PAGINA 170
9. LA INDUSTRIA Y LA CONSTRUCCIÓN
1.EL PROCESO DE INDUSTRIALIZACIÓN EN ESPAÑA
España está integrada en el conjunto de
países industriales del mundo. Pero el desarrollo industrial en España no
alcanzó un nivel notable hasta la segunda mitad del siglo XX. Conviene conocer
el proceso que siguió la industrialización española porque algunos rasgos del
pasado influyen en la situación y la problemática actual.
1.1. Los inicios de la industrialización en
España
El desarrollo de la industria hasta 1900
En España, la industrialización se inició
tímidamente, a partir de 1830, gracias a unos pocos empresarios emprendedores,
a las posteriores inversiones extranjeras en el ferrocarril y en la minería y a
los capitales repatriados de Cuba y Filipinas. La incipiente industria, basada
en la fuerza motriz del agua y más adelante en la máquina de vapor, se
desarrolló al amparo de las leyes proteccionistas que le aseguraban al mercado
interior y que gravaban con fuertes impuestos las importaciones que podían
representar una competencia.
El proceso industrial se localizó
preferentemente en el Norte y Noreste peninsular, basado en dos grandes
motores: la explotación y el comercio de hierro en Vizcaya y del carbón en
Asturias que a la larga dio lugar a la siderurgia y a la industria mecánica, y
el desarrollo de la industria textil del algodón en Barcelona y de la lana en
Sabadell, Terrassa y Béjar.
La industria española hasta 1939
El desarrollo industrial se aceleró en el
primer tercio del siglo XX gracias a un mayor crecimiento demográfico que
proporcionó mano de obra abundante y barata. Durante la Primera Guerra Mundial,
la industria textil y la siderúrgica españolas encontraron un buen mercado
entre los países beligerantes. Acabada la contienda la industria pasó por una
etapa de recesión que se agravó a causa de la crisis económica mundial de los
años treinta y se hundieron las exportaciones españolas, especialmente las
siderúrgicas. Poco después, la Guerra Civil española provocó un retroceso en la
economía ya que se destruyeron la mayoría de los medios de producción, en
especial industrias e infraestructuras.
El estancamiento de la industria española (1939-59)
Después de la Segunda Guerra Mundial
(1939-45) los Estados democráticos sometieron a España a un aislamiento
político y económico. La respuesta de la dictadura franquista fue la imposición
de una política de autarquía, que consistía en el abastecimiento y en la
reducción al mínimo de los intercambios con el exterior. Este aislamiento
aseguró a su industria el mercado interior sin competencia posible, dificultó
la importación de materias primas, impidió la modernización tecnológica y
permitió la creación de pequeñas industrias que abastecían un mercado muy
limitado.
Además, se creó el Instituto Nacional de
Industria (INI) para fomentar el desarrollo industrial con la intervención del
Estado. Al INI se le permitió adquirir licencias extranjeras para instalar
grandes industrias de base, como altos hornos, siderurgias, astilleros,
centrales hidroeléctricas, automóviles o química básica.
PAGINA 171
1.2. España se
convierte en un país industrial (1959-75)
El
Plan de Estabilización de 1959 presentó el fin de la política autárquica y el inicio
de la liberalización de la economía española, que hasta entonces había monopolizado
el Estado. La apertura de España al exterior se hizo con la ayuda de Estados
Unidos, que deseaba integrar a España en el bloque capitalista.
El cambio de la
política industrial
A
partir de ese momento, España vivió un gran crecimiento económico e industrial
debido a la eliminación de buena parte de las barreras arancelarias al comercio
exterior. La liberalización permitió comprar bienes de equipo gracias a los
cuales aumentó la productividad industrial y la exportación. En el grupo de sectores
exportadores figuraban:
Las
industrias de bienes de consumo: calzado, cuero, corcho, mueble, papelera y
editorial.
Entre
las industrias básicas destacaban la del caucho (neumáticos), la maquinaria, la
minería y la industria naval.
La
liberalización económica coincidió con un periodo de gran expansión económica
mundial, lo que favoreció que un buen número de compañías multinacionales se
instalaran en España debido a diversas causas: la mano de obra que emigraba del
campo a la ciudad era abundante y barata; la conflictividad laboral,
inexistente dado el control que ejercía la dictadura franquista; la
permisividad era elevada y el mercado interior se desarrollaba con rapidez ante
una creciente demanda de productos industriales.
Se
realizaron inversiones industriales con capital exterior, de las cuales algo
más del 40% correspondía a empresas norteamericanas; un 30%, a empresas de la
Comunidad Económica Europea; y un 20%, a capital suizo.
En
este periodo, las principales industrias fueron las electromagnéticas y la química
junto con la fabricación de coches, la instalación de refinerías de petróleo y
la diversificación de productos químicos y farmacéuticos.
La clasificación
de las industrias
Las industrias de bienes de producción (o industrias de base o
industrias de equipo) son aquellas que elaboran productos que no se consumen
directamente, sino que son productos semielaborados, que sirven como materia
prima de otras industrias. Pueden llamarse también industrias pesadas. Ejemplos
son: industria extractiva, producción de energía, siderurgia, fabricación de
metales, química pesada, industria constructiva, industria mecánica.
Las industrias de bienes de uso y consumo son las que producen
artículos destinados directamente al mercado y a los consumidores, como los de
la alimentación o la del calzado. Se denominan también industrias ligeras.
Ejemplos son: la industria de madera para muebles, alimentación, textiles,
vestido, cuero, marroquinería, industria poligráfica…
PAGINA 172
1.3. Distribución
territorial de la industria española hasta 1975
El
modelo tradicional de la industria española se basó en núcleos poco conectados
entre los cuales destacaban Cataluña, País Vasco, Asturias y Madrid.
Cataluña.
El caso catalán era el resultado de la existencia de una clase burguesa
empresarial que había acumulado capital gracias al comercio, a la agricultura y
a las manufacturas. Esta burguesía invirtió su capital en la producción de
hilados y tejidos de lana y algodón para abastecer el mercado español. Esa
industria no contaba ni con materias primas ni con carbón, que se importaban de
otros países, lo cual explicaría su concentración cerca de los puertos.
Posteriormente se sumó a la textil la fabricación de maquinaria, productos
químicos, material ferroviario y automóviles.
País
Vasco. En el País Vasco se había formado una clase empresarial industrial
gracias a la extracción del mineral de hierro, que se exportaba a Inglaterra en
barco. A la vuelta, necesitaban cargar lastre y por ello transportaban a bajo
coste hulla inglesa transformada en coque. Ello hizo posible el desarrollo de
la industria siderúrgica en la ría del Nervión, cerca de Bilbao, que a su vez
dio origen a una importante industria mecánica.
Asturias.
La actividad extractiva asturiana se desarrolló a causa de los importantes
yacimientos de minerales y su proximidad a los puertos que permitían su
exportación. El desarrollo de la minería supuso sólo la extracción del mineral
y su venta, ya que las compañías extranjeras realizaban la transformación del
mineral en sus propios países. Se desarrolló en Asturias una siderurgia de
capital francés, en Mieres y La Felguera, que usaba hulla asturiana, pero su
mala calidad limitó su crecimiento.
Madrid.
El área industrial de Madrid se vio favorecida por factores de localización
vinculados a la capitalidad del Estado, como la proximidad a lugares de
decisión, la existencia de un mercado urbano importante y la disposición de
mano de obra abundante y barata procedente de la emigración rural.
A
partir de 1959, el Estado fomentó la creación de otros núcleos industriales a través
de los polos de desarrollo (Zaragoza, Burgos, Vigo, La Coruña, Sevilla…).
Aunque hubo ciudades que tuvieron un despegue industrial notable, como
Valladolid, no se consiguió atraer a la industria hacia las regiones carentes
de ella. Así se mantuvo el acusado desequilibrio entre las zonas tradicionalmente
muy industrializadas y el resto del territorio español con una escasa presencia
industrial.
PAGINA
173´
2. La
reestructuración industrial en España
A
partir de 1974, la economía mundial sufrió una crisis caracterizada por la
disminución de los beneficios, una alta inflación y un elevado paro industrial
desconocido hasta entonces.
2.1.
La industria española de 1975 a 1985
La crisis mundial
del modelo industrial fordista
Entre
las causas de esta crisis mundial cabe destacar:
Los
empresarios industriales precisaban cada vez más mano de obra para incrementar
la producción, por lo que, progresivamente, accedieron a las peticiones de los
trabajadores, que exigían mejoras salariales, jornadas de trabajo dignas y
contratos fijos. Los salarios aumentaron y disminuyeron los beneficios.
La
crisis industrial se precipitó con la crisis energética. La Organización de
Países Exportadores de Petróleo (OPEP) consiguió llegar a un acuerdo para
reducir su producción y aumentar el precio del barril de petróleo. La
producción industrial se basaba en un gran consumo de energía barata y, en
consecuencia, al subir el precio del petróleo los productos industriales se
encarecieron; esto provocó la caída de las ventas y disminuyó la circulación de
capital, con la consiguiente elevación de los créditos.
Los
países industriales empezaban a sufrir la competencia de los Nuevos Países Industrializados
(NPI), que competían en el mercado internacional con productos a mejor precio.
La crisis
industrial en España
En
España, a mediados de la década de 1970, coincidieron tres factores: la crisis
mundial, una situación industrial deficiente y la crisis política del final de
la dictadura y la transición a la democracia. El país concentró los esfuerzos
en los aspectos políticos de manera que se retrasaron las medidas económicas
necesarias para hacer frente a la crisis industrial.
La
industria española arrastraba un retraso tecnológico importante, una estructura
poco competitiva provocada por la política proteccionista, un consumo excesivo
de energía y una dependencia económica del exterior. La crisis se manifestó en
una inflación galopante por la subida de los salarios y del petróleo y el
encarecimiento de los precios de los productos industriales.
El
paso siguiente fue la caída de la demanda interior y de las exportaciones por
falta de competitividad. Numerosas industrias tuvieron que cerrar y aumentó el
paro de manera incesante. De 1975 a 1980 se perdieron más de 800.000 puestos de
trabajo y los niveles de paro fueron los más altos de Europa.
La
crisis energética
El
23 de agosto de 1973, los países árabes miembros de la OPEP detuvieron la
producción en crudo y establecieron un embargo para los envíos petrolíferos
hacia Occidente. Esta medida afectaba principalmente a Estados Unidos y sus
aliados de Europa occidental, que habían apoyado a Israel durante la guerra de
Yom Kippur.
La reestructuración de la industria española
Durante los primeros años de la década de
los ochenta se promovió el desarrollo industrial con la creación del Instituto de la Pequeña y Mediana Empresa
Industrial y se facilitaron créditos para nuevas empresas. Sin embargo,
la auténtica reforma industrial se inició con el Decreto-Ley de Reconversión
Industrial de junio de 1981, y continuó en julio de 1984 con la Ley para la
Reconversión Industrial y la Reindustrialización.
Las medidas más importantes fueron:
La reconversión
de los sectores menos productivos, que afectó en especial a la siderurgia y a
las industrias dependientes de ella, como los astilleros (Bilbao, Vigo, Ferrol)
y los automóviles (reconversión de SEAT).
La eliminación
de las empresas con demanda insuficiente, como las industrias de línea blanca
de electrodomésticos y las textiles y de calzado, por la fuerte competencia de
los NPI.
Para reducir el gasto de petróleo se
fomentó la explotación de carbón y se aumentó la capacidad de las
hidroeléctricas y térmicas. Se pactaron jubilaciones anticipadas para facilitar
el saneamiento de la economía de las empresas.
También se establecieron Zonas de Urgente Reindustrialización
(ZUR) a fin de reactivar algunas áreas industriales y evitar su declive
económico. Se beneficiaron Galicia (Ferrol y Vigo), Asturias, País Vasco (área
industrial de Bilbao), Cataluña (área metropolitana de Barcelona), Andalucía
(bahía de Cádiz) y Madrid (zona del Henares y área metropolitana). Se
concedieron ventajas fiscales
y económicas a aquellas empresas que se trasladaban a estas zonas y allí
generaban nuevos puestos de trabajo. La finalidad era potenciar la creación de
sectores industriales más competitivos y bien dotados tecnológicamente. Sin
embargo, estas medidas consolidaron las áreas industriales ya existentes como
Madrid y Barcelona y se mantuvieron los tradicionales desequilibrios
territoriales.
PAGINA 175
2.2. El modelo actual de desarrollo industrial
La crisis industrial de 1974, que evidenció
la necesidad de cambiar los sistemas de producción, coincidió con la revolución
tecnológico-informática. Se desarrolló así una nueva etapa denominada
posindustrial o informacional y, también, Tercera Revolución Industrial, que ha
dado lugar a nuevos modelos de empresas con una importancia creciente de las nuevas
tecnologías, la innovación y la investigación.
La dimensión y la localización de las empresas
industriales
Las empresas tienen unos objetivos claros:
aumentar el índice de producción industrial, mantener su competitividad en un
mundo de intercambios globalizados y ofrecer productos de última generación.
Para ello se tiende a formar redes de empresas medianas, atentas a los cambios
constantes de la tecnología punta. Para conseguirlo es fundamental contar con
científicos y técnicos altamente preparados y cualificados y una considerable
inversión en I+D.
Por tanto, surgen nuevos factores de
localización: la proximidad a los centros de alta tecnología y la existencia de
comunicaciones eficientes y de infraestructuras de telecomunicaciones. Al mismo
tiempo disminuye la importancia de la localización cerca de los recursos
naturales o del mercado debido al abaratamiento de los costes de transporte y a
la facilidad en las telecomunicaciones; mientras, se prioriza el bajo coste
laboral. Aquellas empresas situadas en zonas no competitivas, por su baja
productividad o porque la mano de obra es cara, se trasladan a países menos
desarrollados donde disponen de un elevado número de trabajadores que reciben
una baja remuneración y son poco conflictivos.
Del
fordismo al posfordismo
El desarrollo industrial español siguió el modelo fordista que se
practicaba en los otros países. Presentaba las siguientes características:
Producción elevada en cadenas de montaje, para abastecer de
productos industriales a una demanda creciente.
Grandes fábricas donde se concentraba todo el proceso industrial y
con un gran número de trabajadores, muchos de ellos inmigrantes de las áreas
rurales.
Una tecnología electromecánica que precisaba un gran consumo de
energía como el carbón, el petróleo o el gas.
PAGINA 176
3 EL TEJIDO INDUSTRIAL ESPAÑOL
El tejido industrial ha pasado de una
distribución con núcleos aislados con poca conexión entre sí, a un paisaje
industrial con ejes conectados.
3.1. De un modelo nuclear a un tejido difuso e
interconectado
El modelo territorial industrial español se
caracteriza por la importancia del tejido industrial previo, basado en núcleos
industriales, y por la creación de ejes industriales que los unen.
Estos núcleos tienden a crecer y formar áreas
metropolitanas industriales, como Madrid y Barcelona, y garantizan la existencia
de infraestructuras básicas (comunicaciones, energía, disponibilidad de agua,
redes de desagües, etc.). Las sedes sociales y de gestión de las empresas se
sitúan en las áreas centrales de las ciudades donde se hallan los servicios estratégicos:
financieros, de asesoramiento, de investigación, etc.
La aglomeración de estas actividades atrae a
las industrias y servicios auxiliares. Como resultado, las actividades
industriales se diseminan alrededor de la ciudad, y se crea un espacio urbano
difuso, con polígonos industriales y naves de almacenamiento y redistribución. A
su vez, tiene lugar un proceso de dispersión provocado por el elevado precio
del suelo industrial y por los problemas derivados de esa concentración, como
la conflictividad laboral y la saturación de comunicaciones. Así, algunas
industrias abandonan el espacio urbano y se sitúan a lo largo de los ejes de
comunicación para estar cerca de la ciudad central.
3.2. La localización industrial y los desequilibrios
territoriales
El crecimiento industrial une las grandes
zonas industriales con las complementarias, dado el intercambio que existe
entre ellas, y densifica los ejes de desarrollo junto a las autopistas y autovías.
En el tejido industrial español destacan:
El eje del valle del Ebro. Conecta el área
vasca con la catalana, a través de los núcleos o nodos de Zaragoza y Logroño.
Además, este eje tiende a vincularse con el área industrial de Madrid.
El eje del Mediterráneo. Une la Región de
Murcia, la Comunitat Valenciana y Cataluña. Se prolonga hacia Francia y conecta
con el eje mediterráneo europeo, que llega hasta el Norte de Italia. Por el
valle del Ródano enlaza con la gran dorsal europea, la cual reúne las áreas industriales
más activas de Europa.
El área industrial de Madrid. Por su
centralidad atrae a sectores de alta tecnología y a capital inversor
extranjero.
Esta concentración muestra una localización
muy irregular con claros desequilibrios territoriales, ya que el resto de
España presenta una industrialización notablemente inferior o muy sectorial.
3.3. Situación actual de la industria española
Tras su entrada en la UE, la industria
española vivió un proceso de modernización productiva, aunque tuvo que superar
un periodo de crisis. A mediados de los noventa, ya recuperada, se había
convertido en el sector de actividad más productivo gracias a la moderación
salarial y a la flexibilidad en la contratación laboral. La economía crecía por
encima de la media europea, aumentaba la inversión española en los países de la
UE, y en Portugal, el Norte de África y Latinoamérica se instalaban empresas
españolas.
PAGINA 177
La industria ha tenido un buen ritmo de
crecimiento de ventas, producción y demanda aunque va perdiendo importancia
dentro del conjunto de la actividad económica a causa de la terciarización
general del empleo. La crisis financiera estadounidense de 2007 que afecta a la
economía mundial se refleja en la UE con una tendencia bajista general, y en
España con una recesión de la cartera de pedidos, un aumento de los stocks y
desaceleración del empleo.
3.4. Los desafíos de la industria española
La industria española presenta diversos
problemas estructurales, que afectan negativamente a su competitividad frente a
la economía europea y a la global:
Dominan las pequeñas y medianas empresas, que
se adaptan mejor a las demandas del mercado y presentan menos conflictos
laborales, aunque no permiten hacer economías de escala, ni grandes gastos en
nuevas tecnologías.
La productividad industrial es inferior a la
UE, hecho que incrementa el coste laboral. Para mejorar la productividad es necesario
invertir en las TIC, pero el gasto español en este sentido está muy por debajo
del de la UE.
El nivel de intensidad tecnológica es bajo y
el porcentaje de inversión en I+D es insuficiente (sólo el 1’5% de las
industrias manufactureras españolas presentan un nivel alto de intensidad
tecnológica y únicamente 26 empresas figuran en la lista de las mil empresas
comunitarias que más invierten en innovación).
Ello provoca una balanza tecnológica
deficitaria: las principales empresas de automóviles, maquinaria eléctrica,
aparatos electrodomésticos y productos farmacéuticos fabrican mayoritariamente
con patentes extranjeras, que son una buena fuente de ingresos para los países
que las crean, pero un enorme gesto para países como España que deben pagar
para su aplicación. Es fundamental, por tanto, dedicar un porcentaje más
elevado del PIB a I+D y fomentar la mejora del sistema educativo y la formación
técnica laboral.
4. LOS SECTORES INDUSTRIALES EN ESPAÑA
Bajo el epígrafe “industrial” se acostumbra a
considerar actividades muy diversas que tienen en común la transformación de
unas materias primas o de unos productos en otros.
4.1. Los sectores industriales en España
En España, la producción industrial presenta
una serie de diferencias según los sectores industriales: maduros (de
intensidad tecnológica baja y escasa demanda), dinámicos (de tecnología media y
buenas expectativas de mercado), y de tecnología punta (con una demanda
creciente).
Los sectores industriales maduros
El primer grupo de este sector lo integran la
metalurgia, los productos minerales no metálicos y los productos metálicos,
excepto la maquinaria. A pesar de los problemas de reconversión por los que ha
pasado, sigue concentrando casi el 20% del volumen del negocio industrial. Tiene
un peso decisivo en el país vasco y en Asturias, donde ocupa más del 25% de la
actividad industrial.
La rama alimentaria (alimentación, bebidas y
tabaco) ha reducido su peso en los últimos años, aunque su porcentaje en
volumen de negocio sigue siendo importante (14% en 2010) y algunas empresas han
optado por productos competitivos de alta calidad. Es la empresa dominante en
zonas poco industrializadas como Castilla y León, Castilla-La Mancha y Extremadura,
donde representa casi un tercio del volumen industrial.
La industria textil, de confección, cuero y
calzado, con poco volumen sobre el total (un 3%), está en claro retroceso en
casi todas las Comunidades Autónomas. Es un mercado dividido: de un lado
empresas de marcas blancas (productos baratos y sin publicidad) que sufren una fuerte
competencia de los países emergentes; de otro, marcas de prestigio con un
avanzado desarrollo de diseño y moda.
PAGINA 179
Los sectores dinámicos
Tienen una elevada demanda, mayor
productividad y tecnología intermedia o alta. Forma parte de estos sectores la
industria del automóvil que, recuperada de un largo proceso de reconversión, se
convirtió en el sector con una mayor cifra de negocio. Últimamente pasa por una
fase de recesión como consecuencia de la crisis económica.
El sector químico es importante en la
industria española y se concentra especialmente en Cataluña. Incluye el refino
de petróleo, la obtención de productos plásticos, pasta de madera y caucho, y
la química de bienes de consumo, como la obtención de fibras sintéticas y
artificiales, y los productos farmacéuticos, que tienen una fuerte
participación de capital extranjero.
Los sectores de tecnología punta
Se trata de un sector muy localizado
(Madrid, Cataluña, Andalucía y País Vasco) que influye las tecnologías de la
información, automatización, biotecnología… El sector tiene una fuerte
dependencia exterior en cuanto a investigación y tecnología debido a su tardía
implantación y al insuficiente nivel de inversiones en I+D. Por esta razón, su
peso es muy inferior al de otros países de la UE. Así, la aeronáutica de
Francia representa el 35% y la española sólo el 2’5%.
4.2. El sector de la construcción
El sector económico de la construcción se
acostumbra a clasificar dentro de las actividades industriales, puesto que esta
actividad transforma una serie de materiales en una edificación. Sin embargo,
la construcción está relacionada con el sector inmobiliario, cuya
característica lo incluyen entre las actividades de servicios.
La importancia de la construcción en la
economía española
La economía española ha vivido, desde 1998
hasta 2007, un periodo de rápido crecimiento debido en gran parte al sector de
la construcción que llegó a suponer el 18% del PIB total de la economía. Si
tenemos en cuenta los sectores asociados a la construcción, esta cifra llegaría
a alcanzar el 30%. Al mismo tiempo que comentaban la oferta de viviendas,
también subieron sus precios, que entre 1999 y 2008 se multiplicaron por 2’8.
La población activa en este sector también creció: en 2007 era de 2.911.000
personas, mientras que en el resto de industria había 3.416.000 trabajadores.
Las causas que explican la desproporción
del crecimiento inmobiliario son múltiples: las expectativas irreales de que el
precio de la vivienda seguiría subiendo indefinidamente, las enormes ganancias
que se obtenían con la especulación inmobiliaria, los subsidios públicos
destinados a la compra de vivienda y el acceso fácil al crédito con intereses
muy bajos.
La desmesura en la construcción ha
afectado en particular a las zonas turísticas costeras, donde ha causado graves
daños medioambientales.
PAGINA 180
La crisis de la
construcción
La
crisis financiera mundial, declarada a partir de 2007, provocó el final de la
llamada burbuja inmobiliaria y la brusca desaceleración del sector de la
construcción, cuya crisis agravó sensiblemente la situación de España ante la
profunda recesión que afectaba a la economía mundial.
En
2008, el desempleo aumentó en 1.100.000 personas y afectó no solo a los
albañiles, sino que, en cadena, también involucró a otros sectores relacionados,
como los materiales para la construcción, madera, pintura, muebles, sanitarios,
fontanería o electrodomésticos. No ha sido hasta 2014 cuando se han empezado a
crear puestos de trabajo netos en ese sector, lo que para algunos analistas
significa el final de la crisis.
El
paro y el endeudamiento de las familias tuvo consecuencias en diversos sectores
ya que supuso una disminución del consumo de todo tipo de bienes, el comercio
vio bajar sus ventas y en los bancos se incrementó la morosidad en el pago de
las hipotecas, por lo que también se restringieron los créditos.
PAGINA 181
5.
LOS CAMBIOS TECNOLÓGICOS, CIENTÍFICOS Y ORGANIZATIVOS
El
desarrollo y características de la industria actual no se pueden entender sin la
revolución tecnológica iniciada después de la Segunda Guerra Mundial y
generalizada desde la década de 1970.
5.1. Cambios
tecnológicos
El
primer paso fue el transistor (1948), que posteriormente se miniaturizó y dio
lugar a los circuitos integrados (chips); estos se aplicaron a la microelectrónica,
y se consiguió el primer microprocesador (1971). A partir de ese momento los
microordenadores sustituyeron a los grandes ordenadores derivados de las
computadoras de primera generación. En veinte años se pasó de la inexistencia
de los microprocesadores a mil millones en 1990, y se generó un nuevo y
próspero sector industrial: electrónica e informática. A su vez, los ordenadores
se convirtieron en un medio de trabajo imprescindible en los procesos industriales.
Las
nuevas tecnologías y la telemática han supuesto, de un lado, el nacimiento de
un nuevo sector industrial con la introducción de nuevos materiales aplicados
al desarrollo de la microelectrónica (fibra óptica) y de las TIC (tecnologías
de la información y la comunicación) y, por otro, han provocado una auténtica
revolución en los sistemas de producción industrial ya que, por ejemplo:
Automatizan
los procesos productivos gracias a los robots que pintan, cargan, manipulan y se
autorreparan en caso de avería.
Permiten
controlar la evolución de las empresas desde cualquier lugar del mundo.
Detectan
instantáneamente la evolución de la demanda y así pueden reajustar de inmediato
la producción.
Facilitan
la fragmentación de la producción y su dispersión geográfica.
Hacen
posible la comunicación en tiempo real entre los establecimientos y la sede
central de la empresa.
PAGINA 182
5.2. Cambios en la organización empresarial y en la planificación industrial
Las innovaciones técnicas permiten obtener
mucha información, transmitirla a grandes distancias en tiempo real y
aplicarlas tanto en los diseños industriales como en el propio proceso
productivo e incluso en el almacenamiento y la distribución de los productos.
Los cambios tecnológicos que han
representado las facilidades en las comunicaciones y las nuevas tecnologías de
la información permiten, por un lado, flujos materiales de mercancías y
personas y, por otro, flujos inmateriales de capital e información que se
cruzan en redes cada vez más densas y complejas que abarcan el mundo entero.
La gestión y el estudio de cómo y dónde
hay que invertir el capital para obtener los máximos beneficios resulta
decisivo. Se estudian los sistemas de producción, y se manejan infinidad de
datos para poder planificar y tomar decisiones.
Los centros de estudio reúnen a
investigadores y empresas en parques tecnológicos, con toda clase de
facilidades, en los cuales técnicos cualificados idean procesos innovadores y
crean nuevos productos.
5.3. Cambios en la localización laboral
de las empresas
Las industrias que requieren mucha mano de
obra poco especializada se desplazan hacia los países en desarrollo, donde
consiguen ventajas fiscales, apenas existen derechos laborales y los salarios
son mucho más bajos. Ello pone en peligro las conquistas sociales conseguidas
en los países desarrollados, como la regulación de los contratos laborales, el
seguro de desempleo o las pensiones de jubilación.
Las empresas prefieren reducir la mano de
obra y aumentar la inversión en tecnología avanzada y la contratación de
técnicos cualificados en diseño, control de calidad, marketing, etc. De esta
forma las actividades industriales tienden a convertirse en actividades de
servicios o terciarizarse.
5.4. Cambios en los procesos productivos
El capital industrial se concentra y se
internacionaliza mediante fusiones de empresas o compra de una empresa por
otra. Se forma así una trama densa de grandes empresas multinacionales cuyo
mercado comprende el conjunto del planeta y cuyo objetivo es la primacía del
beneficio privado como motor del funcionamiento empresarial. Fruto de esta
globalización es la adaptación de los sistemas de producción y la
diversificación de los productos.
La fragmentación y la dispersión de la
producción
El proceso de producción se fragmenta y se
dispersa de manera que se reduce el tamaño del establecimiento para evitar la
concentración de la producción y de los obreros. Las empresas multiplanta
dividen su producción en diversos establecimientos situados a veces en diferentes
países, los cuales se especializan en la fabricación de algunos componentes o
en modelos específicos.
PAGINA 183
Las empresas tienden a una producción globalizada:
una determinada parte del proceso lo realiza la fábrica más eficiente, aunque sea
lejos de la sede central, lo que conduce a un proceso de deslocalización. Otras
empresas externalizan operaciones: se desprenden de procesos y servicios que
puedan subcontratar (la contabilidad, el almacenaje, la distribución del
producto...).
Estas estructuras empresariales hacen que la
empresa adquiera una gran flexibilidad tanto en la localización de sus
establecimientos como en la relación con las empresas auxiliares o contratadas.
La diversificación de los productos
Existen grandes empresas globales que venden
los mismos productos estandarizados, fabricados en serie y orientados a un
consumo masivo, promocionados con insistentes campañas publicitarias.
Otras empresas, tecnológicamente muy
avanzadas, tienen una producción flexible: observan el producto que adquiere
una mayor demanda y fabrican de acuerdo con ella ya que disponen de un centro
de adecuación que cambia el producto que se fabrica reprogramando el ordenador.
Así evitan el almacenaje y los stocks invendibles.
En la producción flexible se producen series cortas de productos
diferentes para adaptarse a la demanda.
Automatización (electrónica)
Flujo continuo: técnicas que evitan las detenciones en la producción
Subcontratación y organización de empresas en red
Dispersión geográfica
Tres maneras de aumentar los beneficios
Disminuir los costes: pagar menos por hora de trabajo, sustituir los
trabajadores por máquinas.
Aumentar la productividad: automatizar los procesos, aplicar nuevas
técnicas.
Diversificar la oferta: ampliar la gama de productos, elaborar
productos más deseables, ofrecer ventajas comparativas
PAGINA 184
6. La industria española en el contexto
europeo y mundial
El ingreso de España en la Unión Europea
supuso el fin de todo proteccionismo y la apertura del mercado a la competencia
exterior, lo que provocó una reconversión industrial y el cierre de muchas
industrias no competitivas.
6.1. La integración de España en la CEE
España hizo un gran esfuerzo al abandonar su
política proteccionista y reconvertir sus empresas para poder ser competitivas a
nivel mundial. Cuando en 1985 se firmó el tratado de adhesión a la CEE, las
regiones industriales españolas presentaban una notable falta de modernización,
un nivel de innovación muy bajo, serias deficiencias en las infraestructuras y problemas
ambientales graves.
La Europa más desarrollada tuvo un papel
fundamental como elemento dinamizador de la economía española, dado que España
se convirtió en receptor de recursos procedentes del presupuesto comunitario.
Esos fondos se invirtieron, principalmente en la mejora de las infraestructuras
básicas, la formación y el desarrollo tecnológico, la aplicación de políticas ambientales,
la ampliación y modernización de proyectos rentables y la integración en proyectos
internacionales de investigación.
Las mejoras iban dirigidas a aumentar la
competitividad industrial a fin de no perder cuota de mercado interior, por la
libre entrada de productos industriales europeos, y a conseguir mayor cuota en los
países de la UE.
El liberalismo económico que impuso la
Comunidad Europea supuso la progresiva privatización de las empresas públicas
creadas por el INI. El Estado saneó estas industrias con grandes inversiones
realizadas con fondos públicos y las privatizó. Las empresas invendibles
pasaron a formar parte de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales
(SEPI), en parte financiadas por el Estado.
Las políticas ambientales y la actividad industrial
La Unión Europea exige a los Estados miembros
que controlen la contaminación y las emisiones de CO₂. Para ello, financia
políticas ambientales de protección territorial, evalúa los impactos
ambientales, promociona la aplicación de tecnologías limpias (industria verde)
y propone auditorías ambientales y operaciones de rehabilitación.
España se encuentra entre los países con
emisiones elevadas de CO₂ a la atmósfera, debido a la combustión de carbón en
plantas siderúrgicas y en termoeléctricas. Aunque muestra su acuerdo con las
políticas europeas, resulta difícil lograr los objetivos propuestos y la
industria española sigue siendo muy contaminante.
6.2. Las directrices industriales de la UE en la
actualidad
A principios de la década de los 80 del siglo
pasado, la CEE había enfocado su política industrial hacia los problemas
sectoriales que planteaban la industria siderúrgica, la construcción naval y la
textil y del calzado; además había fomentado el apoyo a las pequeñas y medianas
empresas (pymes).
Pero en el mundo globalizado la industria
europea tiene graves problemas: la desaceleración de su productividad, la
competencia de los nuevos países emergentes en los sectores tradicionales y en
los sectores de innovación y las TIC. Dicha globalización ha favorecido la deslocalización
tanto de empresas tradicionales, que ocupan mucha mano de obra, como de industrias
de alta tecnología.
PAGINA 185
Ante
ello, los planteamientos de la UE han cambiado. La industria debe ser capaz de
competir a nivel mundial, y para ello necesita:
·
Un aumento continuado y sostenible de la productividad a base de innovación y
espíritu empresarial.
·
Profesionales mejor preparados, con una formación laboral equiparable a la de
Estados Unidos o Japón.
·
Una mayor inversión en I+D, conseguir un mayor número de patentes europeos y
más industrias de alta tecnología.
6.3. La industria
española en un mundo global
El
tejido industrial español se ha ido incorporando a la globalización económica,
de manera que nuestras zonas industriales se configuran como puntos de una red
de producción a nivel mundial.
Esta
red se caracteriza por la concentración de capital y de decisión en pocas
empresas multinacionales muy poderosas, con lo que el papel de la economía
estatal se reduce. Numerosas decisiones se toman fuera de España ya que aquí
hay pocas sedes centrales de grandes empresas. Esto explica que, a pesar de ser
una potencia industrial, España no tenga un papel relevante en la economía
mundial.
Globalización y
deslocalización
En
una economía globalizada, las empresas buscan la competitividad para aumentar
su cuota de mercado; de aquí se derivan las causas de la deslocalización:
buscan menores costes laborales y mejores condiciones fiscales y técnicas.
Por
otro lado, la localización de los establecimientos industriales se ha
flexibilizado de manera que la empresa puede deslocalizar parte del proceso
productivo. Algunas fábricas textiles han desplazado al Norte de África o al
Sur y Sureste asiático los procesos que exigen una considerable mano de obra, mientras
que el diseño de los tejidos, procesos de mayor valor añadido, se hace en
España.
Las
consecuencias de las deslocalizaciones son el aumento de la tasa de paro y la
pérdida de empleo del sector secundario que cada vez más tiende a
terciarizarse. Las políticas industriales, por parte de los gobiernos, proporcionan
ayudas a las empresas para frenar el proceso de deslocalización y el aumento del
paro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario