La batalla de Dorilea (julio de 1097)
Al tercer día, los turcos lanzaron un
violento ataque sobre Bohemundo[1]
y sus compañeros [de armas]. Los turcos comenzaron a gritar sin cesar, a dar
voces, y gritar en voz alta, haciendo un ruido diabólico, no sé cómo, en su
propio idioma. Cuando el sabio Bohemundo vio desde lejos a los innumerables
turcos gritando y crying un ruido diabólico, be straightway ordenó a todos los
caballeros desmontar y montar las tiendas inmediatamente. Antes de que las
tiendas hubieran sido levantadas, habló a todos los soldados: “¡Mis señores [feudales]
y los más fuertes de los soldados de Cristo! Una difícil batalla está
preparándose ahora alrededor/ en torno a-de nosotros. Cada uno debe avanzar
contra ellos valerosamente y la infantería debe levantar las tiendas con
cuidado y de prisa”.
Por el tiempo en que todo esto había sido
hecho, los turcos ya nos habían rodeado por todos lados. Nos atacaron,
cortando, arrojando y disparando flechas por todas partes, de una manera
extraña de ver. Aunque apenas podíamos detenerlos o aun resistir bajo el peso
de una hueste semejante, sin embargo todos nos las arreglamos para mantener
nuestras filas. Nuestras mujeres fueron una gran bendición para nosotros aquel
día, pues llevaban agua potable zip a nuestros guerreros y consolaban a los
combatientes y defensores.
El sabio Bohemundo ordenó en seguida a los otros, a saber al conde de Saint-Gilles[2], el duque Godofredo[3], Hugo de Francia, el obispo de Le Puy[4], y todo el resto de los soldados de Cristo to make speed apresurarse y marchar rápidamente al lugar de la lucha.
Él dijo: “Si [los turcos] quieren luchar hoy,
dejadlos venir con toda su fuerza”. El fuerte y valeroso duque Godofredo y Hugo
de Francia came on ahead salieron en cabeza de sus fuerzas. El obispo de Le Puy
[los] siguió con sus tropas, y el conde Saint-Gilles con una gran fuerza came
after him siguiéndole.
Nuestra gente sentía mucha curiosidad
acerca de donde había venido tal multitud de turcos, árabes, sarracenos[5],
y otros que no puedo nombrar. De hecho esta raza excomulgada llenaba todas las
montañas, colinas, valles y llanuras por todos lados, dentro y fuera del campo
de batalla. Nosotros tuvimos un parlamento secreto entre nosotros y, después de rezar a
Dios y consultar -tomar consejo-, dijimos: “Debemos todos unirnos en la fe de Cristo y la
victoria de la Santa Cruz, pues, di Dios quiere, hoy todos nos haremos ricos”.
Nuestras fuerzas fueron dispuestas en una
línea de batalla continua. A la izquierda estaban Bohemundo, Roberto el
normando[6],
el prudente Tancredo[7],
Roberto de Ansa, y Richard of the Principote ¿Ricardo deL Principado?. El obispo
de Le Puy se acercó a través de otra montaña y así los turcos
unbelieving-infieles fueron rodeados por todos lados. Raimundo de Saint-Gilles
también luchó en el ala izquierda. A la derecha estaban el duque Godofredo, el
conde de Flandes[8]
(un caballero muy valiente), y Hugo de Francia, junto con muchos otros cuyos
nombres no sé.
Tan pronto como nuestros caballeros
llegaron, los turcos, árabes, sarracenos, angulans-angulazos[9],
y todas las tribus bárbaras rápidamente se dieron a la fuga a través de caminos
desconocidos de las montañas y llanuras. Los turcos, persas, paulicianos[10],
sarracenos, angulans-angualazos, y otros paganos ascendían 360.000, junto a los
árabes, cuyo número sólo es conocido por Dios. Con extraordinaria rapidez
huyeron a sus tiendas pero fueron incapaces de permanecer allí mucho tiempo. De
nuevo se dieron a la fuga y los perseguimos, matándolos mientras huían, durante
todo un día. Nosotros tomamos mucho botín: oro, plata, caballos, burros,
camellos, ovejas, ganado [vacuno], y muchas otras cosas que no sabemos. Si el
Señor no hubiese estado con nosotros en la batalla y no nos hubiera enviado por
sorpresa la otra fuerza, ninguno de nuestros hombres habría escapado, pues la
batalla duró desde la hora tercera a la novena. Pero Dios Todopoderoso es
compasivo y bondadoso. Él no permitió que sus tropas perecieran, ni las entregó
en las manos del enemigo; más bien Él nos envió ayuda rápidamente. Dos de
nuestros honrados caballeros fueron muertos, a saber Godofredo de
Monte-Scaglioso y Guillermo el hijo del marqués y el hermano de Tancredo.
Algunos otros caballeros y peones[11]
cuyos nombres no conozco también murieron.
¿Quién será alguna vez lo bastante sabio y
culto para atreverse a describir la prudencia, proezas, y valor de los turcos?
Creían que podían aterrorizar a la raza franca amenazándoles con sus flechas,
como habían aterrorizado a los árabes, sarracenos, armenios, sirios, y griegos
[bizantinos]. Pero, quiera Dios, nunca serán tan poderosos como nuestros
hombres. De hecho, los turcos dicen que están emparentados con los francos y
que ningún hombre debería por carácter ser un caballero excepto los francos y
ellos mismos. Digo la verdad, que nadie puede negar, que si siempre hubieran
sido constantes en la fe de Cristo y en el cristianismo, si ellos hubieran
querido confesar un Señor triune-trino, y si hubiesen creído honestamente de
buena fe que el Hijo de Dios había nacido de la Virgen, que sufrió y se levantó
de entre los muertos y ascendió al cielo y que reina en el cielo y en la
tierra; si ellos hubiesen creído todo esto, habría sido imposible encontrar un
pueblo más poderoso, más valiente, o más experimentado en el arte de la guerra.
Por la gracia de Dios, sin embargo, los derrotamos. La batalla tuvo lugar el
primero de julio.
[1] Bohemundo I (1050-1111),
príncipe de Antioquía.
[2] Raimundo de
Saint-Gilles o Raimundo IV (1042-1105), conde de Tolosa.
[3] Godofredo IV de
Boulogne (c. 1061-1100), llamado Godofredo de Bouillón, duque de Baja Lorena,
protector del Santo Sepulcro.
[4] Ademar de Monteil (muerto en 1098 en el asedio de Antioquía), obispo de Puy, fue el representante del papa Urbano II en la Primera cruzada.
[5] Nombre
utilizado por los cristianos occidentales o latinos para designar en general a
los árabes o musulmanes, especialmente a los piratas que actuaron en el
Mediterráneo occidental durante la Alta Edad Media.
[6] Roberto II
Courteheuse (c. 1054-1134), duque de Normandía, hermano del rey de Inglaterra.
[7] Tancredo de
Hauteville (muerto en 1112), príncipe de Galilea y príncipe de Antioquía,
sobrino de Bohemundo I y nieto de Roberto Guiscardo.
[8] Roberto II el
Hierosolimitano (muerto en 1111), conde de Flandes. El apodo de hierosolimitano
significa que estuvo en Jerusalén.
[9] Aghulans,
aghulamis: caballería pesada azerí
[10] Paulicianos: Secta herética de los siglos VII al X. Los paulicianos distinguían el Dios
bueno, creador del cielo, del Dios malo, creador de la materia maldita; no
concedían ningún valor a la Iglesia oficial y, sobre todo, a la vida monástica.
[11] En la Edad Media los peones eran los soldados de infantería.
Peón: Nombre dado en la Edad Media a los soldados a pie (infantes).
Balduino I de Boulogne muerto en 1100 conde de Edesa, tras la muere de su hermano Godofredo rey de Jerusalén
Bohemundo I (1050-1111) príncipe de Antioquía
ACLARACIONES
SOBRE EL TEXTO
En el primer
párrafo no se entiende la orden de Bohemundo de levantar las tiendas, a menos
que sea un modo de mostrar el poco miedo que les daba el enemigo. Asimismo que
la infantería se quedase montando las tiendas mientras los caballeros cargaban
lo poco apreciada que era por los orgullosos nobles a caballo.
En el
segundo párrafo el cronista subraya el uso de las flechas por los turcos, pues
la mayoría de los cruzados jamás habrían contemplado esa forma de lucha: lanzar
flechas desde los lomos de un caballo al galope con gran rapidez e incluso
disparar el jinete hacia atrás mientras controlaba su montura con las piernas.
En este
fragmento se subraya la importancia de los nobles en la expedición pues estos
son los únicos mencionados por su nombre. La mayoría de ellos proceden de
regiones francesas o relacionadas con el antiguo imperio carolingio (sur de Italia,
Tolosa, Baja Lorena, Le Puy, Normandía, Flandes).
La mención
a la riqueza en el tercer párrafo tiene su origen en que los ejércitos solían
ir acompañados de una impedimenta abultada que incluía todos los lujos y
comodidades posibles, por ello una victoria suponía apoderarse de los animales,
armas, tiendas con su contenido y todo aquello que hubiera en el campamento
enemigo.
En el
quinto párrafo leemos la típica exageración medieval de cifras altas cuando el
cronista dice que el ejército turco (engrosado con otras gentes como los árabes)
ascendía a más de 360.000 hombres.
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