Don Juan, por la gracia de Dios rey de Castilla, etc.
Sabed que por razón
del cisma que era en la iglesia de Dios, queriendo como príncipe cristiano
católico y fiel saber verdad sobre dicha razón porque nuestra alma y la de nuestros
súbditos no estuviesen en el error, enviamos por diversas partes nuestros
embajadores, letrados y hombres de buenas conciencias y de quienes nos fiamos
para que se informasen, especialmente en Roma y en Aviñón, cual era el
verdadero electo y vicario de Jesucristo a quien nos y nuestros súbditos
debemos obedecer. Y asimismo hicieron juntar a todos nuestros prelados,
maestros en Teología, doctores y otros religiosos y personas de buenas
conciencias para que viesen todas las informaciones que nuestros mensajeros
habían traído y oyesen y conociesen todas la alegaciones y testigos que cada
una de las partes quisiesen alegar de manera que pudiesen aconsejar bien y
verdaderamente a nuestra alma y a las almas de nuestros súbditos. Y por ende
los dichos prelados, maestros en Teología, doctores y otros religiosos y
personas de buenas conciencias fallaron que el primer elegido lo fue por fuerza
y presión de los romanos, por lo que era intruso, apostático y Anticristo, y
que nuestro señor el papa Clemente, séptimo, segundo elegido, era el verdadero
papa y vicario de Cristo. Por lo tanto el domingo diez y nueve de mayo del año
de esta carta, en la iglesia catedral de Santa María de Salamanca, publicamos y
manifestamos nuestra intención, por lo que mandamos que tengáis a Clemente VII
por papa verdadero y vicario de Cristo, y que obedezcáis a don Pedro, cardenal
de Aragón, como legado de dicho papa. Nos el rey.
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