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miércoles, 1 de junio de 2022

Fuentes históricas sobre la batalla de Covadonga - 718 o 722 - COMPROBAR FECHA EXACTA

Crónica de Alfonso III (versión rotense), escrita originalmente en latín

 

Pelayo estaba con sus compañeros en el monte Auseva, y el ejército de Alqama llegó hasta él [en el año 722] y alzó innumerables tiendas frente a la entrada de la cueva.

El predicho obispo subió a un montículo situado ante la cueva de la Señora y habló así a Pelayo: "Pelayo, Pelayo, ¿dónde estás?".

 

El interpelado se asomó a una ventana y respondió: "Aquí estoy".

 

El obispo dijo entonces: "Juzgo, hermano e hijo, que no se te oculta cómo hace poco se hallaba toda Hispania unida bajo el gobierno de los godos y brillaba más que los otros países por su doctrina y ciencia, y que, sin embargo, reunido todo el ejército de los godos no pudo sostener el ímpetu de los ismaelitas. ¿Podrás tú defenderte en la cima de este monte? Me parece difícil. Escucha mi consejo: cambia de decisión, y gozarás de muchos bienes y disfrutarás de la amistad de los caldeos".

 

Pelayo respondió entonces: “¿No leíste en las Sagradas Escrituras que la Iglesia del Señor llegará a ser como el grano de la mostaza y de nuevo crecerá por la misericordia de Dios?”.

El obispo contestó: “Verdaderamente, así está escrito”.

Pelayo dijo: "Cristo es nuestra esperanza; que por este pequeño montículo que ves sea Hispania salvada y reparado el ejército de los godos. Confío en que se cumplirá en nosotros la promesa del Señor, porque David ha dicho: “¡Castigaré con mi vara sus iniquidades y con azotes sus pecados, pero no les faltará mi misericordia!". Así pues, confiando en la misericordia de Jesucristo, desprecio esa multitud [de enemigos] y no temo el combate con que nos amenazas. Tenemos por abogado cerca del Padre a Nuestro Señor Jesucristo, que puede librarnos de estos paganos”.

 

El obispo, vuelto entonces al ejército [musulmán], dijo: "Acercaos y pelead. Ya habéis oído cómo me ha respondido; a lo que adivino de su intención, no tendréis paz con él, sino por la venganza de la espada".

 

Alqama mandó entonces comenzar el combate, y los soldados tomaron las armas. Se levantaron los fundíbulos, se prepararon las hondas, brillaron las espadas, se encresparon las lanzas e incesantemente se lanzaron saetas. Pero al punto se mostraron las magnificiencias del Señor: las piedras que salían de los fundíbulos y llegaban a la casa de la Santa Virgen María, que estaba dentro de la cueva, se volvían contra los que las disparaban y mataban a los caldeos.

 

Y como Dios no necesita las lanzas, sino que da la palma de la victoria a quien quiere, los cristianos salieron de la cueva para luchar contra los caldeos; emprendieron éstos la fuga, se dividieron en dos sus destacamentos, y allí mismo fue al punto muerto Alcaman y apresado el obispo Oppas. En el mismo lugar murieron ciento veinticinco mil caldeos.

 

Los sesenta y tres mil restantes subieron a la cumbre del monte Auseva y por el lugar llamado Amuesa descendieron a la Liébana. Pero ni éstos escaparon a la venganza del Señor; cuando atravesaban la cima del monte que está a orillas del río llamado Deva, junto al predio de Cosgaya, se cumplió el juicio del Señor: el monte, desgajándose de sus cimientos, arrojó al río de los sesenta y tres mil caldeos y los aplastó a todos.

 

 

 

Batalla de Covadonga según al-Razi, texto recopilado por al-Maqqari en el Nafh al-tib (Historia de Al-Ándalus), libro que recogía textos literarios e históricos de al-Ándalus, redactado a caballo entre los siglos XVI y XVII.

 

 

"Cuentan algunos historiadores que el primero que reunió a los fugitivos cristianos de España, después de haberse apoderado de ella los árabes, fue un infiel llamado Pelayo, natural de Asturias, en Galicia, al cual tuvieron los árabes como rehén para seguridad de la gente de aquel país, y huyó de Córdoba en tiempo de Al-Hurr ibn/ben Abd al-Rahman al-Thaqafi/al-Taqafi, segundo de los emires árabes de España, en el año sexto después de la conquista, que fue el 98 de la Hégira [716-717]. Sublevó a los cristianos contra el lugarteniente de Al-Hurr, le ahuyentaron "y se hicieron dueños del país, en el que permanecieron reinando, ascendiendo a veintidós el número de los reyes suyos que hubo hasta la muerte de Abd al-Rahman III”.

 

Dice Isa ben Ahmad al-Razi que en tiempos de Anbasa Ibn/ben Suhaim/Suhayn Al-Qalbi/al-Kalbí, se levantó en tierra de Galicia [la antigua provincia romana de Gallaecia] un asno salvaje llamado Pelayo. Desde entonces empezaron los cristianos en Al-Ándalus a defender contra los musulmanes las tierras que aún quedaban en su poder, lo que no habían esperado lograr. Los islamitas, luchando contra los politeístas y forzándoles a emigrar, se habían apoderado de su país hasta llegar a Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugió el rey llamado Pelayo con trescientos hombres.

 

Los soldados no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían qué comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo: "Treinta asnos salvajes, ¿qué daño pueden hacernos?". En el año 133 [del calendario musulmán, que comienza con la Hégira] murió Pelayo y reinó su hijo Fávila/Fáfila. El reinado de Pelayo duró diecinueve años, y el de su hijo dos. Después de ambos reinó Alfonso, hijo de Pedro, abuelo de los Banu Alfonso, que consiguieron prolongar su reino hasta hoy y se apoderaron de lo que los musulmanes les habían tomado."


1. 1-   La Crónica de Alfonso III es un texto escrito en latín durante el reinado de ese rey (del 866 al 910) y narra acontecimientos históricos que abarcan del año 672 al año 866.

2.   El texto se refiere a Oppas, hermano del rey visigodo Vitiza que lo nombró obispo de Sevilla. Tras la subida al trono de Rodrigo ayudó a sus sobrinos a luchar contra el rey. Tras la batalla de Guadalete llegó a un acuerdo con los musulmanes de Tariq.

3.   3Cova Dominica (Cueva de la Señora –de la Virgen-) es el nombre latino de Covadonga.

4.   Ismaelitas fue uno de los nombres que los autores cristianos medievales usaban para designar a los musulmanes. El nombre deriva de Ismael. Su padre, Abraham, es visto como origen de las religiones judía, cristiana y musulmana. Sin embargo los judíos y los cristianos se creen descendientes de Isaac, el segundo hijo de Abraham.

5.   Caldeos fue otro de los nombres que los autores cristianos medievales usaban para referirse a los musulmanes. Deriva de Caldea, una región de Asia de la que procedía Abraham según la Biblia.

6.   El David del texto es el rey David de la Biblia. En esta referencia se nota que el autor de la crónica es un eclesiástico.

7.   7Fundíbulo (del latín fundibulum): Máquina de guerra de madera, que servía antiguamente para disparar piedras de gran peso.

8.   Los musulmanes y los cristianos medievales se llamaban unos a otros infieles porque ambos creían que su religión era la única verdadera.

9.   9- El historiador musulmán cuando habla de Galicia se refiere a la antigua Gallaecia romana.

10.      Al Hurr fue el tercer gobernador (valí) de al-Andalus de 716 a 719. Trasladó la capital de Sevilla a Córdoba.

11.      Abd al-Rahman III fue califa de Córdoba del 912 al 961.

12.      Anbasa Ibn Suhayn Al-Kalbí fue el sexto valí (gobernador) de al-Andalus (del 721 al 726). Su apellido Al-Kalbí indica que pertenecía a una tribu árabe de origen kalbí, es decir yemení.

13.      Los musulmanes decían que los cristianos eran politeístas, es decir que adoraban a varios dioses. Esto se debía al culto que los cristianos daban a los santos y a la Virgen.

14.      Fáfila fue rey del año 737 al año 739, estableció la corte de su reino en Cangas de Onís. Su hermana se había casado con Pedro, duque de Cantabria, y su hijo Alfonso I fue elegido rey a la muerte de su tío, reinando del 739 al 757.

15.      Banu Alfonso es el nombre árabe de la dinastía que desciende de Alfonso I.



Dos versiones de la batalla de Covadonga (718 o 722)

 

Crónica de Alfonso III[1] (versión rotense), escrita originalmente en latín.

 

“Pelayo estaba con sus compañeros en el monte Auseva, y el ejército de Alqama llegó hasta él [en el año 722] y alzó innumerables tiendas frente a la entrada de la cueva.

El predicho obispo[2] subió a un montículo situado ante la cueva de la Señora[3] y habló así a Pelayo: "Pelayo, Pelayo, ¿dónde estás?".

El interpelado se asomó a una ventana y respondió: "Aquí estoy".

El obispo dijo entonces: "Juzgo, hermano e hijo, que no se te oculta cómo hace poco se hallaba toda Hispania unida bajo el gobierno de los godos y brillaba más que los otros países por su doctrina y ciencia, y que, sin embargo, reunido todo el ejército de los godos no pudo sostener el ímpetu de los ismaelitas[4]. ¿Podrás tú defenderte en la cima de este monte? Me parece difícil. Escucha mi consejo: cambia de decisión, y gozarás de muchos bienes y disfrutarás de la amistad de los caldeos[5]".

Pelayo respondió entonces: “¿No leíste en las Sagradas Escrituras que la Iglesia del Señor llegará a ser como el grano de la mostaza y de nuevo crecerá por la misericordia de Dios?”.

El obispo contestó: “Verdaderamente, así está escrito”.

Pelayo dijo: "Cristo es nuestra esperanza; que por este pequeño montículo que ves sea Hispania salvada y reparado el ejército de los godos. Confío en que se cumplirá en nosotros la promesa del Señor, porque David[6] ha dicho: “¡Castigaré con mi vara sus iniquidades y con azotes sus pecados, pero no les faltará mi misericordia!". Así pues, confiando en la misericordia de Jesucristo, desprecio esa multitud [de enemigos] y no temo el combate con que nos amenazas. Tenemos por abogado cerca del Padre a Nuestro Señor Jesucristo, que puede librarnos de estos paganos”.

El obispo, vuelto entonces al ejército [musulmán], dijo: "Acercaos y pelead. Ya habéis oído cómo me ha respondido; a lo que adivino de su intención, no tendréis paz con él, sino por la venganza de la espada".

Alqama mandó entonces comenzar el combate, y los soldados tomaron las armas. Se levantaron los fundíbulos[7], se prepararon las hondas, brillaron las espadas, se encresparon las lanzas e incesantemente se lanzaron saetas. Pero al punto se mostraron las magnificiencias del Señor: las piedras que salían de los fundíbulos y llegaban a la casa de la Santa Virgen María, que estaba dentro de la cueva, se volvían contra los que las disparaban y mataban a los caldeos.

Y como Dios no necesita las lanzas, sino que da la palma de la victoria a quien quiere, los cristianos salieron de la cueva para luchar contra los caldeos; emprendieron éstos la fuga, se dividieron en dos sus destacamentos, y allí mismo fue al punto muerto Alcaman y apresado el obispo Oppas. En el mismo lugar murieron ciento veinticinco mil caldeos.

Los sesenta y tres mil restantes subieron a la cumbre del monte Auseva y por el lugar llamado Amuesa descendieron a la Liébana. Pero ni éstos escaparon a la venganza del Señor; cuando atravesaban la cima del monte que está a orillas del río llamado Deva, junto al predio de Cosgaya, se cumplió el juicio del Señor: el monte, desgajándose de sus cimientos, arrojó al río de los sesenta y tres mil caldeos y los aplastó a todos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Batalla de Covadonga según al-Razi, texto recopilado por al-Maqqari en el Nafh al-tib, libro que recogía textos literarios e históricos de al-Ándalus, redactado a caballo de los siglos XVI y XVII.

 

"Cuentan algunos historiadores que el primero que reunió a los fugitivos cristianos de España, después de haberse apoderado de ella los árabes, fue un infiel[8] llamado Pelayo, natural de Asturias, en Galicia[9], al cual tuvieron los árabes como rehén para seguridad de la gente de aquel país, y huyó de Córdoba en tiempo de Al-Hurr[10] ibn/ben Abd al-Rahman al-Thaqafi/al-Taqafi, segundo de los emires árabes de España, en el año sexto después de la conquista, que fue el 98 de la Hégira [716-717]. Sublevó a los cristianos contra el lugarteniente de Al-Hurr, le ahuyentaron "y se hicieron dueños del país, en el que permanecieron reinando, ascendiendo a veintidós el número de los reyes suyos que hubo hasta la muerte de Abd al-Rahman III[11]”.

Dice Isa ben Ahmad al-Razi que en tiempos de Anbasa Ibn/ben Suhaim/Suhayn Al-Qalbi/al-Kalbí[12], se levantó en tierra de Galicia [la antigua provincia romana de Gallaecia] un asno salvaje llamado Pelayo. Desde entonces empezaron los cristianos en Al-Ándalus a defender contra los musulmanes las tierras que aún quedaban en su poder, lo que no habían esperado lograr. Los islamitas, luchando contra los politeístas[13] y forzándoles a emigrar, se habían apoderado de su país hasta llegar a Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugió el rey llamado Pelayo con trescientos hombres.

Los soldados no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían qué comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo: "Treinta asnos salvajes, ¿qué daño pueden hacernos?". En el año 133 [del calendario musulmán, que comienza con la Hégira] murió Pelayo y reinó su hijo Fávila/Fáfila[14]. El reinado de Pelayo duró diecinueve años, y el de su hijo dos. Después de ambos reinó Alfonso, hijo de Pedro, abuelo de los Banu Alfonso[15], que consiguieron prolongar su reino hasta hoy y se apoderaron de lo que los musulmanes les habían tomado."





[1] La Crónica de Alfonso III es un texto escrito en latín durante el reinado de ese rey (del 866 al 910) y narra acontecimientos históricos que abarcan del año 672 al año 866.

[2] El texto se refiere a Oppas, hermano del rey visigodo Vitiza que lo nombró obispo de Sevilla. Tras la subida al trono de Rodrigo ayudó a sus sobrinos a luchar contra el rey. Tras la batalla de Guadalete llegó a un acuerdo con los musulmanes de Tariq.

[3] Cova Dominica (Cueva de la Señora –de la Virgen-) es el nombre latino de Covadonga.

[4] Ismaelitas fue uno de los nombres que los autores cristianos medievales usaban para designar a los musulmanes. El nombre deriva de Ismael. Su padre, Abraham, es visto como origen de las religiones judía, cristiana y musulmana. Sin embargo los judíos y los cristianos se creen descendientes de Isaac, el segundo hijo de Abraham.

[5] Caldeos fue otro de los nombres que los autores cristianos medievales usaban para referirse a los musulmanes. Deriva de Caldea, una región de Oriente de la que procedía Abraham según la Biblia.

[6] El David del texto es el rey David de la Biblia. En esta referencia se nota que el autor de la crónica es un eclesiástico.

[7] Fundíbulo (del latín fundibulum): Máquina de guerra de madera, que servía antiguamente para disparar piedras de gran peso.

[8] Los musulmanes y los cristianos medievales se llamaban unos a otros infieles porque ambos creían que su religión era la única verdadera.

[9] El historiador musulmán cuando habla de Galicia se refiere a la antigua Gallaecia romana.

[10] Al Hurr fue el tercer gobernador (valí) de al-Andalus de 716 a 719. Trasladó la capital de Sevilla a Córdoba.

[11] Abd al-Rahman III fue califa de Córdoba del 912 al 961.

[12]  Anbasa Ibn Suhayn Al-Kalbí fue el sexto valí (gobernador) de al-Andalus (del 721 al 726). Su apellido Al-Kalbí indica que pertenecía a una tribu árabe de origen kalbí, es decir yemení.

[13] Los musulmanes decían que los cristianos eran politeístas, es decir que adoraban a varios dioses. Esto se debía al culto que los cristianos daban a los santos y a la Virgen.

[14] Fáfila fue rey del año 737 al año 739, estableció la corte de su reino en Cangas de Onís. Su hermana se había casado con Pedro, duque de Cantabria, y su hijo Alfonso I fue elegido rey a la muerte de su tío, reinando del 739 al 757.

[15] Banu Alfonso es el nombre árabe de la dinastía que desciende de Alfonso I.

1. ¿Cuándo fue escrita la Crónica de Alfonso III?

2.¿Quién fue nombrado obispo de Sevilla por el rey visigodo Vitiza?

3.¿De qué expresión latina viene el nombre de Covadonga?

4.¿El obispo que habla a Pelayo está a favor de los cristianos o de los musulmanes? ¿Por qué?

5.¿Quién instaló la capital de al-Ándalus en Córdoba?

6.¿Con cuántos hombres se refugió Pelayo en Covadonga según Isa ben Ahmad?

7.¿Por qué los musulmanes dejaron de atacar a los cristianos en Covadonga?

8.¿A qué grupo social dentro de al-Ándalus pertenecía Anbasa Ibn Suhayn?


viernes, 5 de febrero de 2021

Pacto de Tudmir o Pacto de Teodomiro o Tratado de Orihuela

https://www.condadodecastilla.es/cultura-sociedad/fuentes-historicas/pacto-de-teodomiro-o-tratado-de-orihuela/#google_vignette


El Pacto de Tudmir o Pacto de Teodomiro o Tratado de Orihuela es un acuerdo entre los invasores musulmanes y un noble visigodo firmado el 5 de abril del 713.

 

“En el Nombre de Alá [Dios], el Clemente, el Misericordioso. Edicto de ‘Abd al-‘Aziz[1] ibn Musa ibn Nusair a Tudmir ibn Abdush [Teodomiro, hijo de los godos]. Este último obtiene la paz y recibe la promesa, bajo la garantía de Dios y su profeta [Mahoma], de que su situación y la de su pueblo no se alterará; de que sus súbditos no serán asesinados, ni hechos prisioneros, ni separados de sus esposas e hijos; de que no se les impedirá la práctica de su religión, y de que sus iglesias no serán quemadas ni desposeídas de los objetos de culto que hay en ellas; todo ello mientras satisfaga las obligaciones que le imponemos. Se le concede la paz con la entrega de las siguientes ciudades: Uryula [Orihuela], Baltana, Laqant [Alicante], Mula, Villena, Lurqa [Lorca] y Ello. Además, no debe dar asilo a nadie que huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que goce de nuestra amnistía; ni ocultar ninguna información sobre nuestros enemigos que pueda llegar a su conocimiento. Él y sus súbditos pagarán un tributo anual, cada persona, de un dinar[2] en metálico, cuatro medidas de trigo, cebada, zumo de uva y vinagre, dos de miel y dos de aceite de oliva; para los siervos [esclavos], sólo una medida. Dado en el mes de Rayab, año 94 de la Hégira [713]. Como testigos, ‘Uthman ibn Abi ‘Abda, Habib ibn Abi ‘Ubaida, Idrís ibn Maisara y Abu l-Qasim al-Mazali.”



[1] Abd al-Aziz (Sirviente del Poderoso o Sirviente de Dios poderoso), hijo de Musa, nieto de Nusair. Era el hijo del gobernador musulmán del norte de África que organizó la invasión del reino visigodo.

[2] Dinar: Moneda de oro usada en los estados musulmanes durante la Edad Media. Pesaba poco más de cuatro gramos. Su nombre viene del latín denarius y es el origen de “dinero” en castellano porque, hasta la Plena Edad Media (1000-1300), los dinares se usaban tanto en al-Ándalus como en los territorios cristianos del norte peninsular al no acuñar estos sus propias monedas. Serían unos 450 euros actuales.

El nombre Teodomiro es un nombre de origen germánico que significa "Pueblo (o tribu) famoso"



domingo, 29 de noviembre de 2020

La repoblación de Sahagún

Crónica Anónima de Sahagún


“Pues agora como el rey ordenase y estableciese que aí se ficiese villa, ayuntáronse de todas partes burgueses de muchos é diversos oficio é otrosí personas diversas é extrañas provincias é reynos, gascones, bretones, alemanes, ingleses, borgoñones, provinciales, lombardos y otros muchos negociadores é extrañas lenguas é asi se pobló e fizo la villa non pequeña. É luego el rey fizo tal decreto ordenó que ninguno de los que morasen en la villa dentro del coto del monasterio tuviese por repeto hereditario ó razón de heredad campo, ni viña, ni huerto, ni era, ni molino… pero pudiese haber casa dentro de la villa por ella por todos los años pagando cada uno de ellos al abad un sueldo por censo y conocimiento de señorío […] E por quanto los burgueses de Sant Fagun usaban pacíficamente de sus mercadurías é negociaban en gran tranquilidad, por eso venían é traían de todas partes mercadurías así de oro como de plata y aun de muchas vestiduras de diversas faciones, en manera que los dichos burgueses é moradores eran mucho ricos et de muchos deleytes abastados.


lunes, 12 de octubre de 2020

Textos de Bermejo Barrera sobre epidemias

https://www.elcorreogallego.es/hemeroteca/no-estamos-apestados-OTCG1237845


No estamos apestados 25 MAR 2020

Los historiadores somos gente humilde, paciente y además curiosa. Somos humildes porque sabemos que el halo de luz de nuestras pequeñas linternas solo es capaz de iluminar pequeños espacios de nuestro pasado, tenemos que tener mucha paciencia para ir rastreado como detectives o forenses los indicios que nos permitan saber lo que ocurrió, y somos curiosos porque seguimos el viejo lema del poeta latino Terencio, que decía "soy humano y nada humano me es ajeno".

Los historiadores sabemos muy poquitas cosas, pero lo que sí sabemos es que para explicar lo que ocurrió primero hay que saber lo que pasó. Y de la misma manera también sabemos que, como dijo un gran teólogo medieval, "no hay que multiplicar los entes sin necesidad", o lo que es lo mismo, que una explicación simple es mejor que una más compleja, y que por eso si algo se puede explicar con los métodos históricos admitidos y cuyo valor ha sido contrastado desde hace muchos años, no necesitaremos ni recurrir a ciencias que se consideran más alambicadas de lo que son, ni a la famosa "inteligencia extraterrestre", que explica todos los misterios del pasado en el canal de Historia.

En la vida y en la historia siempre buscamos comparaciones y una muy socorrida en la situación de emergencia médica en la que estamos es que "esto es como la peste"; "estamos apestados" y huyamos o apartémonos unos de otros porque la peste es muy contagiosa. Pero, ¿qué fue la famosa Peste Negra, que asoló Europa entre 1346 y 1353? Para saberlo tomaré como guía el libro de Ole J. Benedictow, La peste negra (1346-1353). La historia completa, Akal, Madrid, 2011, 597 págs.), que podría ser un buen compañero en estas vacaciones enclaustradas que se nos avecinan.

 

La Peste Negra es una enfermedad que solemos asociar con la Edad Media, pero que se reprodujo por ejemplo en Londres en el año 1664-1665 causando, según los registros funerarios, 68.596 muertos, y que todavía es hoy endémica en países pobres como Madagascar, Zimbabue, Mozambique, Tanzania, Kenia, Zaire, Botsuana y Uganda; o Vietnam, China, India. Mongolia, Kazajistán y Myanmar, así como en Bolivia, Brasil y Perú. La peste negra actual es una enfermedad de pobres, y es conocida por los médicos de organizaciones como Médicos sin Fronteras, o por los misioneros de diferentes iglesias, pero no interesa nada a los habitantes del primer mundo. Nosotros, los habitantes del primer mundo, no nos alarmamos si hay una pandemia en Sudán, Siria o en cualquier otro país, porque creemos que es normal que sus habitantes se mueran por falta de recursos, o que sean masacrados en guerras y en atentados terroristas continuos, pero entramos en pánico cuando la pandemia pueda afectar a nuestra salud y nuestro bienestar, porque nos hace caer en la cuenta de que somos mortales.

 

En la Edad Media la gente sabía que era mortal, que su vida era frágil y no valía casi nada, pues la mortalidad infantil, las hambrunas, las guerras y muchísimas enfermedades se llevaban a la gente por miles o millares. No en vano la figura de la muerte lleva una guadaña para segar nuestras vidas. Por eso si sobrevenía la peste se consideraba como un desgracia, o quizás un castigo por los excesivos pecados cometidos, pero no como algo totalmente inexplicable. Se pensaba que quizás los sufrimientos que podía causar a inocentes tendrían recompensa en algún otro lugar, y por eso se esperaba a que, antes o después, se fuese del lugar.

 

El causante de esa enfermedad fue un bacilo, el Yersinia pestis, del que son portadores más de 300 especies de roedores que son inmunes a él. No son los roedores los que lo transmiten, sino las pulgas que viven en ellos. Puede pasar de unas especies de roedores a otras, y unos son más susceptibles al bacilo que otros, pero el que históricamente se lleva la palma es el Rattus rattus, o sea, la rata doméstica negra o marrón. Cuando esas ratas son infectadas mueren de una infección masiva y tienen unos niveles de microbios tan altos en su sangre, que pasan a las pulgas a través de sus picaduras. Los médicos consideran que la pulga parásita de la rata, Xenopsylla cheopis y la de la humanos, Pulex irritans, debieron ser los principales transmisores de la peste.

 

Cuando se producía una epizootia, que se llevaba de este mundo a decenas de miles de roedores infectados por el microbio, sus pulgas inquilinas buscaban otros portadores y se pasaban a los humanos. Pero los humanos no se contagiaban unos a otros la enfermedad, porque nosotros no somos portadores del Yersinia pestis, y por eso no nos lo podemos pasar de unos a otros. Dicho de forma coloquial: los apestados no son apestosos ni contagiosos, los contagian las ratas cuando viven aglomerados, cuando falla la higiene y cuando la mala alimentación facilita la infección.

 

Prueba de esto es que Islandia se libró de la peste porque en 1349 no llegó allí ningún barco. El barco islandés que volvía a casa desde Noruega no arribó nunca porque tripulación y pasajeros murieron en el viaje a causa de la enfermedad. Casi lo mismo le pasó a Finlandia, muy poco poblada y casi sin ciudades, y sin apenas contactos con los restantes países del Báltico, o a Polonia, Silesia y Checoslovaquia.

¿Cómo era la peste? Pues una vez picado por la pulga infectada, el paciente sufre una pequeña necrosis, llamada 'carbón' en las fuentes medievales, y podía quedarse allí. Pero eso no era lo normal. Lo normal es que pasase al sistema linfático, que intentaba con sus macrófagos matar a los invasores, por lo que se dilataban sus ganglios en la cara, algún miembro, la ingle, las axilas y los nódulos cervicales. Estas son las 'bubas', que dieron nombre a la peste y que podían llegar a tener el tamaño de un huevo o una naranja. Aparecían de cuatro a seis días después del contagio. La infección podía pasar a los pulmones, y cursaba con fiebre y desorientación, e incluso sepsis, haciendo que la piel se ennegreciese. La muerte sobrevenía de cuatro a seis días del inicio de la enfermedad.

 

Puede verse en el mapa de Benedictow la expansión y difusión de la peste. ¿Que pasó en Santiago? Según ese autor la peste llegó a Santiago desde La Coruña, y debió también llegar de Coruña a Tuy, cuyo obispó murió al igual que el de Santiago en 1349. Reproduzco su texto.

 

"La ciudad de Santiago era uno de los destinos más importantes para los peregrinos de la Edad Media, pues se creía que los huesos del apóstol Santiago reposaban bajo el altar mayor de la Catedral, que también contenía muchas otras reliquias preciosas. De la misma manera que la Meca atraía a peregrinos de la zona asolada por la Peste Negra en el mundo musulmán y fue visitada por esta en una fecha temprana, la Peste Negra realizó, sin duda, la notable hazaña de saltar al rincón noroccidental de España con la ayuda de peregrinos horrorizados por el terrible castigo epidémico enviado por el Señor y deseosos de atenuar su cólera realizando una peregrinación al santuario jacobeo. Algunas de las personas que deseaban con especial fervor ayudar a sus prójimos en aquel tiempo de aterradora crisis de mortandad se convirtieron en víctimas de la ironía más negra del destino y actuaron, en realidad, como portadores pasivos y propagadores involuntarios de la Peste Negra. Los sacerdotes vinculados a la Catedral para atender a las necesidades espirituales de los peregrinos y ayudarles en sus problemas de alojamiento, alimentación e impedimentos físicos habrían estado muy expuestos a las enfermedades epidémicas que los peregrinos traían consigo, debido sobre todo a que viajaban en grupos por tierra o en barcos atestados de pasajeros. Por tanto, los sacerdotes de la Catedral se habrían expuesto muy pronto a la Peste Negra por la llegada de peregrinos desde zonas sometidas a su furia; a causa de ello las dependencias donde residían esos sacerdotes no tardarían en contaminarse de pulgas de rata infectadas transportadas por los peregrinos en sus ropas. El lecho de muerte y el fallecimiento de los sacerdotes de la Catedral y de otros clérigos inducirían al obispo a aparecer en sus residencias con el fin de administrarles los últimos sacramentos y participar en sus funerales. En consecuencia es muy probable que el prelado contrajera la infección en una fase muy temprana del desarrollo de la epidemia y que ésta hubiera aparecido alrededor de una semana y media antes, es decir, entre el 1 y el 7 de junio. Así, el tiempo de la muerte del obispo a causa de la Peste Negra podría entenderse como un indicio de que la ciudad de Santiago fue infectada en el período del 20 al 27 de abril. Esta fecha sorprendentemente temprana no admite duda alguna sobre el hecho de que el contagio fue transportado por barco al puerto marítimo de La Coruña, desde donde los peregrinos solían tardar dos días en recorrer los 50 kilómetros que lo separaban de Santiago. Así, según estas suposiciones, el contagio habría llegado a La Coruña en el período del 18 al 25 de abril." (pp. 120-121).

 

Así llegó la peste a nuestra ciudad. Podemos completar estos datos con una descripción de la época tomada de la Crónica de Praga:

 

"En aquel momento unos estudiantes vieron que en la mayoría de las ciudades y castillos por donde pasaron quedaban pocas personas vivas, que en algunos de ellos habían muerto todas. Además en muchas casas, quienes habían escapado con vida se hallaban tan debilitados por la enfermedad que nadie era capaz de dar a otro un trago de agua ni ayudarle de ninguna manera, por lo que pasaron el tiempo sumidos en una gran aflicción y angustia. Los sacerdotes que administraban los sacramentos a los enfermos y los médicos que les proporcionaban medicinas fueron también infectados y murieron. Así, muchos dejaban esta vida sin confesión y sin los sacramentos de la Iglesia, pues los sacerdotes habían fallecido. Por lo general, se abrían fosas grandes y anchas en las que se sepultaban los cuerpos de los muertos. En muchos lugares, el aire estaba más infectado y era más letal que la comida envenenada, debido a la corrupción de los cadáveres, pues no quedaba nadie para enterrarlos. Además, de los mencionados estudiantes regresó solo uno y todos sus compañeros murieron en el viaje" (p. 301).

 

Esto es lo que fue en realidad la peste. Pero, ¿cuánta gente murió? En el año 1349 la península Ibérica tenía unos seis millones de habitantes, a los que hay que añadir 1,5 más del reino de Granada. Como la densidad de población era muy baja, de unos 12 hab./km cuadrado la propagación pudo ser muy desigual, dependiendo de la movilidad de las ratas infectadas y de sus pulgas, así como de su número en viviendas y sobre todo ciudades.

 

Los historiadores utilizamos fuentes para rastrear los hechos. En este caso las disponibles pueden ser censos europeos, si los hay, o fuentes fiscales. Basándose en ellas Benedictow calcula, a través del número de muertos sujetos al pago de tributos y rentas y de sus familias, que en el reino de Castilla habría muerto el 60/65 % de la población, en el de Aragón el 60/70 % y en el de Navarra el 60/65 %.

 

En España esto no va a ocurrir, pues ni la enfermedad es la misma ni nuestros medios lo son. El problema que sí podemos tener a veces es el de la credibilidad de las fuentes y de sus criterios, cuando hablan algunos políticos peculiares. Los señores Puigdemont y Ponsatí comenzaron riéndose de los muertos de Madrid. Torra, luego contagiado, quiso casi proclamar la independencia vírica de Cataluña. Y la verdad es que escuchar al ministro Ábalos, autor de siete versiones de un mismo hecho, no da mucha confianza, ni tampoco ver a Pablo Iglesias rompiendo su cuarentena diciendo "quédate en casa". ¡Menos mal que hay muchísima buena gente!

 

EL AUTOR ES CATEDRÁDICO DE HISTORIA ANTIGUA DE LA USC


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