martes, 25 de febrero de 2014

Textos históricos sobre el imperio bizantino

IMPERIO BIZANTINO

En torno al problema de la primacía pontificia

Siguiendo como seguimos en todo momento los decretos de los Santos Padres y conociendo el Canon de los 150 obispos, hijos muy amados de Dios, que fue leído hace poco, decretamos y establecemos esto mismo acerca de los privilegios de la santísima iglesia de Constantinopla, nueva Roma. Pues nuestros antepasados otorgaron en justicia privilegios al trono de la antigua Roma. Y movidos por esta misma consideración los 150 obispos muy amados de Dios otorgaron estos mismos privilegios al santísimo solio de la nueva Roma, pensando rectamente que una ciudad que había sido honrada con el Imperio, y con el Senado y gozaba de los mismos privilegios que la muy antigua reina, la ciudad de Roma, debía incluso en lo eclesiástico ser honrada y exaltada no de modo distinto a como lo era aquella, ya que es la segunda ciudad después de ella, de tal modo que solo los metropolitanos de la diócesis del Ponto, de Asia y de Tracia y además los obispos de las citadas diócesis que habitan entre los bárbaros sean ordenados por el ya citado trono de la santísima Iglesia de Constantinopla, es decir, que cada metropolitano de dichas diócesis ordene con los obispos de su provincia del modo como está escrito en los sagrados cánones. Así, pues, como se ha dicho, los metropolitanos de las citadas diócesis deben ser ordenados por el arzobispo de Constantinopla después de haberse hecho las elecciones de costumbre y haberse puesto en su conocimiento.

 

Canon 28 del Concilio de Calcedonia (a. 451).

 

El cesaropapismo constantiniano

De qué modo intervino en los sínodos de los obispos.

Y de un modo general se presentó como tal ante todos. Estando sobre todo al cuidado de la iglesia de Dios al producirse en distintas provincias disensiones entre sí, él como el común obispo de todos, constituido por Dios, reunió los concilios de los ministros de Dios. Y no consideró indigno estar presente en ellos y sentarse en medio de sus reuniones sino que participaba en sus problemas preocupándose de todo lo que perteneciera a la paz de Dios. Es más, se sentaba en medio como uno de muchos haciendo apartar a sus guardias y a su escolta y protegido sólo por el temor de Dios y rodeado por la benevolencia de sus amigos fieles. Por lo demás estaba sobre todo de acuerdo con quienes veía que aceptaban las opiniones más justas y a quienes veía propensos a la paz y concordia indicando claramente que se complacía en ellos. Pero, por el contrario, estaba en contra de los obstinados y de los rebeldes.

 

E. PAMPHILI, VIta Constantini, P. L., VIII.

 

El estado de las personas en el derecho justinianeo

(3) La principal división en el derecho de las personas es esta: que todos los hombres son libres o esclavos.

 

(4) Es libertad la natural facultad de hacer lo que se quiere, con excepción de lo que se prohíbe por la fuerza o por la ley. La esclavitud es una institución del derecho de gentes, por la cual uno está sometido, contra su naturaleza, al dominio ajeno. Los esclavos se llaman «servi», porque los generales suelen vender a los cautivos y, por esto, los con «servan» sin matarlos; y se llaman «mancipia» porque los enemigos los capturan con la «mano».

 

(5) La condición de los esclavos es ciertamente única, en tanto que los hombres libres unos son «ingenuos» y otros son libertos. Los esclavos entran en nuestro dominio bien por el derecho civil, bien por el de gentes. Por el derecho civil, cuando alguna persona mayor de veinticinco años permitió ser vendido para participar en el precio. Por el derecho de gentes son esclavos nuestros los enemigos cautivos o los que nacen de nuestras esclavas. Son libres de nacimiento los que nacieron de madre libre, porque basta que la madre haya sido libre en el momento del parto, aunque hubiese concebido siendo esclava. Al contrario, si hubiese concebido siendo libre y pariera después siendo esclava, se estimó conveniente que el que nazca sea libre (no hace al caso si concibió en justas nupcias o fuera de ellas), ya que la desventura de la madre no debe dañar al concebido. Por esto se preguntó cuando se manumitió a una esclava encinta y parió después si hecha de nuevo esclava o expulsada de la ciudad, pare un hijo libre o esclavo. Sin embargo, se aprobó más correctamente que nace libre y que basta al concebido el haber tenido una madre libre en el tiempo intermedio.

 

(6) Son libertos los que han sido manumitidos de justa esclavitud.

 

 

(El Digesto, de Justiniano (527-565), t. I, tít. V, p. 59. Versión castellana de Ed. Aranzadi, Pamplona, 1968.)

 

Las conquistas africanas de Justiniano

Escenas de la vida de Teodora, esposa de Justiniano, según Procopio

 

 

El ataque árabe a Constantinopla en el 677

“Constante fue muerto a traición por sus criados en Sicilia cuando estaba en el baño. Después de haber reinado veintisiete años, le sucedió su hijo Constantino (IV).

“Fue al comienzo de su reinado cuando el príncipe de los sarracenos equipó una potente flota, de la que dio el mando a un excelente hombre de guerra llamado Caler. Éste abordó el Ebdome, que está en las afueras de Constantinopla. Constantino le salió al encuentro con gran número de barcos. Cada día se dieron varios combates y la guerra siguió sin descanso desde la primavera hasta el otoño, en que la flota enemiga se retiró a invernar en Cízico. Volvió en la primavera siguiente para proseguir la guerra, que, de esta forma, duró siete años. Pero al fin, como estos bárbaros, lejos de conseguir ventajas, habían perdido algunos de sus más valientes hombres, se retiraron a su país, siendo atacados por una tempestad en la que perecieron casi todos.

“Cuando el príncipe de los sarracenos supo la nueva de la pérdida de su flota, envió embajadores al emperador para solicitar la paz y ofrecer un tributo. El emperador aceptó la propuesta y envió hacia ellos a Juan, patricio llamado Petzigodio, hombre de rara sabiduría y profunda experiencia. Cuando llegó a su país acordó una tregua de treinta años, durante la cual pagaron tres mil piezas de oro y entregaron cincuenta hombres y cincuenta caballos.

“Apenas la noticia llegó a los ávaros, enviaron presentes al emperador, solicitándole la paz que se acordó. Así, tanto Oriente como Occidente disfrutaron de una profunda calma y una perfecta tranquilidad.”

Nicéforo Grégoras, Historia del emperador Constantino, Heraclio y de sus sucesores. Edición de Louis Cousin, París, 1685, pp. 358-359.

 

 

 

Las creencias religiosas en Bizancio durante el mandato de Heraclio

El emperador y la ley en Bizancio

Diferencias entre las iglesias latina y griega

Los turcos amenazan Europa (1456)

Constantinopla en vísperas de su caída

Creencias populares griegas referentes a la conquista de Constantinopla



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