Una de cada cuatro familias no llega a fin de mes
mientras otro 70% ahorra
Eduardo Bayona, a 20 de noviembre de 2023
“No solo hay desigualdad en la distribución de
la riqueza, sino en la satisfacción de las necesidades básicas.
No nos orientamos por un sentido de la racionalidad mínima”, dejo advertido el
nobel José Saramago a finales del siglo pasado, antes de las crisis de Asia,
las puntocom y la deuda, y también de la gran recesión de 2008,
de la pandemia y de la
actual plaga de guerras y tensiones geoestratégicas, e
igualmente después de la quema del pacto social a manos de la escuela de
Chicago y sus engendros neoliberales en los prolegómenos de la globalización y
la financiarización de la economía mundial.
Ese
carrusel de episodios ha ido cambiando -unos como palanca y otros como cortina
de humo- los sistemas y las relaciones económicas en una mutación que se ha
manifestado a escala tanto macro como micro, y cuya principal consecuencia, o
quizás leit-motiv,
ha sido un aumento de la desigualdad, es decir, del acaparamiento y de la desposesión
de manera simultánea, en todo el planeta; España incluida, obviamente.
“El aumento de la desigualdad
económica socava la movilidad social y crea divisiones en la sociedad”, señala otro nobel, Paul
Krugman, quien advierte de que “la desigualdad no es solo
un problema para los perjudicados, también es un problema para todos, ya que
socava la cohesión social y el crecimiento económico”.
Varios estudios publicados en los últimos días
ponen de manifiesto el
avance de esas desigualdades económicas, y con ellas también
las sociales, en España, donde a una de cada cuatro familias (4,7 millones) no
llega a fin de mes, según los datos de la Encuesta de
Competencias Financieras del Banco de España.
Al
mismo tiempo, y según la misma fuente, casi la décima parte de los
hogares con hipotecas (un 3% del total, algo más de medio
millón) se
la ha quitado en cinco años (de 2016 a 2021) en un proceso
que se está acelerando con
la subida de tipos y que se concentra en las que ingresan 4.000 euros mensuales
o más.
Un
volumen mayor, el 4%, que serían algo más de 750.000,
dedican al cabo del año su excedente de renta, el dinero que les sobra al
acabar el mes, a adquirir inmuebles como medio de ahorro/inversión, una
prevalencia que se duplica entre las familias cuya renta supera
los 47.000 euros anuales.
Amortizar deuda
y ahorrar o no llegar a fin de mes
“En
suma, el fortalecimiento de la situación financiera de las familias ha superado
las expectativas y es una buena noticia para la
economía española de cara a los próximos trimestres en un
contexto exigente”, concluye un reciente análisis de CaixaBank Research.
El estudio llega a esa conclusión tras reseñar un aumento de la tasa de ahorro
hasta el 11,7% (un euro de cada 8,5) motivado por las
mejoras salariales y el cobro de rendimientos financieros y que se produce de
manera simultánea a una retracción del consumo y el endeudamiento y a un
aumento de los depósitos (7.000 millones) y de la adquisición de productos
financieros (10.700).
“La
realidad es esa: está
creciendo la desigualdad. Hay menos deuda y más amortización,
claro, pero solo entre los que pueden acceder a una hipoteca, que es algo a lo
que no tiene acceso mucha gente”, explica Daniel Rodríguez,
sociólogo de Cáritas y de la Fundación Foessa y responsable del
estudio Ingresos y gastos: una ecuación que condiciona
nuestra calidad de vida.
El
informe aporta datos inquietantes sobre la realidad socioeconómica del país:
tres millones de hogares se quedan por debajo del umbral de la
pobreza severa una vez han pagado la vivienda y los
suministros básicos (agua y energía), y el 16% de la población que vive en
casas alquiladas “experimenta un nivel extremo de estrés financiero, es decir,
destina más del 60% de sus ingresos al pago del alquiler”.
Los gastos
básicos engullen las rentas bajas
“Los
índices de pobreza se mueven en España en torno al 19% y el 21% desde la crisis
de 2008. Se mueven muy poco porque a ese grupo le afecta muy poco
que España vaya bien o mal”, explica.
Rodríguez
aporta un dato ilustrativo sobre la distribución de la renta por quintiles, es
decir, a partir de la división de los hogares en escalones del 20%: “El conjunto de los ingresos ha
crecido un 12% desde la pandemia, pero si se observa por
quintiles en el de arriba el aumento ha sido del 11% y en el de abajo, del
0,5%. Eso supone que las primeras disponen de 600 euros mensuales más y las
segundas de cuatro, para una familia media de dos adultos y dos menores”.
Eso en cuanto a los ingresos. El análisis de
los gastos revela otra faceta de la desigualdad: la vivienda (42,6%) y los alimentos (20,5%) se llevan prácticamente dos tercios
de los ingresos de las familias menos pudientes mientras
no llegan a requerir dos de cada cinco euros (27% y 12,4%) de las que más
ganan.
Esa
relación se invierte cuando se analizan los recursos dedicados a
transporte y a ocio y restauración, que suponen uno de cada
siete euros (14,1%) para los primeros y uno de cada tres (34,5%) para los
segundos.
“Los
alquileres subieron un 40% y los precios de compra de las viviendas un 51%
entre 2015 y 2022. Eso nunca se va a cubrir con revisiones de los ingresos
acordes al IPC. La
relación se descabalga cada vez más”, apunta el sociólogo.
La vivienda que devora ingresos y
sirve para ahorrar
También
resultan diferentes las estrategias a las que, condicionadas por el abanico de
opciones al alcance, recurren para tratar de paliar ese descuadre
entre ingresos y gastos que afecta al 25% de la población,
con una prevalencia mayor “entre los individuos con menores recursos, como
aquellos con un nivel de educación inferior a bachillerato (32%), los
desempleados (43%), quienes residen en hogares con rentas menores de 15.000
euros (43%) o aquellos que residen en hogares que no son propietarios de su
vivienda principal (37%)”, anota el Banco de España.
Así,
el recurso al ahorro para tapar agujeros crece de manera proporcional a la
renta, es decir, se recurre más a él cuanto mayores son los ingresos,
mientras que los préstamos informales entre familiares y amigos, los adelantos de salario y los
descubiertos en cuentas y tarjetas aumentan en una
proporción inversa, hasta llegar a aglutinar las respuestas de casi la mitad y
más de la sexta parte, respectivamente, entre quienes ganan menos de 15.000
euros brutos anuales.
Las ayudas públicas son,
en todos los casos y con un uso máximo del 3% entre los hogares de menores
ingresos, el
recurso menos utilizado.
El cualquier caso, la vivienda aparece como un eje
central en los cuadros económicos familiares, por su
desmesurado requerimiento de recursos para quienes menos ganan y como destino
de los excedentes para quienes se encuentran en la situación opuesta.
“Ese
63% que los hogares con menos recursos dedican a cubrir necesidades básicas no
siempre es suficiente, no siempre da para acceder a una
vivienda digna sino que a menudo se va en alquilar una
habitación para disponer de un techo, o en poner en alquiler una de las de la
casa porque no se llega”, anota el sociólogo.
Otra
cosa son las condiciones de esas viviendas. Los trabajos de Cáritas y Foessa
cifran en un 30% y un 23,5%, respectivamente, el porcentaje de las consideradas inadecuadas e
inseguras, con aumentos del 5% y el 5,5% entre 2018 y 2022.
Las
primeras, en las que viven 5,6 millones de hogares, son aquellas que no ofrecen condiciones adecuadas
de habitabilidad y/o cuya sobreocupación genera
hacinamiento, y las segundas, en las que habitan otros 4,2 millones, son
aquellas en las que no
existe una garantía jurídica, como un contrato, que asegure el
uso.
Esos 9,8 millones de familias, algunas de las
cuales se encuentran en las dos situaciones, suponen la mitad de las unidades
de convivencia del país, que eran 18,9 millones el año
pasado y 19,1 en este, según las estimaciones del INE
(Instituto Nacional de Estadística).
“Las políticas de vivienda son inexistentes o
ineficaces. El artículo 47 de la
Constitución, ahora que todo el mundo habla de ella, deja claro que los ciudadanos tienen derecho a
una vivienda digna y que los poderes públicos deben
garantizarlo pero el estado de bienestar nunca
acaba de entrar en este asunto”, explica Rodríguez, quien llama la atención
sobre “la peligrosa derivada que atraviesa la vivienda, que ha pasado de ser un
derecho a convertirse en un producto financiero, en un negocio”.
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