Mostrando entradas con la etiqueta Informe PISA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Informe PISA. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de junio de 2021

Análisis de la Selectividad

 https://elpais.com/economia/2021/06/02/actualidad/1622639841_700172.html

https://www.publico.es/sociedad/selectividad-debate-examen-descontento.html

La selectividad a debate: el examen del descontento

En los últimos años las quejas y reclamaciones alrededor de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) plantean un problema de fondo más complejo. ¿Estamos ante un examen que sigue los criterios de igualdad para nuestros estudiantes? ¿Hay una diferencia entre comunidades autónomas lo suficientemente expresiva como para llevar a cabo una prueba única? ¿Hasta dónde el nivel socioeconómico de los alumnos influye en el resultado final?

MADRID06/06/2019 23:06AGNESE MARRA @agnese_sp

Un junio más llegó la Selectividad y con ella la polémica. Ese examen de tres días que muchos jóvenes y sus padres viven como la sentencia de futuro de sus hijos. Nervios, llantos, preocupación, ese sentir de que se lo juegan todo, y una constante que se repite a lo largo de los años: una sensación de injusticia generalizada.

En esta ocasión han sido los alumnos de Valencia los que denunciaron que les había tocado el “examen de matemáticas más difícil de la historia” y crearon una petición en la plataforma change.org -que ya tiene 36.863 firmas- en la que pedían ayuda para resolver la prueba. El año pasado fueron los examinados de Andalucía los que consiguieron más de 40.000 firmas en la misma plataforma para que se repitiera su examen de matemáticas. No lo consiguieron.

Pero en los últimos años las quejas y reclamaciones alrededor de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) también conocido como EvAU superan el anecdotario, y plantean un problema de fondo más complejo. ¿Estamos ante un examen que sigue los criterios de igualdad para nuestros estudiantes? ¿Son justos los criterios de corrección? ¿Los jóvenes se preparan todo un año para preparar un examen y en qué lugar queda un aprendizaje más sólido? ¿Hay una diferencia entre comunidades autónomas lo suficientemente expresiva como para llevar a cabo una prueba única? Y otra pregunta que queda en el aire y se escucha menos: ¿Hasta dónde el nivel socioeconómico de los alumnos influye en el resultado final?

Examen único

Entre todas estas cuestiones la que genera más debate es la de si continuar con un examen diferente en cada comunidad o cambiar radicalmente y establecer una prueba única. Con las notas en la mano los estudiantes pueden acceder a cualquier universidad de España, es lo que se conoce como distrito único, sin embargo los exámenes son diferentes en cada comunidad, y las tasas, y las fechas, y de nuevo la sensación de injusticia: “Al final todos los jóvenes creen que en las otras comunidades es más fácil, es una barbaridad lo que estamos haciendo con ellos”, nos dice Pilar Álvarez, presidenta de la Asociación por un Acceso a la Universidad en Igualdad.

Esta semana la ministra de Educación y portavoz en funciones del gobierno, Isabel Celaa, reconoció que existían diferencias, pero también dijo que serían “fácilmente corregibles”. Los defensores de una prueba única, como es el caso de Álvarez -doctora en Castilla y León-, nos argumenta su propuesta con el siguiente planteamiento: “Nuestra comunidad es la tercera que saca mejores notas en el informe PISA (la evaluación que realiza la OCDE a los estudiantes de 15 años), cómo puede ser que dos años después los mismos alumnos estén entre los que sacan peor resultado en la Selectividad, y los que aparecían en los últimos puestos del PISA, como Canarias o Extremadura, estén entre los que tienen mejores notas en la prueba de acceso a la universidad”.

Castilla y León es una de las comunidades que se siente más perjudicada y la catedrática de Bioestadística de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid, Cristina Rueda, en el informe Manu que presentó en 2016, asegura que comprueba científicamente “las diferencias abismales" entre las comunidades: “Me encontré con datos alarmantes como que en Canarias el 30% de los alumnos sacaba un sobresaliente en el examen de selectividad de Biología, mientras que en Castilla y León, sólo un 3% conseguía esa nota en la misma materia. Unas diferencias tan grandes no las explica el azar. Los datos demostraron que sistemáticamente salían beneficiadas unas comunidades y otras más perjudicadas”, le explica a Público la catedrática. Rueda reconoce que ella no ha estudiado las causas que hay detrás de estas diferencias y dice que tampoco le corresponde porque no es su área, pero pide que alguien lo haga: “Hemos solicitado mil veces reunirnos con la gente del ministerio de Educación, con los rectores, pero no nos hacen caso. Lo único que pedimos es que se monte un grupo técnico de expertos y estudie el problema, yo tengo datos científicos que confirman la desigualdad”.

La catedrática de Valladolid dice que también tiene soluciones: “Soy partidaria de hacer una prueba única, pero entiendo que eso es como decir ‘quiero la paz en el mundo’, está bien aspirar a ello pero me parece imposible conseguirlo. Lo que sí se puede hacer es acabar con esas diferencias con una nueva forma de medición”. Ahí entran las matemáticas, y sigue: “Ahora mismo se evalúa con la nota neta, yo planteo que se haga con el percentil. Si un alumno saca un 7 pero el 90% de los alumnos han sacado menos, lo que digo que ese 7 se evalúe como un 9, es cambiar la forma de medir, como pasar de litros a galones”.

Los criterios de corrección

Los criterios de corrección están en entredicho. Lo señala un informe realizado por investigadoras de la de la Universidad Complutense de Madrid Judit Ruiz y Coral González que ponen como ejemplo las “diferencias sustanciales en la estructura, en los bloques de contenidos y en los criterios de corrección” del examen de Lengua Castellana y Literatura. Según una investigación del diario El Mundo los criterios en corrección ortográfica varían significativamente de una comunidad a otra: “Baleares contempla la posibilidad de aprobar con 13 faltas de ortografía; Asturias no especifica; Extremadura y Castilla-La Mancha suspenden el examen, pero sólo si hay más de cinco errores. Castilla y León quita 0,25 puntos por falta y 0,50 por tilde mal puesta, pero únicamente a partir de la décima. Las pautas de corrección más duras son las de Cataluña (que descuenta 0,1 por cada error “sea del tipo que sea sin limitación”) y la Comunidad de Madrid -0,5 puntos)”, afirma este diario.

En este sentido la ministra Celaa señaló que "si en un sitio una falta ortográfica se puntúa de manera muy negativa hasta descontar equis puntos, y en otro no, esa diferencia se puede corregir y creemos que las comunidades autónomas estarán en disposición de aunar criterio”, dijo el pasado miércoles, después de subrayar que “la selectividad funciona bien” y que no está en los planes de Gobierno modificar el examen hacia una prueba única: "Si por única entendemos exacta no, no es necesario, sería un empobrecimiento del currículo".

En la misma línea se manifestó la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE): "Consideramos que la EvAU es una prueba de acceso a la universidad que funciona bien y que, por ese motivo, cualquier intento de cambiarla debería hacerse desde el más amplio consenso educativo y tras un riguroso análisis de la realidad”. La CRUE recuerda que cada comunidad autónoma decide, dentro de unos márgenes "muy tasados", qué examen concreto pone, y añade que "no hay ningún informe académico que sostenga con datos contrastados que hay pruebas más fáciles que otras”, decía en un comunicado.

Sin embargo, un mes antes, el rector de la Universidad de Córdoba y nuevo presidente de la CRUE, Juan Carlos Gómez Villamandos, se mostró partidario de implantar una prueba de acceso a la universidad común en todas las comunidades autónomas para asegurar la "igualdad de oportunidades" de todos los estudiantes españoles. Una opinión que desdijo la última semana.

“Si en el CRUE hubiera más mujeres esto funcionaría mucho mejor, nosotras somos más técnicas, atendemos a los datos y solucionamos. Pero no nos hacen ni caso, y encima insisten con que no tenemos datos científicos que avalen esas diferencias. Que lean mi investigación y que acepten reunirse con nosotras”, le dice a Público, Cristina Rueda.

Cuando las notas dependen del código postal

La CRUE es precisamente la que plantea un problema de fondo que va más allá de esos tres días de examen, y es el de hasta dónde el nivel socioeconómico de los alumnos influye en los resultados y genera una desigualdad estructural. “Las diferencias que pueda haber en los resultados de la EvAU no se explican por la mayor o menor dificultad de las evaluaciones, sino por otro tipo de condicionantes socioeconómicos”.

Según una investigación del eldiario.es, en la Comunidad de Madrid las cifras confirman esta teoría. “Los alumnos de los centros ubicados en zonas de mayor nivel socioeconómico obtienen mejores resultados para poder acceder a las carreras que desean”. Fue la conclusión que llegó este periódico tras analizar los datos de las notas medias de la PAU de 295 centros del municipio de Madrid entre 2013-2017. Las diferencias se acentúan entre los colegios concertados y los públicos (mejor nota para los primeros) y esa desigualdad disminuye si los colegios públicos y concertados se encuentran en un barrio de mayor renta.

Si le preguntamos a Gema Soto, miembro de la Plataforma por la Defensa de la Educación Pública de Vallecas y vicepresidenta del AMPA del IES Villa de Vallecas, las conclusiones son idénticas: “Ahora se habla mucho de la selectividad pero todos los días asistimos a una diferencia de trato abismal entre los institutos públicos y los concertado y privados. Diferencia de recursos, de ratio de alumnos por aula, de miles de cosas que provocan una desigualdad enorme en función del barrio y del colegio al que vaya tu hijo. Eso me parece mucho más grave que el tipo de examen para entrar a la universidad”. Dicho esto, Soto se manifiesta partidaria de un examen único: “Si hay distrito único para acceder a universidades de toda España, el examen también debería ser único”, dice tajante.

 

Entre las preguntas que quedan en el aire, decíamos antes, está saber hasta dónde es positivo o enriquecedor que los jóvenes dediquen un año de su vida a prepararse en exclusividad para una prueba. Saber si como sociedad hay que darle más importancia al resultado final de un examen, que a un aprendizaje sólido y pausado. Quien contesta ahora es Olivia Claudia Szalaj, minutos antes de entrar a su examen de Economía, el último que le queda para dar por cerrada su Selectividad: “Es una pena cómo está planteado 2º de Bachillerato. Todo se enfoca a la EvAU, y lo que se hace es aprender de memoria un temario, nadie se cuestiona nada, sino que memorizan los apuntes y si le haces una pregunta un poco fuera de lo estipulado no saben qué contestar. Te aseguro que tal y como lo memorizamos, se olvida en pocos días”. Nos lo dice esta joven de 17 años con una media en Bachillerato de 8,61 y que aspira a entrar en un doble grado de Turismo, Ciencia y Gestión en Ingeniería de Servicios, una carrera que se estrena este año.

Si le hacemos la misma pregunta a la catedrática Cristina Rueda, nos responde: “Por supuesto que es un sin sentido que se dedique un año a un examen antes que aprender con mejores criterios, pero si te digo la verdad, la prueba está ahí. No tenemos una formula mejor para acceder a la universidad, hay que pasarla”.




La EBAU, una prueba desigual que puede pasar factura en el año de la pandemia

Las quejas de los alumnos sobre la extrema dificultad del examen de Matemáticas II (bachillerato de ciencias) en la EBAU de la Comunidad de Madrid reabre un debate recurrente: el de si debe haber una prueba única e igual en todo el Estado para todos los candidatos. A todo ello hay que sumar este año otro factor de desigualdad: la pandemia.

 

MADRID10/06/2021 23:06 ACTUALIZADO: 11/06/2021 00:12JORGE OTERO MALDONADO@JORGEOTERO99

 

Todos los años, por el mes de junio, una media de 200.000 estudiantes se enfrenta a la temida Evaluación de Bachillerato para el acceso a la Universidad (EBAU). Y todos los años surge la misma polémica: los supuestos agravios comparativos por la mayor dificultad de algunos exámenes de la prueba en algunas comunidades autónomas respecto a otras donde presuntamente el nivel de exigencia es menor. A esto hay que añadir otro factor que puede marcar mucho el examen de este año: la pandemia. La semipresencialidad en bachillerato durante este curso que está a punto de terminar puede tener mucha influencia en el desarrollo de la prueba.

Este año ha sido la extrema dificultad del examen de Matemáticas II (bachillerato de ciencias) en la EBAU de Madrid la que ha vuelto a poner en primer plano esa sensación de injusticia generalizada que cunde entre muchos estudiantes y que ha reabierto un debate que ya es recurrente: si debe hacerse un examen único e igual de la EBAU en todo el Estado o no, sobre todo cuando en España rige el distrito único para poder elegir universidad.

Las quejas de los alumnos no han dejado de crecer en los últimos años en este sentido. ¿Hay tanta diferencia entre comunidades autónomas como para hacer aconsejable una unificación de la EBAU? ¿Se respetan los criterios de igualdad entre los diferentes territorios a la hora de evaluar y corregir un examen en el que los alumnos se lo juegan todo a una carta? ¿Puede actuar la pandemia como factor diferencial en el resultado final de la prueba?

Hay datos empíricos que avalan esa sensación de desigualdad. En 2016, la catedrática de Bioestadística de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid, Cristina Rueda, publicó un informe –el informe Manu, se llama– que luego se ha ido actualizando y que tiene bastante predicamento en el mundo académico. En dicho informe la autora afirmaba haber encontrado "diferencias abismales" entre unas comunidades y otras. Así lo explicaba a Público hace dos años: "Me encontré con datos alarmantes como que en Canarias el 30% de los alumnos sacaba un sobresaliente en el examen de selectividad de Biología, mientras que en Castilla y León, sólo un 3% conseguía esa nota en la misma materia. Unas diferencias tan grandes no las explica el azar. Los datos demostraron que sistemáticamente salían beneficiadas unas comunidades y otras más perjudicadas".

 

La ministra de Educación, Isabel Celaá, lleva dos años hablando de "armonizar" la prueba de la EBAU, pero nunca ha utilizado el verbo unificar. La ministra defiende la prueba tal como está ahora y llama a "asumir las consecuencias de un Estado autonómico" como España frente a las demandas de la oposición de una prueba única e igual para todos. La derecha también se queja de que en nueve comunidades autónomas los alumnos puedan realizar la prueba con hasta dos asignaturas suspensas, mientras en el resto de regiones han de tener todo aprobado. Como respuesta, Celaá aseguró esta semana en el Congreso que las diferencias entre comunidades autónomas en la EBAU atienden a la norma aprobada por el PP en 2016 y tienen la confianza de los profesionales. Además, la ministra dejó claro que la EBAU tiene una parte que determina el Gobierno y otra que es asumida por las comunidades autónomas que "son las que tienen competencia curricular".

Como explica María del Carmen Morillas, presidenta de la FAPA (Federación de Padres y Madres de Alumnos) Francisco Giner de los Ríos de la Comunidad de Madrid, el asunto de una EBAU única es "complejo porque hay que distinguir entre las competencias de Educación y las comunidades autónomas". Morillas prefiere poner el foco en "la densidad del currículo educativo": "Celaá ya ha dicho que se va a trabajar en la armonización de esta prueba con la nueva ley educativa, la LOMLOE, pero el primer escollo que nos encontramos es el currículo, que es inabarcable. Hay que avanzar por ahí".

Ramón Caballero, responsable de Universidades de la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF), sí percibe "agravios comparativos entre las comunidades autónomas". "Hay mucha disparidad, que en algunas ocasiones es alarmante", añade el representante de CSIF. Por eso defiende una "una prueba única". "La EBAU necesita un carácter más homogéneo cuando te estás jugando algo tan importante. Hay una competencia brutal por acceder a determinadas carreras y el diseño de la EBAU, sin tener unos contenidos básicos y homogéneos, provoca una desigualdad que puede lastrar la vida de muchos estudiantes. Hay mucha frustración entre los alumnos. No nos parece justo".

Si una prueba única no fuera posible, Caballero defiende al menos avanzar "en algunas cuestiones básicas": "Contenidos asumibles para todos que justificaran gran parte de la nota, niveles de exigencia similares y mismos criterios de corrección".

El responsable de Universidades del CSIF apunta otros dos factores de desigualdad en la EBAU. Por un lado, Caballero señala "la diferencia de trato entre la enseñanza pública y la privada". "Parece evidente que los alumnos que vienen de la enseñanza privada tienen mejores resultados producto de una mayor flexibilidad durante el bachillerato. Llegan con mejor nota media a la prueba y eso perjudica a los chavales de la enseñanza pública", añade el representante de CSIF.

Caballero apunta también que "la competencia brutal entre algunas universidades para captar alumnos" implica una relajación a la hora de evaluar los exámenes en algunos territorios.

Paco García, secretario general de la Federación Estatal de Enseñanza de Comisiones Obreras (CCOO), no impondría una prueba única de la EBAU. García recuerda que las comunidades autónomas tienen capacidad para regular parte de los currículos académicos y de la propia enseñanza. Por eso, aunque cree que "sí debería haber una mayor coordinación entre las universidades para que la EBAU fuera lo más homogénea y tuviera la menor dispersión posible", afirma que una prueba única e igual en todo el país "es irreal". "Las comunidades pueden regular una parte de sus asignaturas. No tiene sentido esa lógica tan uniformizadora", concluye el dirigente sindical.

Para el Sindicato de Estudiantes, no hay debate sobre la desigualdad. "La EBAU es una prueba clasista que pretende ocultar la falta de plazas públicas en la Universidad para todos los estudiantes. Por eso se hacen estas pruebas: para que los alumnos se enfrenten en una suerte de los juegos del hambre para acceder a las pocas plazas públicas que existen. Para nosotros la EBAU no debería existir", sostiene Marina Mata, secretaria de Organización del Sindicato de Estudiantes.

Mata recuerda que "siempre hay problemas con los exámenes" y sostiene que el debate sobre la posible unificación de la EBAU "es un debate que todos los años se pone encima de la mesa para tratar de dividir a los estudiantes y enfrentarlos diciendo que unos exámenes son más faciles que otros, pero aquí la raíz del problema sigue siendo la falta de plazas públicas en las universidades españolas".

Desde la Coordinadora de Representantes de Estudiantes de Universidades Públicas (CREUP) también apuestan por "un marco común de contenidos mínimos en la prueba de acceso", pero no creen que deba haber una prueba única de la EBAU para todo el Estado. "Las comunidades autónomas tienen que tener la capacidad de adaptar sus pruebas a los estudiantes que viven allí. No sirve una prueba única, pero nosotros somos partidarios de que se establezca un mínimo común", explica David López, portavoz de la CREUP.

Augusto González, director del Instituto de Enseñanza de Secundaria Pablo Díez en Boñar (León), tira de su experiencia de más de 25 años como docente y afirma que no todos los exámenes de la EBAU tienen el mismo nivel de exigencia en todas las comunidades autónomas. Pero él tampoco haría una EBAU idéntica en todo el país; en todo caso una mixta al 50%: "Soy partidario de unificar el 50% de cada examen y establecer unas bases a nivel nacional de lo que es el currículo y así marcar un mínimo común para los alumnos, pero como cada comunidad autónoma tiene su idiosincrasia y sus peculiaridades, habría que dejar un margen de otro 50% para las autonomías. Un examen con la mitad de las preguntas iguales para todos permitiría hacer una comparación entre comunidades autónomas a nivel nacional".

El precio de la pandemia

Este viejo debate se repite en un año muy especial en el que se añade un nuevo factor de desigualdad: la pandemia y la semipresencialidad en el bachillerato durante el curso. Marina Mata hace un resumen de lo que ha sido el curso, al menos en bachillerato, y lamenta "la falta de flexibilidad" de la EBAU de este año: "El desastre se ha vuelto a repetir en las aulas. Ha habido semipresencialidad, se han mantenido las clases online, ha habido rotación de profesores por los contagios, se ha estado cerrando y abriendo aulas. Ha sido un curso desastroso y ahora se mete de nuevo presión a 200.000 estudiantes con la EBAU".

Mata asegura que este contexto de pandemia, con clase online, afecta al resultado de la EBAU: "Las clases online abren una brecha digital enorme, que en realidad es una brecha de clase. Hay alumnos que no han podido estudiar en condiciones óptimas, y a pesar del esfuerzo de los profesores no se aprende igual de forma online que de manera presencial", abunda la representante del Sindicato de Estudiantes.

María del Carmen Morillas comparte, en nombre de los padres, esa inquietud y señala que la pandemia ha actuado como hecho diferencial. "En Madrid ha habido diferencias en cuanto a la presencialidad de las clases en función del centro en el que ha estudiado el alumno y eso se puede notar en el examen. Además de la tensión y el estrés que cargamos sobre los chicos, este año hay que sumar la pandemia. Ha sido un año muy duro para ellos".



Arranca la Selectividad con pruebas desiguales en las CCAA: "Es más fácil en Canarias que en Castilla y León"

Sandra Escudero, zamorana de 21 años, se marcha el curso que viene a Eslovaquia a estudiar Medicina. El país centroeuropeo se ha convertido en la puerta de atrás para entrar en esta carrera que utilizan los alumnos a los que no les ha dado la nota en Selectividad. Hacen los primeros años en Bratislava y después piden el traslado a un campus español. Sandra acaba de terminar Enfermería en la Universidad de Salamanca con una media de un 8,5. «Hay muy pocas plazas para los ya titulados y las notas exigidas son altísimas», explica. Ella hubiera preferido estudiar Medicina desde el principio en Salamanca -es una chica estudiosa, sacó Bachillerato con matrícula de honor- pero se quedó fuera por unas décimas. Así que ha decidido recurrir a un plan B que, a cambio, le obligará a tener 10 años de vida universitaria: primero Enfermería y después Medicina vía Eslovaquia.

«El sistema de Selectividad es injusto: los exámenes son mucho más fáciles en Canarias y en Extremadura que en Castilla y León, donde son muy duros corrigiendo», lamenta Sandra. Es una queja que vienen repitiendo muchos alumnos, sobre todo los que aspiran a estudiar carreras de oferta limitada como Medicina. El llamado distrito único permite que la nota que saca un estudiante en la Selectividad de, por ejemplo, Murcia le sirva para estudiar la carrera en Navarra. No habría ningún problema si el examen fuera el mismo. Pero no lo es.

Más de 300.000 alumnos en España se enfrentan desde hoy hasta el día 14 a un examen que tiene distinto nombre (EBAU, EvAU, PBAU o PAU), distintas fechas (en Castilla-La Mancha son los primeros y en Cataluña y Galicia, los últimos), distintas tasas y también distinto nivel en función del territorio. Parte de esta heterogeneidad se pone de manifiesto en un estudio realizado por las investigadoras de la Universidad Complutense de Madrid Judit Ruiz y Coral González que advierte de «diferencias sustanciales en la estructura, en los bloques de contenidos y en los criterios de corrección» del examen de Lengua Castellana y Literatura «en función de la comunidad autónoma en la que se aplica». A conclusión similar ha llegado EL MUNDO, tras analizar exámenes, notas y criterios de corrección de una asignatura común para todos los alumnos.

El trabajo advierte que en Canarias no se evalúan bloques de contenido, como el discurso literario o el conocimiento de la lengua, que sí aparecen en los exámenes de otras comunidades. También hay diferencias respecto a los criterios de corrección ortográfica, que este periódico ha revisado tras recabarlos de todas las consejerías. Baleares contempla la posibilidad de aprobar con 13 faltas de ortografía; Asturias no especifica; Extremadura y Castilla-La Mancha suspenden el examen, pero sólo si hay más de cinco errores. Castilla y León quita 0,25 puntos por falta y 0,50 por tilde mal puesta, pero únicamente a partir de la décima. Las pautas de corrección más duras son las de Cataluña (que descuenta 0,1 por cada error «sea del tipo que sea sin limitación») y la Comunidad de Madrid (-0,5 puntos).

 

La consecuencia de tanta disparidad es que estudiantes de unas autonomías obtienen mejores notas y, por tanto, tienen más posibilidades de acceder a plazas en universidades donde no entran alumnos que pasan por exámenes más exigentes.

«Yo me quedé fuera por una sola décima. La nota de corte más baja fue un 12,34 y saqué un 12,26. Ahora estudio 5º de Medicina en el CEU; soy afortunada por poder ir a la privada, pero tengo tres compañeros que querían ser médicos y se han tenido que meter en Psicología y Odontología», cuenta Sara Bonet. Esta madrileña de 23 años también está convencida de que «el examen es más fácil en unas comunidades que en otras»: «Cuando hice la prueba, en Madrid entraban 13 autores en Filosofía, mientras que en Andalucía sólo pedían cuatro. Los exámenes de Extremadura me hubiesen requerido un 30% menos de estudio».

Estas diferencias habrían perjudicado a más de un millar de alumnos, según calcula Cristina Rueda, catedrática de Bioestadística de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid, que denunció el problema en 2016 en el llamado Informe Manu, en el que se ponía de manifiesto el elevado porcentaje de sobresalientes en la Selectividad de regiones como Canarias, Murcia o Extremadura, que también obtenían muy buenas notas en la mayoría de las asignaturas.

Si se comparan estos resultados de la Selectividad con la evaluación que realiza la OCDE a los alumnos de 15 años (el informe PISA), se observa que los estudiantes de regiones excelentes en este ránking internacional pegan un bajón en la Selectividad, mientras que los de las autonomías rezagadas obtienen dos años más tarde resultados sospechosamente espectaculares, algo que apunta a que el examen es muy fácil o la corrección es muy generosa.

Lo que ocurre es que estas regiones a las que les va tan bien en la Selectividad fracasan durante la etapa universitaria. Del análisis de los datos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades se desprende que los alumnos canarios están a la cola en las tasas de rendimiento y de idoneidad. Es decir, no aprueban muchos de los créditos en los que se matriculan y tardan más de lo normal en terminar la carrera en el tiempo previsto. Son también los que presentan una tasa más alta de abandono de los estudios.

'TURISMO ACADÉMICO'

Las diferencias en la Selectividad causan «desigualdad», sostiene la catedrática Cristina Rueda, que advierte que, si no se cambia el sistema, las autonomías más duras acabarán rebajando los estándares de exigencia. Es lo que ha empezado a hacer Castilla y León este curso: los profesores que se encargan de determinar los contenidos de Historia han decidido reducir los 100 temas del programa a 69.

Pilar Álvarez, presidenta de la Asociación por un Acceso a la Universidad en Igualdad, apunta otro efecto colateral: el turismo académico interterritorial. «Hay padres que viven en Salamanca y, en 2º de Bachillerato, matriculan a sus hijos en institutos de Cáceres para sacar notas altas en la prueba», denuncia.

Desde la Administración no se ha tomado ninguna medida para cambiar un examen cuyo origen se remonta al franquismo. Ciudadanos es el único partido que reclama una prueba única nacional. El Gobierno ha mostrado en privado cierta sensibilidad a las denuncias y estudia introducir cambios en el modelo, según las fuentes consultadas. El mes pasado, la ministra en funciones Isabel Celaá reconoció implícitamente por primera vez que hay pruebas más fáciles que otras. Celaá dijo que la Ebau/Evau «debe tener el mismo grado de dificultad en todas las comunidades autónomas, pero eso no requiere que sea la misma prueba en todas, que sea idéntica». También ha roto el tabú, admitiendo estas «diferencias», el nuevo presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (Crue), José Carlos Gómez, que se ha mostrado a favor de la prueba común para asegurar la «igualdad de oportunidades» de todos los estudiantes.


miércoles, 24 de marzo de 2021

Enseñanza actual

 https://entreeducadores.com/2009/08/01/la-relacion-profesor-alumno-en-el-aula/

https://www.eafit.edu.co/medios/eleafitense/107/Paginas/lo-que-sucede-con-el-aprendizaje-cuando-la-confianza-desaparece.aspx


https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-04-21/como-la-educacion-espanola-se-echo-a-perder-contado-por-una-profesora-veterana_733989/


El economista, inspector de Hacienda y exdiputado nacional por CiudadanosFrancisco de la Torre, lo ha explicado con pleno conocimiento de causa en “Amnesia y memoria en la reforma de las oposiciones” (El Economista, 14-5-2021): “Quizás como no soy amnésico, a mí no se me ha olvidado que opositar nunca me había parecido atractivo, ni a mí, ni a nadie que conociese. Aún menos se me ha olvidado que fueron años muy duros. Sin embargo, de lo que no podemos olvidarnos es de que aprender cuesta esfuerzo. Por supuesto, se puede discutir cuál es la carga memorística necesaria para saber realmente de un tema. Pero hay que tener en cuenta que no es pequeña y que sí, claro que cuesta esfuerzo. (…) Por supuesto, también queremos profesionales inteligentes, pero la única forma en que se puede pensar sobre algo es haberlo aprendido; es decir, memorizado y entendido previamente. Y la única forma de solucionar muchos problemas es tener un conocimiento amplio, con las interrelaciones correspondientes: se piensa sobre lo que hay en la memoria.”


https://www.vozpopuli.com/opinion/miquel-iceta-oposiciones-memoria.html

LUISA JUANATEY Y SU 'ELOGIO DEL PROFESOR'

Cómo la educación española se echó a perder, contado por una profesora veterana

Tras más de 30 años de experiencia en la enseñanza que le han permitido asistir a toda clase de cambios, Luisa Juanatey realiza un acertado diagnóstico sobre los problemas que la aquejan


21/04/2017

Cada vez que se publica un nuevo informe PISA, el reflejo natural de todos los españoles es el de llevarse las manos a la cabeza. ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí? ¿Qué hemos hecho mal? ¿Quién tiene la culpa de esto? Todos llevamos dentro de nosotros un seleccionador de fútbol, un politólogo y un experto en educación que no titubea a la hora de explicar qué es lo que ha ocurrido. Uno de los objetivos más frecuentes de nuestros dardos son, precisamente, los profesores, aquellos que en un pasado fueron respetados y que, súbitamente, fueron despojados de su autoridad en el aula.

 

“Hablo de los profesores de enseñanza secundaria y, más precisamente de los de mi generación, de los nacidos en un lapso aproximado de quince años y que en el apogeo de su juventud/madurez extrañamente pasaron de ser competentes a ser incompetentes de manera inopinada”, escribe la profesora retirada Luisa Juanatey (Santiago de Compostela, 1952) en 'Qué pasó con la enseñanza. Elogio del profesor' (Pasos Perdidos), un lúcido ensayo en primera persona sobre su trayectoria vital en la enseñanza desde los años ochenta hasta la actualidad, que es tanto un retrato de una generación que se propuso revolucionar la escuela heredada del franquismo como un certero diagnóstico de los problemas que aquejan a la educación española secundaria.

“Lo que me propongo es que se valore al profesor como un elemento clave”, explica a El Confidencial la profesora de Lengua y Literatura que dio clase en institutos andaluces, madrileños, gallegos, valencianos y del País Vasco. “Si la enseñanza y el profesor no están valorados, no hay nada que hacer. Si enseñas algo que puede no ser útil en un sentido inmediato pero alguien lo aprende bien y eso se valora, le va a servir siempre y le va a enseñar a aprender”.

 

Nos sumergimos con Juanatey en los abismos del sistema educativo español a partir de algunas de las claves que nos ayudan a entender qué ha ocurrido durante las últimas décadas.

 

La LOGSE, un antes y un después

 

El 3 de octubre de 1990, el PSOE aprueba la Ley Orgánica General del Sistema Educativo, que sustituye a la Ley General de Educación, vigente desde 1970. Con ella se propone llevar la educación a todos los rincones del país, pero para Juataney, que en su día recibió la reforma con esperanza y algo de candor, supone el principio del fin de la escuela española. “Cada vez había más institutos y era una ley de izquierdas que garantizaba la educación hasta los 16 años”, rememora la autora. “Pero lo trastocó todo porque, fundamentalmente, devaluó la enseñanza”.

¿De qué manera? Al principio, a base de conceptos que servían para llamar de otra forma a realidades que ya existían. “Pusieron en circulación palabras como motivación, como si no lo fuésemos suficientemente, o como si no fuese un estímulo tener una enseñanza pública para todos”, explica. El profesor pasó a ser un docente que tenía, entre sus funciones, motivar a los alumnos, algo que siempre habían hecho aunque quizá no se llamase de la misma forma.

 

“Empezó a darse una depreciación de la idea de autoridad, a la que añadían cosas como que no se podía expulsar a un alumno de clase, de lo que no abusábamos, pero que era una herramienta”, rememora la profesora. “En lugar de que la sociedad ayudase a trasladar a los niños un sentido de las normas (no se puede interrumpir al profesor, no se puede molestar a los compañeros), se produjo lo contrario”. Es el caso de la irrupción de los pedagogos, expertos en psicología que pasaron de súbito a saber mejor que los anticuados profesores lo que estos debían hacer en las aulas en las que vivían día tras día. O la obligación tácita de aprobar a los alumnos, aunque no cumpliesen los mínimos exigibles. “Empezó mal y mal ha seguido, a pesar de que todos hemos tenido algún grupo que trabajaba bien. Pero eso no es un sistema público de enseñanza que se basa en la igualdad”.

Fue la izquierda quien, en apariencia paradójicamente, impulsó este cambio, aunque tampoco el Partido Popular hizo nada por revertirlo, más preocupado por las privatizaciones. “Ahora es muy difícil volver atrás”, se lamenta la autora.

El día que el profesor dejó de tener razón

Entre la confluencia de factores que explican la evolución del sistema educativo español de las últimas décadas, Juataney encuentra la raíz en el descrédito del profesor, que pasó en menos de 20 años de ser un severo y a veces despótico dictador a verse desposeído de toda credibilidad. “Los adolescentes viven en una constante incitación, la sociedad de consumo tiene una cantidad de estímulos perenne que les da una serie de cosas muy dinámicas y móviles, pero también superficiales”, explica la profesora. “La figura del profesor como grupo social encarna esos valores de no tratar de ser famoso, de no triunfar, de no tener dinero o un gran coche, ni es el modelo del deportista esforzado y triunfador al que continuamente están expuestos los alumnos”.

 

Los profesores, recuerda la autora, no tienen mayor ambición que la de transmitir su conocimiento ejerciendo su autoridad pero siendo conscientes de que, tanto sus alumnos como ellos, lo ignoran casi todo. “Otra contradicción fue lo de que el aprendizaje no debe ir de arriba abajo”, recuerda. “¡Qué absurdo! ¿Los que nacen después enseñan a los que nacen antes? Ese absurdo se ha propagado: los profesores están anticuados, no se adaptan, no se reciclan…” La escuela pública española fue durante mucho tiempo un paradigma de igualdad, en el que había tantas mujeres como hombres (o más) en un clima de respeto y compañerismo.

En el debe de la sociedad española hay que añadir pequeñas decisiones promovidas desde las nuevas instancias de la autoridad educativa, como el desprecio de la memoria (“que es valiosísima para aprender; imagínate ir a la autoescuela y decir que lo que quieres es aprender distraídamente y jugando”) o el esfuerzo. “Esforzarse, luego memorizar tras haber entendido y leído, manejar textos, poner en práctica… esto es lo que te permite aprender”, explica Juanatey.

¿Mi hijo no estudia? La culpa es del profesor

Al mismo tiempo que los docentes perdían su autoridad y se veían desprotegidos ante unos alumnos cada vez más cargados de razón, la sociedad encontró un culpable propicio para todo aquello que estaba ocurriendo… Y que volvía a ser el propio profesor, tildado de acomodaticio y vago. “De repente cambió todo, y te encontrabas con que nada más entrar en clase había grupos que te recibían con un rechazo absoluto”, rememora Juanatey. “Desde todas partes empezamos a oír que éramos unos vagos. No lo éramos, simplemente no aspirábamos a grandes cosas: lo pasábamos bien preparando las clases”.

 

“De la noche a la mañana llegó lo de que no servíamos para nada, que éramos material de desguace, ¡pero éramos los mismos que el año anterior!”, recuerda, a pesar de la voluntad de adaptación de los profesores, que introdujeron poco a poco cambios como el rediseño del aula. Pequeñas alteraciones que funcionaban si los alumnos estaban dispuestos a aceptarlas, pero que “es muy distinto si lo primero que tienes que hacer es decir a los chicos que no pueden estar espachurrados sobre el pupitre, que hay que traer el cuaderno, que así no se puede trabajar, que les pidas que no se vayan a la construcción porque son jóvenes y te respondan que eso era en nuestros tiempos… Esa clase de ambiente nos desprestigió, porque empezaron a prevalecer valores que iban en contra de todo esto”.

Juataney habla del reciente ejemplo de las reformas llevadas a cabo por los colegios jesuitas de Cataluña para ilustrar por qué la educación en nuestro país es, desde hace 20 años, cada vez más clasista: “Si tú me das una clase de gente que en su casa tiene libros, que oye un vocabulario determinado y trata ciertas cuestiones, que viene a aprender y que van a mandarlos a Estados Unidos después del bachillerato, se pueden hacer maravillas. Pero también he dado clase en barracones como los que hay en la Comunidad Valenciana. ¿Qué hacemos, el modelo de los jesuitas con los chicos metidos en un cajón de obra? ¿Con quién lo hacemos, con los que han tenido suerte y estudian en un aula mejor? Esto no es un sistema público de enseñanza”.

Padres malcriadores para niños malcriados

Los alumnos no cambiaron de comportamiento, hábitos y costumbres por sí mismos. Ni siquiera únicamente por la ley ni por los medios de comunicación, aunque ambos favoreciesen el nuevo sistema de valores: los padres tuvieron mucho que ver. “Fue esa moda de que a los niños no se les puede contradecir, que tienen que ser creativos y libres”, explica la autora. “Fíjate ahora que los que lo defendían son los mismos que se han enamorado de la expresión ‘poner límites’. Pero era lo que decíamos todo este tiempo cuando nos ponían verdes por hacerlo. Poner límites es establecer normas, sancionar”.

 

Los nuevos alumnos, así como sus padres, empezaron a entender que podían exigir lo que quisieran. Entre todas esas cosas, recibir un aprobado sólo por ir a clase a diario: “Llegó un momento en que todos empezamos a aprobar más de lo debido, sabiendo que habíamos enseñado la mitad que antes”. En una esclarecedora anécdota del libro, Juanatey recibe la visita de un padre después de que su retoño proteste por haber obtenido un dos. El padre, tras releer la prueba, no tiene ninguna duda: “Yo le habría puesto un cero

El ambiente, alentado por Consejos Escolares, inspectores, medios de comunicación y autoridades políticas, favorecía esa percepción en la que el niño tenía la sartén por el mango. “Si a los padres se les hubiese inculcado que el niño viene a respetar al profesor y a aprender unas asignaturas y no se les hubiese dicho que estas estaban anticuadas, que el profesor no era un monigote que se tenía que quedar callado cuando el Consejo Escolar decidía que un niño podía escuchar música con auriculares, habría sido muy distinto”. No son las únicas razones: un mayor número de alumnos entró en la escuela, al mismo tiempo que los padres y, sobre todo, las madres, podían pasar menos tiempo con sus retoños.

 

“En el colegio me gusta que los niños se diviertan”, recuerda Juataney que decían algunos padres. “Yo considero que los profesores deben hacer esto, aquello, lo de más allá… ¿Pero usted ha estado alguna vez en una clase? ¿Usted sabe lo que le toca al profesor hoy y que todo eso tiene que hacerlo en una situación en la que no se le valora ni respeta, y además el niño dice que no vale porque no es divertido?”. Una situación que dio una nueva definición de lo que debía ser un profesor: “Alguien a quien se le exige que complazca al niño y que le apruebe”, explica la autora con sorna.

Seguramente, usted también haya escuchado aquello de lo bien que viven los profesores con sus tres meses de vacaciones al año (falso), uno de los colectivos más vilipendiados de las últimas décadas de la historia española junto a los funcionarios. Quizá porque paradójicamente no encajan en los cánones de la sociedad moderna –ambición, lujo, consumo– en los que se han criado las nuevas generaciones de alumnos. “Un profesor no tiene nada que ver con alguien que lleva marcas, que se somete a cirugía estética, o que aspira a tener un yate o ser famoso”. No, explica Juataney en el libro, los docentes no quieren un sueldo mayor, que los hagan catedráticos o que los inviten a opinar en los medios (donde, dicho sea de paso, raramente aparecen): quieren hacer su trabajo con dignidad.

Esto ha sido complicado en los últimos tiempos, una situación acentuada en los años inmediatamente anteriores al estallido de la burbuja inmobiliaria, tiempos en los que nadie necesitaba tener estudios para conseguir un buen sueldo. Pero, como recuerda la autora, una sociedad que piensa que la educación no sirve para nada es “una sociedad que se engaña”. “Si miras los terribles datos del paro, hay una gran diferencia entre los que tienen preparación y los que no. Prepararse sí que sirve, porque, y en esto estoy de acuerdo con los psicólogos, aprender siempre es aprender a aprender”. Por eso, toda una generación se encontró de repente sin nada, es decir, sin preparación, “y luego se dieron cuenta de que, aunque ya no haya rosas para nadie, tener estudios te favorece”.

 

Paradójicamente, se ha vuelto a completar el círculo, y muchos de aquellos a los que su entorno empujó a desertar de la escuela han vuelto a la misma en busca del esfuerzo, formación, crecimiento personal y riqueza intelectual que el colegio ofrece. ¿Y los profesores? Aunque la situación sea complicada, Juanatey insiste en que quiere concluir con un mensaje positivo. “Sigue siendo una profesión realmente satisfactoria, y me gustaría animar a todos los que tienen el deseo de ser profesores, así como decirles que exijan mucho: realmente es una vida buena la del profesor”. Y no, no se refiere al dinero, el prestigio, la adulación o la capacidad de influencia de la que carecen, y a la que, de todas formas, tampoco aspiraron.


Los valores de una bella profesión


Amnesia y memoria en la reforma de las oposiciones


En España tenemos muchos problemas, muchos más de los que teníamos hace poco más de un año. Es evidente que una pandemia global por sí misma es un enorme problema. Pero a los problemas sanitarios, como sabemos todos, se están sucediendo los económicos. Además de las dificultades económicas y sociales surgidas de la Pandemia, tenemos complicaciones económicas y sociales "heredadas" que la Pandemia ha agravado o nos ha puesto de manifiesto. Todo esto ha evidenciado la necesidad de "reformas" en múltiples ámbitos, que son costosas y no precisamente sencillas. Sólo hay que pensar, por ejemplo, en algunas de las cuestiones que están dando problemas en las negociaciones con las Autoridades Comunitarias, de cara a los fondos comunitarios: la reforma laboral, la de pensiones y la reforma fiscal.

En todos estos ámbitos, y en algunos otros, una reforma administrativa podría ser conveniente. Por otra parte, la Pandemia también ha puesto de manifiesto problemas en las Administraciones Públicas, con necesidades, por ejemplo, de mejoras en el teletrabajo, que ahora ya no es el futuro sino, al menos en buena medida el presente, y para el que no todas las Administraciones en España estaban preparadasSin embargo, el sistema de acceso a la función pública no era objeto de debate, hasta ahora.

Hace unos días trascendió que el ministerio de Función Pública había creado una comisión para la reforma del acceso a la función pública. Lo que más ha sorprendido han sido las opiniones de alguno de los expertos de la Comisión que señalan que "Hay que cambiar de forma radical el sistema", "no es atractivo dedicar años a memorizar temas", "no está claro que las competencias que necesite el empleado público sean básicamente memorísticas", o incluso "puedes formar parte del Gobierno de Su Majestad sin memorizar nada": en fin, olvidemos que la memoria es necesaria e importante.

Quizás como no soy amnésico, a mí no se me ha olvidado que opositar nunca me había parecido atractivo, ni a mí, ni a nadie que conociese. Aún menos se me ha olvidado que fueron años muy duros. Sin embargo, de lo que no podemos olvidarnos es de que aprender cuesta esfuerzo. Por supuesto, se puede discutir cuál es la carga memorística necesaria para saber realmente de un tema. Pero, hay que tener en cuenta que no es pequeña y que sí, claro que cuesta esfuerzo. Pero seleccionar y formar buenos profesionales no es posible si los que aspiran a serlo no se esfuerzan. Y la clave de una buena Administración es que haya buenos profesionales, y eso requiere que los que aspiran a serlo aprendan, y sí, eso exige entre otras cosas memorizar.

El principal beneficiario de que una Administración funcione, para lo que es imprescindible que tenga buenos profesionales, es el ciudadano. Todos queremos jueces que sepan Derecho y médicos que sepan Medicina. Y todos necesitamos que los conocimientos se verifiquen en pruebas objetivas. Por supuesto, también queremos profesionales inteligentes, pero la única forma en que se puede pensar sobre algo es haberlo aprendido; es decir, memorizado y entendido previamente. Y la única forma de solucionar muchos problemas es tener un conocimiento amplio, con las interrelaciones correspondientes: se piensa sobre lo que hay en la memoria

No sé cuál será el informe que rendirá la comisión creada para la reforma del sistema de oposiciones. Pero me preocupa - y creo que no soy el único - que los motivos para la reforma sean hacer más atractivo algo que no debería serlo. Las actuales oposiciones no son perfectas, desde luego, pero también son perfectamente susceptibles de empeorar, en muchos sentidos. Uno de ellos es que los nuevos funcionarios, que tienen que realizar tareas esenciales, no sepan lo suficiente. Pero otro, es que no prime el mérito y la capacidad, que no sólo son dos cosas deseables, sino imperativos constitucionales, para que pasen a hacerlo otros factores. Y el gran perjudicado de todo esto siempre es el ciudadano de a pie que recibe peores servicios.

Al final, un sistema de selección siempre existe. Lo que no disminuye es el interés de las nuevas generaciones por ocupar distintos puestos, en parte por condiciones económicas o laborales, en parte por vocación de servicio público, a menudo por prestigio social… Pero el número de puestos es inferior al de aspirantes. Y casi todos estos puestos exigen preparación y conocimientos. Y la preparación necesaria para tener el conocimiento suficiente no es precisamente atractiva, aunque el puesto sí lo sea. Los ciudadanos se merecen funcionarios cualificados, seleccionados por mérito y capacidad, porque sólo así la Administración Pública podrá cumplir su mandato de servir con objetividad a los intereses generales.

En mi ámbito, el de la fiscalidad, he visto profesionales del sector privado que sabían mucho. Pero, por supuesto, habían estudiado y memorizado mucho. Además, los procesos selectivos en los grandes despachos y consultoras no consisten realmente en pasar una entrevista. Además, en los primeros años, todos estos profesionales se pasan muchísimas horas de trabajo, muchísimas más de las que desearían incluso las personas más trabajadoras. Esto puede no ser muy atractivo, pero formarse no es gratis, cuesta esfuerzo…

Quizás no sea una prioridad, o no debiera serlo visto el panorama, la reforma del sistema de oposiciones a la función pública. No obstante, siempre se puede mejorar, pero no parece razonable que la idea preconcebida de los expertos sea que se necesitan cambios radicales y que hay que sustituir pruebas claramente objetivas y conocimiento necesarios, "porque no es atractivo para los eventuales aspirantes" por otros sistemas, que indudablemente pueden ser más atractivos y cómodos para algunos aspirantes, pero de más difícil medición como "el trabajo en equipo", "en entornos colaborativos" o la "capacidad de innovación".

Para concluir, señalaba Ignacio de Loyola que no se debían "acometer mudanzas en tiempos de desolación". A veces esta máxima no se puede cumplir porque no queda más remedio que reformar en tiempos de tribulación, quizás por no haber hecho las reformas cuando se debía, en tiempos mejores. Sin embargo, acometer, en tiempos de turbulencia, reformas que casi nadie ha reclamado es, como mínimo, sorprendente. Pero incluso para acordarse de estas máximas hay que tener memoria y no amnesia.


jueves, 3 de septiembre de 2020

Juan Soto Ivars La mandanga (1979) de El Fary

 Libertad sin ira (1976)


https://es.wikipedia.org/wiki/Libertad_sin_ira

Jarcha - Libertad sin ira


Si yo fuera mujer


https://www.youtube.com/watch?v=-AwOZ3rpdQo

PATXI ANDION – El Maestro (1973)


Días de escuela (1978)

Asfalto - Días de escuela


Que se mueran los profes: un plan de vuelta al cole suicida

Juan Soto Ivars
El Confidencial. 29/08//20
La vuelta al cole se ha organizado con un desinterés previsible. ¿Cuánto hace que la educación dejó de importar a los políticos españoles? ¿Alguien puede darme una cifra -en décadas- aproximada? Mi apuesta: han pensado que la inmensa mayoría de los menores no sufre el virus como los viejos y que se puede ir improvisando, así de claro. Verlos decir -tan morenos- que llevan meses trabajando en la planificación de la vuelta al cole y que ofrezcan unas recomendaciones, como quien entrega deberes a última hora copiados del Rincón del Vago, es patético. A los profesores que conozco, claro, esto no les ha extrañado. Se lo vieron venir.
De entrada, ellos ya están acostumbrados a que muchos alumnos hagan lo mismo y a que sus padres vengan luego a quejarse por la mala nota. La responsabilidad fue expulsada de las escuelas e institutos a base de prebendas a la esterilidad, el descuido y la pantalla. Si para que un chaval suspenda la ESO hace falta que se líe a tiros con el mobiliario del aula, si las jornadas de evaluación terminan siendo zocos de puntos donde se regatea y el centro hace política de notas para dar buena imagen al exterior, ¿a qué profesor honrado podía extrañarle? A los políticos los evaluamos con la misma manga ancha y, hagan lo que hagan, se les vuelve a votar.
Muchos padres son conscientes de que no digo ninguna mentira. Les basta consultar el infierno de los grupos de Whatsapp del cole para confirmarlo. Allí a los profesores duros se les difama, a los blandos se les tienden trampas y a los brillantes se les considera como simples empleados. Esto es así porque mucha gente ha terminado convencida, en un arrebato de lo que Mark Fisher llamó “realismo capitalista”, de que la escuela es una empresa que presta un servicio. Y como Gregorio Luri ha resumido lacónico, ahora habría que darse con un canto en los dientes si los pobres chicos salen de la ESO sabiendo leer y escribir.
Los planes de innovación pedagógica son responsabilidad de los mismos políticos que ahora dicen que todo va a salir bien. Suelen trazarse sin contar con los profesores y son el producto de las mentes idealistas de gurús que jamás dieron clase. Ellos estudiaron la carrera y el máster, no para enseñar a los niños -eso es cosa de pobres- sino para educar a los gobiernos en la fe de la ingeniería social. Pero me pregunto: ¿cómo van a trabajar los niños “con competencias”, como se dice ahora, si cada nuevo plan educativo ha sido producto de la incompetencia?
La mediocridad que se inyecta a los alumnos por la vía de la innovación pedagógica está muy relacionada con la dejadez de una vuelta al cole a base de frases hechas y generalidades. Y por supuesto, gracias a la descentralización, todas las Comunidades Autónomas han querido sacar pecho con el mejor plan de España pero a ninguna se le ha ocurrido que hay que poner el dinero suficiente. Es el mismo problema que antes de la pandemia: queremos una educación que arrase en el informe PISA pero hemos alcanzado la natalidad más baja de la historia de España con clases absolutamente masificadas. De verdad: ¿alguien se extraña?
Solo hay que pensar que los mismos políticos responsables de la seguridad de la vuelta al cole son los que tenían que evitar que el rebrote de verano se produjera. Aunque no esté de moda yo sigo recordando aquello que dijo Fernando Simón antes del 8-M ("Si mi hijo me pregunta si puede ir, le diré que haga lo que quiera") porque creo que ahí teníamos una clave: la deserción de la autoridad por tener miedo a ser visto como autoritario. "Deja los chavalotes, Pablo, déjales... Si quieren darle un poquito a la lejía o un poco a la mandanga pues déjales".
Todos los profesores que conozco -todos- se quejan de que no se les escucha. La educación en España se planea igual que la vuelta al cole: de espaldas a los que más saben de educación, porque llevan toda la puta vida luchando contra la ignorancia de los alumnos. Ya lo notaron y lo sufrieron tras el confinamiento, cuando su esfuerzo titánico por improvisar una educación 'online' desde la nada fue agradecido por los responsables educativos con reproches por querer irse de vacaciones. A los profesores, que han pasado horas y horas delante del ordenador para construir un aula donde no la había, los han cubierto de reproches. Cuando vi en la portada en los medios conservadores y las tertulias aquella condena a los profesores de Madrid que se quieren ir a la huelga pensé que ahí estaba todo el pescado vendido.
¿Cómo van a respetar los alumnos a sus profesores si la sociedad los desprecia de esta forma? Hay gente que cree que porque tengan tres meses de vacaciones al año son una especie de casta privilegiada, como si la educación no fuera la columna que sostiene a la sociedad y evita que se desmorone. La mentalidad de nuestro tiempo ha quedado clara con este plan delirante de vuelta al cole a toda costa. Los profesores son canguros y animadores para los hijos, y la escuela tiene que abrir no porque los niños necesiten educación, sino porque los padres necesitan tenerlos al cuidado de alguien mientras salen a buscarse la vida.
En el plan de vuelta al cole, la escuela se concibe como un centro de internamiento para los hijos de los trabajadores precarios que pasan diez horas fuera de casa. Este ha sido el eje de toda la operación. ¿Qué podía salir mal?

https://www.youtube.com/watch?time_continue=91&v=WosrUnjb2UQ&feature=emb_logo (1979)

https://www.youtube.com/watch?v=9l_SoSARk7A

https://www.youtube.com/watch?v=8Ub21kVPUbs

Don diablo


https://www.youtube.com/watch?v=v3N444t7m0A

https://www.youtube.com/watch?v=XCtlrFwKE_Y

https://www.youtube.com/watch?v=R5zka9uq7gA

 Don diablo se ha escapado Tú no sabes la que ha armado Ten cuidado, yo lo digo por si... 

Ve conspiraciones, monta manifestaciones con la gente que no cree en la Covid.

Covid, si sigue así yo se lo voy a decir. 

Que la "puta mascarilla" no es un capricho de Illa. Te mereces un sopapo chiquitín. 

Con un chip, por aquí por allí. Sopapo chiquitín con un chip, ah. Sopapo chiquitín con un chip. 

Te infectas rápidamente Y a UCI en un pis pas. No tienes moral, deja de manipular. Más tonto no puedes ser ya.