jueves, 9 de febrero de 2012

La colonia del Congo

En 1876 el rey Leopoldo II de Bélgica creó la Asociación Internacional Africana, cuyos fines proclamados eran promocionar la paz, la civilización, la educación y el progreso científico, así como erradicar la trata de esclavos.
Gracias a una activa campaña publicitaria a nivel internacional, Leopoldo II consiguió que en la Conferencia de Berlín se reconociese la existencia de un Estado Libre del Congo que le pertenecía a título personal. El objetivo último del rey belga era obtener una fuente de ingresos propia, que no dependiese del gobierno de Bélgica, un estado liberal donde existía una clara división de poderes y la autoridad del rey se encontraba muy contralada. Afortunadamente para Leopoldo II en 1888 se patentó el neumático de caucho y la demanda mundial de látex se disparó al ritmo del crecimiento de la industria automovilística y de la bicicleta. Para abastecer a los mercados internacionales de caucho y marfil, las autoridades que Leopoldo había colocado en el Congo establecieron el trabajo obligatorio de los indígenas. Para conseguir que estos lo realizasen sin cobrar se secuestraba a mujeres y niños para obligar a los hombres adultos a trabajar. En ocasiones se mutilaba a los que no entregaban las cantidades requeridas de productos. Durante décadas la colonia del Congo fue un gigantesco campo de trabajos forzados, y cuando se supo se convirtió en un escándalo internacional criticado por la prensa occidental. Se calcula que más de cinco millones de congoleños murieron hasta que la colonia del Congo pasó a ser administrada por el gobierno belga tras la muerte de Leopoldo II en 1909.








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