasta qué punto el negocio de los esclavos le catapultó en su carrera empresarial, puesto que en Cuba se dedicó también a la venta de ropa y acabó comprando varios ingenios antes de volver a la península. “La etapa cubana es fundamental para la acumulación originaria de capital; el peso que tuvo el comercio de esclavos solo lo sabríamos si tuviésemos los libros de contabilidad, pero lo que sí sabemos es que sus actividades estuvieron marcadas por la esclavitud, eso es impepinable”, resume el historiador.

El hombre más rico de Catalunya

A su vuelta a España, López se afincó en Barcelona, uno de los principales puertos coloniales de la península y la ciudad de su mujer, Luisa Bru Lassús. A partir de ahí, la historia de ese indiano y tratante de esclavos es mucho más conocida, y consiste en un fulgurante ascenso hasta lo más alto de la élite barcelonesa y española. A su muerte, en 1883, y más allá del multitudinario funeral en la Catedral de Barcelona, López se podía considerar el hombre más rico de Catalunya. Según el inventario de bienes patrimoniales, los capitales de su casa de comercio y los títulos de deuda, Rodrigo estima que la fortuna acumulada por el empresario era superior a la que legaron otros prohombres de su generación como Joan Güell –su consuegro–, el naviero José María Serra, el indiano Agustín Goytisolo o el financiero, político y exalcalde de la capital catalana Manuel Girona. 

Las numerosas empresas en las que se embarcó López desde su llegada a España, además del éxito tuvieron casi siempre dos nexos en común. "La vertiente colonial y la dependencia del Estado", describe Rodrigo. Con su firma naviera Antonio López y Compañía –que luego sería la Compañía Transatlántica, la más importante del momento– logró contratos para prestar el servicio de correos y de envío de soldados hacia las Antillas. La fundación en 1876 del Banco Hispano Colonial, que él mismo presidió, nació de un préstamo al Gobierno para financiar la guerra de Cuba. Y su última gran empresa, la considerada primera multinacional española, también era fruto del sistema colonial: la Compañía General de Tabacos de Filipinas. 

No es de extrañar, en este sentido, que el Marqués de Comillas participase activamente en todas las iniciativas antiabolicionistas que lideraron las grandes fortunas españolas y catalanas. "Uno de los hechos diferenciales de España respecto a otros países europeos es que la cronología de la abolición de la esclavitud es más tardía, y uno de los factores que lo explica es sin duda la fortaleza de los proesclavistas, ya fueran los de Madrid, Barcelona o la Habana", argumenta Rodrigo. La esclavitud en la colonia española de Cuba no se abolió hasta 1886, cuando solo era ya legal en Brasil.

Más allá de la faceta empresarial, muy complicada de discernir de las demás, López fue también un mecenas y un hombre que quiso y pudo entrar en los círculos más exclusivos de la alta sociedad. Prueba de ello es su relación con Alfonso XII, que veraneó con él en Comillas y le dio primero el título de marqués y luego de grande de España. En el pueblo cántabro, López llevó a cabo múltiples obras benéficas, a menudo ligadas a la iglesia, y de su papel como mecenas de las artes se recuerda sobre todo la financiación de la obra del poeta Jacint Verdaguer, que fue el párroco de la familia. 

La herencia de los negreros, un melón por abrir

Rodrigo no quiere entrar a valorar la decisión del Ayuntamiento de retirar la estatua de López, pero sí defiende que el legado y representación de los grandes apellidos españoles que levantaron sus fortunas sobre la mano de obra esclava es un todavía un melón por abrir en España. “Es una asignatura pendiente que requeriría una actitud valiente por parte de los poderes públicos, que deberían encargar estudios”, opina. Desde Sitges a Santander, desde Cádiz hasta Madrid, y por supuesto en Barcelona, este historiador cree que se debería inventariar el legado de los negreros y, a partir de ahí, decidir qué se mantiene y qué no. 

Mientras tanto, en la capital el busto de Antonio López permanece en el Centro de Colecciones del Museo de Historia de Barcelona, desprovisto de su función de ejemplaridad –tal como quería el consistorio– pero no de su valor patrimonial y artístico. El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, le pidió a Colau que lo donasen a Comillas, donde aseguraba que sí iban a quererlo, pero la alcaldesa se negó. Con todo, el primer Marqués de Comillas sigue teniendo estatuas en distintas ciudades españolas, entre ellas su pueblo natal, y todavía da nombre a la plaza de Barcelona donde se ubicaba el monumento, la Plaça Antonio López. Varios colectivos pidieron el cambio de nombre del espacio mediante el proyecto de multiconsulta ciudadana que se trató de impulsar el mandato pasado. Querían renombrarla como Plaça Idrissa Diallo, en honor al joven guineano que falleció en enero de 2012 en el CIE de Barcelona. Pero la votación no prosperó en el pleno del consistorio.

martes, 7 de marzo de 2017

La trata de esclavos, del siglo XV al siglo XIX. A partir de la película Amistad

Enlaces a la película Amistad de Steven Spielberg (1997)

https://www.youtube.com/watch?v=CcYNhZ0PCYg










El fragmento de la película que vamos a comentar ilustra una forma de migración que hoy sigue existiendo, pero en la que no solemos pensar: la migración forzada.

Durante los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX millones de africanos fueron secuestrados en África y trasladados a América como esclavos.

Se calcula que un 15% de los embarcados morían en este viaje transoceánico, llamado en inglés Middle Passage.

La mayoría de los tratantes de esclavos fueron portugueses y británicos. Este comercio explica la población de origen africano que hoy existe en Brasil, las islas del Caribe y los Estados Unidos de América.


1.      ¿Los secuestradores del protagonista en África son africanos o europeos?

2.      ¿A cambio de qué venden los esclavistas a sus prisioneros? Minuto 1.

3.      ¿Cuándo los esclavos son llevados a bordo del buque negrero que es lo primero que hacen con ellos?

4.      ¿Cómo consiguen los tratantes de esclavos controlarlos siendo muchos menos que sus prisioneros?

5.      ¿Cómo son alojados los esclavos en la bodega del barco? ¿De cuánto espacio disponen? ¿Cuáles piensas que serán sus condiciones higiénicas?

6.      ¿La mayoría de los esclavizados eran niños, adultos o ancianos?

7.      ¿Por qué lloran las esclavas en la escena de baile sobre cubierta?

8.      ¿Por qué crees que se suicida la mujer con su hijo? Minuto 4’30.

9.      ¿Cómo era la alimentación de los esclavos en los barcos negreros? ¿Consideras que era suficiente? ¿Se alimentaba a todos los prisioneros por igual? ¿Por qué?

10.  A veces los esclavos enfermaban o estaban demasiado débiles para soportar el viaje. ¿Cómo solucionaban los capitanes de los buques negreros esos problemas? Minuto 6’30.

11.  ¿A qué isla del Caribe son llevados los esclavos? Minuto 7’25.

12.  ¿Por qué crees que embadurnan en grasa a los esclavos antes de venderlos?

13.  ¿Cómo se llama el barco al que suben los esclavos al final del video?

14.  ¿Qué fue el Middle Passage?

lunes, 1 de octubre de 2012

El comercio triangular


Con la conquista y colonización por los europeos del continente americano se produjo un resurgir del esclavismo en las sociedades occidentales. En un principio los españoles explotaron la mano de obra de los indígenas de las islas del Caribe, pero estos, al no estar acostumbrados a los duros trabajos en las minas y plantaciones a donde eran enviados, murieron a millares despoblando las islas caribeñas. Además, una vez cristianizados, se convertían en súbditos de pleno derecho de la monarquía, lo que planteaba problemas legales para su esclavización. Para reemplazar la mano de obra indígena, los españoles comenzarán a llevar a América a esclavos africanos. Además, existía ya una tradición de comercio de esclavos en África desarrollada por los mercaderes musulmanes. El tráfico de esclavos transatlántico, llamado la trata, comenzó hacia 1601; los portugueses pronto imitaron esta práctica en su colonia del Brasil, llegando a convertir Lisboa en el mayor centro de comercio de esclavos de Europa en el siglo XVI.

Más tarde el resto de países europeos con posesiones en el Nuevo Mundo (Gran Bretaña, Holanda, Francia) haría lo propio. Se calcula que entre los siglos XVI y XIX unos veinte millones de africanos, de los cuales alrededor de una cuarta parte murió en el camino, fueron trasladados a América.

 Fue Inglaterra la que acabó convirtiéndose en la principal acaparadora del lucrativo negocio de la trata, desarrollando un curioso comercio triangular. Desde Europa partían productos manufacturados (textiles, armas, alcohol, bisutería) hacia las factorías de la costa africana occidental, donde se cambiaban por la mercancía humana, eufemísticamente llamada «ébano». Los proveedores solían ser reyezuelos locales que vendían a los prisioneros hechos en sus guerras contra otras tribus, o tratantes profesionales que efectuaban razzias en el interior. Los esclavos eran transportados en condiciones infrahumanas a los mercados americanos, donde a cambio de ellos, se adquirían productos coloniales —tabaco, azúcar, café, chocolate, algodón, cacao o metales preciosos— que, a su vez, se vendían en Europa.

En el siglo XVIII, la difusión de las ideas de la Ilustración provocó un creciente movimiento de oposición a la esclavitud y al comercio de seres humanos, considerados una aberración moral. Fue sobre todo en Gran Bretaña, tradicionalmente la principal beneficiaria, donde aparecieron sociedades que propugnaban la abolición de esta práctica y que más tarde se extendieron a otros países. En 1770 la esclavitud se suprimió en los territorios metropolitanos de Francia, Gran Bretaña y Portugal.

Finalmente, las principales potencias decretaron la abolición total de la esclavitud: Gran Bretaña lo hizo en 1833; Francia y Holanda en 1848; Estados Unidos en 1865, en el contexto de una guerra civil que se libró en buena parte por este motivo, y España en 1870. Los países sudamericanos en su mayoría ya la habían prohibido en la primera mitad del siglo XIX. El ejemplo de las sociedades occidentales fue progresivamente seguido en el resto del mundo; tras la abolición oficial por parte de los países de la península arábiga (1962) y Mauritania (1980), la esclavitud como institución quedó legalmente extinguida en todo el mundo.

Las consecuencias de la trata sobre la sociedad africana, de imposible cuantificación, fueron muy importantes. No sólo por lo que desde el punto de vista demográfico y económico pudo representar la pérdida de un elevado número de personas jóvenes, sino por el posible aumento de los enfrentamientos bélicos en las sociedades africanas y la dedicación de diversas tribus y estados casi en exclusiva a la captura de esclavos, condicionando así su orientación económica hacia actividades no productivas. En Europa, muchos estudiosos mantienen que la Revolución Industrial no hubiese podido llevarse a cabo sin el fenómeno de la esclavitud, al posibilitar el cultivo de enormes plantaciones de algodón para proveer a los telares europeos, así como la acumulación de enormes capitales (derivados de los grandes beneficios del comercio triangular) que se invirtieron en la naciente industria moderna.


1.  ¿Por qué los españoles comenzaron a llevar esclavos negros a América?

2.  ¿Qué país acabó acaparando el negocio de la trata de negros en la Edad Moderna?

3.  Explica en qué consistía el comercio triangular.

4.  ¿Qué corriente del siglo XVIII inició un movimiento de oposición a la esclavitud y al comercio de seres humanos?

5.  ¿Cómo se llama la guerra civil que se libró en los EE.UU y a la que hace referencia el texto?

6.  ¿En qué año quedó legalmente extinguida la esclavitud en el mundo?

7.  ¿Qué consecuencias tuvo la trata de esclavos en África? ¿Y en Europa?

8.  Lee el texto de la página 9 del libro de texto, “El comercio de esclavos en Guinea”. ¿Cómo justificaba el autor la trata de esclavos en la época?

9.  Busca en un diccionario el significado de las siguientes palabras según su uso en el texto: ébano, factoría, razzia, aberración, metrópolis.

Para tener una imagen verídica de lo que fue la trata de esclavos en el siglo XVIII os recomendamos diez minutos de la película “Amistad” de Steven Spielberg.