Escritos
de José María Blanco White, 1808
“Los
diferentes hechos de la revolución española se sucedieron con sorprendente rapidez.
Las provincias más alejadas de la capital proclamaron la guerra contra los franceses,
y llegó el momento en que había que tomar partido en el enfrentamiento
inevitable […]. Yo estaba convencido de que si el pueblo pudiera permanecer
tranquilo bajo la forma de gobierno a que estaba acostumbrado mientras el país
se libraría de una dinastía de la que no era posible esperar ninguna mejoría,
la humillación política de recibir un nuevo rey de manos de Napoleón quedaría
ampliamente compensada con los futuros beneficios de esta medida. En efecto, en
pocos años la nueva familia real se identificaría con el país. Muchos de los españoles
más ilustres y honestos se habían puesto del lado de José Bonaparte. Se había
preparado el marco de una Constitución que, a pesar de la forma arbitraria con
que había sido impuesta, contenía la declaración explícita del derecho de la
nación a ser gobernada con su propio consentimiento y no por la voluntad absoluta
del rey. La Inquisición […] iba a ser abolida inmediatamente, y lo mismo
sucedía con las órdenes religiosas […].”
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