domingo, 14 de agosto de 2022
lunes, 1 de agosto de 2022
domingo, 31 de julio de 2022
martes, 19 de julio de 2022
miércoles, 13 de julio de 2022
martes, 5 de julio de 2022
El príncipe de Nicolás Maquiavelo
Capítulo
XVIII - DE QUÉ MODO LOS PRÍNCIPES DEBEN CUMPLIR SUS PROMESAS
Nadie deja de comprender cuán digno de
alabanza es el príncipe que cumple la palabra dada, que obra con rectitud y no
con doblez; pero la experiencia nos demuestra, por lo que sucede en nuestros
tiempos, que son precisamente los príncipes que han hecho menos caso de la fe
jurada, envuelto a los demás con su astucia y reído de los que han confiado en
su lealtad, los únicos que han realizado grandes empresas.
Digamos primero que hay dos maneras de
combatir: una, con las leyes; otra, con la fuerza. La primera es distintiva del
hombre; la segunda, de la bestia. Pero como a menudo la primera no basta, es
forzoso recurrir a la segunda. Un príncipe debe saber entonces comportarse como
bestia y como hombre. Esto es lo que los antiguos escritores enseñaron a los
príncipes de un modo velado cuando dijeron que Aquiles y muchos otros de los
príncipes antiguos fueron confiados al centauro Quirón para que los criara y
educase. Lo cual significa que, como el preceptor es mitad bestia y mitad
hombre, un príncipe debe saber emplear las cualidades de ambas naturalezas, y
que una no puede durar mucho tiempo sin la otra.
De manera que, ya que se ve obligado a
comportarse como bestia, conviene que el príncipe se transforme en zorro y en
león, porque el león no sabe protegerse de las trampas ni el zorro protegerse
de los lobos. Hay, pues, que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar
a los lobos. Los que sólo se sirven de las cualidades del león demuestran poca
experiencia. Por lo tanto, un príncipe prudente no debe observar la fe jurada
cuando semejante observancia vaya en contra de sus intereses y cuando hayan
desaparecido las razones que le hicieron prometer.
Si los
hombres fuesen todos buenos, este precepto no sería bueno; pero como son
perversos, y no la observarían contigo, tampoco tú debes observarla con ellos.
Nunca faltaron a un príncipe razones legítimas para disfrazar la inobservancia.
Se podrían citar innumerables ejemplos modernos de tratados de paz y promesas
vueltos inútiles por la infidelidad de los príncipes. Que el que mejor ha
sabido ser zorro, ése ha triunfado. Pero hay que saber disfrazarse bien y ser
hábil en fingir y en disimular. Los hombres son tan simples y de tal manera
obedecen a las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre
quien se deje engañar.
No quiero callar uno de los ejemplos
contemporáneos. Alejandro VI nunca hizo ni pensó en otra cosa que en engañar a los
hombres, y siempre halló oportunidad para hacerlo. Jamás hubo hombre que
prometiese con tal desparpajo ni que hiciera tantos juramentos sin cumplir
ninguno; y, sin embargo, los engaños siempre le salieron a pedir de boca, porque
conocía bien esta parte del mundo.
No es preciso que un príncipe posea todas
las virtudes citadas, pero es indispensable que aparente poseerlas. Y hasta me
atreveré a decir esto: que el tenerlas y practicarlas siempre es perjudicial, y
el aparentar tenerlas, útil. Está bien mostrarse piadoso, fiel, humano, recto y
religioso, y asimismo serlo efectivamente; pero se debe estar dispuesto a irse
al otro extremo si ello fuera necesario. Y ha de tenerse presente que un
príncipe, y sobre todo un príncipe nuevo, no puede observar todas las cosas
gracias a las cuales los hombres son considerados buenos, porque, a menudo,
para conservarse en el poder, se ve arrastrado a obrar contra la fe, la
caridad, la humanidad y la religión. Es preciso, pues, que tenga una
inteligencia capaz de adaptarse a todas las circunstancias, y que, como he
dicho antes, no se aparte del bien mientras pueda, pero que, en caso de
necesidad, no titubee en entrar en el mal.
Por todo esto, un príncipe debe tener
muchísimo cuidado de que no le brote nunca de los labios algo que no esté empapado
de las cinco virtudes citadas, y de que, al verlo y oírlo, parezca la
clemencia, la fe, la rectitud y la religión mismas, sobre todo esta última.
Pues los hombres, en general, juzgan más con los ojos que con las manos, porque
todos pueden ver, pero pocos tocar. Todos ven lo que parece ser, mas pocos
saben lo que eres; y estos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de la
mayoría, que se escuda detrás de la majestad del Estado. Y en las acciones de
los hombres, y particularmente de los príncipes, donde no hay apelación
posible, se atiende a los resultados. Trate, pues, un príncipe de vencer y
conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por
todos; porque el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito; y en
el mundo sólo hay vulgo, ya que las minorías no cuentan sino cuando las
mayorías no tienen donde apoyarse. Un príncipe de estos tiempos, a quien no es
oportuno nombrar, jamás predica otra cosa que concordia y buena fe; y es
enemigo acérrimo de ambas, ya que, si las hubiese observado, habría perdido más
de una vez la fama y las tierras.
Quesnay
François QUESNAY, Fisiocracia o Gobierno de la Naturaleza, 1768
Nunca dejen de tener
presente, ni el soberano ni la nación, que la tierra es la única fuente de
riquezas, y que la agricultura es la que las multiplica. Pues el aumento de la
riqueza afianza el de la población; los hombres y las riquezas hacen prosperar la
agricultura, amplían el comercio, vivifican la industria, aumentan y perpetúan
las riquezas. De esta fuente copiosa depende el buen éxito de todas las partes
de la administración del reino.
Asegúrese a sus legítimos poseedores la propiedad de los bienes raíces y
de las riquezas muebles, pues la seguridad de la propiedad es el fundamento
esencial del orden económico de la sociedad. Sin la certidumbre de la
propiedad, el territorio permanecería inculto. No habría propietarios ni
arrendadores que hiciesen los gastos necesarios para darles valor y cultivarla
si no se asegurase la conservación de los bienes y de los frutos a quienes
hacen las inversiones necesarias para dichos gastos. La seguridad de la
posesión permanente es la que estimula el trabajo y la inversión de riquezas en
la mejora y cultivo de los terrenos y en las empresas industriales y
comerciales. Únicamente la potestad soberana asegura la propiedad de los
súbditos y posee un derecho originario a participar de los frutos de la tierra,
fuente única de las riquezas.
La nación que tuviere un territorio grande que cultivar y facilidad para
ejercer mucho comercio de productos de la tierra, no emplee demasiado dinero y
hombres en las manufacturas y en el comercio de lujo, con detrimento de los
trabajos y gastos de la agricultura, pues, ante todo y sobre todo, el reino
debe estar muy poblado de agricultores ricos.
Manténgase intangible la libertad de comercio; pues la política de
comercio externo e interno más exacta, más segura, más provechosa para la nación
y el Estado consiste en la plena libertad de competencia.
No se haga tanto hincapié en el aumento de población cuanto en el incremento de
los ingresos; pues la mayor holgura que traen consigo los ingresos cuantiosos
es preferible a las apremiantes necesidades de manutención que exige una
población excesiva con relación a los ingresos, y hallándose el pueblo en la
holgura, hay más recursos para las necesidades del Estado y también más medios
para hacer medrar la agricultura.
Evite el Estado los préstamos que forman rentas financieras, pues le cargan de
deudas devoradoras y ocasionan un comercio o tráfico de capitales, mediante
documentos negociables, cuyo descuento acrecienta cada vez más las fortunas
pecuniarias estériles. Tales fortunas desvían de la agricultura a los
capitalistas y privan al campo de las riquezas necesarias para la mejora de los
bienes raíces y la explotación del cultivo de la tierra.
1. Clasificación del texto
a) Señala cuál es la naturaleza del texto. ¿Qué significa el
título del libro?
b) ¿Quién es el autor? ¿Dentro de qué corriente intelectual
se enmarca?
c) Encuadra la fecha (reinado, tipo de régimen político,
etc.).
2.
Definición de las ideas
a) ¿Cuál es la idea o ideas principales?
b) ¿Cuáles son las ideas secundarias? Explica brevemente el
significado de estas ideas.
3.
Encuadre histórico
a) ¿Cuáles son los antecedentes de esta teoría económica?
b) ¿Cuál es el objetivo último de la fisiocracia? ¿En qué
aspectos es una teoría revolucionaria?
c) ¿Cuándo llegará al poder? ¿Qué transformaciones producirá?
4.
Comentario
a) ¿A quiénes critica el autor? ¿Por qué?
b) ¿Con qué sistema político identificas esta teoría? ¿Por
qué no evitará las revoluciones burguesas?
c) ¿Sobre qué corriente económica será muy influyente la
fisiocracia?
d) Sintetiza las conclusiones a las que hayas llegado con
este comentario de texto.
Paz de los Pirineos (1659)
Por lo que mira a los países, y plazas, que las armas de
Francia han ocupado en esta guerra por la parte de España, por cuanto se
convino de la negociación comenzada en Madrid el año 1556, en que se funda el
presente tratado, que los montes Pirineos, que habían dividido antiguamente las
Galias de las Españas, harían también en adelante la división de estos dos
Reinos; por tanto se han convenido, y acordado, que dicho Señor Rey
Cristianísimo, quedará en posesión, y gozará efectivamente en todo el Condado y
veguería de Rosellón; del Condado, y veguería de Conflans, países, ciudades,
plazas, y castillos, villas, aldeas, y lugares, que componen dichos condados, y
veguerías de Rosellón y Conflans; y quedarán al Señor Rey Católico el Condado y
veguerías de Cerdaña, y todo el principado de Cataluña con las veguerías,
plazas, ciudades, castillos, villas, aldeas, lugares, y países, que componen el
dicho condado de Cerdaña, y principado de Cataluña; en inteligencia de que si
se hallare haber en los dichos Montes Pirineos, de la parte de acá de España,
algunos lugares del dicho Condado y veguería de Conflans solamente, y no de Rosellón,
quedarán también a su Majestad Católica, como asimismo si se hallare haber en
los dichos Montes Pirineos de la parte de allá de la Francia, algunos lugares
del dicho Condado, y veguería de Cerdaña solamente, y no de Cataluña, quedarán
a S. M. Cristianísima; y para convenir en esta división se nombrarán al
presente comisarios de ambas partes, los cuales juntos, de buena fe declararán
cuáles son los montes Pirineos, que según lo contenido en este artículo, deben
dividir en adelante los dos Reinos, y señalarán los límites que han de tener; y
se juntarán los dichos comisarios en los lugares a más tardar dentro de un mes
después de la firma del presente tratado, y en el término de otro mes siguiente
deberán haber convenido entre sí y declarado de común acuerdo todo lo referido;
debiéndose entender, que si para entonces no hubieren podido ponerse de acuerdo
entre sí, comunicarán inmediatamente las razones de sus dictámenes a los
plenipotenciarios de dichos dos Señores Reyes, los cuales con conocimiento de
las dificultades, y diferencias que se hubiesen encontrado, convendrán entre sí
sobre este punto, sin que por esto se puedan tomar de nuevo las armas.











































