lunes, 25 de febrero de 2019

Granicus 334 BC Alexander's first Persian victory













El clima Geografía de España



CLIMAS DE ESPAÑA. COMENTARIO CLIMOGRAMA.

La mentira blanca (2009) de Arcadi Espada

http://estudioae.com/elcorreocatalan/la-mentira-blanca/
http://estudioae.com/elcorreocatalan/la-mentira-blanca/02110709.html
http://estudioae.com/elcorreocatalan/la-mentira-blanca/03110709.html


Cuando escribí Raval, hace ahora diez años, lo hice en un estado de inocencia completa. Entre los asuntos claves de ese libro estaba el de la implantación de falsos recuerdos (mucho mejor en andaluz: la farsa memoria) en la conciencia de varios niños que afirmaban haber sido víctimas de abusos por una supuesta trama de pederastas que actuaba en una zona del barrio viejo de Barcelona.Ni lo sabía yo ni la policía que investigó ni la fiscal que acusó ni el juez que instruyó ni los psicólogos que peritaron ni los magistrados que condenaron. Ni las víctimas ni los culpables. Es decir, de ninguna boca implicada había surgido la expresión «falsos recuerdos». Aunque eso no quiere decir que aquella policía o aquellos psicólogos no fueran grandes expertos en el asunto. Lo eran sin saberlo. Tampoco quiere decir que yo no hubiese detectado la falsedad en los relatos de muchas víctimas: en realidad ése era, como sabes, el objetivo clave de mi libro. Lo que todos ignorábamos (y esa ignorancia intelectual facilitó el sufrimiento de muchos inocentes) es que el sintagma existía como tópico y que los mecanismos de su elaboración llevaban varios añosperfectamente definidos.Al menos desde 1993 cuando la psicóloga Elizabeth Loftus publicó en la revista American Psychologistsu iniciático artículo Perdido en las galerías comerciales.El artículo se inscribía en un paisaje fabuloso (anotado en la primera línea de la noticia periodística mejor y más completa que se ha dado de Loftus en España, escrita por Fernando Peregrín, Claves, octubre de 2005): en Estados Unidos se pasó de 6.000 casos de denuncias de abusos infantiles en 1976 a los más de 350.000 de 1988. El exponencial aumento se atribuyó a razones muy diversas. Peregrín enumeraba las dos principales: «Los cambios culturales que condujeron a una mayor liberación en materias de sexo de la sociedad americana y una mayor conciencia de que el mundo no estaba formado sólo por adultos posibilitó que los niños se sintieran más libres para denunciar los abusos cometidos contra ellos.» Lauren Slater, en el capítulo dedicado a Loftus de su inolvidable Cuerdos entre locos anota una explicación de novelería, aunque elegante y sofisticada: «El ambiente en el país era de euforia. Por todas partes caían muros. Mijail Gorbachov anunciaba la desintegración de la Unión Soviética. En los Estados Unidos muchas personas identificaban su propio telón de acero, su yo dividido, y reunían las piezas.» Yes. 





Dijo que buena parte de esas historias de abusos fueron inventadas. Tan inventadas como la teoría freudiana del recuerdo reprimido. Se le echaron encima y no sólo intelectualmente. Durante una época gastó guardaespaldas. Como dice Slater hace falta mucho valor para romper el cuento cuando la protagonista es una víctima. Lo importante de Loftus es que no correspondió a la palabrería con palabrería, sino con hechos. Es decir, demostró, a través de una miríada espectacular y apasionante de experimentos psicológicos, cómo podrían fabricarse falsas memorias y convencer a las personas de que habían vivido sucesos en los que nunca participaron.

Luis Alfonso Gámez explica que ella misma llegó a ponerse como objeto de la experimentación: descubrió que había sido un comentario implantador de su tío el que le había hecho sostener durante muchos años que su madre «flotaba boca abajo en la piscina, el coche patrulla con sus luces, la camilla con el cadáver cubierto por una sábana blanca»... Siendo la verdad que nunca llegó a ver a su madre muerta. Y más ciertas todavía estas palabras suyas: «La hipótesis más horripilante es que aquello que creemos con todo nuestro corazón no sea necesariamente la verdad.» Toda esa historia entre autobiográfica y libresca, y sus pliegues cavernosos, me vuelve ahora por un estudio que acaba de publicarse en el Journal of Neuroscience y en el que han participado investigadores españoles. El estudio anuncia: Las diferencias en la evocación de recuerdos verdaderos y falsos están relacionadas con la microestructura de la materia blanca. Uno de los investigadores, Antonio Rodríguez, de la Universidad de Barcelona, me explicó con paciencia el sentido del estudio y también algunas ideas útiles y fascinantes sobre la trazabilidad de los recuerdos.Te lo escribiré con mis palabras para no comprometerle enteramente: hay morfologías cerebrales que parecen más susceptibles de producir falsos recuerdos. La microestructura de la materia blanca. La mentira blanca. Hace un par de años, en el mismo Journal, Kim y Cabeza, publicaron otro estudio sobre el asunto. Así se anunciaba: Confiando en nuestros recuerdos: disociando las correlaciones neuronales de la confianza en los recuerdos verídicos versus los ilusorios. Otro poema. Este puramente funcional: los investigadores comprobaron que el recuerdo falso y el recuerdo verdadero activan grupos distintos de neuronas; es decir, que la verdad y la invención viajan por avenidas diferentes.

El nuevo puritanismo (2002)


El nuevo puritanismo. Claves para entender la campaña contra la Iglesia
Católica en EE UU Juan Antonio Herrero Brasas, profesor de Etica y Política en la Universidad del Estado de California publicaba recientemente este interesante artículo en el Diario El Mundo. Lo reproducimos completo para nuestros lectores por las luces que aporta para comprender las razones de una campaña mediática desproporcionada.

Juan Antonio Herrero Brasas www.PiensaUnPoco.com 13.06.02.
 Las noticias sobre los abusos sexuales de sacerdotes católicos han adquirido carácter obsesivo en los medios de comunicación de Estados Unidos. Desde hace meses, día a día, prácticamente sin excepción, quienes vivimos en EEUU nos vemos obligados a tragarnos la historia de tal o cual víctima a quien un cura manoseó o intentó besar hace 20 o 30 años, o más. Lo abrumador de la situación ha llevado al suicidio a varios sacerdotes acusados de abuso sexual. En uno de los casos, una mujer, al calor del presente escándalo, acusaba a un cura de haber tenido contacto erótico con ella (no necesariamente relaciones sexuales completas) hace más de una década, cuando él tenía 25 años y ella menos de 18. La tensión en torno al asunto es tal que desde hace varios meses se vienen produciendo manifestaciones a favor y en contra de la Iglesia católica y hasta ocasionales enfrentamientos en las puertas de algunos templos. Debido a la actual política de tolerancia cero adoptada por muchas diócesis norteamericanas, una acusación de abuso sexual, incluso anónima, es suficiente para que un sacerdote sea apartado de su puesto y sometido a un trato poco menos que vejatorio. En total ha habido hasta el momento unos 200 sacerdotes acusados (la mayor parte por tocamientos a adolescentes) sobre un periodo que se extiende ni más ni menos que hasta los años 40. A lo largo de ese periodo ha habido más de 100.000 sacerdotes en EEUU.
Muestras de su carácter
No hay duda alguna de que en el caso de los curas estadounidenses algunos abusos muy graves sí ha habido. Pero son muy pocos los sacerdotes acusados de abuso sexual de niños, propiamente hablando. En la mayoría de los casos, las acusaciones van referidas a relaciones con adolescentes. Las razones reales para la presente tormenta mediática en torno a la Iglesia católica hay que buscarlas en toda una constelación de elementos interrelacionados y poco obvios a primera vista.
Arropándose en la realidad innegable de un puñado de casos auténticamente criminales, la América puritana y reaccionaria, y la cultura punitiva que la caracteriza, con su fuerte apoyo a la pena de muerte, está aprovechando para imponer su programa ideológico sobre toda la sociedad. En un país donde se ejecuta a personas que han pasado hasta 28 años en el corredor de la muerte por crímenes cometidos cuando eran menores de edad, la Iglesia católica, siguiendo directrices del Vaticano, ha capitaneado en los últimos años una agresiva y ruidosa campaña de oposición a la pena capital. Con ello ha logrado que se debilite significativamente el apoyo a las ejecuciones entre la opinión pública, lo cual ha irritado profundamente a los sectores más puritanos y conservadores. Finalmente, la cultura católica del perdón, la redención y la segunda oportunidad (formas de pensamiento dominantes en la legislación y en las prácticas judiciales de la Europa de tradición católica) ha chocado f! rontalmente con la inflexible cultura puritana y su énfasis en el castigo, la libertad individual y la responsabilidad absoluta. La ideología puritana es la dominante en EEUU, pero ve peligrar su hegemonía por el rapidísimo avance del catolicismo en las últimas décadas.
El pasado 5 de abril, The Christian Science Monitor, una de las publicaciones más prestigiosas de EEUU, informaba extensamente sobre un estudio comparativo llevado a cabo recientemente sobre abuso sexual en las diferentes iglesias. El artículo, que se puede consultar en Internet (Sex abuse spans spectrum of churches), ofrece numerosos datos estadísticos referidos a un periodo de nueve años y concluye que se producen más casos de abuso sexual en las iglesias protestantes que en la católica. A partir de ahí, los autores especulan, un poco ingenuamente, sobre por qué se ha dado tanta importancia a los casos de abuso sexual en la Iglesia católica mientras se silencian los otros.
Toda relación sexual con niños es indudablemente abusiva y criminal. Pero en el caso de los adolescentes, sin embargo, habría que hacer distinciones, pues éstos tienen impulso sexual, conducta sexual, y toman decisiones autónomas en ese ámbito. La legislación norteamericana, sin embargo, identifica la pederastia (relaciones intergeneracionales entre adultos y adolescentes o jóvenes adultos) con los actos de pedofilia (abuso sexual de niños propiamente hablando, es decir, prepubescentes) y, en consecuencia, define legalmente toda relación con un menor de 18 años como pedófila. Ello da lugar a casos como el de Daniel Carleton Gajdusek, Premio Nobel de medicina en 1976, que en 1987, a los 73 años de edad, fue condenado a pasar nueve meses en la cárcel acusado de haber abusado sexualmente, en 1981, de un joven que en aquel entonces tenía 16 años. El término «abuso» en la mayoría de los casos hace referencia a tocamientos.
La política norteamericana en cuestiones de sexualidad llega a extremos que en Europa en el momento actual resultarían inaceptables. Por poner algunos ejemplos, en ciudades como Los Angeles la policía, de modo habitual, entra por sorpresa en los sex shops y se lleva arrestados y esposados a aquéllos a los que encuentre masturbándose en una videocabina («conducta lasciva», según la legislación californiana). A excepción de las escasas playas delimitadas como nudistas, si a una mujer se le ocurre quitarse el sujetador en la playa, en cualquier playa de todo el territorio nacional, incluido Hawai, es inmediatamente arrestada por «exhibición indecente».Si dos menores tienen algún tipo de contacto sexual, el mayor de ellos (aunque tan sólo se lleven días de diferencia) es acusado de abuso sexual y puede ser internado en un reformatorio. Y cualquier relación consumada entre una persona mayor de 18 años y otra menor de esa edad es definida legalmente como violación, incluso si ha ! habido pleno consentimiento por parte del menor.
Dentro de este marco sociocultural es donde hay que entender la histeria desatada desde EEUU (y proyectada en medio mundo ya) en torno a la pornografía infantil, que hace que se hayan llegado a prohibir anuncios en los que aparece un niño o una niña enseñando el culito. Pero hay que señalar que la pornografía infantil no está prohibida por ser más degradante que otras. Hay otros tipos de pornografía cuando menos igualmente degradantes, como es el caso de la pornografía que muestra relaciones sexuales de personas con animales, y que, sin embargo, están permitidas. La pornografía infantil está prohibida sólo y exclusivamente con objeto de proteger del abuso a los potenciales actores de la misma, es decir, a los niños. Del mismo modo, en algunos lugares (como es el caso de California, pero lamentablemente no de España) está prohibida la pornografía con animales, con objeto de proteger a los animales de la bestialidad humana.
En consecuencia con este principio, hace pocas semanas el Tribunal Supremo de EEUU declaraba que no se puede prohibir la pornografía infantil generada con técnicas informáticas que generan imágenes que parecen de personas reales pero sin serlo, pues en ella no actúan niños. No deja de ser paradójico, en cualquier caso, que sea California uno de los estados que encabeza la actual cruzada puritana cuando tan sólo en el condado de Los Angeles se produce más del 90% de toda la pornografía mundial, de lo que la Administración obtiene pingües beneficios fiscales.
Lo que es absolutamente hipócrita tanto en EEUU como en España es estar permanentemente invitando, cuando no abiertamente incitando, a los adolescentes mediante un lenguaje y unas imágenes groseras, particularmente en televisión, a una actividad sexual irresponsable para después llevarnos las manos a la cabeza cuando finalmente hacen aquello que se les está incitando permanentemente a hacer. Si realmente nos preocuparan los niños, y especialmente los adolescentes, quienes más vulnerables son a los estímulos sexuales, se cultivaría un clima de responsabilidad social en medios como la televisión.
Recuerdo cómo un día del pasado verano, en su informativo del mediodía, cuando todas las familias y sus niños más atentos están a la televisión, uno de los principales canales españoles nos dio con todo detalle la noticia de una red de burdeles, con imágenes de sus magníficas instalaciones, mapas, direcciones, honorarios y hasta números de teléfono. No estaría de más saber cuánto untó el proxeneta a dicho canal para ofrecer tan descarada publicidad disfrazada de noticia. Menuda responsabilidad social.

Mi abuelo era nazi

https://www.eldiario.es/theguardian/abuelo-claro-necesitamos-Union-Europea_0_870713647.html

Hasta el día de su muerte, a principios de los noventa, mi abuelo fue un nazi convencido. La mayoría de sus hermanos mayores murieron de golpe una noche de la Primera Guerra Mundial, durante la batalla de Hartmannsweilerkopf y él pasó la mayor parte de los años veinte sin empleo, en una Alemania de entreguerras terriblemente traumatizada y caracterizada por los delirios de grandeza y el odio hacia los extranjeros, los judíos y la democracia.
Mi abuelo se afilió muy pronto al partido nazi. En 1940 se ofreció voluntario para luchar y llegó a sargento mayor de la Wehrmacht. En el frente oriental dirigió una unidad de lucha contra la insurgencia y participó en la toma de Kiev. Creemos que participó en la masacre de Babi Yar de septiembre de 1941, durante la que más de 33.000 judíos de Kiev fueron asesinados a tiros.
Mi abuelo siempre despotricó contra los judíos, los franceses y la pérfida Albion. Nunca volvió a salir de Alemania. Se ponía muy nervioso cada vez que estaba cerca de la frontera.
Por el otro lado, mi abuelo materno fue un maestro de Duisburg. Cuando le tocó ir a la guerra dejó en casa su cámara, su biblioteca, su esposa, sus dos hijos y toda esperanza de sobrevivir. Pasó tres años en el frente oriental. Sobrevivió, pero nunca volvió a interpretar música ni a sacar fotos. Era un hombre roto. Mi abuela pasó en Duisburg toda la guerra. En tres ocasiones, su casa recibió el impacto directo de las bombas. Hasta que falleció, el sonido de una sirena le hacía entrar en pánico.
Mi padre nació en 1944. Creció en un hogar nazi de posguerra pero comenzó pronto a leer y se unió a los Boy Scouts. Descubrió los derechos civiles y las ideas de la democracia y se convirtió en un socialdemócrata acérrimo, al que exasperaba cualquier cosa mínimamente de derechas. Mi madre nació en 1947 y le conoció en 1968 en la universidad. En una Alemania Occidental todavía marcada por la gran cantidad de nazis no arrepentidos, la participación en protestas antinazis fue la experiencia política definitoria de la pareja. Construyeron un hogar compuesto por cinco niños, lleno de música, libros, arte y el claro entendimiento de que ser alemán venía con la responsabilidad de ser prudentes con la política.
Durante mi infancia fui evacuado cuatro veces por bombas de la Segunda Guerra Mundial que no llegaron a estallar. De adulto, me volvió a ocurrir en otras dos ocasiones. En nuestros años escolares visitábamos Verdun [donde tuvo lugar una de las batallas más terribles de la Primera Guerra Mundial] y el campo de concentración de Bergen-Belsen. Además de Goethe, Schiller y Mann, leíamos 'El diario de Ana Frank' y 'El Sistema de los Campos de Concentración alemanes', de Eugen Kogon. Algunas veces pensábamos que nuestros maestros exageraban con su insistencia sobre el Tercer Reich.
En 1989 mis padres nos despertaron a todos para ver la retransmisión de la caída del Muro de Berlín. Sentados frente a la tele, tomamos nuestra primera copa de champán y vimos llorar a nuestros padres. Ese era el día en que la Segunda Guerra Mundial terminaba de verdad, me dijo mi padre. Y que nuestros amigos europeos lo habían hecho posible.
Tanto a mi como a mis cuatro hermanos nos enviaron al extranjero en muchas ocasiones. Aprendimos idiomas y siempre nos animaban a viajar por todas partes. Mi mejor amiga es una judía de Manhattan que vive en Noruega. Cada vez que voy a verla disfruto pensando en mi abuelo revolviéndose en su tumba.
Una Europa unida es nuestro legado. La Unión Europea no es un proyecto económico sino la defensora de la paz y la prosperidad en el continente. Si bien es cierto que la OTAN se encargó de asegurar que no hubiera conflictos en Europa Occidental, ha sido la UE, también en sus formas pasadas, la que ha construido la paz. Y lo ha hecho integrando, en una pacífica alianza de culturas, a naciones ligadas por unos valores y futuro en común.

Un país marcado por la identidad nacional

La imagen de mi padre jugando con mi sobrino me hace pensar en las tres generaciones consecutivas de alemanes que, por primera vez, han vivido una paz ininterrumpida. Nunca había pasado algo así. Quien quiera que haga peligrar esa estabilidad se va encontrar con una resistencia.
La diferencia más notable entre las experiencias formativas de mi abuelo y mi padre reside en la narración en torno a sus identidades nacionales. Para el primero, fue un relato de nacionalismo revanchista y autocompasivo, basado en el mito de la "puñalada trapera", que absolvía de responsabilidad por sus actos a los dirigentes y a toda la nación. La narración con la que creció mi padre fue de un realismo que había costado conseguir, basada en el reconocimiento de los crímenes y en la aceptación de la responsabilidad, con el liberalismo y la democracia como núcleo de la identidad.
Esa identidad nacional moderna no es un complejo de culpabilidad sino el entendimiento de que identificarse como alemán requiere reconocer nuestra historia en su integridad. Identificarse sacando pecho con las victorias en el Mundial de Fútbol no sirve si no somos también cuidadosos en tener presente nuestro belicismo histórico. Asimismo, sentir responsabilidad por esos crímenes sólo tiene sentido cuando se combina con una orgullosa identificación con logros como el de la participación de Alemania en la formación de la Unión Europea.
La UE de hoy es la culminación de décadas de paz y de integración política. Lejos de ser perfecta, sigue siendo la única forma de integración internacional y democrática exitosa. En un mundo globalizado, otorga un grado incomparable de libertad y estabilidad a sus ciudadanos y refuerza a los Estados nación con el respaldo económico y político de sus miembros.
En los últimos años, una ola de partidos de extrema derecha ha irrumpido en la política de los Estados miembro, desde los Demócratas Suecos hasta la AfD de Alemania o el Frente Nacional de Francia. Ahora es cuando empiezo a pensar que el interés de nuestros profesores en hablarnos del Tercer Reich tal vez no era tan exagerado.
Combinada con décadas de una retórica antieuropea a la que casi nadie hizo frente, esta oleada de la extrema derecha ha sido determinante en el Brexit del Reino Unido. Un debate del Brexit no fundamentado en hechos (por no decir contrario a los hechos), con los extremistas aumentando y los moderados sin lograr nada, representa un aterrador paralelismo con la infructuosa lucha que libró la República de Weimar contra el extremismo.
No es la única lección. El Brexit también exige de la Unión Europea que se proteja a sí misma y a los Estados miembro de los riesgos que puedan correr sus instituciones y procesos políticos. Poner en peligro los logros políticos fundamentales por satisfacer intereses económicos sería el colmo de la irresponsabilidad política.
La única forma de construir un futuro europeo común, que reconozca nuestro pasado fracturado y marque nuestro camino colectivo, es mediante un proceso conjunto, basado en normas y responsabilidades. Dejar la Unión Europea significa dejar atrás ese proceso conjunto y una identidad construida en torno a la consolidación de la paz. Es triste. Aún peor que eso, es aterrador.
Traducido por Francisco de Zárate

domingo, 24 de febrero de 2019

Estadísticas del Imperio Ruso

https://pages.uoregon.edu/kimball/nsx.htm

Tras la huella de los defensores extremeños de Alarcos

https://www.hoy.es/extremadura/tras-huella-defensores-20190421132350-nt.html

















Tras la huella de los defensores extremeños de Alarcos



Recuperan los restos de 200 soldados que murieron en la batalla de 1195 frente a las tropas almohades, contra las que lucharon órdenes militares vinculadas a la región

 

19 de julio de 1195. El rey de Castilla Alfonso VIII está decidido a emprender la lucha. Sin esperar los refuerzos de las tropas leonesas de Alfonso IX y la ayuda del rey de Navarra, el monarca parte hacia el campo de batalla solo con sus hombres, entre los que se encuentran soldados de Extremadura, miembros de las órdenes militares vinculadas a la zona que ocupa actualmente la región. Pero se equivocó. Bajo el mando de Alfonso VIII, que diez años antes había fundado Plasencia (1186), el ejército comienza el ataque contra las tropas almohades de Abu Yasuf al-Mansur, choque que dio paso un combate encarnizado que acabó con la derrota de los castellanos y la victoria de los musulmanes.

La batalla de Alarcos supuso un gran mazazo para las filas cristianas, que no solo registraron un número importante de bajas humanas sino que también perdieron parte del territorio que dominaban. Este hecho histórico fue decisivo para la zona que ocupa la actual Extremadura.

Este capítulo de la historia está siendo desenterrado gracias a las excavaciones que la Universidad de Castilla-La Mancha lleva a cabo en este área arqueológica ubicada en la provincia de Ciudad Real. Además, los hallazgos están permitiendo seguir las huellas de los posibles defensores extremeños de Alarcos que pudieron batallar y caer allí.

Las últimas campañas desarrolladas en este yacimiento han permitido recuperar los restos de unos 200 combatientes de Alfonso VIII que murieron tratando de frenar a los almohades. Tras el enfrentamiento, los musulmanes aprovecharon las trincheras abiertas por los cristianos encargados de levantar la fortificación para arrojar los despojos de la batalla a modo de fosa común. La intervención arqueológica realizada junto a la muralla del castillo de Alarcos ha incluido la exhumación de los cuerpos de quienes resistieron para que Alfonso VIII pudiese huir. «La información obtenida es de gran transcendencia. Aunque llevamos mucho avanzado, aún estamos en fase de estudio», explica Antonio de Juan García, profesor de Arqueología e Historia Medieval de la Universidad de Castilla-La Mancha.

 

Bajo estudio

Los huesos de aquellos que posibilitaron la salvación del rey están todavía bajo la lupa de los laboratorios para poder continuar con la reconstrucción de este episodio medieval. De estos individuos solo se tienen datos provisionales como que la edad media se sitúa entre los 25 y 35 años.

Según las estimaciones Antonio de Juan, basadas en sus estudios así como en diferentes crónicas, las huestes de Alfonso VIII estarían compuestas por entre 800 y 1.000 jinetes, además de unos 5.000 infantes. «Muchos autores consideran que en la batalla participaron todas las órdenes militares hispanas, incluidas las vinculadas a la región extremeña así como gentes de aquel territorio. Aunque no todas las fuentes se ponen de acuerdo, muchas de ellas citan a la Orden de Santiago, bajo el mando de Don Sancho Fernández, y la naciente Orden de San Julián de Pereiro (Orden de Trujillo) posteriormente llamada Orden de Alcántara y filial de la Orden de Calatrava, bajo la dirección de su maestre Don Nuño Pérez y el maestre de la Orden portuguesa de Évora don Gonçalo Viegas con sus soldados. Es posible que alguno de esos 200 cuerpos hallados pudiese pertenecer a algún combatiente de territorio extremeño, aunque ese extremo no ha sido estudiado», añade.

Amontonados y mezclados con los esqueletos humanos, en el foso de despojos aparecieron gran cantidad de huesos de animales -caballos, mulas, yeguas, asnos e incluso algún camello-. También se han encontrado armas como puntas de flecha, de lanza, cuchillos, hoces y espadas cortas, así como herradurasclavos y espuelas de la caballería. «Esto da buena idea de lo cruenta que fue la batalla que se libró», destaca el profesor. Igualmente se han documentado objetos personales de los soldados como monedas, algunos adornos de sus vestimentasdados con los que jugaban en las horas de espera antes de la batalla o pequeños instrumentos musicales, como flautas, con los que se entretenían en su tiempo libre.

Además se han localizado diversidad de material cerámico en el interior del castillo, utilizado por los almohades después de que el territorio pasara a sus manos. Tras la batalla se establecieron en Alarcos y allí permanecieron durante 17 años.

Precisamente los musulmanes se hicieron con una ciudad en ciernes, ya que en 1195 Alarcos y su castillo estaban en pleno proceso de construcción. Tras fundar Plasencia, Alfonso VIII comenzó a edificar la villa de Alarcos. Este proyecto se vio interrumpido tras declarar la guerra los almohades. Igualmente, la muralla defensiva de la capital del Jerte, que el rey castellano comenzó a construir en 1186, no se completaría hasta mucho después.

La batalla

Los cristianos salieron al campo de batalla el 18 de julio, pero los musulmanes no respondieron. El enfrentamiento se produjo un día después, cuando las tropas de Al-Mansur se desplegaron en filas ordenadas. Los castellanos mandaron al ataque a la caballería pesada que fue aplastada por el adversario. La táctica almohade, apoyada por arqueros y ballesteros, se basó en apostar por una caballería más ligera y rápida que la cristiana para realizar movimientos más veloces y ágiles.

«El combate fue una carnicería, lo mejor de la nobleza castellana murió en la batalla y quedó diezmada. Las órdenes militares de Calatrava y Santiago perdieron a la mayor parte de sus miembros».

El resultado hizo inclinar la balanza del lado de los almohades, que salieron fortalecidos. Desestabilizó el reino de Castilla, dificultó la reconquista cristiana y retrasó 17 años el avance de sus filas hacia el sur. Tras este enfrentamiento, los cristianos retrocedieron a Toledo.

Este desenlace marcó el transcurso de la historia de la zona que ocupa la actual Extremadura ya que, un año después de la batalla de Alarcos y aprovechando las débiles condiciones de defensa del reino castellano, los almohades iniciaron un ataque por el flanco oeste. Empezaron una gran ofensiva contra los cristianos dentro de Extremadura y avanzaron por todo el valle del Tajo recorriendo la región y reconquistando para los musulmanes importantes plazas, entre ellas la ciudad de Plasencia.

La derrota de Alarcos y la irrupción almohade en 1196 también significó el fin del dominio cristiano en otras urbes extremeñas como Trujillo y Montánchez. Incluso después de la batalla de las Navas de Tolosa (1212) el avance cristiano en la región extremeña fue lento y se tardaron décadas en volver a controlar todo el territorio.

35 años de excavación arqueológica para recomponer el puzzle de Alarcos

Las investigaciones en este recinto de más de 22 hectáreas arrancaron en 1984 y continúan en la actualidad. Este espacio, que es visitable, incluye las huellas de un primer asentamiento íbero, el castillo y la ciudad inacabada de Alfonso VIII así como el barrio almohade (con viviendas y calles en el interior de la fortaleza). El hallazgo más reciente ha sido un cementerio musulmán en una de las laderas del castillo, necrópolis usada por los almohades que vivieron en la zona cuando expulsaron a los cristianos. «Se ha constatado que se trata de enterramientos de tradición islámica por la posición de los cuerpos. Esto nos permite concluir que tras la batalla el contingente musulmán que quedó en Alarcos se concentró en el castillo, adaptando el interior a sus necesidades. La población estaría compuesta por diferentes grupos de familiares como lo demuestran los enterramientos infantiles documentados».

Antonio de Juan García capitanea los equipos de excavación que trabajan sobre el terreno. Verano tras verano estos grupos, integrados por estudiantes universitarios, van recuperando piezas que permiten recomponer -como si de un puzzle se tratase- lo que ocurrió en este enclave castellano-manchego. Y esto es posible gracias a los 35 años de trabajos que se contabilizan en lo que hoy es uno de los conjuntos arqueológicos más espectaculares de Castilla-La Mancha. «Gracias a las tareas desarrolladas, el parque arqueológico de Alarcos se ha convertido en un yacimiento de primer orden», advierte.

 


Una historia acerca del infanticidio

Una historia acerca del infanticidio

Black, Sue: Escrito en los huesos. Los recuerdos que custodia nuestro esqueleto.

“Aunque la mayoría de las personas celebran la llegada de un nuevo miembro a la familia, por desgracia no todos los bebés son deseados, y no es raro encontrar cuerpos de fetos o bebés recién nacidos ocultos en lugares inesperados. Suele pasar cuando se levantan tablones del suelo o se arrancan viejas baldosas del baño, cuando se abren o se limpian chimeneas, cuando se aíslan buhardillas o cuando se descubren viejas maletas al fondo de armarios olvidados. Los embarazos no deseados pueden encubrirse y  el diminuto cuerpo de un bebé recién parido, ya sea vivo o muerto, puede esconderse fácilmente con la convicción de que nadie descubrirá ninguna prueba de que existió. Pero a menudo se descubre, a veces varios años después. Muchos de los casos que nos toca analizar se remontan setenta o más años atrás, cuando la vida era más dura. Los abortos eran ilegales y peligrosos, pero eso no disuadía a las mujeres que habían decidido llevarlos a cabo ni impedía que las tramas clandestinas los realizaran. Las mujeres a menudo recurrían a este procedimiento obligadas por la pobreza, por la imposibilidad económica de dar de comer a una boca más, o por la vergüenza y el estigma asociados a los hijos ilegítimos.

[La autora luego habla de cómo una pareja compra una casa en una isla escocesa lejos de todo y hallan huesos de varios bebés durante las obras. A continuación comienza una investigación]

La historia que descubrieron se fundamentaba en habladurías de la gente de por allí, pero encajaba con las pruebas y más adelante contentaría al fiscal. Se remontaba a la época de la Primera Guerra Mundial, cuando la comunidad de esta isla remota vivía de forma aislada sin teléfono, electricidad, agua corriente ni transporte público. La vida era dura y la mayoría de las familias sobrevivían con lo poco que obtenían de la tierra o del mar. Las casas eran pequeñas, frías, húmedas y oscuras, con gruesos muros de piedra, tejados de paja, ventanas diminutas y suelos de madera directamente sobre la tierra. Violet, una mujer soltera, vivía sola en la típica casita de dos cuartos a solo cien metros del cottage donde se encontraron los huesos. Los chismosos del pueblo la consideraban una mujer de dudosa moral y muchos la describían como fulana, mujerzuela, Jezabel o, en gaélico, siursach o striopach. Se decía que, para subsistir, Violet ofrecía sus servicios a los soldados estacionados en una base naval cercana y a comerciantes adinerados de la zona. Se la veía vestir ropas sospechosamente holgadas con cierta frecuencia y había épocas en las que se mudaba al cottage con su avasalladora madre Tamina, para después reaparecer y retomar su rutina. Lo relevante en relación con los restos que se encontraron bajo el suelo era lo que sucedía durante esos periodos con la madre.

En un tiempo en que la anticoncepción dejaba mucho que desear, los embarazos no deseados eran un riesgo inherente a la supuesta profesión de Violet. En el pueblo se decía que había parido hasta once niños en total, aunque los chismosos siempre tienden a exagerar. Fuera cual fuera la verdad cuando murió en la década de 1950 solo tenía un hijo vivo. La gente de la zona recordaba que el parto había sido de nalgas y había requerido atención médica. Quizá eso fue lo que lo salvó. Se decía que, como no tenía medios para abortar, Violet llevaba los embarazos a término y se mudaba con su madre cuando llegaba el momento de dar a luz. Puede que sus parientes miraran hacia otro lado cuando se quedaba embarazada con la esperanza de que sufriera un aborto espontáneo. Quizá incluso se beneficiaban del dinero que ganaba. Sea como fuere, en aquellos tiempos la descendencia ilegítima era pecado a ojos de la Iglesia y una mancha en la reputación de toda la familia; además, el abuelo de Violet era pastor laico. Si bien se podía hacer la vista gorda con un embarazo discreto, un hijo bastardo no habría podido tolerarse. Pero, por lo visto, el infanticidio sí. Se tenía más miedo a la condena de la Iglesia que al largo brazo de la ley.

Según las habladurías, en cuanto el bebé nacía, Tamina se lo llevaba y lo ahogaba en un viejo cubo oxidado que usaban para el pescado. Luego arrojaba el cuerpo bajo los tablones de la casita, que con el tiempo se descomponía hasta que solo quedaban los huesos.

El hijo de Violet, ya fallecido cuando se encontraron los restos, aseguraba que su madre había reconocido en el lecho de muerte que había dado a luz a cinco bebés y que, según ella, la abuela había ahogado a los otros cuatro. También le había dicho que él estaba vivo gracias al médico que asistió el parto, porque eso hizo que hubiera constancia de su nacimiento; de haber desaparecido el bebé, les habrían hecho muchas preguntas. Si no hubiera sido así, Tamina también podría haberlo ahogado.

Él no llegó a conocer a su temible abuela. Violet temía tanto a Tamina que mantuvo al niño escondido hasta que llegó el momento de enviarlo a la escuela y fue imposible seguir ocultando su existencia.

No pruebas de nada de esto y es probable que la mayor parte sean rumores obscenos. Antes de tachar a Tamina de asesina fría y malvada, pensemos en la mentalidad de aquella época. Las acciones del pasado no siempre encajan con la moral actual. Puede que Violet pidiera ayuda a su madre; puede que trabajaran juntas para conservar los escasos ingresos de la familia, que decidieran ignorar las habladurías y que ese fuera el modo de evitar el escarnio social.

La ilegitimidad y el infanticidio estaban lo bastante extendidos como para que, en 1809, las leyes escocesas se reformaran y se redujera la condena por ocultar un embarazo y por no pedir ayuda en el parto. Estos delitos estaban equiparados al asesinato desde el siglo XVII, pero a partir de entonces se castigaron con una pena mucho menos severa de dos años de prisión. Y si las acusaban, las mujeres podían alegar que el bebé había nacido muerto con la esperanza de que las trataran con indulgencia.”