domingo, 27 de noviembre de 2016

9. La industria y la construcción. Vicens Vives, 2016 COMPLETO


PAGINA 170

 

9. LA INDUSTRIA Y LA CONSTRUCCIÓN

 

1.EL PROCESO DE INDUSTRIALIZACIÓN EN ESPAÑA

España está integrada en el conjunto de países industriales del mundo. Pero el desarrollo industrial en España no alcanzó un nivel notable hasta la segunda mitad del siglo XX. Conviene conocer el proceso que siguió la industrialización española porque algunos rasgos del pasado influyen en la situación y la problemática actual.

 

1.1. Los inicios de la industrialización en España

 

El desarrollo de la industria hasta 1900

En España, la industrialización se inició tímidamente, a partir de 1830, gracias a unos pocos empresarios emprendedores, a las posteriores inversiones extranjeras en el ferrocarril y en la minería y a los capitales repatriados de Cuba y Filipinas. La incipiente industria, basada en la fuerza motriz del agua y más adelante en la máquina de vapor, se desarrolló al amparo de las leyes proteccionistas que le aseguraban al mercado interior y que gravaban con fuertes impuestos las importaciones que podían representar una competencia.

El proceso industrial se localizó preferentemente en el Norte y Noreste peninsular, basado en dos grandes motores: la explotación y el comercio de hierro en Vizcaya y del carbón en Asturias que a la larga dio lugar a la siderurgia y a la industria mecánica, y el desarrollo de la industria textil del algodón en Barcelona y de la lana en Sabadell, Terrassa y Béjar.

 

La industria española hasta 1939

El desarrollo industrial se aceleró en el primer tercio del siglo XX gracias a un mayor crecimiento demográfico que proporcionó mano de obra abundante y barata. Durante la Primera Guerra Mundial, la industria textil y la siderúrgica españolas encontraron un buen mercado entre los países beligerantes. Acabada la contienda la industria pasó por una etapa de recesión que se agravó a causa de la crisis económica mundial de los años treinta y se hundieron las exportaciones españolas, especialmente las siderúrgicas. Poco después, la Guerra Civil española provocó un retroceso en la economía ya que se destruyeron la mayoría de los medios de producción, en especial industrias e infraestructuras.

 

El estancamiento de la industria española (1939-59)

Después de la Segunda Guerra Mundial (1939-45) los Estados democráticos sometieron a España a un aislamiento político y económico. La respuesta de la dictadura franquista fue la imposición de una política de autarquía, que consistía en el abastecimiento y en la reducción al mínimo de los intercambios con el exterior. Este aislamiento aseguró a su industria el mercado interior sin competencia posible, dificultó la importación de materias primas, impidió la modernización tecnológica y permitió la creación de pequeñas industrias que abastecían un mercado muy limitado.

Además, se creó el Instituto Nacional de Industria (INI) para fomentar el desarrollo industrial con la intervención del Estado. Al INI se le permitió adquirir licencias extranjeras para instalar grandes industrias de base, como altos hornos, siderurgias, astilleros, centrales hidroeléctricas, automóviles o química básica.

PAGINA 171

 

1.2. España se convierte en un país industrial (1959-75)

El Plan de Estabilización de 1959 presentó el fin de la política autárquica y el inicio de la liberalización de la economía española, que hasta entonces había monopolizado el Estado. La apertura de España al exterior se hizo con la ayuda de Estados Unidos, que deseaba integrar a España en el bloque capitalista.

 

El cambio de la política industrial

A partir de ese momento, España vivió un gran crecimiento económico e industrial debido a la eliminación de buena parte de las barreras arancelarias al comercio exterior. La liberalización permitió comprar bienes de equipo gracias a los cuales aumentó la productividad industrial y la exportación. En el grupo de sectores exportadores figuraban:

Las industrias de bienes de consumo: calzado, cuero, corcho, mueble, papelera y editorial.

Entre las industrias básicas destacaban la del caucho (neumáticos), la maquinaria, la minería y la industria naval.

La liberalización económica coincidió con un periodo de gran expansión económica mundial, lo que favoreció que un buen número de compañías multinacionales se instalaran en España debido a diversas causas: la mano de obra que emigraba del campo a la ciudad era abundante y barata; la conflictividad laboral, inexistente dado el control que ejercía la dictadura franquista; la permisividad era elevada y el mercado interior se desarrollaba con rapidez ante una creciente demanda de productos industriales.

Se realizaron inversiones industriales con capital exterior, de las cuales algo más del 40% correspondía a empresas norteamericanas; un 30%, a empresas de la Comunidad Económica Europea; y un 20%, a capital suizo.

En este periodo, las principales industrias fueron las electromagnéticas y la química junto con la fabricación de coches, la instalación de refinerías de petróleo y la diversificación de productos químicos y farmacéuticos.

 

La clasificación de las industrias

Las industrias de bienes de producción (o industrias de base o industrias de equipo) son aquellas que elaboran productos que no se consumen directamente, sino que son productos semielaborados, que sirven como materia prima de otras industrias. Pueden llamarse también industrias pesadas. Ejemplos son: industria extractiva, producción de energía, siderurgia, fabricación de metales, química pesada, industria constructiva, industria mecánica.

Las industrias de bienes de uso y consumo son las que producen artículos destinados directamente al mercado y a los consumidores, como los de la alimentación o la del calzado. Se denominan también industrias ligeras. Ejemplos son: la industria de madera para muebles, alimentación, textiles, vestido, cuero, marroquinería, industria poligráfica…

PAGINA 172

 

1.3. Distribución territorial de la industria española hasta 1975

El modelo tradicional de la industria española se basó en núcleos poco conectados entre los cuales destacaban Cataluña, País Vasco, Asturias y Madrid.

Cataluña. El caso catalán era el resultado de la existencia de una clase burguesa empresarial que había acumulado capital gracias al comercio, a la agricultura y a las manufacturas. Esta burguesía invirtió su capital en la producción de hilados y tejidos de lana y algodón para abastecer el mercado español. Esa industria no contaba ni con materias primas ni con carbón, que se importaban de otros países, lo cual explicaría su concentración cerca de los puertos. Posteriormente se sumó a la textil la fabricación de maquinaria, productos químicos, material ferroviario y automóviles.

País Vasco. En el País Vasco se había formado una clase empresarial industrial gracias a la extracción del mineral de hierro, que se exportaba a Inglaterra en barco. A la vuelta, necesitaban cargar lastre y por ello transportaban a bajo coste hulla inglesa transformada en coque. Ello hizo posible el desarrollo de la industria siderúrgica en la ría del Nervión, cerca de Bilbao, que a su vez dio origen a una importante industria mecánica.

Asturias. La actividad extractiva asturiana se desarrolló a causa de los importantes yacimientos de minerales y su proximidad a los puertos que permitían su exportación. El desarrollo de la minería supuso sólo la extracción del mineral y su venta, ya que las compañías extranjeras realizaban la transformación del mineral en sus propios países. Se desarrolló en Asturias una siderurgia de capital francés, en Mieres y La Felguera, que usaba hulla asturiana, pero su mala calidad limitó su crecimiento.

Madrid. El área industrial de Madrid se vio favorecida por factores de localización vinculados a la capitalidad del Estado, como la proximidad a lugares de decisión, la existencia de un mercado urbano importante y la disposición de mano de obra abundante y barata procedente de la emigración rural.

 

A partir de 1959, el Estado fomentó la creación de otros núcleos industriales a través de los polos de desarrollo (Zaragoza, Burgos, Vigo, La Coruña, Sevilla…). Aunque hubo ciudades que tuvieron un despegue industrial notable, como Valladolid, no se consiguió atraer a la industria hacia las regiones carentes de ella. Así se mantuvo el acusado desequilibrio entre las zonas tradicionalmente muy industrializadas y el resto del territorio español con una escasa presencia industrial.



PAGINA 173´

 

2. La reestructuración industrial en España

A partir de 1974, la economía mundial sufrió una crisis caracterizada por la disminución de los beneficios, una alta inflación y un elevado paro industrial desconocido hasta entonces.

 

2.1. La industria española de 1975 a 1985

 

La crisis mundial del modelo industrial fordista

Entre las causas de esta crisis mundial cabe destacar:

Los empresarios industriales precisaban cada vez más mano de obra para incrementar la producción, por lo que, progresivamente, accedieron a las peticiones de los trabajadores, que exigían mejoras salariales, jornadas de trabajo dignas y contratos fijos. Los salarios aumentaron y disminuyeron los beneficios.

La crisis industrial se precipitó con la crisis energética. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) consiguió llegar a un acuerdo para reducir su producción y aumentar el precio del barril de petróleo. La producción industrial se basaba en un gran consumo de energía barata y, en consecuencia, al subir el precio del petróleo los productos industriales se encarecieron; esto provocó la caída de las ventas y disminuyó la circulación de capital, con la consiguiente elevación de los créditos.

Los países industriales empezaban a sufrir la competencia de los Nuevos Países Industrializados (NPI), que competían en el mercado internacional con productos a mejor precio.

 

La crisis industrial en España

En España, a mediados de la década de 1970, coincidieron tres factores: la crisis mundial, una situación industrial deficiente y la crisis política del final de la dictadura y la transición a la democracia. El país concentró los esfuerzos en los aspectos políticos de manera que se retrasaron las medidas económicas necesarias para hacer frente a la crisis industrial.

La industria española arrastraba un retraso tecnológico importante, una estructura poco competitiva provocada por la política proteccionista, un consumo excesivo de energía y una dependencia económica del exterior. La crisis se manifestó en una inflación galopante por la subida de los salarios y del petróleo y el encarecimiento de los precios de los productos industriales.

El paso siguiente fue la caída de la demanda interior y de las exportaciones por falta de competitividad. Numerosas industrias tuvieron que cerrar y aumentó el paro de manera incesante. De 1975 a 1980 se perdieron más de 800.000 puestos de trabajo y los niveles de paro fueron los más altos de Europa.

 

La crisis energética

El 23 de agosto de 1973, los países árabes miembros de la OPEP detuvieron la producción en crudo y establecieron un embargo para los envíos petrolíferos hacia Occidente. Esta medida afectaba principalmente a Estados Unidos y sus aliados de Europa occidental, que habían apoyado a Israel durante la guerra de Yom Kippur.

 PAGINA 174

 

La reestructuración de la industria española

Durante los primeros años de la década de los ochenta se promovió el desarrollo industrial con la creación del Instituto de la Pequeña y Mediana Empresa Industrial y se facilitaron créditos para nuevas empresas. Sin embargo, la auténtica reforma industrial se inició con el Decreto-Ley de Reconversión Industrial de junio de 1981, y continuó en julio de 1984 con la Ley para la Reconversión Industrial y la Reindustrialización.

Las medidas más importantes fueron:

La reconversión de los sectores menos productivos, que afectó en especial a la siderurgia y a las industrias dependientes de ella, como los astilleros (Bilbao, Vigo, Ferrol) y los automóviles (reconversión de SEAT).

La eliminación de las empresas con demanda insuficiente, como las industrias de línea blanca de electrodomésticos y las textiles y de calzado, por la fuerte competencia de los NPI.

Para reducir el gasto de petróleo se fomentó la explotación de carbón y se aumentó la capacidad de las hidroeléctricas y térmicas. Se pactaron jubilaciones anticipadas para facilitar el saneamiento de la economía de las empresas.

También se establecieron Zonas de Urgente Reindustrialización (ZUR) a fin de reactivar algunas áreas industriales y evitar su declive económico. Se beneficiaron Galicia (Ferrol y Vigo), Asturias, País Vasco (área industrial de Bilbao), Cataluña (área metropolitana de Barcelona), Andalucía (bahía de Cádiz) y Madrid (zona del Henares y área metropolitana). Se concedieron ventajas fiscales y económicas a aquellas empresas que se trasladaban a estas zonas y allí generaban nuevos puestos de trabajo. La finalidad era potenciar la creación de sectores industriales más competitivos y bien dotados tecnológicamente. Sin embargo, estas medidas consolidaron las áreas industriales ya existentes como Madrid y Barcelona y se mantuvieron los tradicionales desequilibrios territoriales.

PAGINA 175

 

2.2. El modelo actual de desarrollo industrial

La crisis industrial de 1974, que evidenció la necesidad de cambiar los sistemas de producción, coincidió con la revolución tecnológico-informática. Se desarrolló así una nueva etapa denominada posindustrial o informacional y, también, Tercera Revolución Industrial, que ha dado lugar a nuevos modelos de empresas con una importancia creciente de las nuevas tecnologías, la innovación y la investigación.

 

La dimensión y la localización de las empresas industriales

Las empresas tienen unos objetivos claros: aumentar el índice de producción industrial, mantener su competitividad en un mundo de intercambios globalizados y ofrecer productos de última generación. Para ello se tiende a formar redes de empresas medianas, atentas a los cambios constantes de la tecnología punta. Para conseguirlo es fundamental contar con científicos y técnicos altamente preparados y cualificados y una considerable inversión en I+D.

Por tanto, surgen nuevos factores de localización: la proximidad a los centros de alta tecnología y la existencia de comunicaciones eficientes y de infraestructuras de telecomunicaciones. Al mismo tiempo disminuye la importancia de la localización cerca de los recursos naturales o del mercado debido al abaratamiento de los costes de transporte y a la facilidad en las telecomunicaciones; mientras, se prioriza el bajo coste laboral. Aquellas empresas situadas en zonas no competitivas, por su baja productividad o porque la mano de obra es cara, se trasladan a países menos desarrollados donde disponen de un elevado número de trabajadores que reciben una baja remuneración y son poco conflictivos.

 

Del fordismo al posfordismo

El desarrollo industrial español siguió el modelo fordista que se practicaba en los otros países. Presentaba las siguientes características:

Producción elevada en cadenas de montaje, para abastecer de productos industriales a una demanda creciente.

Grandes fábricas donde se concentraba todo el proceso industrial y con un gran número de trabajadores, muchos de ellos inmigrantes de las áreas rurales.

Una tecnología electromecánica que precisaba un gran consumo de energía como el carbón, el petróleo o el gas.



PAGINA 176

 

3 EL TEJIDO INDUSTRIAL ESPAÑOL

El tejido industrial ha pasado de una distribución con núcleos aislados con poca conexión entre sí, a un paisaje industrial con ejes conectados.

 

3.1. De un modelo nuclear a un tejido difuso e interconectado

El modelo territorial industrial español se caracteriza por la importancia del tejido industrial previo, basado en núcleos industriales, y por la creación de ejes industriales que los unen.

Estos núcleos tienden a crecer y formar áreas metropolitanas industriales, como Madrid y Barcelona, y garantizan la existencia de infraestructuras básicas (comunicaciones, energía, disponibilidad de agua, redes de desagües, etc.). Las sedes sociales y de gestión de las empresas se sitúan en las áreas centrales de las ciudades donde se hallan los servicios estratégicos: financieros, de asesoramiento, de investigación, etc.

La aglomeración de estas actividades atrae a las industrias y servicios auxiliares. Como resultado, las actividades industriales se diseminan alrededor de la ciudad, y se crea un espacio urbano difuso, con polígonos industriales y naves de almacenamiento y redistribución. A su vez, tiene lugar un proceso de dispersión provocado por el elevado precio del suelo industrial y por los problemas derivados de esa concentración, como la conflictividad laboral y la saturación de comunicaciones. Así, algunas industrias abandonan el espacio urbano y se sitúan a lo largo de los ejes de comunicación para estar cerca de la ciudad central.

 

3.2. La localización industrial y los desequilibrios territoriales

El crecimiento industrial une las grandes zonas industriales con las complementarias, dado el intercambio que existe entre ellas, y densifica los ejes de desarrollo junto a las autopistas y autovías. En el tejido industrial español destacan:

El eje del valle del Ebro. Conecta el área vasca con la catalana, a través de los núcleos o nodos de Zaragoza y Logroño. Además, este eje tiende a vincularse con el área industrial de Madrid.

El eje del Mediterráneo. Une la Región de Murcia, la Comunitat Valenciana y Cataluña. Se prolonga hacia Francia y conecta con el eje mediterráneo europeo, que llega hasta el Norte de Italia. Por el valle del Ródano enlaza con la gran dorsal europea, la cual reúne las áreas industriales más activas de Europa.

El área industrial de Madrid. Por su centralidad atrae a sectores de alta tecnología y a capital inversor extranjero.

 

Esta concentración muestra una localización muy irregular con claros desequilibrios territoriales, ya que el resto de España presenta una industrialización notablemente inferior o muy sectorial.

 

3.3. Situación actual de la industria española

Tras su entrada en la UE, la industria española vivió un proceso de modernización productiva, aunque tuvo que superar un periodo de crisis. A mediados de los noventa, ya recuperada, se había convertido en el sector de actividad más productivo gracias a la moderación salarial y a la flexibilidad en la contratación laboral. La economía crecía por encima de la media europea, aumentaba la inversión española en los países de la UE, y en Portugal, el Norte de África y Latinoamérica se instalaban empresas españolas.



PAGINA 177

 

La industria ha tenido un buen ritmo de crecimiento de ventas, producción y demanda aunque va perdiendo importancia dentro del conjunto de la actividad económica a causa de la terciarización general del empleo. La crisis financiera estadounidense de 2007 que afecta a la economía mundial se refleja en la UE con una tendencia bajista general, y en España con una recesión de la cartera de pedidos, un aumento de los stocks y desaceleración del empleo.

 

3.4. Los desafíos de la industria española

La industria española presenta diversos problemas estructurales, que afectan negativamente a su competitividad frente a la economía europea y a la global:

Dominan las pequeñas y medianas empresas, que se adaptan mejor a las demandas del mercado y presentan menos conflictos laborales, aunque no permiten hacer economías de escala, ni grandes gastos en nuevas tecnologías.

La productividad industrial es inferior a la UE, hecho que incrementa el coste laboral. Para mejorar la productividad es necesario invertir en las TIC, pero el gasto español en este sentido está muy por debajo del de la UE.

El nivel de intensidad tecnológica es bajo y el porcentaje de inversión en I+D es insuficiente (sólo el 1’5% de las industrias manufactureras españolas presentan un nivel alto de intensidad tecnológica y únicamente 26 empresas figuran en la lista de las mil empresas comunitarias que más invierten en innovación).

 

Ello provoca una balanza tecnológica deficitaria: las principales empresas de automóviles, maquinaria eléctrica, aparatos electrodomésticos y productos farmacéuticos fabrican mayoritariamente con patentes extranjeras, que son una buena fuente de ingresos para los países que las crean, pero un enorme gesto para países como España que deben pagar para su aplicación. Es fundamental, por tanto, dedicar un porcentaje más elevado del PIB a I+D y fomentar la mejora del sistema educativo y la formación técnica laboral.


 PAGINA 178

 

4. LOS SECTORES INDUSTRIALES EN ESPAÑA

Bajo el epígrafe “industrial” se acostumbra a considerar actividades muy diversas que tienen en común la transformación de unas materias primas o de unos productos en otros.

 

4.1. Los sectores industriales en España

En España, la producción industrial presenta una serie de diferencias según los sectores industriales: maduros (de intensidad tecnológica baja y escasa demanda), dinámicos (de tecnología media y buenas expectativas de mercado), y de tecnología punta (con una demanda creciente).

Los sectores industriales maduros

El primer grupo de este sector lo integran la metalurgia, los productos minerales no metálicos y los productos metálicos, excepto la maquinaria. A pesar de los problemas de reconversión por los que ha pasado, sigue concentrando casi el 20% del volumen del negocio industrial. Tiene un peso decisivo en el país vasco y en Asturias, donde ocupa más del 25% de la actividad industrial.

La rama alimentaria (alimentación, bebidas y tabaco) ha reducido su peso en los últimos años, aunque su porcentaje en volumen de negocio sigue siendo importante (14% en 2010) y algunas empresas han optado por productos competitivos de alta calidad. Es la empresa dominante en zonas poco industrializadas como Castilla y León, Castilla-La Mancha y Extremadura, donde representa casi un tercio del volumen industrial.

La industria textil, de confección, cuero y calzado, con poco volumen sobre el total (un 3%), está en claro retroceso en casi todas las Comunidades Autónomas. Es un mercado dividido: de un lado empresas de marcas blancas (productos baratos y sin publicidad) que sufren una fuerte competencia de los países emergentes; de otro, marcas de prestigio con un avanzado desarrollo de diseño y moda.


PAGINA 179

 

Los sectores dinámicos

Tienen una elevada demanda, mayor productividad y tecnología intermedia o alta. Forma parte de estos sectores la industria del automóvil que, recuperada de un largo proceso de reconversión, se convirtió en el sector con una mayor cifra de negocio. Últimamente pasa por una fase de recesión como consecuencia de la crisis económica.

El sector químico es importante en la industria española y se concentra especialmente en Cataluña. Incluye el refino de petróleo, la obtención de productos plásticos, pasta de madera y caucho, y la química de bienes de consumo, como la obtención de fibras sintéticas y artificiales, y los productos farmacéuticos, que tienen una fuerte participación de capital extranjero.

 

Los sectores de tecnología punta

Se trata de un sector muy localizado (Madrid, Cataluña, Andalucía y País Vasco) que influye las tecnologías de la información, automatización, biotecnología… El sector tiene una fuerte dependencia exterior en cuanto a investigación y tecnología debido a su tardía implantación y al insuficiente nivel de inversiones en I+D. Por esta razón, su peso es muy inferior al de otros países de la UE. Así, la aeronáutica de Francia representa el 35% y la española sólo el 2’5%.

 

4.2. El sector de la construcción 

El sector económico de la construcción se acostumbra a clasificar dentro de las actividades industriales, puesto que esta actividad transforma una serie de materiales en una edificación. Sin embargo, la construcción está relacionada con el sector inmobiliario, cuya característica lo incluyen entre las actividades de servicios.

 

La importancia de la construcción en la economía española

La economía española ha vivido, desde 1998 hasta 2007, un periodo de rápido crecimiento debido en gran parte al sector de la construcción que llegó a suponer el 18% del PIB total de la economía. Si tenemos en cuenta los sectores asociados a la construcción, esta cifra llegaría a alcanzar el 30%. Al mismo tiempo que comentaban la oferta de viviendas, también subieron sus precios, que entre 1999 y 2008 se multiplicaron por 2’8. La población activa en este sector también creció: en 2007 era de 2.911.000 personas, mientras que en el resto de industria había 3.416.000 trabajadores.

Las causas que explican la desproporción del crecimiento inmobiliario son múltiples: las expectativas irreales de que el precio de la vivienda seguiría subiendo indefinidamente, las enormes ganancias que se obtenían con la especulación inmobiliaria, los subsidios públicos destinados a la compra de vivienda y el acceso fácil al crédito con intereses muy bajos.

La desmesura en la construcción ha afectado en particular a las zonas turísticas costeras, donde ha causado graves daños medioambientales.



PAGINA 180

 

La crisis de la construcción

La crisis financiera mundial, declarada a partir de 2007, provocó el final de la llamada burbuja inmobiliaria y la brusca desaceleración del sector de la construcción, cuya crisis agravó sensiblemente la situación de España ante la profunda recesión que afectaba a la economía mundial.

En 2008, el desempleo aumentó en 1.100.000 personas y afectó no solo a los albañiles, sino que, en cadena, también involucró a otros sectores relacionados, como los materiales para la construcción, madera, pintura, muebles, sanitarios, fontanería o electrodomésticos. No ha sido hasta 2014 cuando se han empezado a crear puestos de trabajo netos en ese sector, lo que para algunos analistas significa el final de la crisis.

El paro y el endeudamiento de las familias tuvo consecuencias en diversos sectores ya que supuso una disminución del consumo de todo tipo de bienes, el comercio vio bajar sus ventas y en los bancos se incrementó la morosidad en el pago de las hipotecas, por lo que también se restringieron los créditos.


PAGINA 181

 

5. LOS CAMBIOS TECNOLÓGICOS, CIENTÍFICOS Y ORGANIZATIVOS

El desarrollo y características de la industria actual no se pueden entender sin la revolución tecnológica iniciada después de la Segunda Guerra Mundial y generalizada desde la década de 1970.

 

5.1. Cambios tecnológicos

El primer paso fue el transistor (1948), que posteriormente se miniaturizó y dio lugar a los circuitos integrados (chips); estos se aplicaron a la microelectrónica, y se consiguió el primer microprocesador (1971). A partir de ese momento los microordenadores sustituyeron a los grandes ordenadores derivados de las computadoras de primera generación. En veinte años se pasó de la inexistencia de los microprocesadores a mil millones en 1990, y se generó un nuevo y próspero sector industrial: electrónica e informática. A su vez, los ordenadores se convirtieron en un medio de trabajo imprescindible en los procesos industriales.

Las nuevas tecnologías y la telemática han supuesto, de un lado, el nacimiento de un nuevo sector industrial con la introducción de nuevos materiales aplicados al desarrollo de la microelectrónica (fibra óptica) y de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) y, por otro, han provocado una auténtica revolución en los sistemas de producción industrial ya que, por ejemplo:

Automatizan los procesos productivos gracias a los robots que pintan, cargan, manipulan y se autorreparan en caso de avería.

Permiten controlar la evolución de las empresas desde cualquier lugar del mundo.

Detectan instantáneamente la evolución de la demanda y así pueden reajustar de inmediato la producción.

Facilitan la fragmentación de la producción y su dispersión geográfica.

Hacen posible la comunicación en tiempo real entre los establecimientos y la sede central de la empresa.


PAGINA 182

 

5.2. Cambios en la organización empresarial y en la planificación industrial

Las innovaciones técnicas permiten obtener mucha información, transmitirla a grandes distancias en tiempo real y aplicarlas tanto en los diseños industriales como en el propio proceso productivo e incluso en el almacenamiento y la distribución de los productos.

Los cambios tecnológicos que han representado las facilidades en las comunicaciones y las nuevas tecnologías de la información permiten, por un lado, flujos materiales de mercancías y personas y, por otro, flujos inmateriales de capital e información que se cruzan en redes cada vez más densas y complejas que abarcan el mundo entero.

La gestión y el estudio de cómo y dónde hay que invertir el capital para obtener los máximos beneficios resulta decisivo. Se estudian los sistemas de producción, y se manejan infinidad de datos para poder planificar y tomar decisiones.

Los centros de estudio reúnen a investigadores y empresas en parques tecnológicos, con toda clase de facilidades, en los cuales técnicos cualificados idean procesos innovadores y crean nuevos productos.

 

5.3. Cambios en la localización laboral de las empresas

Las industrias que requieren mucha mano de obra poco especializada se desplazan hacia los países en desarrollo, donde consiguen ventajas fiscales, apenas existen derechos laborales y los salarios son mucho más bajos. Ello pone en peligro las conquistas sociales conseguidas en los países desarrollados, como la regulación de los contratos laborales, el seguro de desempleo o las pensiones de jubilación.

Las empresas prefieren reducir la mano de obra y aumentar la inversión en tecnología avanzada y la contratación de técnicos cualificados en diseño, control de calidad, marketing, etc. De esta forma las actividades industriales tienden a convertirse en actividades de servicios o terciarizarse.

 

5.4. Cambios en los procesos productivos

 

El capital industrial se concentra y se internacionaliza mediante fusiones de empresas o compra de una empresa por otra. Se forma así una trama densa de grandes empresas multinacionales cuyo mercado comprende el conjunto del planeta y cuyo objetivo es la primacía del beneficio privado como motor del funcionamiento empresarial. Fruto de esta globalización es la adaptación de los sistemas de producción y la diversificación de los productos.

 

La fragmentación y la dispersión de la producción

El proceso de producción se fragmenta y se dispersa de manera que se reduce el tamaño del establecimiento para evitar la concentración de la producción y de los obreros. Las empresas multiplanta dividen su producción en diversos establecimientos situados a veces en diferentes países, los cuales se especializan en la fabricación de algunos componentes o en modelos específicos.


PAGINA 183

 

Las empresas tienden a una producción globalizada: una determinada parte del proceso lo realiza la fábrica más eficiente, aunque sea lejos de la sede central, lo que conduce a un proceso de deslocalización. Otras empresas externalizan operaciones: se desprenden de procesos y servicios que puedan subcontratar (la contabilidad, el almacenaje, la distribución del producto...).

Estas estructuras empresariales hacen que la empresa adquiera una gran flexibilidad tanto en la localización de sus establecimientos como en la relación con las empresas auxiliares o contratadas.

 

La diversificación de los productos

Existen grandes empresas globales que venden los mismos productos estandarizados, fabricados en serie y orientados a un consumo masivo, promocionados con insistentes campañas publicitarias.

Otras empresas, tecnológicamente muy avanzadas, tienen una producción flexible: observan el producto que adquiere una mayor demanda y fabrican de acuerdo con ella ya que disponen de un centro de adecuación que cambia el producto que se fabrica reprogramando el ordenador. Así evitan el almacenaje y los stocks invendibles.

 

En la producción flexible se producen series cortas de productos diferentes para adaptarse a la demanda.

Automatización (electrónica)

Flujo continuo: técnicas que evitan las detenciones en la producción

Subcontratación y organización de empresas en red

Dispersión geográfica

 

Tres maneras de aumentar los beneficios

Disminuir los costes: pagar menos por hora de trabajo, sustituir los trabajadores por máquinas.

Aumentar la productividad: automatizar los procesos, aplicar nuevas técnicas.

Diversificar la oferta: ampliar la gama de productos, elaborar productos más deseables, ofrecer ventajas comparativas

 

PAGINA 184

 

6. La industria española en el contexto europeo y mundial

El ingreso de España en la Unión Europea supuso el fin de todo proteccionismo y la apertura del mercado a la competencia exterior, lo que provocó una reconversión industrial y el cierre de muchas industrias no competitivas.

 

6.1. La integración de España en la CEE

España hizo un gran esfuerzo al abandonar su política proteccionista y reconvertir sus empresas para poder ser competitivas a nivel mundial. Cuando en 1985 se firmó el tratado de adhesión a la CEE, las regiones industriales españolas presentaban una notable falta de modernización, un nivel de innovación muy bajo, serias deficiencias en las infraestructuras y problemas ambientales graves.

La Europa más desarrollada tuvo un papel fundamental como elemento dinamizador de la economía española, dado que España se convirtió en receptor de recursos procedentes del presupuesto comunitario. Esos fondos se invirtieron, principalmente en la mejora de las infraestructuras básicas, la formación y el desarrollo tecnológico, la aplicación de políticas ambientales, la ampliación y modernización de proyectos rentables y la integración en proyectos internacionales de investigación.

Las mejoras iban dirigidas a aumentar la competitividad industrial a fin de no perder cuota de mercado interior, por la libre entrada de productos industriales europeos, y a conseguir mayor cuota en los países de la UE.

El liberalismo económico que impuso la Comunidad Europea supuso la progresiva privatización de las empresas públicas creadas por el INI. El Estado saneó estas industrias con grandes inversiones realizadas con fondos públicos y las privatizó. Las empresas invendibles pasaron a formar parte de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), en parte financiadas por el Estado.

 

Las políticas ambientales y la actividad industrial

La Unión Europea exige a los Estados miembros que controlen la contaminación y las emisiones de CO₂. Para ello, financia políticas ambientales de protección territorial, evalúa los impactos ambientales, promociona la aplicación de tecnologías limpias (industria verde) y propone auditorías ambientales y operaciones de rehabilitación.

España se encuentra entre los países con emisiones elevadas de CO₂ a la atmósfera, debido a la combustión de carbón en plantas siderúrgicas y en termoeléctricas. Aunque muestra su acuerdo con las políticas europeas, resulta difícil lograr los objetivos propuestos y la industria española sigue siendo muy contaminante.

 

6.2. Las directrices industriales de la UE en la actualidad

A principios de la década de los 80 del siglo pasado, la CEE había enfocado su política industrial hacia los problemas sectoriales que planteaban la industria siderúrgica, la construcción naval y la textil y del calzado; además había fomentado el apoyo a las pequeñas y medianas empresas (pymes).

Pero en el mundo globalizado la industria europea tiene graves problemas: la desaceleración de su productividad, la competencia de los nuevos países emergentes en los sectores tradicionales y en los sectores de innovación y las TIC. Dicha globalización ha favorecido la deslocalización tanto de empresas tradicionales, que ocupan mucha mano de obra, como de industrias de alta tecnología.


PAGINA 185

 

Ante ello, los planteamientos de la UE han cambiado. La industria debe ser capaz de competir a nivel mundial, y para ello necesita:

· Un aumento continuado y sostenible de la productividad a base de innovación y espíritu empresarial.

· Profesionales mejor preparados, con una formación laboral equiparable a la de Estados Unidos o Japón.

· Una mayor inversión en I+D, conseguir un mayor número de patentes europeos y más industrias de alta tecnología.

 

6.3. La industria española en un mundo global

El tejido industrial español se ha ido incorporando a la globalización económica, de manera que nuestras zonas industriales se configuran como puntos de una red de producción a nivel mundial.

Esta red se caracteriza por la concentración de capital y de decisión en pocas empresas multinacionales muy poderosas, con lo que el papel de la economía estatal se reduce. Numerosas decisiones se toman fuera de España ya que aquí hay pocas sedes centrales de grandes empresas. Esto explica que, a pesar de ser una potencia industrial, España no tenga un papel relevante en la economía mundial.

 

Globalización y deslocalización

En una economía globalizada, las empresas buscan la competitividad para aumentar su cuota de mercado; de aquí se derivan las causas de la deslocalización: buscan menores costes laborales y mejores condiciones fiscales y técnicas.

Por otro lado, la localización de los establecimientos industriales se ha flexibilizado de manera que la empresa puede deslocalizar parte del proceso productivo. Algunas fábricas textiles han desplazado al Norte de África o al Sur y Sureste asiático los procesos que exigen una considerable mano de obra, mientras que el diseño de los tejidos, procesos de mayor valor añadido, se hace en España.

Las consecuencias de las deslocalizaciones son el aumento de la tasa de paro y la pérdida de empleo del sector secundario que cada vez más tiende a terciarizarse. Las políticas industriales, por parte de los gobiernos, proporcionan ayudas a las empresas para frenar el proceso de deslocalización y el aumento del paro.


No hay comentarios:

Publicar un comentario