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viernes, 11 de octubre de 2024

Empresarios y explotación de menores

 

Se libran de la cárcel todos los empresarios que pagaron por sexo con menores en Murcia

ABC Madrid 8 de octubre de 2024

La Audiencia Provincial de Murcia ha otorgado este martes la suspensión de las penas de prisión del resto de empresarios acusados de delitos de prostitución de menores, tras la resolución de este lunes en el que cuatro de los acusados se libraran también de la cárcel. Según informa 'La Verdad', se trata de J. P. A., de 72 años y J. M. F., de 73.

A pesar de que la Fiscalía se haya opuesto a la suspensión de las penas, la Sala ha aplicado el criterio de que las condenas que no superan los dos años de prisión pueden ser eludidas cuando se cumplan unas condiciones determinadas. Así, los empresarios deberán pagar una multa y deberán no volver a cometer delitos, ni comunicarse con las víctimas, y tendrán que hacer un curso de reeducación sexual.

«El sistema no puede volver a defraudar a estas chicas», remarcó el teniente fiscal, José Francisco Sánchez Lucerga, el lunes en la primera vista oral. La suspensión de las penas a los principales procesados, incidió el representante del Ministerio Público, «supondría otra quiebra en la protección que el sistema ha ofrecido a esas menores».

 

La decisión de los jueces responde a la petición de las víctimas

Pese a que la decisión de los jueces también ha sido duramente criticada en la calle, esta responde a la petición que realizaron casi la mitad de las víctimas de esta red. Cinco de las once afectadas pidieron expresamente a los magistrados que no mandasen a los condenados en prisión y que les concediesen una segunda oportunidad.

La magistrada Concepción Roig explicó que estas chicas, «que han sufrido enormemente», preferían que los procesados reflexionasen sobre sus actos y no volvieran a repetirlo. Otras cuatro víctimas, sin embargo, exigieron a la Sala que metieran a los empresarios en la cárcel y otras dos no se pronunciaron sobre este asunto.

En la segunda vista oral se ha aplazado la vista para decidir el futuro de tres de las 'mamis', las personas que se encargaban de buscar a las menores en las puertas de los centros educativos y discotecas, para quienes todavía se tiene que pronunciar la Audiencia. La Sala, a su vez, debe pronunciarse también sobre la suspensión de la pena del último de los procesados: W. J. D. Este hombre asumió penas de hasta 12 años de cárcel por colaborar con la trama trasladando a las adolescentes a los lugares donde se producían los encuentros sexuales.

 

Los empresarios de la vergüenza condenados en Murcia, con nombres y apellidos

Olaya López Munuera, 24 de septiembre de 2024, lavozdemurcia.es

 

Catorce y quince años. Esa era la edad que tenían dos de las menores víctimas de la trama de prostitución infantil que ha sacudido a la opinión pública murciana cuando las recogieron en las inmediaciones de su colegio de Murcia para ser trasladadas ante Juan Castejón Ardid: expresidente y exvicepresidente de la Confederación de Organizaciones Empresariales de Cartagena (COEC), exvicepresidente de la Confederación Empresarial de la Región de Murcia (CROEM) y empresario que en aquellas fechas cumpliría los 64 años. 

Castejón también abusó de otra niña que, con 15 años, publicó una oferta para trabajar de cuidadora en milanuncios.es y recibió la respuesta de una de las ‘madames’ condenadas por la trama. Esta mujer, que hacía de intermediaria entre víctimas y clientes, le argumentó a la menor para convencerla que «no pasaba nada» cuando esta le intentaba explicar que solo tenía 15 años y era virgen. 

Las cortas edades de las víctimas menores no solo no disuadían a Castejón. Al contrario: ‘El Petrolero’ era «uno de los clientes que pedía siempre que fueran menores».

Razón por la que a su cuarta víctima, que ya contaba con 17 años, la misma ‘madame’ le pedía que dijera que «tenía 15 o 16 años, ya que a los clientes esto les daba más morbo», tal y como han reconocido los condenados en la Audiencia Provincial para llegar a un acuerdo de conformidad.

A diferencia de la quinta víctima, también menor, y que fue captada mientras «pasaba por un momento de dificultades económicas, lo que le hacía más fácil que pudiera ceder», Castejón era por aquel entonces un destacado -y pudiente- miembro de la patronal cartagenera. También era presidente, consejero delegado y consejero de tres empresas: Pradem S.A. (hasta agosto de 2015), Promociones Sierra Minera (hasta agosto de 2018) y Eslabon Inmobiliaria (hasta agosto de 2018). 

Pero no fue hasta febrero de 2015 cuando, empujado por el Comité de Ética y Buenas Prácticas de la patronal murciana CROEM tras conocer su imputación, Castejón dimitió a regañadientes por sus vínculos con la trama de prostitución de menores mientras seguía defendiendo su inocencia delante del resto de empresarios. 

Casi diez años después, Castejón ha salido a pecho descubierto, sonriente y con la cabeza bien alta del Juzgado de Murcia tras ser condenado por cinco delitos de prostitución de menores.

A diferencia del resto de proxenetas que lo acompañaban en la vista -y que intentaron esconder su rostro detrás de gafas de sol y mascarilla- el promotor no ha querido ocultarse. 

El apodado como 'El Petrolero' pisaba la calle con alivio, sabiendo que no iba a entrar en prisión. Así lo decidió el juez en una sentencia que ha encendido a la sociedad murciana y que lo ha condenado a cinco meses de cárcel y 2.000 euros de multa por cada víctima después de alcanzar un acuerdo de conformidad con la Fiscalía -que pedía antes de la vista del pasado miércoles entre 4 y 24 años de prisión para los empresarios, según el número de delitos- y obtener la reducción de las condenas por «dilaciones indebidas». 

Junto a Castejón han sido condenados seis hombres más: José Antonio Arce López (70 años, Beniaján), Juan Peque Álvarez (72 años, León), José Jara Albero (68 años, Alicante), Antonio Giménez Pelegrín (81 años, Lorca), Antonio Morales Nicolás (92 años, Murcia) y Juan Martínez Fernández (73, Murcia)

Este último, Martínez Fernández, trabajó como enterrador en Alhama de Murcia y Totana y es un destacado miembro de la comunidad de este último municipio, donde ha recibido varios homenajes por su participación en la Semana Santa de la localidad o por sus logros académicos. 

Su pena también ha sido rebajada y ha sido condenado por un delito de prostitución de menores a cinco meses de cárcel (que, como el resto de acusados, no pisará) y a pagar 1.000 euros a su víctima. 

 

Los intermediarios

Las penas más altas han sido para los seis intermediarios: las personas que cobraban una comisión por prostituir a menores de entre 15 y 17 años y que se encargaban de captarlas en la puerta de sus colegios o discotecas juveniles y ponerlas en contacto con los empresarios y clientes.

Las cuatro condenadas que actuaban como ‘madames’ (captadoras, facilitadoras e instigadoras de esta trama) son Yesenia Mercedes Balladares Cusme, Nelly Paola Céspedes Pedriel, Ruth Karina Dorado Toledo y Manuela Pérez Poveda.

Mientras que Martin Galo Dorado Toledo y Walter Giovani Dominguez Melgar han sido condenados como autores -cooperadores necesarios como parte de esta pieza-.

El fiscal pedía de 21 a 56 años de prisión. Nada que ver con unas penas que suman 16, 12 y 6 años de cárcel y todo apunta a que tampoco entrarán en ella para pagar por sus delitos.

 

La opinión de un abogado

«La gente se ha echado a la calle con la reforma de la ‘Ley del solo sí es sí’ porque iban a soltar decenas de violadores, pero en España sucede algo así cada día en todos los juzgados penales: el atenuante de dilaciones indebidas. Eso significa que por el funcionamiento anormal de la Administración de Justicia, un altísimo porcentaje de condenados no entran a la cárcel, pese a ser culpables», esta es la lectura que hace el abogado penalista y doctor en derecho Antonio Casado Mena sobre la sentencia a los siete proxenetas acusados de tener relaciones sexuales con menores de edad a cambio de dinero.  

Las dilaciones indebidas que han evitado la entrada en prisión de los siete condenados por el caso de prostitución infantil -que el Fiscal Superior de Murcia, José Luis Díaz Manzanera ya está estudiando debatir en una Junta de Fiscalía- han provocado un intenso debate en la sociedad murciana. 

Este atenuante, que explica el por qué de unas condenas tan bajas como polémicas, consiste en una reducción que se aplica cuando los procesos judiciales se alargan mucho, y puede provocar que se bajen las penas hasta dos grados si las dilaciones indebidas son muy cualificadas. 

Para Casado Mena, aunque la defensa haya jugado muy bien sus cartas, la reducción de las condenas es culpa de que la Justicia se retrase «por falta de medios», por lo que «hay un claro culpable: el mal funcionamiento de la Administración de Justicia. Eso no puede ser. Es vergonzoso».


https://www.eldiario.es/murcia/murcia-escandalo-explotacion-sexual-ninas-radiografia-bochorno_1_11742973.html

Murcia, tras el escándalo de explotación sexual de niñas: radiografía de un bochorno

Raquel Ejerique, eldiario.es, 19 de octubre de 2024

 

“Ahí delante, en ese edificio alto, paró un coche y subieron a mi hija con 14 años. Se la llevaron a un chalet para dársela al empresario Juan Castejón”. Estamos en una pedanía de Murcia por la que antes discurría la huerta y las acequias y ahora hay avenidas con tráfico y edificios colmena. Juana (no es su verdadero nombre) no puede entender cómo no van a entrar en prisión los empresarios que explotaron sexualmente a su hija y a diez menores más en 2014. Aquel fatídico día, al volver a casa, la hija de Juana se metió en su habitación llorando y no quiso salir en los siguientes ocho meses. Nada, nunca, volvió a ser igual. “Si lo encerraban a ese, yo descansaba”.

De momento, la Audiencia de Murcia ha decidido no encerrarlo, como tampoco encerrarán a los otros 6 condenados por el delito tipificado de prostitución de menores. Sí han entrado en prisión dos proxenetas (las llamadas 'mamis') y un cooperador (conductor de coche), mientras que otros tres miembros de la red de captación y negocio han quedado libres.

Entre los métodos que usaban para explotar a las niñas y ganar dinero con ellas, las engañaban diciendo que iban a cobrar por charlar con un señor mayor o darle un masaje en la espalda. Algunas consiguieron huir, como relata el escrito de acusación de la Fiscalía: “Quedaron a tomar café en casa de la proxeneta con un señor de unos 60 años, que resultó ser el acusado, pero cuando éste le dio un beso, a fin de empezar a ganarse a la menor acercándose en exceso a ella con la finalidad de poder tener un mayor acceso sexual, a ella le dio asco y miedo y se fue corriendo”.

Todo eso va a tener un castigo, pero proporcionalmente menor a lo que les hicieron, por un cúmulo de errores y decisiones tan jurídicamente legales como socialmente incomprensibles.

Las once niñas fueron rescatadas en 2014 por la Policía Nacional. Como revelan las crónicas de ese momento, había implicados también un guardia civil y un bufete de abogados cercano a la céntrica y costosa Plaza de las Flores. Y ahí se apagó la historia. Las familias no se unieron, las organizaciones no se movilizaron. La sociedad era otra y la mayoría de las chicas se encerraron en casa e intentaron olvidar cómo habían sido parte de una trama que reclutaba y servía niñas a un grupo de hombres que tenían algo en común: eran personas con dinero, profesionales liberales y de cierta importancia en Murcia, no solo empresarios. Eran una clase social.

Ellas desaparecieron y el tema se trató como un suceso, no como una violencia sexual que no se podía volver a repetir y que afectaba a todas las mujeres. Ellos siguieron con sus vidas y sus negocios y sus bufetes sin que se les impusiera ninguna medida hasta el juicio. La única consecuencia que tuvo que sexagenarios pagaran por sexo a niñas de 14 años es que Juan Castejón, además presidente de la patronal murciana, fuera obligado a dimitir de ese cargo cuando saltó el escándalo policial hace una década. A día de hoy, en Murcia no se sabe cuál es el despacho de abogados, qué cara tienen la mayoría de condenados o quién es el que tenía un laboratorio (alias El Médico). Todos acudieron con gorras y mascarillas al juzgado, a excepción de Castejón (alias El Petrolero para la trama) y otro empresario, Juan Peque.

 

 

 

 

 

Tan legal como incomprensible

El juicio ha tardado 10 años, lo que ha beneficiado a la trama porque la “dilación indebida” obliga a rebajar penas. Entre los motivos de los retrasos, además de un cambio de magistrado, está la precaria situación de la justicia y una avalancha de casos por resolver en Murcia: hay más de 190.000 causas pendientes pese a la petición de ayuda de los juzgados, lo que empuja las vistas hacia adelante en los calendarios, algo que está en el origen de muchas rebajas de penas, pero sobre lo que no se ha anunciado ninguna medida. Esta misma semana se ha conocido que el expresidente Ramón Luis Valcárcel será juzgado en 2027 por un caso de corrupción en una desaladora cometido hace veinte años, ya que no se ha encontrado fecha antes.

Además, la Fiscalía de Murcia llegó en septiembre a un acuerdo con los acusados sin contar con las menores, que no tuvieron su propio abogado en su momento pensando que ya estaban cubiertas con el ministerio fiscal –se les informó por imperativo de que podían tener además su propio letrado, otra cosa es cómo– y la jueza ha decidido que solo 3 de 13 condenados vayan finalmente a pisar una prisión al entender que están vinculados a la sociedad, integrados, que han abonado las reparaciones o tienen problemas de salud. Todo tan legal como injusto para una sociedad 10 años más consciente de la violencia sexual y el tratamiento que se debe dar a las víctimas.

De hecho, la decisión ha indignado a una parte de la ciudad que se ha constituido como una pequeña aldea gala y rebelde y que ha cristalizado en cuatro manifestaciones a las puertas del Palacio de la Justicia. “Esto es un grano de pus que tiene que explotar”, dice Gloria Alarcón, impulsora de las protestas y de la Asamblea Feminista, mientras toma un café en la histórica plaza de Teatro Romea. Había un centenar de personas, pero eso en Murcia puede ser considerado un éxito: “Aquí la gente con el sol, la cerveza y la marinera –una tapa de ensaladilla y anchoa típica– se queda bien. No piensan que algo pueda cambiar, no hay movilización, salvo en temas agrarios o de agua”.

Esta “resistencia” se ha colado en la sala de juicios y ha molestado tanto a los abogados defensores como a la jueza del tribunal. El letrado del empresario Castejón apuntó su malestar por el “tsunami social, el populismo punitivo” que, según él, estaba interfiriendo en el caso. La magistrada y ponente de la sentencia llegó a decir en sala que cuatro de las víctimas habían pedido que los acusados entraran en prisión “no nos cabe ninguna duda que presionadas por ese mismo movimiento social”, al que acusó de haber “revictimizado” a las chicas. Eso después de darles un beso y pedirles perdón en nombre de la justicia en la misma sala.

Murcia se divide entre los que no se han enterado de qué ha pasado–como un grupo de jóvenes bailarines a las puertas del Conservatorio de Danza–, los que confiesan sentir vergüenza mientras toman un café –como un grupo de jubilados que queda en una terraza de la céntrica calle Trapería– y los que aún tienen rabia e indignación. “Si los que las prostituían hubieran sido extranjeros, la gente estaría ya preparando la hoguera para meterlos dentro, pero como son hombres blancos de aquí, pues no pasa nada”, opina Rocío, que estudia un máster de Profesorado en el campus universitario de Espinardo. Cerca, un grupo de universitarios de Veterinaria: hay tres mujeres indignadas y siete estudiantes que no tenían ni idea de lo que había sucedido, “ni por redes ni nada”. Gonzalo no solo lo sabe, sino que fue a las manifestaciones ante el Palacio de Justicia de Murcia: “Fue increíble porque mientras estábamos allí protestando por algo tan grave, se oía que tiraban cohetes porque había una feria”.

 

Hoy no queda rastro de esas protestas. Las dos pancartas que ondeaban en las vallas que dan al río Segura han sido descolgadas. El trasiego de funcionarios ocupa la calzada donde se celebraban las manifestaciones. La misma acera que Juana, la madre de una de las menores, pisó hace cuatro días de incógnito: “Estos días tengo ansiedad e ir a las protestas fue lo único que me animó. Recuerdo que había una persona que llevaba una pancarta en la que se podía leer 'Es mi hija'. Ahí me derrumbé y me puse a llorar”.

Murcia ha vuelto a los cohetes y a la marinera, después de ser protagonista de los informativos locales y, sobre todo, nacionales. En el quiosco de la luminosa Plaza de Santo Domingo se exhiben los periódicos regionales decanos sin rastro en portada de las proxenetas y los empresarios que pagaban por niñas engañadas y engatusadas en discotecas light y en colegios públicos y concertados.

En uno de ellos, donde estudiaban al menos dos de las víctimas de la trama, hay trasiego de chavales el jueves por la tarde. Una monja sale apresurada. Chicas con mochila hablando despreocupadas sin saber que hace diez años, tras esos tabiques de piedra histórica, varias menores cayeron en una red que prometía dinero a cambio de supuestas charlas con señores mayores y que fueron bautizadas por los traficantes como “las niñas”, tal cual consta en el escrito de la Fiscalía.

La misma Fiscalía que pactó el pasado 11 de septiembre con los acusados, tras ser evidente que la dilación indebida del juicio iba a reducirles ya bastante las penas. El llamado pacto de conformidad lo firmó una fiscal que luego no ha seguido con el proceso y se ha impuesto el silencio sobre por qué se tomó esa decisión, que es legal pero controvertida. El malestar por esa decisión ha llegado a altos despachos del ministerio público en Madrid.

En las conformidades no hace falta involucrar a la víctima, “la pregunta es si este tipo de delitos pueden tener conformidad”, explica Gloria Alarcón, que es jurista y se pregunta si es casual que “la fiscal y la jueza a las que se ha repartido este caso sean mujeres, con las pocas que hay en Murcia”. Ahora ha habido un cambio de fiscal, que se ha mostrado contrario a que el empresario Castejón no entrara en prisión, pese a lo firmado anteriormente, y va a recurrir la puesta en libertad de otro de los cooperadores. El movimiento feminista espera a esas últimas decisiones para chequear si la movilización ha valido para algo, “si un error no va a llevar a otro error como pasó con La Manada de Pamplona y esperemos que no pase con La Manada de empresarios”, concluye Alarcón.

Como Pelicot, pero al revés

“Que la vergüenza cambie de bando”, se veía en algunas pancartas en las protestas hace unas semanas. Al contrario que en el caso Pelicot que hizo popular la frase, la vergüenza no ha cambiado de bando y la trama ha vivido ajena a todo el trauma que ha causado. Después de diez años, las jóvenes quieren seguir en el anonimato, muchas desean cerrar el capítulo y olvidarse. De hecho, cinco de ellas dijeron a la jueza que preferían que los acusados no entraran en prisión en la vistilla en la que se les informó del acuerdo. Cuatro dijeron que entraran. Las otras dos lo dejaron a decisión del tribunal. Los empresarios han seguido con sus negocios y, pese a que son culpables y todo ha quedado acreditado, tendrán que pagar multas ridículas por el horror que causaron, de entre 500 a 2.000 euros a cada chica.

El debate público se ha dirigido también al sesgo por género o nacionalidad, ya que las 'mamis' y el taxista que sí irán a la cárcel son de origen extranjero. Hay que tener en cuenta que las penas que enfrentaban tanto las 'madames' como los cooperadores necesarios eran mayores que las de los clientes, al margen de los recursos económicos desiguales para hacer frente a los abogados y de los sesgos que pueda tener la justicia y la sociedad. Se pedían entre 21 y 56 años de prisión en el caso de las proxenetas y entre 6 y 36 años para los cooperadores. En el caso de los empresarios que reclamaban niñas se pedían penas menores, de entre 4 y 24 años.

En el escrito acusación se relatan las prácticas mafiosas y extorsionadoras de estas proxenetas. Por ejemplo, cuando una de ellas llamó a una chica que se ofrecía para cuidar niños “para conocerla y quedar con ella, ofreciéndole trabajo para dar masajes con final feliz, a lo que ella dijo en principio que no, diciéndole que tenía sólo 15 años y era virgen, insistiéndole la acusada en que eso no era problema, que trabajaban para ella niñas con 14 y 15 años y no pasaba nada, llamándola con obstinación, hasta que accedió”.

Alerta en los institutos

Con las gafas de la actualidad y los estándares de hoy en el tratamiento de violencia sexual ha habido un evidente fallo judicial multiorgánico. Pero también se ha disparado una alerta para los institutos de la Región. ¿Puede volver a pasar? ¿Tienen buena educación sexual los jóvenes? ¿Va a cambiar algo? Ana Mellado, secretaria de Igualdad de CCOO, trae hasta la plaza Julián Romea un papel con datos oficiales de Educación. “Te pongo de ejemplo. El curso Eso no es sexo para prevenir la violencia sexual sobre menores se hizo en el 9% de los centros de la Región pese a que era un compromiso. Aquí hay un poso de catolicismo y de estos temas no se habla, pese a que es una oportunidad para mejorar la conciencia y reducir el riesgo de captación en los institutos”.

Murcia, además, tiene implantado el pin parental, una cesión del PP para obtener el apoyo de Vox, lo que permite a los padres decidir si sus hijos asisten o no a talleres de sexualidad. Preguntada la Consejería de Educación si este caso va a suponer un punto y aparte o se va a reforzar la educación sexual, fuentes oficiales responden sin más a elDiario.es que son los centros los que “tienen autonomía para programar lo que consideren más adecuado”.

Ha pasado una semana del “tsunami” y en una parte de la ciudad aún incomoda hablar del “asunto de los empresarios” porque, al contrario que hace una década, hoy ese asunto ha ido acompañado por la banda sonora de una sociedad indignada que ha sacado a la calle un espejo en el que mirarse. No va de once chicas con mala suerte como en 2014. En 2024 va de todas y de qué hemos hecho. Empieza el fin de semana, el primero sin manifestaciones y sin cámaras de televisión por todos sitios. Al lado de la catedral de Murcia, ahora en obras, la gente aprovecha una mañana fresca de sol. Una pareja de unos 60 años se toma una cerveza. “Ah sí, los empresarios, lo he oído, pero no te puedo decir mucho porque tampoco lo conozco”. Asoma un rictus de vergüenza. Es poco, pero es algo. Acto seguido les traen la marinera que habían pedido.


miércoles, 1 de febrero de 2023

Crónica desde la distancia de un pueblo destrozado, el mío: Benetússer

Crónica desde la distancia de un pueblo destrozado, el mío: Benetússer

 

Yago Álverez Barba, a 31 de octubre de 2024

Elsaltodiario.com

 

“Aquí hay muertos. En el garaje del edificio donde vive Rosa hay cuatro personas atrapadas”, me decía mi sobrina entre lágrimas la noche del miércoles. Es la primera voz de mi familia, que vive en Benetússer, que escucho desde el último audio que nos había enviado mi hermano (estoy en contacto constante con mi otro hermano, que vive en otro municipio valenciano menos afectado). Ese audio lo envió desde su coche atascado en el polígono de Ribarroja a las 6 de la mañana, unas 16 horas antes, de donde evacuaron a más de mil trabajadores atascados allí. Para llamarme, mi sobrina se subió a la azotea, como estaban haciendo muchos, para poder coger algo de cobertura pero, aún así, se le oye entrecortada. Ellos tienen electricidad. Mis padres, que viven a tan solo unos 200 metros, siguen sin electricidad y agua. Mi hermano consiguió llegar a casa tras una travesía digna de película apocalíptica. Yo conseguí respirar cuando me enteré un rato más tarde.

Llevo varias horas viendo fotos de Benetússer. Esa imagen desde una de las torres que muestra toda la zona del pueblo que linda con el barrio La Torre de Valencia, totalmente anegada, y que El Salto y otros medios hemos utilizado para ilustrar la catástrofe. Nunca pensé que mi pueblo iba a ser foto de portada en mi propio medio por algo así. Nunca pensé que fuera a ocurrir algo así. Recuerdo observar gotas frías desde mi ventana cuando era un crío, ver el agua alcanzar dos o tres palmos de altura y flipar. Pasarme la noche en la ventana viendo cómo algún coche se atascaba en esos enormes charcos. Lo de estos días es otra cosa. Es un desastre natural sin precedentes.

En las horas que escribo esto, decenas de personas siguen sin ser localizadas. Retuiteo impulsivamente todas las fotos de desaparecidos en Benetússer. Leo las calles donde viven o se les ha visto por última vez y no puedo dejar de pensar cosas como es “la calle a la que da la ventana de mi habitación”, “la paralela”, “la calle de mi colegio”, “donde vive mi amiga”. Miro sus caras buscándoles en la memoria, leo sus apellidos pensando si son familiares de alguien conocido. En realidad, da igual si los conozco o no, me invade la tristeza igual.

“Hasta que no lo ves, no te lo crees”, relata mi hermano al teléfono. “En el túnel de al lado de mi casa [el que separa Benetússer y Alfafar] hay más de 50 coches y seguro que hay personas que se han quedado ahí”. Mientras hablamos —jueves a las 15h— me dice que está viendo por la ventana cómo llega la UME. Necesitan despejar ese túnel para poder entrar y salir del pueblo. Se horroriza pensando en lo que puede aparecer ahí dentro. Aunque el alcalde del municipio al otro lado de ese túnel, y otras tantas personas en redes, denuncian que allí todavía no ha llegado nadie.

Acaban de anunciar que la cifra de fallecidos alcanza los 140. Y, por lo que me están contando desde allí, sé que ese aviso y la línea que acabo de escribir en este artículo va a caducar muy pronto. “En el garaje de la finca de mis padres han quitado el agua los bomberos y ha aparecido un tío que estaba ahí abajo”, dice un amigo en el grupo de Whatsapp de los colegas. “Hoy han encontrado al marido de mi prima también”, dice otra amiga acompañándolo de un emoticono de cara triste. Nadie pregunta el estado en el que lo han encontrado, porque todos nos lo imaginamos. Al menos el mensaje va acompañado de otra frase en la que nos dice “mis padres y hermanos están bien”. Ella vive fuera de Benetússer desde hace años y presencia todo desde la distancia, con impotencia, como yo.

“Ya no vamos a abrir nunca más”, explica un conocido comerciante del barrio que tiene dos negocios familiares desde hace décadas. “Si alguien quiere alquilar los bajos, pues bien, pero volver a levantar el negocio…”, lamenta. La situación con los comercios locales es “dantesca”, me explica mi hermano cuando consigo hablar por fin con él. “Ya no hay nada, no existe el comercio”, explica. Ha bajado a echar una mano a un amigo que tiene un negocio de cocinas y azulejos, pero no han podido hacer nada porque tienen que esperar a que venga el seguro. ¿A qué tienen que venir? Me pregunto, si ya está claro lo que ha pasado. ¿A ver si intenta declarar algún coste falso en el parte para rascar algo más en este puto desastre? Si lo han perdido todo. Además de que, seguramente, si se declara la zona catastrófica, las aseguradoras se libren de pagar. Estando con su amigo frente al negocio, la policía encuentra un cuerpo sin vida. Otro más. No hay nadie en Benetússer que lleve la cuenta o, por lo menos, yo no encuentro la cifra.

Otra pareja de amigos que son ilustradores, en otro grupo de Whatsapp, explican lo que justo acabo de ver en el perfil de Instagram: “Hemos salvado los ordenadores y discos duros, pero no el estudio ni mi biblioteca de cómics”. Pero, dicen, “nada comparable a Somnis”. Se refieren a la librería Somnis de Paper que tienen otra pareja de amigos que están en el mismo grupo de Whatsapp. Joder, con lo que cuesta levantar un negocio así, centrado en la cultura y con editorial propia, en un pueblo pequeño como ese. Otro amigo me dice que la academia de un amigo común está destrozada, de barro hasta arriba. Me invade la impotencia y vuelvo a mirar la web de Renfe para pillar un AVE e irme allí a sacar cubos de fango de todos esos lugares junto a mis amigos y amigas. Pero es inútil. El Ministerio de Transporte ha dicho que las líneas de AVE puede que no estén disponibles hasta “dentro de dos o tres semanas”. Las palabras de mi hermano resuenan en mi cabeza: “Ya no hay nada, no existe el comercio”.

No ha pasado ni un rato desde que escribí la cifra de los 140 muertos. Ya se ha caducado. Acaban de anunciar que la cifra llega a las 155 personas que han perdido la vida. Veo un vídeo que me envían diciendo “mira, es tu pueblo, por si reconoces la calle”. No reconozco la calle, pero da igual. Veo en el vídeo a gente bajarse de su coche mientras el agua los arrastra. Quien graba grita desde su balcón, horrorizado. Los coches se empiezan a apilar, es totalmente angustioso. Suelto las lágrimas que llevo un rato aguantando.

Intento contactar con un amigo concejal para ver si puedo obtener alguna declaración por parte de él o el Ayuntamiento, alguna cifra que haga que este texto no sea tan personal como está siendo. No me lee. Es casi imposible comunicarse con la gente de esa zona. De todas formas, no hay ninguna cifra ni declaración que pueda hacer que este texto no sea personal. Vuelvo a probar a llamar a mis padres al fijo y al móvil, por si ha vuelto la electricidad. Pero tampoco es posible. Sólo me queda esperar desde la distancia.


miércoles, 13 de octubre de 2021

Quince años en prisión siendo inocente: nadie comprobó que su 'doble' era el verdadero violador

https://www.vozpopuli.com/tribunales/ahmed-tommouhi-15-anos-en-prision-siendo-inocente-ni-le-han-pedido-perdon-ni-la-justicia-le-ha-indemnizado.html

Quince años en prisión siendo inocente: nadie comprobó que su 'doble' era el verdadero violador

Blanca Valdés Mañas, 11 de mayo de 2025, vozpopuli.com

 

La historia de Ahmed Tommouhi es, quizá, de las más injustas que ha habido en este país. Han pasado 34 años desde que llegó a España procedente de Nador, una ciudad situada en Marruecos con un único objetivo: trabajar como albañil a destajo para poder mejorar su calidad de vida y la de su familia. Sin embargo, sus sueños se truncaron seis meses después de afincarse en Cataluña, cuando fue detenido y condenado por una serie de violaciones que tuvieron lugar en 1991 y que no cometió. Guardaba gran parecido físico con el autor material de los hechos, por lo que algunas víctimas y testigos le señalaron en la rueda de reconocimiento como la persona culpable. Esa fue la única "prueba" que había contra él.

Por estos hechos, pasó 15 años en prisión y 3 en libertad condicional. Y aunque ahora el Tribunal Supremo acaba de anular su tercera condena, que corresponde a la dictada el 7 de enero de 1995 por la Audiencia Provincial de Tarragona, lo cierto es que, a lo largo de los años, nadie le ha pedido perdón. Tampoco ha recibido ninguna indemnización.

El verdadero culpable, Antonio Carbonell García, fue detenido en 1995. Mientras Tommouhi estaba en prisión, tuvo lugar otra oleada de violaciones con el mismo modus operandi. Este hombre guardaba gran parecido físico con el inocente. "Además de su similar fisionomía, su habla también era susceptible de ser confundida (árabe y caló)", tal y como recoge la reciente sentencia del Supremo.

La historia de Tommohui y Abderrazak Mounib -también condenado por estos hechos y fallecido en prisión en el año 2000- ha quedado reflejada en el libro escrito por Braulio García Jaén y que lleva por título 'Justicia poética: dos falsos culpables en un país de quijotes'. Este periodista, que siempre ha confiado en su inocencia, ha trabajado de sol a sol para buscar la verdad.

 

Su investigación fue clave para probar su inocencia

García Jaén le conoció en 2006, cuando decidió ir a verlo a prisión para comentarle que quería escribir un libro sobre su caso, y su investigación ha sido clave en esta historia. Desveló que la Audiencia Provincial de Barcelona había ignorado una prueba de semen que demostraba que él no era el verdadero culpable. Una prueba que ha sido decisiva en el Tribunal Supremo para probar su inocencia y que ha sido fruto del trabajo de este periodista, cuyo objetivo siempre ha sido que revisasen las condenas que habían sido dictadas "sin ninguna prueba material", tan sólo con la rueda de reconocimiento.

La vida en prisión de Tommohui, según cuenta el investigador a Vozpópuli, fue complicada. Al principio confiaba plenamente en que todo se iba a resolver, pero los años pasaban y llegó la desesperación, aunque siempre lo llevó con calma y dignidad. Y es que, este hombre, que en la actualidad tiene 74 años, ha visto cómo a pesar de que la propia Guardia Civil defendía su inocencia, era condenado. Quince años después, cuando salió de la cárcel, su vida se había desmoronado.

Su proyecto vital quedó hecho trizas. "Llegó a España para trabajar de albañil y poder enviar dinero a su familia, pero cuando obtuvo el permiso de residencia, le detuvieron. Tras 15 años en prisión y 3 en libertado condicional donde tenía que acudir cada mes al juzgado de vigilancia, se vio sin papeles", detalla.

 

Las revisiones de condena en el Supremo de 2023 y 2025

Sin embargo, esta lucha ha dado finalmente frutos. En 2023, la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo anuló la condena dictada por la Audiencia Provincial de Barcelona el 23 de septiembre de 1992, cuya ponente fue la actual ministra de Defensa, Margarita Robles, tras estimar el recurso de revisión presentado.

Los magistrados tuvieron en cuenta unos informes periciales sobre el semen hallado en una prenda íntima de la mujer que no se correspondía con las de Tommohui. Además, una de las víctimas, que por aquel entonces tenía 14 años y que señaló al inocente en la rueda de reconocimiento, mostró su apoyo al recurso en una entrevista publicada en El País, donde reconoció que fue muy doloroso haber señalado a una persona que no había sido el culpable.

La absolución del año 2023 ha sido clave para que ahora, el pasado 5 de mayo, la Sala de lo Penal también anulase la sentencia dictada por la Audiencia de Tarragona al tener en cuenta esa prueba de semen que era compatible con el perfil genético de Antonio García Carbonell.

Cabe destacar que los recursos de revisión, presentados una vez que la sentencia adquiere firmeza, suelen ser de difícil prosperidad. Es más, García Jaén explica que, antes de la reforma legal de 2015 se exigía acreditar la inocencia para que la revisión prosperara, algo que "en una violación, si no hay muestras analizables o que den resultados, es prácticamente imposible”.

Sin embargo, tras esa reforma y la jurisprudencia del Supremo "bastan pruebas que presumible o probablemente hubiesen determinado un pronunciamiento absolutorio, no solo por acreditar la inocencia sino también por generar dudas sobre la culpabilidad", detalla una de las sentencias de la Sala de lo Penal.

Por lo que, para el periodista, este tribunal "está haciendo una labor ejemplar porque está permitiendo que las personas que están en la cárcel sin suficientes pruebas puedan pedir la revisión". En este punto, explica que tiene mucho que agradecer al expresidente de la Sala de lo Penal, Manuel Marchena y a Nicolás González-Cuéllar, catedrático de la Universidad de Castilla La Mancha. Ambos impulsaron la nueva redacción del recurso de revisión en la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

 

La Audiencia Nacional le denegó la indemnización

Tommouhi intentó solicitar una indemnización por el tiempo que pasó en prisión cuando el Tribunal Supremo anuló su segunda condena en 2023. Acudió al Ministerio de Justicia para solicitar 3,6 millones de euros, pero como se los denegaron, se vio en la obligación de acudir a la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional.

Pero los magistrados consideraron que no debía ser indemnizado porque no había sido un "error judicial evidente". Según relatan en la sentencia, para que sea compensado debe haberse producido una prisión provisional indebida, que la Sala considera que ya se le pagó cuando se hizo el cálculo de los años de condena y que haya habido un error judicial que, en este caso, consideran que no ha sido así.

Su actual abogada, Celia Carbonell, va a llegar hasta el final, relata García Jaén. La primera vía a la que tiene que acudir es a la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo. En caso de que le cierren la puerta, tiene la opción de presentar un recurso de amparo ante el Constitucional. Ahora bien, están dispuestos a ir hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos si fuese necesario. Tal y como recuerda este periodista, en todos los convenios que ha firmado España y que son ley, se explica que alguien que ha sido condenado a prisión de forma firme y luego se demuestra que ha sido un error, tiene derecho a ser indemnizado sin entrar en las razones de la absolución.

Tommouhi confía en la justicia de forma precaria, pero sobre todo, tiene mucha esperanza. Lo que él siempre dice es que la verdad acaba llegando. En 30 años no se ha rendido, y esa esperanza tiene que ver con su fe religiosa, pero lo que no sabe es si estará vivo para ver si realmente se ha hecho justicia.

 

sábado, 1 de agosto de 2020

Y tú, ¿de qué clase media eres?

 https://blogs.publico.es/otrasmiradas/67502/y-tu-de-que-clase-media-eres/

jueves, 16 de mayo de 2019

Las razones por las que hace 40 años un piso se pagaba rápidamente

Las razones por las que hace 40 años un piso se pagaba rápidamente (prestamosideales.es)

 

Las razones por las que hace 40 años un piso se pagaba rápidamente

Por prestamosideales.es, 25 de marzo de 2021

La vivienda es un bien básico que, sin embargo, cuyo precio ha tenido un crecimiento no lineal. Esto no deja de suponer un inconveniente para aquellas personas, parejas o familias que desean tener un hogar en propiedad. Ya que han de destinar gran parte de sus ingresos a ello. Sin embargo, el precio de los pisos hace 40 años no tenía nada que ver con los precios actuales.


Lo que costaba la vivienda a principios de los 80

El coste de un piso en una ciudad en los 80, no tenía nada que ver con la actualidad. Ya que el encarecimiento se ha multiplicado nada menos que por 6. En aquellos años, se podía comprar un piso de unos 100 metros cuadrados de media por un precio no superior a 1 millón de pesetas, unos 6.000 euros. El precio del salario mínimo en España en 1980 era de 154 euros, es decir, 25.000 pesetas.

La compra de una vivienda era algo habitual, alquilarla era quizás algo más residual. La vivienda podía ser asumida con un solo sueldo, y la deuda quedaba abonada en un máximo de 10 años; aunque lo habitual era que fuesen menos. De esta forma, era muy común que un matrimonio afrontara la compra de dos residencias. Siendo una como vivienda principal y otra de vacaciones; esto sin que su economía llegase a tambalearse. Además, la alta tasa de inflación de aquella época, en torno al 25%, hacía que las viviendas no tuviesen un precio tan hinchado como ahora. Aunque los intereses a pagar por los préstamos hipotecarios fuesen mayores.

Eso llevaba a una situación, la deuda contraída por la compra de la vivienda quedaba liquidada en poco tiempo. Además los sueldos no paraban de crecer progresivamente. De ahí la razón por la que una vez que se saldaba la hipoteca con el banco, se podía afrontar la compra de una vivienda residencial y volver a dejarla pagada en poco tiempo.


Algunas claves interesantes

No había milagro por aquella época, o algún premio de lotería. Ya que el coste de la vivienda era asumible por personas que tuviesen un trabajo estable, algo habitual. Ahora, la tasa de temporalidad es mucho mayor, lo que pone muy difícil el acceso a la vivienda en propiedad. Igualmente, el precio de ésta se ha encarecido notablemente desde el boom de la burbuja inmobiliaria. El coste de la vivienda es muy alto, y es necesario más de un sueldo para afrontar una hipoteca con garantías. No se debe destinar más del 30% de los ingresos al pago de la misma.

De la misma forma, nuestra sociedad de consumo hace que deseemos disponer de bienes que ahora se han convertido en imprescindibles y antes no lo eran. Un smartphone de calidad, ordenador, suscripciones a servicios digitales, vacaciones, etc… Todo tiene un coste que se va sumando a una cesta de la compra que cuesta mucho abonar. En aquella época se vivía con menos caprichos y era posible destinar todos los esfuerzos a la compra de una vivienda.

Por todo esto, el precio de los pisos hace 40 años era bastante más comedido y acorde con los sueldos de la época. Ahora, los jóvenes cuentan con muchas dificultades para el acceso a la vivienda y esta se ha convertido en un problema de Estado.