PAGINA 66
1.4. Los humedales
Los humedales son uno de los ecosistemas más
ricos del mundo y están considerados espacios vitales para la supervivencia
humana. De sus terrenos inundados se obtienen alimentos, agua potable,
materiales de construcción o bioquímicos para medicamentos. Dan cobijo a miles
de aves migratorias, absorben los gases de efecto invernadero y en torno a
ellos se concentra la mayor parte de la biodiversidad mundial. Pero la
actividad de los humanos está acabando con ellos hasta la extinción.
Según los cálculos del Convenio de Ramsar, un
acuerdo internacional creado en 1971 para la protección de los humedales, casi
el 75 % de estos espacios ha desaparecido en los últimos cien años. Su
degradación, además, avanza a un ritmo del 1,5% anual, arrasando miles de
especies que se nutren de su entorno para sobrevivir. Durante muchos años los
humedales han sido vistos como espacios que no servían para nada. Eran sitios
donde la gente tiraba la basura o se secaban para favorecer las construcciones
o porque se consideraba que propiciaban enfermedades.
El concepto que se tiene de los humedales ha
mejorado en los últimos años, pero siguen sometidos a la fuerte presión
derivada de los cambios en los usos de suelo para la agricultura o el
urbanismo. La sobreexplotación de los acuíferos, la contaminación, las especies
invasoras o el cambio climático amenazan también su supervivencia.
El Convenio de Ramsar y los humedales
españoles
El convenio sobre los humedales, llamado
Convenio de Ramsar, es un tratado intergubernamental que sirve de marco para la
acción nacional y la cooperación internacional en pro de la conservación y el
uso racional de los humedales y sus recursos.
En España, al menos un 40% de los humedales
presenta un estado de conservación preocupante, entre ellos el Delta del Ebro
(Cataluña), los humedales lacustres de Ruidera y las Tablas de Daimiel (Castilla-La
Mancha), el humedal palustre de la Albufera de Valencia (Comunitat Valenciana),
y los marinos de Txingudi (País Vasco) y la Bahía de Cádiz (Andalucía), entre
otros.
España, desde que ratificó el Convenio de
Ramsar en 1982, ha ido protegiendo más humedales y actualmente tiene 74
catalogados en la lista Ramsar. Además de los ya citados, destacan Doñana, en
Andalucía, que presenta un extraordinario mosaico de ecosistemas que albergan
una biodiversidad única en Europa; su marisma es de gran importancia como lugar
de paso, cría y residencia de aves en la época invernal.
La Laguna de Gallocanta (Aragón), a 1000 m de
altitud, es el lago salino más grande de Europa y constituye un magnífico lugar
de invernada y paso para multitud de aves migratorias: cada octubre hacen
parada aquí 40.000 grullas procedentes del Norte de Europa.
Pág.67
2. EL AGUA, UN RECURSO ESCASO. POLÍTICAS
HIDRÁULICAS
Los dos usos del agua más importantes por el
volumen que requieren son: agrícolas y ganaderos, y urbanos e industriales.
2.1. El agua para usos agrícolas y ganaderos
Del total de agua disponible que existe en
España, el mayor porcentaje es para usos agrícolas y esta demanda se va
incrementando debido a la progresiva extensión de los regadíos. Hoy en día se
irriga aproximadamente el 14% de las tierras cultivadas, las cuales aportan el
50 % del valor de la producción agraria. Es evidente que el regadío aumenta la
productividad de la tierra, permitiendo una diversificación de cultivos, y mejora
el nivel de vida de los agricultores, al aumentar las rentas.
Sin embargo, el agua para usos agrícolas y
ganaderos plantea algunos problemas para la sostenibilidad de los recursos
hídricos; uno de ellos es la contaminación que causan por el uso de abonos
químicos, pesticidas y purines. Actualmente se ha prohibido el uso de productos
muy contaminantes y se tiende a controlar los vertidos de purines, parte de los
cuales se transforman en abonos. Para frenar el consumo de agua, los
agricultores reciben ayudas para transformar en riego por aspersión o por goteo
la modalidad tradicional de riego por inundación. También se puede evitar la pérdida
de agua manteniendo en buen estado los canales de riego y evitar regar a pleno
sol. En las huertas mediterráneas se recurre a la explotación de caudales subterráneos
mediante la extracción de agua por bombeo.
2.2. El agua para usos urbanos e industriales
Contrariamente a lo que se suele pensar, el
consumo de agua para usos urbanos e industriales presenta una demanda muy
inferior a la del consumo agrario. Algunas industrias precisan agua para sus
procesos de producción, como ocurre con la fabricación de papel o la industria
del cuero, pero la mayoría de ellas necesitan agua para los procesos de
refrigeración de su maquinaria o para la limpieza y la eliminación de residuos.
La provisión de agua para usos domésticos es
prioritaria y presenta elevadas exigencias de calidad porque debe ser potable.
El gasto europeo medio por persona y día es de 200 litros de agua, con elevadas
subidas durante la estación estival.
En España, los suministros domésticos y
urbanos suelen combinar aguas fluviales con aguas de los acuíferos. El
principal problema es la insuficiente garantía de abastecer a muchas ciudades
españolas, lo que puede provocar severas restricciones en épocas de sequía.
El crecimiento de urbanizaciones en las zonas
litorales mediterráneas y los complejos turísticos se han convertido en un
grave problema por el incremento del consumo de agua que se produce en verano.
Cuando hay más demanda es, precisamente, en la época del año en que hay menos
disponibilidad.
En la actualidad, el problema de
contaminación de las aguas por vertidos de aguas residuales urbanas e
industriales, y que convertía los ríos en cloacas, se ha corregido gracias al
control más estricto sobre los vertidos y, asimismo, la obligación de instalar depuradoras.
También se tiende a incentivar procesos de reaprovechamiento de aguas, que si
bien no son potables, son adecuadas para algunos procesos industriales, para el
regadío, para el mantenimiento y limpieza de zonas urbanas y para el riego, por
ejemplo, de los campos de golf.
2.3. Las políticas
hídricas
Las políticas
hídricas están orientadas a la obtención de agua. Cabe diferenciar entre las
políticas de trasvases, la desalinización de agua del mar, la recuperación de
los acuíferos y los planes de saneamiento de los ríos.
Las políticas de
trasvases
La desigual
distribución de los recursos hídricos ha planteado la política de trasvases, al
derivar agua de un río a otro. El abastecimiento de ciudades como Madrid,
Barcelona, Bilbao, Valencia, Murcia, Alicante, Sevilla o Cádiz dependen de
pequeños trasvases de aguas y de complejos sistemas de distribución.
Para llevar a cabo
grandes trasvases son necesarias obras hidráulicas. La conducción de agua a
gran distancia requiere costosos trabajos de ingeniería y de bombeo, y se
pierde mucha agua por evaporación.
Por otra parte, la
cesión de caudales de un río a otro puede producir cambios en los acuíferos,
limitaciones para ampliar el uso del agua en las cuencas fluviales de origen y,
también, variaciones en el aporte de sedimentos.
La desalinización del
agua del mar
Actualmente se busca
satisfacer la demanda de agua de las áreas deficitarias con plantas
desalinizadoras. Esta solución es costosa y su funcionamiento consume mucha
energía. Sin embargo, la técnica para desalinizar el agua de mar está
progresando mucho para abaratar sus costes y su consumo de energía, y el agua
que se obtiene es de buena calidad. En España funcionan plantas desalinizadoras
en las islas Canarias y Almería, y se están construyendo nuevas instalaciones a
lo largo de la costa mediterránea.
La recuperación de
los acuíferos
Las aguas
subterráneas se explotan a partir de la perforación de pozos y el bombeo de
agua. Este aprovechamiento ha sido muy intenso en las tierras mediterráneas,
para regar las huertas, y también en aquellas tierras que no cuentan con otro
recurso hídrico (Campo de Níjar, Maestrazgo, algunos lugares de La Mancha...).
La extracción de agua de los acuíferos no solo ha hecho disminuir su nivel,
también ha provocado la desecación total o parcial de áreas lacustres y
palustres.
En las áreas
litorales, el riesgo más grave es la salinización del agua de los acuíferos.
Para poder extraer agua dulce, las perforaciones han alcanzado a veces los 600
m de profundidad. La falta de presión del agua dulce rompe el equilibrio entre
la presión que ejerce ésta y el agua del mar, la cual penetra en los acuíferos
y provoca la salinización de los suelos.
La creciente
urbanización de la costa mediterránea y la agricultura y la ganadería
intensivas han favorecido la filtración de aguas residuales, purines y
productos químicos que corrompen la calidad del agua. Para resolver estos
problemas, actualmente se propone inyectar agua para recargar algunos acuíferos
y depurar las aguas que estos contienen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario